El campeonato de ordeño
Parte I


Para comprender este relato, es absolutamente necesario leer la Introducción y los relatos previamente publicados



Cada dos años, durante el mes de julio, se celebra la fiesta más grande e importante de la gran familia futanari: el Futafest. El de este año tiene un significado especialmente importante para mi familia, ya que se celebra en las afueras de nuestra ciudad. Los Futafest suelen realizarse en granjas agrícolas y ganaderas, con grandes extensiones de terreno para mantenerse alejado de los curiosos.

Al celebrarse este año en nuestra ciudad, mi mamá y yo decidimos tomárnoslo muy en serio y comenzar a practicar y entrenar con mucho tiempo de anticipación. La principal atracción de los Futafest son las dos competencias principales en las que se divide el reconocido "Campeonato de Ordeño". La primera modalidad, la de "Producción" se refiere a la cantidad de leche que una futanari puede producir, bien sea por la verga o por las tetas. La segunda modalidad, conocida como "Recolección", se enfoca en cuánta leche puede extraer una futanari en un determinado plazo de tiempo, sin utilizar nunca las manos, solamente utilizando el culo, la boca y, en último extremo, el coño.

Por supuesto, mamá se inscribió en la modalidad de producción y yo, en la de recolección. Para poder participar, he estado prácticamente dos años entrenando, recibiendo vergas a diestra y siniestra por el culo, para poder adquirir una buena capacidad de dilatación y contracción anal, tanto para poder albergar pollas de cualquier calibre como para poder retener su lechada. El Futafest dura tres días. En el primer día ser realiza el campeonato de producción, el segundo día es de descanso, y el tercero es el de recolección. Por su vistosidad, el de recolección es el más esperado, ya que no todos los días se ven a decenas de mujeres con follando a diestra y siniestra a campo abierto.

Finalmente, llegó el tan esperado día. Dado que mamá necesitaba proveer la mayor cantidad de leche, durante los dos días previos no pudo alimentarnos a mi hermana Francis y a mí, tarea de la que se encargó mi hermana mayor Anna. La verga de Anna, a pesar de que aún no alcanza el tamaño de la de mamá, no es nada despreciable, y no me preocupó en lo más mínimo que fuera ella quien rellenara mi culo de carne durante esos dos días. Su leche tiene un sabor un poco más amargo, ya que todavía no alcanza la calidad de la de mamá, pero igual se la mamé con gusto. Mi hermana Francis es muy apática y no le llaman mucho la atención estas actividades. Hace unos años participó como recolectora, con unos resultados que dejaron mucho que desear. Este año, pretendo ser yo quien reivindique el nombre de la familia.

Me desperté temprano, pero el trajín en la casa aparentemente había comenzado ya. Mamá estaba de pie, completamente desnuda, y se había desenchufado de su cama especial, por lo que sus agujeros lucían deliciosamente abiertos, y su verga estaba completamente enhiesta. Estaba eligiendo el atuendo que iba a vestir en el viaje, ya que durante la competencia, la propia organización proporciona el atuendo a las participantes. El cuerpo de mamá es sencillamente espectacular, 1,85 metros de pura carne maciza, con unas tetas gigantes y un culo parado. Una minifalda roja de volantes y un top de licra a juego parecían los elegidos, junto a unas plataformas transparentes con tacones de 15 cm. Comenzó a vestirse, el top dejaba al aire el plano estómago de mamá, con su piercing en el ombligo, a la vez que la minifalda posibilitaba exhibir sus torneadas piernas y los tacones hacían que el culo se le parara aún más. Por la parte delantera de su falda, se proyectaba perpendicularmente hacia adelante su gran mástil de carne.

Como última prenda, mamá se colocó un "vergiere" rojo, especialmente confeccionado para la ocasión. El vergiere o "sujetaverga" como se le llama vulgarmente, es una prenda exclusiva de las mujeres futanari. Es una prenda íntima, que consta de un cilindro elaborado en tela, generalmente con encajes muy delicados, que se coloca por encima de la verga a modo de funda. El glande, por lo general, queda expuesto. Mediante dos cintas colocadas a cada extremo de las aberturas del cilindro, se amarra a una de las piernas. Su función, al igual que el brassiere, es sujetar. Mediante el vergiere, la verga queda completamente sujeta a la pierna. Gracias a la naturaleza de las vergas/clítoris de las futanari, es posible colocarla en posición vertical, paralela a la pierna, aún en su máximo estado de erección. De esta manera, y a menos que la verga sea excepcionalmente grande y se asome por el borde de la falda, las futanari podemos ir tranquilas, haciendo que nuestra verga pase completamente desapercibida.

Pero el problema está cuando la verga es descomunalmente grande y se asoma por debajo de la falda. A pesar de mi mamá se colocó un vergiere XXL, la cabeza de su verga quedaba al lado de la rodilla, asomándose por el borde de la falta. No puede usar pantalones, ya que la verga se notaría demasiado y haría parecer que tiene una pierna más gruesa que la otra. Mamá estaba completamente decidida a vestir la minifalda roja, por lo que tuvimos que idear una solución. La verga erecta, por obvias razones, no podía ir suelta. El vergiere no ayudaba mucho, ya que la falda apenas cubría una tercera parte de la verga. Por lo que la única solución, era amarrarla con el vergiere a la cintura, en posición completamente vertical y con el glande apuntando hacia arriba. De esta manera, la verga subía por encima del estómago, pasando por debajo del top, introduciéndose entre el canal de las tetas, para llegar casi hasta el cuello de mamá. Sujetarla allí no era ningún problema, ya que los pezones de mamá están anillados con dos piercings de aro. Con un aro más se unen ambos piercings y las tetas quedan "cerradas" para sujetar así la polla.

Era una imagen sencillamente espectacular. Si mamá quería, con sólo inclinar un poco la cabeza hacia abajo, podía mamar su propio glande. Claro que para salir a la calle había que tapar la parte de la verga que quedaba al descubierto sobre el ombligo, así como el glande que asomaba por el escote del top. Un suéter holgado, a pesar del rechazo inicial de mamá, era la única solución. Un gran plug anal de color negro y una ristra de bolas vaginales completaban el atuendo. Resuelto el problema del atuendo de mamá, le di un beso en la cabeza de la verga y me dirigí al cuarto de mi hermana Anna.

Según órdenes de la doctora Paloma, tenía que insertarme por lo menos un supositorio diario, para atenuar la picazón que siento en el recto. Según sus instrucciones, el supositorio tiene que ser insertado por una buena verga, para que luego mediante la fricción del mete y saca anal y una buena eyaculación en el interior del recto, el supositorio se deshaga y cumpla su función. Al estar mamá inhabilitada para culearme debido a la competencia, la verga que le sigue es la de mi hermana Anna.

Entre al cuarto de mi hermana Anna y también la encontré vistiéndose. Anna es del tipo ejecutiva, y siempre va impecable y elegantemente vestida. A pesar de que había elegido ser Ama de casa, había terminado en la Universidad la carrera de Derecho. Tenía puesto ya un corpiño de encaje negro, con un liguero a juego, y la próxima prenda era un elegante vergiere negro de seda. Sobre su cama se encontraba un sobrio traje taller de dos piezas. Su verga permanecía en reposo, colgando entre sus piernas, por lo que la ocasión era más que propicia.

– ¡Hola Anna! – la saludé.
– Hola, Isa ¿te puedo ayudar en algo? – respondió sin el más mínimo asomo de simpatía. La relación entre ella y yo definitivamente no es la mejor.
– La verdad sí, aprovechando sobre todo que no has terminado de vestirte – apunté.
– ¿Qué será?
– Sabes que la doctora Paloma me recetó estos supositorios para la picazón del recto, y como la verga de mamá no está disponible en estos momentos, necesito que seas tú quien me la meta por el culo.
– Bueno, pero rápido que me tengo que terminar de vestir.

Dicho esto, me coloqué en cuatro patas con el culo en pompa en el borde de la cama de mi hermana, y con ambas manos me abrí las nalgas.

– Creo que primero hay que sacar esto, ¿no? – dijo Anna.
– ¡Uy, que descuido!, lo que pasa es que estoy tan acostumbrada a dormir con mis bolas anales que se me olvida que las llevo puestas. ¿Podrías hacerme el favor, hermanita? – y me abrí aún más los cachetes del culo.

Con poca delicadeza, Anna tiró de la argolla y poco a poco fue extrayendo las cinco bolas anales que se encontraban alojadas en mi recto. Una vez que fui vaciada por dentro, Anna me introdujo el supositorio para luego volver a rellenarme, esta vez con sus casi 30 cm. de deliciosa carne. No hizo falta mucho bombeo, y luego de unas cuantas embestidas acabó dentro de mi culo.

– Muchas gracias, hermanita – dije aún en cuatro.
– De nada – respondió Anna, sacándome la flácida polla del recto.
– Un último favor.
– ¿Y ahora qué?
– Puedes buscar a Tito, mi plug anal, en mi cuarto y ensartármelo, es que no quiero que se me salga la leche que me echaste en el culo.
– ¡Puffff! – exclamó Anna con sincero fastidio.

Una vez que salí del cuarto de mi hermana con mi feliz culito lleno de leche y taponado por mi fiel Tito, procedí a vestirme. Elegí un vestido floreado, con mucho vuelo y aireado, perfecto para ir al campo. Unas botas vaqueras y mi fiel Tito en el culo completaban mi atuendo. ¿Para qué llevar ropa interior a un sitio donde voy a estar follando durante tres días seguidos? Por su parte, mi hermana Francis llevaba un short de jean y una blusa de tirantes. Ya estábamos listas las cuatro para partir.

Evitando en la medida de lo posible el ser vistas en el edificio, ya saben, para evitar comentarios, llegamos al estacionamiento y nos montamos en el coche de Anna. El coche de Anna es un Mercedes espectacular, fruto de sus anteriores años como abogado en un prestigioso buffet. Pero lo más especial del carro no es su marca, sino ciertos artilugios "especiales", entre los que destaca el que se encuentra en el asiento del conductor. En pleno asiento, y disimulada por el forro que lo cubre, se encuentra una larga abertura de la que, mediante un botón emerge un aparato, conformado por dos grandes dildos de color negro en la parte trasera, y un brazo mecánico en la delantera, similar al que tiene mamá en su cama especial. Ambos mecanismos se mueven en sincronía, entrando y saliendo los dildos del coño y culo del conductor, a medida que la bomba le masturba la verga. De esta manera, endiñándose los respectivos dildos por el coño y el culo, y colocándose el arnés de la bomba de pajeo, Anna encendió el coche y partimos rumbo a nuestro destino.

Yo iba en el asiento trasero junto con mi hermana Francis, y mamá iba de copiloto. Ni bien había arrancado el coche, mamá se había despojado de su suéter alegando calor. Distraídamente al principio, pero con más decisión cada vez, mamá empezó a pasar su deliciosa lengua anillada por la cabeza de su verga, para luego pasar sin ningún disimulo a mamarse su propio glande.

Yo iba un poco aburrida atrás con mi hermana Francis, quien iba ensimismada con su Ipod escuchando música. Decidí tomar cartas en el asunto.

– Francis... – dije sin obtener respuesta - ¡Francis! – exclamé una vez más, sacudiéndola por el hombro.
– ¿Qué pasa, que quieres? – dijo Francis con evidente fastidio, quitándose los auriculares.
– Estoy aburrida, y todavía falta mucho para que lleguemos.
– ¿Y qué quieres que haga yo para entretenerte? No soy un payaso de circo – respondió chocante.
– No sé, podrías ayudarme a practicar un poco antes de la competencia.
– Si no lo hago, no me dejarás en paz durante todo el viaje, ¿verdad? – respondió ella.
– Sabes que no – respondí con una amplia sonrisa, quitando un poco de tensión al asunto.

Francis, que sabía a donde yo quería llegar, se bajó los shorts de jean, para dejar su polla al aire. La polla de Francis no es muy grande, alcanzará los 15 cm. si acaso, pero para distraerme durante el viaje era más que suficiente. Así que comencé a mamársela delicadamente, al tiempo que introducía dos dedos de una mano en su coño y dos dedos de la otra en su culo. No aguanto mi hermana este trote durante mucho tiempo, y a los quince minutos ya estaba descargando la primera carga de leche en mi boca. Tragué todo sin dejar escapar una gota, y seguí mamando para volver a ponerla dura lo más pronto posible.

Una vez que estuvo lo suficientemente erecta, me dí la vuelta, dándole la espalda a mi hermana, y la hice sentarse en el centro del asiento trasero. Me levanté el vestido, y con una mano me abrí el culo para sacarme a Tito, mientras que con la otra tome su polla y me la introduje en mi ano de un sólo empujón. Para poder tener más impulso, agarre con cada mano los reposa-cabezas de los asientos delanteros de mamá y Anna.

Eramos una estampa: mamá recostada en su asiento, chupando su glande sin apenas bajar la cabeza; Anna con dos dildos taladrándole coño y culo al mismo tiempo que la bomba mecánica le pajea la verga de casi 30 cm.; y en el asiento de atrás, mi hermana Francis perforándome el culo a conciencia mientras yo me daba unos ricos sentones sobre su polla, sin siquiera levantarme el vestido. Menuda sorpresa se hubiera llevado un fiscal de tránsito de habernos detenido. Poco antes de llegar, Francis descargó toda su carga en mi culito, aunque no llegué a desmontarla nunca, ya que me encanta sentir una buena polla en mi culo mientras se pueda.

En esta guisa llegamos finalmente a la finca, nos estacionamos y recomponiendo un poco nuestras vestimentas, salimos del coche. Mamá insistió en no volver a colocarse el suéter, para de esta manera poder exhibir su poderosa verga e intimidar a las demás contrincantes.

El Futafest de este año definitivamente se estaba realizando en una finca muy hermosa. Campos verdes por doquier flanqueaban el recinto de la convención, y en el prado principal, se habían colocado una serie de cabinas (stands) para dar acogida a las diferentes diversiones y entretenimientos para los asistentes. Al fondo, se encontraban tres establos, dos de ellos perfectamente acondicionados para dar cobijo a las dos competencias principales. A un lado, se habían dispuesto unos toldos con gran cantidad de mesas y sillas al aire libre, donde el público podía descansar y degustar un refrigerio.

Nada más llegar, nos encontramos con gente conocida, entre las que estaban, por supuesto, la doctora Paloma y sus fieles enfermeras. Ellas nos indicaron donde podíamos pasar a inscribirnos y retirar los uniformes de competidoras. El ambiente era muy agradable, había muchísima gente, con predominancia claro está de mujeres de mediana edad, entre los 30 y 40 años. La población masculina era casi nula, y se limitaba a los esposos de algunas asistentes, los pocos que son de mente abierta y pueden soportar que su esposa tenga una polla más grande que la de ellos. Por supuesto, estaba prohibida la entrada a menores de edad, aunque habían muchas chicas de 18 años que estaban asistiendo por primera vez a este evento. Además de los pocos esposos, la población masculina también estaba conformada por una serie de ayudantes o "azafatos", unos 60 hombres contratados especialmente para la ocasión. Su labor, la explicaré luego. Por otro lado, había asistentes de todas partes del mundo, lo que refleja la gran diversidad de la familia futanari.

En uno de los laterales de la finca se encontraba un gran mesón, donde se formalizaba la inscripción y proporcionaban el atuendo a las participantes. Mamá y yo nos inscribimos, y quedamos más que enamoradas con las prendas que nos dieron:

Para las "Productoras": Liguero fabricado en tela semejando los colores de la piel de la vaca, es decir, blanco con grandes manchas negras. Plataformas transparentes de tacón altísimo, un cintillo imitando unas orejas y cuernos de vaca y un vergiere suelto (sin amarrar a la pierna) simulando también piel de vaca completaban el atuendo. Además mientras no estuviera en competencia, era requisito obligatorio también llevar puesto un gran plug anal, que terminaba en una imitación en una cola. El mango del plug estaba doblado hacia arriba, por lo que la cola quedaba siempre hacia arriba.

Para las recolectoras: Un corsé simulando cuero que dejaba las tetas al descubierto, unos "chaps" también simulando cuero (trozos largos de cuero que se atan a las piernas por sobre los pantalones, cuando se tienen), sombrero vaquero y botas vaqueras comprendían la indumentaria. Para las tetas descubiertas, proporcionaban unos piercing de presión que simulaban unas espuelas.

Luego de ayudar a mamá a cambiarse de ropa, decidimos junto con mis hermanas dar una vuelta. Me llamo la atención especialmente una asiática muy menudita, de 1,55m. cuando mucho de estatura, que se estaba inscribiendo el en concurso de recolectoras, por lo que iba a ser mi rival directa. Decidiendo que era mejor conocer de cerca al enemigo, espere a que terminara de inscribirse y dejando a mi familia la abordé.

– ¡Hola! – exclamé, a lo que ella me miró un poco extrañada.
– ¿Hola?
– Vi que te estabas inscribiendo en el concurso de recolectoras, vamos a ser compañeras y rivales.
– Vaya, pues así será – me respondió en un perfecto español, dedicándome una sonrisa.
– ¿Cómo te llamas? – pregunté.
– Keiko Futanariko, ¿y tú?
– Yo soy Isabella, pero puedes llamarme Isa.

Estuve un buen rato conversando con ella, dado que resultó ser una persona muy agradable. Me contó que es descendiente de familia japonesa, pero que nació en el país. Su vestimenta era bastante sobria, con una blusa roja de botones con cuello tipo Mao y unos amplios pantalones negros de seda. Por su aspecto físico no aparentaba más de veinte años, pero conociendo la capacidad de los orientales de aparentar menos edad de la que tienen, le pregunté directamente.

– ¿Puedo preguntarte cuántos años tienes, Keiko?
– Claro que sí, tengo 28
– ¡¿Qué?!, pero si no aparentas más de 20. Es más, pensé que tendrías la misma edad que yo. ¿Cómo haces para mantenerte así?
– Secretos del oriente – respondió guiñando un ojo pícaramente.

En ese momento, un pensamiento asaltó mi mente. Al yo pensar que tenía entre 18 y 20 años, creí que su clítoris, igual que el mío, no tendría la "envergadura" suficiente para llamarse polla, y que por eso no se la notaba por ningún lado. Pero al descubrir su edad real, me extrañó el hecho de que no se notara ni el menor rastro de su polla.

– Disculpa que te pregunté – inquirí un poco avergonzada – pero ¿qué le ha pasado a tu polla?.
– ¿A qué te refieres? – respondió fingiendo extrañeza.
– A que no se te nota por ningún lado. Mi hermana tiene casi tu edad y tiene una verga bastante "representativa".

Guiñándome un ojo, levanto un pie pulcramente enfundado en unas zapatillas negras, y remangó un poco el ruedo del pantalón. Mi cara de sorpresa era imposible de disimular, y ahogando un grito con mi mano, la miré con los ojos desorbitados.

Enfundada en un vergiere de seda negro, su polla corría paralela a su pierna, alcanzando su glande la altura de la pantorrilla.

– ¡No puede ser! – exclamé.
– ¿Qué no puede ser? – preguntó soltándose el pantalón.
– ¿Cuánto mide?
– La última vez, pasaba de los 40 cm. – respondió ahogando una pícara risita.
– Pero no entiendo, si normalmente una verga crece máximo 2 cm. anuales, ¿cómo haces para que con 28 años la tengas tan larga.
– ¡Misterios del oriente! – respondió guiñándome un ojo.

Bajé la vista y me toqué el clítoris, sintiendo una sincera envidia. No tenía palabras para describir lo que estaba sintiendo.

– Ahora, Isa, si me disculpas, tengo que irme – y dándome un beso en la mejilla se marchó.

Me uní de nuevo a mi familia, que estaban paseando por todo el lugar, disfrutando de las atracciones extra que brindaba la feria. Al poco rato, por un altavoz se llamó a todas las participantes del concurso de producción a reunirse en el primer establo.

El primer establo, pulcramente limpio para la ocasión especial, se había acondicionado para dar cabida a la primera prueba del Futafest: el campeonato de Producción. En los habitáculos de las caballerizas, donde normalmente se alberga a los caballos, se había retirado todo tipo desperdicio, y en su lugar se habían colocado los implementos especiales. En total eran 15 habitáculos, cada uno equipado con una camilla, similar a la de los ginecólogos, con soportes para mantener las piernas abiertas. Al final de la camilla reposaba una máquina, conformada por dos consoladores negros de gran tamaño activados hidráulicamente y un brazo mecánico "pajeador", con una abrazadera acolchada de unos 20 cm. Al final de la abrazadera, un recipiente especial envolvería el glande, para ir almacenando la leche extraída. Por encima de la camilla, sujetas por unos parales, se encontraban dos bombas de succión transparentes, para ser colocadas en las tetas. A través de dos ***s, la leche extraída iba a dar en un receptáculo especial. En la cabecera de la camilla, una pantalla se encargaría de monitorear la cantidad de leche extraída, tanto de las tetas como de la verga.

Una por una las participantes se fueron acomodando en sus respectivas camillas, acostándose boca arriba e introduciendo los penes hidráulicos en sus coños y culos, colocando los brazos mecánicos alrededor de las vergas y, mediante una ligera succión, insertando las tetas dentro de las bombas de succión. Entre las concursantes existía una gran diversidad, tanto de edad, tamaño y nacionalidad. La que más llamaba la atención era una joven preñada, de larga cabellera rubia y con un barrigón enorme, de al menos 7 meses de gestación. Sus tetas eran sencillamente gigantescas, y su verga estaba roja e hinchada, todo esto producto del embarazo. Se había inscrito sin notificar su condición, y en las reglas no se especificaba nada acerca de participantes en estado de gravidez.

Una vez que todas las concursantes se encontraban en "posición", el juez principal daba inicio a la primera prueba. Se encendieron las máquinas y, al unísono, las vergas artificiales que penetraban a las concursantes comenzaron su movimiento, como si de los pistones de un motor se tratasen. Coño afuera, culo adentro; culo afuera, coño adentro; coño afuera, culo adentro; culo afuera, coño adentro y así sucesivamente. Los pezones de las participantes se tensaron cuando las bombas comenzaron a succionar, y las vergas adquirieron su tamaño máximo al comenzar a ser pajeadas rítmicamente.

Frente a las concursantes, se habían dispuesto unas sencillas gradas para el público asistente, y por encima de estas, un gran televisor de plasma proyectaba películas pornográficas para ayudar con un poco de estímulo extra a las putas lecheras. En las gradas, frente a mamá, nos encontrábamos mis hermanas y yo.

Durante aproximadamente un par de horas, las participantes eran ordeñadas a conciencia. Sus camillas, haciendo gala de una tecnología de punta, podían además adoptar diversas posiciones, para evitar que las concursantes se entumecieran. Podían colocarse boca arriba, boca abajo, en cuatro patas y, también, podían bajarse de la camilla, y mantenerse en pie apoyadas de una gruesa barra de metal, conservando siempre sus agujeros penetrados por falos artificiales, y sus vergas y tetas constantemente bombeados para extraer el máximo posible de semen y leche.

Al final del día, llegaron las semifinales, con sólo cuatro clasificadas, luego de haber descalificado a la preñada. Gracias a esto, mamá pudo entrar entre las cuatro mejores. Las otras tres participantes eran de lo más variopinto. Una era una descomunal negra, con unas tetas, culo y piernas de infarto, de nombre Mwunba Futambo. Era la más maciza de todas y la gran cantidad de piercings que adornaban su cuerpo le daban un aspecto aún más exótico. Su largo pelo negro estaba amarrado en un moño en la parte alta de la cabeza, donde luego se transformaba en largas trenzas. Tanto en las cejas como en su nariz, boca, lengua, orejas y ombligo ostentaba gran cantidad de aros dorados. Su gran verga erecta, la más grande de todas, ostentaba una larga hilera de piercings en su parte posterior, del modelo que es una pequeña varilla con dos bolitas en los extremos, y estaba rematada por un gran aro metálico en el glande. De sus labios vaginales pendían también diversos ornamentos. De la parte baja de su espalda hasta el canal entre las tetas partía un hermoso tatuaje tribal y, como luego pude comprobar también, tenía un tatuaje alrededor del ano. Este último me hipnotizó completamente.

Otra de las cuatro semifinalistas era una sudamericana de nombre Yolanda Futáñez poseedora del culo más redondo y parado que he visto en mi vida. De pelo castaño y con un color de piel semejante a la canela, el adjetivo más acorde para esta participante era el de deliciosa. No llamaba tanto la atención como la africana, pero no por ello era menos atractiva. Su verga no era tan grande, pero era definitivamente la más gruesa de todas. Debía tener, al menos 12 cm. de diámetro, ¡posiblemente era más gruesa que uno de mis propios brazos!. Se movía con un ritmo y una gracia que hacía que todo el mundo volteara a mirarla, el movimiento de su culo distraía a cualquiera.

Completaba el reparto una rusa, Svetlana Futanov. De largo pelo rubio, ojos azules intensos y piel muy rosada, contrastaba completamente con las dos participantes anteriores. Su tamaño no era menos impresionante, que se deducía de unos antecedentes tal vez nórdicos. Era la más austera de las cuatro con una verga de tamaño y grosor promedio, pero con un glande desproporcionado, similar a un champiñón rosado gigante.

Ya habían pasado más de dos horas desde el inicio del campeonato, por lo que la semifinal se acercaba a su fin. Mamá y la negra Futambo iban a la cabeza, la latina Futáñez y la rusa Futanov simplemente no podían seguirle el ritmo. Sobre todo la espectacular latina, que en determinados momentos parecía más bien que estaba disfrutando de las máquinas folladoras en lugar de concursando en un campeonato. Se había colocado en cuatro patas sobre la camilla, y con su culo parecía que más bien quería ella ordeñar a la máquina que se la estaba follando. Tenía un meneo impresionante, su culo iba de lado a lado, para después sacarse los dildos casi completamente y luego, con un certero empujón, insertarlos nuevamente. A continuación movía su culo en rítmicamente en círculos con las vergas incrustadas hasta la base. Tenía los ojos cerrados, y con la lengua se relamía los labios. Definitivamente se había olvidado del campeonato. La rusa, por su parte, daba lo mejor de sí, pero simple y llanamente su cuerpo no daba para alcanzar a las diosas folladoras en que se habían convertido mi madre y la negra.

Como era de esperarse, fueron mamá y la negra quienes accedieron a la final del campeonato. Luego de un descanso de aproximadamente 15 minutos, volvieron a insertarse todos sus artilugios y comenzó la gran final. Durante media hora follaron como posesas, y parecía que no se iban a dar tregua, no se perfilaba una favorita. Pero pasada la media hora, todo cambió.

La negra fue quien comenzó a llevar la voz cantante, y mamá parecía que no lograba enfocarse lo suficiente en la labor folladora. Había que hacer algo. Mamá había perdido completamente la concentración en la película porno, su verga comenzaba a aparecer roja e irritada, y poco a poco perdiendo su tamaño de erección máxima. Por otra parte, los penes artificiales que taladraban sus agujeros parecía que en vez de excitarla, comenzaban a molestarla. La negra en cambio parecía una máquina que se movía al compás de las vergas hidráulicas. La producción de la negra iba en aumento, mientras que la de mamá parecía que en cualquier momento iba a detenerse. Solo había una cosa que podía hacer.

Me desvestí completamente e incité a mis hermanas a hacer lo mismo.

– ¡Rápido, quítense la ropa, hay que ayudar a mamá cuanto antes! – les grité al tiempo que terminaba de desvestirme.
– ¿Qué tienes en mente?. No hay nada que podamos hacer para ayudar a mamá – respondió Anna con su habitual pesimismo
– ¡Si lo hay! ¡Desvístanse ya! – grité, fuera de sí.

No podía abandonar a mamá en un momento tan importante, así que yo misma comencé a desvestir a mis hermanas.

Una vez que estuvimos las tres completamente desnudas, empujé a mi hermana Anna hasta sentarla en el asiento más bajo de la grada, justo enfrente de mamá. La obligué a recostarse, y enseguida me subí encima de ella a horcajadas y comencé a insertarme su deliciosa verga en mi culo. Me incliné hacia adelante, y coloqué mis rodillas a ambos lados de Anna, sobre la grada.

– ¡Rápido Francis, métemela también por el culo! – le espeté a mi hermana con expresión desencajada.

Tal era mi grado de nerviosismo que mi hermana Francis prefirió no decir nada, y sumisamente comenzó a metérmela también por el culo, donde ya se encontraba alojada la polla de Anna. Una vez nos acoplamos y comenzamos a movernos rítmicamente, le grité a mamá.

– ¡Mira mami! ¡Mira lo que saben hacer tus hijitas!

Al escuchar mi voz, mamá alzo la mirada, y lo que vio la excitó tanto que en apenas 5 segundos su verga comenzó a recuperar su tamaño. ¡Mi plan había funcionado a la perfección!

Mamá no apartaba su mirada de nosotras, y tal era el grado de excitación que se llevó un dedo a la boca y comenzó a hacer como si estuviera mamándolo. No habían pasado ni cinco minutos cuando su gran verga se tensó y comenzó a derramar el preciado líquido en el recipiente especial. A los pocos segundos, ya estaba enhiesta otra vez. Cada vez que notaba que la excitación de mamá descendía, obligaba a mis hermanas a cambiar de posición: Anna recostada en la grada y yo de espaldas a ella con su verga en el culo a la vez que le mamaba la polla a Francis; Francis acostada de espaldas en el piso y yo encima de ella, a cuatro patas, con su polla en mi coño y Anna dándome por detrás; yo en cuatro patas mientras Anna y Francis se alternaban metiendo sus vergas en mi culo; yo recostada boca arriba en el piso, con la espalda y la cintura apoyadas en la grada, al tiempo que llevaba mis rodillas hasta mi cabeza, mientras Anna me cogía el culo y Francis me la metía en la boca. Y así sucesivamente. Llegó un momento en que el público estaba más interesado en nuestro numerito que en el concurso en particular.

Al ver el repunte de mamá, quien comenzó a perder la concentración fue la negra. Volteaba a ver a mamá y luego nos veía a nosotras. Comenzó a arreciar sus embestidas contra la máquina, pero lo que antes era un delicioso acto inconsciente, ahora era más una obligación, lo que se empezaba a reflejar en el resultado. Cuando faltaban pocos minutos para terminar la competencia, Anna y Francis me levantaron en volandas, cada una sujetándome de una pierna y yo pasando los brazos alrededor de sus hombros, con sus dos pollas insertadas al unísono en mi culo. Mi culo lucía en todo su esplendor, abierto al máximo y con las magistrales pollas de mis hermanas entrando y saliendo rítmicamente.

– Me...me... me corro, Isa – me dijo Anna.
– Yo... tam... bién... – corroboró Francis.
– ¡En mi culo! ¡En mi culo! ¡No se les ocurra sacarla! – les ordené

Arreciando sus embestidas, mis hermanas comenzaron a derramarse en mi recto. Una vez que hubieron finalizando, y haciendo gala de un control anal exquisito, me saqué sus pollas sin que se derramara una sola gota. Me agaché en cuclillas y deposité todo el contenido de mi recto en mi mano, para posteriormente comenzar a degustarlo golosamente con mi boca.

Esto fue el estímulo que mamá necesitaba. Mamá con los ojos cerrados y una expresión de placer intenso plasmada en su rostro comenzó a eyacular copiosamente, parecía una *** que habían dejado abierta. Chorros y chorros de semen comenzaron a rellenar el recipiente, a tal punto que entre chorro y chorro tuvieron que cambiarlo porque el anterior ya se había llenado. La negra, con cara perpleja, no daba crédito a sus ojos, y su polla comenzó a perder tamaño cada vez más rápido. En un movimiento desafortunado, el dildo que taladraba su culo se salió, y por más que lo intentó, no pudo volver a metérselo.

– ¡Tiempo! – gritó el juez al tiempo que golpeaba la campana y detenía su cronómetro.

Sin darme tiempo a tragarme la leche, corrí a abrazar a mamá, y en un arranque de emoción le di un gran beso en mi boca. Mis mejillas, abarrotadas de la leche de mis hermanas extraída de mi culo, comenzaron a derramarse en la boca de mamá, y nos fundimos en un profundo beso en el que intercambiamos los fluidos de mis hermanas. Tragando toda la leche que había depositado en su boca, mamá finalmente abrió los ojos.

– Te quiero mucho, hija mía – me dijo con lágrimas en los ojos.
– Y yo a ti, mami.



Continuara...

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