Un helado con Carissa

Un vestido rojo que se pega al cuerpo. Dos tiras angostas que pasan por los hombros. Un escote bien disimulado. Cordones negros en el centro, que van desde el escote hasta la minifalda, finalizando en un nudo. La minifalda apenas deja esconder el culo. Sobre el perchero una tanga roja. Carissa toma el vestido y se lo pasa por la cabeza. Se siente fresca. Una sonrisa se dibuja en su rostro. Hace lo mismo con la tanga. Se acuesta en la cama y espera. El corazón late muy fuerte. La conversación que mantuvo al mediodía la sobreexcito. Se toca la pierna. Mete un dedo frío en su concha y suspira. -Que caliente que estoy, toda mojada- piensa.

Cae flujo de sus dedos. Se los mete en la boca y siente el sabor. Nunca lo había hecho antes. Le gusta. Se levanta y se mira en el espejo. Se pone de espaldas y se mira el culo. Sonríe. Se mete el dedo en la vagina al mismo tiempo que hace caras al espejo. Carlos entra por la puerta y la sorprende. El se ríe, no le dice nada. Se acerca por atrás y se apoya en ella. El es mucho más alto. Ella se siente avergonzada y muy libidinosa. Carlos atraviesa el escote y agarra sus tetas. –Asi te quería agarrar-. El se sienta y la llama –Veni acá-. Se baja el pantalón, un bóxer blanco aparece debajo. –Quiero que te sientes arriba de mi pija- le dice. Ella lo mira, pone cara de puchero y se acerca a el. Se pone de espaldas y se deja caer.

El la abraza y le da media vuelta a su cuerpo. Le mete violentamente la lengua en la boca. Ella cierra la boca como queriéndose resistir. –¿No querias jugar?- le dice y baja una de las mangas del vestido para chuparle la teta. Se mete todo el seno en la boca y así, pasa su lengua una y otra vez por el pezón. Ella suspira, siente fría y liquida su vagina. El vestido también. El solo deja de chupar una teta para comenzar a chupar otra. De los senos de Carissa cae saliva espesa en grandes cantidades. Cuando Carlos deja de hacerlo ella tiene toda su panza escarchada. El le sonríe. El flujo vaginal de ella paso a través de la tanga y del vestido. Ella mojo el bóxer. La pija erecta de Carlos esta empapada. La agarra del cuello y la baja al piso. –Ahora quiero que hagas lo tuyo-. Ella pone cara mal. No le gusta lo que dijo Carlos y sin embargo no lo hace notar. Siente su excitación en ascenso. Sin hacer mas caso que a sus impulsos deja de mirarlo y comienza a devorarle el bóxer con los ojos. La pija de Carlos sobresale. Su bóxer esta todo mojado. Entonces ella le pasa la lengua por el bóxer, una y otra vez. Agarra el bóxer y se lo saca de un tiron. Tan fuerte que la pija de Carlos hace un sonido cuando rebota con su panza. Sin usar las manos se mete toda la pija en la boca. La come como un helado. Baja y sube otra vez, sin que nunca salga la pija de su boca. Ella esta tan caliente, tiene tanta saliva, que asi como la saliva de Carlos caía de las tetas de Carissa ahora su saliva cae de la pija de Carlos y le baña toda la pija, los huevos y el cubrecama. Este todo muy húmedo y caliente en el ambiente. El color rojo de la pared no ayuda para que esto aminore. Carissa sigue chupando pija y cada vez lo hace más ferozmente. A esta altura la saliva se entremezcla con el semen. La mezcla sale de su boca cada vez que sube desde el tronco al glande. Ella mira a Carlos. Ve como se le suben los ojos cada vez que ella baja hasta el tronco y como los abre cuando sus labios rozan el glande. Comienzan a salir burbujas de semen de tanto movimiento. Ella para. Separa su rostro del pene del señor y lo mira a la cara.

Carlos observa la boca de Carissa que a esta altura esta enchastrada de semen y saliva. Observa el vestido rojo que tan lindo le queda. Quiere sacárselo. Sacarle la piel. Penetrar adentro suyo.
Carissa comienza a sonreír y Carlos pone mirada de atención. El semen forma burbujas en su boca abierta. Se mete a través de las rejillas de sus dientes. El líquido blanco y viscoso rellena el espacio que deja el diastema de sus dientes incisivos. Ella abre la boca aun más y se forma desde la comisura de sus labios una burbuja gigante que explota. El semen no deja de caer a sus piernas. Carlos, sin mirarla más, se deja llevar por el éxtasis del momento y la agarra de la cintura para ponerla en cuatro sobre la cama. –Que bien te queda esta tanga roja mi amor- le dice con voz calenturienta. Se acerca a la concha, y pasa la lengua una y otra vez por la superficie de la tela. La concha de Carissa mantiene un relieve perfecto sobre el rojo de la tela. Sin poder aguantar más, Carlos se mete la vagina en su boca. Se la come. Con la concha de Carissa dentro de su boca y una mano sobre la espalda de ella le pasa la lengua ferozmente de abajo a arriba, de arriba abajo. Se separa microscópicamente y su lengua invade la piel del costado de la tela. Con la mano libre corre la tanga a una de las nalgas y mete su lengua en la vagina. Acerca su rostro tanto al culo de Carissa que la lengua se mete profundamente. La concha esta totalmente mojada y Carissa no deja de jadear, de gritar. De decir palabrotas. –Quiero que me metas esa lengua bien adentro-. El no le hace caso, saca su lengua y le chupa el clítoris, lo muerde suavemente y aprieta su lengua contra el. Pasa la lengua por los labios vaginales de Carissa. -¿Te gusta ahí perra?-. A esta altura Carissa, quien en apariencia es una mujer recatada y formal, no se permite sentirse molesta por la expresión. –Siiiiiiiiiiii-. Carlos sube con su lengua por el cuerpo de Carissa y comienza a chuparle el ano. Le pasa la lengua alrededor y por dentro. Su fervor es tan intenso que resultaría desagradable la visión para un observador externo. La presión con la que empuja su lengua es muy fuerte. La velocidad con la que la arrastra es muy rápida. Pero de a momentos se detiene para chupar más intensamente. Para presionar fuertemente la lengua en el ano de Carissa. El agujero esta abierto y la lengua redoblada pasa sin problemas. –Cogeme ahora, es una orden!-. El la mira a la cara y pone cara de malo. Las hermosas tetas de Carissa, salidas del escote, caen cuesta abajo. Mientras la mira a ella ve su tetas. Carlos Se monta en ella y empieza a dar besitos en los pómulos a Carissa. Entonces mete su pija en el ano de ella. Despacito la mete y la saca. Dos veces, tres, cuatro. Ella goza, gime, quiere más pero también tiene miedo. –No te preocupes amor, solo va a doler un momento- dice Carlos. Y mete su pija en lo profundo del ano de Carissa. Ella grita de dolor, de placer, de todo. Carlos siente el ano de Carissa caliente. Ella siente el pene de Carlos caliente. Entonces Carlos arremete. Se la esta cogiendo bien fuerte. Entra y sale. Las paredes friccionan. –Me encanta cogerte por el culo nena- dice el. Ella gime. Grita cada vez más. El espejo permite ver a Carlos la cara de placer de Carissa. Se acerca a sus tetas y comienza a chuparselas. Parece que va a explotar todo dentro de la vagina de ella, esta todo muy hinchado. El se la coge más fuerte. Más fuerte. Mientras tanto las tetas de ella comienzan a chorrear saliva otra vez. Pum!. Todo explota. La pija de Carlos explota y se retorcija en el culo de Carissa. El semen es tanto que sale a presion del ano. Carissa no deja de gritar, parece poseida. Sus abdominales hacen movimientos extraños, involuntarios. El no deja de cogersela a pesar de todo esto. De hecho lo hace cada vez mas fuerte mientras le frota el clítoris con su mano izquierda. Carissa no soporta más y se separa. Cae abatida en la cama. Sin embargo los movimientos abdominales no culminan y su cuerpo comienza a retorcijarse. Sus caderas se mueven para todos lados. Su torso pega saltos de arriba a abajo.

Su boca abierta parece una cereza. Sus pómulos se ven hinchados. Sus ojos recontra abiertos. Carlos observa todo esto atentamente. Al ver el espectáculo se siente joven, feliz. El éxtasis de Carissa tiene un gran significado para el. Ella parece no acabar. La tanga roja, completamente húmeda, llego a la altura de las piernas de tantos calambres. Las tetas aun se mantienen salivadas y brillantes. Pasan los minutos y de a poco ella comienza a calmarse. El se tira en la cama al lado suyo y la besa en los labios. Le sube lentamente la tanga y la abraza. Quedan así dos cuartos de hora.

Momentos después Carissa, solo con su vestido rojo, se encuentra sentada en una mesa. Al frente de ella esta Carlos, quien la mira a los ojos y le sonríe dulcemente mientras juega con sus pies por debajo de la mesa.. En la noche el silencio predomina en el ambiente. No hay palabras. El tacto y la mirada tomaron su lugar... El helado en el hall del hotel fue el broche de oro.