En ese tiempo, yo trabajaba con un tío mío, ayudándole en la instalación de faenas. Consiguió un trabajo de instalar una red de agua, desde un río a unas casas de campo, donde se plantaban distintos productos, junto con la crianza de ganado.

Las casas no eran para nada ostentosas, al contrario, digamos que casas muy pobres, de barro, pero con grandes terrenos cultivables, con humilde gente de campo, sin embargo los costos de nuestros trabajos eran financiados casi en su mayoría por el estado.

El trabajo daba como para uno a dos meses, a si que, como jefe de obra, tenía que recorrer las casas y terrenos, viendo por donde pasaríamos los tubos etc. Y fue a si como la gente del lugar, comenzó a conocerme, a saludarme con mucho respeto, a pesar de mi edad y por sobre todo, agradecidos por el trabajo que estabamos haciendo.

Todos los lugareños, que no eran muchos, me autorizaron a entrar sin previo aviso a sus terrenos, ya que constantemente tenía que hacer mediciones y otras cosas.

Una tarde que entré al terreno de Don José, junto con otro muchacho que me ayudaba, siento que el dueño de casa, me llamaba desde su casa. Nos acercamos; el viejito nos estaba invitando a comernos unas empanadas que recién había sacado su señora del horno de barro, junto a un buen trago de vino.

No me pareció nada de mala la idea, a si que nos sentamos bajo las parras a de gustar las empanadas de campo. Don José era un viejo de campo, de unos 70 años calculo yo, flaco, chico, pero muy alegre. Su señora, que la conocí ese mismo día, era una mujer más alta que el, calculo unos 55 años, un poco gorda, tés morena, con unos pechos gigantescos, bueno todo en ella era grande, pero sus pechos tenían un volumen descomunal. A diferencia de su marido que era tan conversador, esta mujer era muy callada y solo se sentó detrás de su marido y se sonreía de las cosas que hablábamos, sin embargo la mirada de esta señora era muy especial, tenía como algo de picaresca y me miraba directamente a los ojos.

Terminamos de comer y agradeciéndoles su hospitalidad, continuamos nuestro camino a los terrenos de don José.

Mientras caminábamos, me sentí observado..... doy vuelta la mirada ....... era la señora de don José que parada al lado de un árbol nos miraba alejarnos. Caminamos un poco mas allá y volví la mirada encontrándome nuevamente con su mirada y su sonrisa picarona.

Comentamos con mi ayudante el tamaño de las tetas de la señora Rosa, realmente era extravagantes. Mi ayudante comenzó a bromear como la vieja no me había quitado los ojos de encima.

Al salir nuevamente del terreno, la señora Rosa con su marido estaban sentados a la sombra de un gran árbol. El se despidió de nosotros, ella solo sonrió. Nuevamente mi ayudante volvió a molestar con la mirada de doña Rosa, y para que andamos con cosas, el tenía razón, la mirada de ella era completamente insinuante. Al otro día nuevamente tuvimos que ir a los terrenos y nuevamente paso lo mismo.

Paso como una semana y cuando venía en mi camioneta entrando a los terrenos de la obra, veo a don José que venía en dirección contraria a mi, en bicicleta, saludándome. Yo sabía que la señora Rosa estaba completamente sola, ya en ese sitio vivían solo los dos.

La verdad no estaba en mis planes estar con una mujer como la Sra. Rosa, pero algo me hizo desviarme a su casa. Estacioné la camioneta a dentro de su sitio. Al bajarme, pude ver como ella estaba bajo las parras cociendo algo. Me acerque a saludarla y a pedirle permiso para pasar a tomar unas medias. Ella me dijo picaronamente que " me daba la pasada " ....

Y se rió.

Comencé a caminar al fondo del sitio. Sabia perfectamente que ella me estaba mirando, di vuelta la mirada y efectivamente ella se había puesto de pie, apoyada contra uno de los postes del parrón me miraba alejarme. Llegue como a la mitad del sitio y oculte bajo unos árboles fuera de la vista de la Sra. Rosa. Espere como 5 minutos, sin hacer nada, y volví a la casa.

Yo sabía que ella lo quería, pero yo aun no estaba decidido, no me gustaba, pero sus pechos me hacían fantasear.

Volví a mi camioneta, ella apoyada en la puerta de su casa, mirándome. Me despedí de ella y ella de mi, con su mirada insinuante. Pensé un poco y me baje nuevamente, acercándome hacia ella, con la excusa de solicitarle un vaso de agua.

Ella me hace pasar al otro lado de la casa, donde había una especie de pérgola y donde había una llave. Comencé a beber y a mojarme el cabello, comentando sobre el gran calor que hacía.

Yo sabía perfectamente que ella lo quería, pero hablaba muy poco, solo se limitaba a contestar mis preguntas

Pregunté por Don José y me dijo que estaba trabajando en la parcela de un amigo durante toda la semana, eso quería decir que estaba completamente sola y que Don José no regresaría hasta que empezara a oscurecer. Sin embargo, esa timidez, no me dio pie para continuar la conversación o insinuarle algo y me tuve marchar.

Al otro día , nuevamente en la tarde, venía en mi camioneta a la misma hora y nuevamente me topo con Don José montado en su bicicleta, rumbo a la parcela de su amigo. Esta vez seguí de largo, pero al pasar por los terrenos de Don José, pase lentamente y me encontré a Doña Rosa, mirándome desde el pórtico de su casa. Se notaba que estaba ahí esperándome a que yo pasara. Ya estaba completamente seguro de lo que la señora quería y me decidí a dárselo.

Estuve en la obra como media hora y cuando estaba todo funcionando, tomé mi camioneta y me fui a la casa de Don José. Entre con mi camioneta, dejándola bajo unos árboles tratando de que de la calle no se viera. La Señora Rosa, al sentir el sonido del motor, sale a la puerta y nuevamente me saluda con una pícara sonrisa. La saludo y le pido permiso para entrar a medir.

Igual que el día anterior me voy al fondo del sitio, me demoro como 10 minutos, como si estuviese trabajando y me devuelvo a su casa.

Me acerco a conversar con ella. Su vestido de una sola pieza, delgado después de muchos lavados, hacia relucir su gruesa figura además un escote que apenas podía resistir el tremendo tamaño de sus pecho, formando un pliegue en sus pechos que realmente me tenían loco, haciéndome muy difícil tratar de mirarla a la cara, ya que mi vista bajaba a su escote una y otra vez.

Esta vez la Señora Rosa conversó un poco mas, incluso me hizo preguntas sobre el trabajo que estaba haciendo. Nuevamente le pedí agua para refrescarme y nos fuimos a la pérgola.

Mojé mi cabeza bajo el chorro de la llave.

Ella de pie a mi lado, me miraba como con ganas de decirme algo, pero nada. Después que cerré la llave, y ella también me dijo que se refrescaría.

Comenzó a mojar su cara, su pelo, su cuello, y el comienzo de su escote. Yo parado detrás de ella a poca distancia, viendo como la señora Rosa, doblada, me mostraba ese generoso trasero, mientras se traslucía su ropa interior a través de la delgada tela.

Estaba muy cerca detrás de ella, cuando un movimiento de ella, hizo que nuestras ropas se juntaran. Mi verga quedó justo detrás de esas nalgas rozándolas suavemente, me acerque a ella repitiendo el roce, simulando un descuido, en caso que la Sra. Rosa me rechazara ... mas ... eso no paso. Ella se quedó en la misma posición e incluso se movió un poco hacia atrás haciendo que sus nalgas chocaran contra mi verga que luchaba por salir del pantalón.

Yo no me moví, esperé ver que reacción tenía, puede que solo sea mi imaginación... pero no... un nuevo movimiento, esta ves de lado a lado, me indicó que esta hembra estaba sintiendo mi verga apoyada en sus grandes nalgas y que le estaba gustando.

Repetí mi movimiento, esta ves de una forma mas descarada, y ella nuevamente echó el culo hacia atrás.

Ya era mia .....La tome de la cintura atrayendo su cuerpo hacia mi ..... ella no decía nada. Comencé a moverme haciéndole sentir como me tenía, mientras ella aun sin decir nada, apoyó las manos en el costado de la pileta, y echaba su cuerpo hacia atrás haciendo que el contacto fuera mayor aún.

Yo nervioso hacia los lados , por si alguien nos estaba viendo, pero los árboles no dejaban ver nada, a si que me doble sobre ella y me apoderé de esas tetas que hace rato me tenían caliente.

¡ Acá no, vamos pa’ adentró!

Y tu marido

No llega , si no hasta tarde ....

Entramos a su casa y en el comedor la tome por detrás nuevamente esta ves tocando sus tetas a mi antojo, manoseándolas muy fuertemente. Ella disfrutaba sentir como lograba calentar de esa manera a un joven desconocido.

En esa misma posición, comencé a desabrochar los botones de su vestido y logre sacar una de sus dos tremendas tetas, agarrando un pezón de medidas extraordinarias. La di vuelta y me coloque a chupar cual niño, esa tremenda ubre, metiendo en mi boca ese tremendo pezón moreno, mientras ella acariciaba mi cabello y yo sacaba su otro pecho ...

Mis manos comenzaron a levantar su vestido agarrando sus nalgotas, caímos a un sofá que casi se desarma con nuestro peso de golpe.

Subí su vestido lo mas que pude y sin dejar de chupar sus tetas, comencé a desabrochar mi pantalón. Mi verga salió lista para la pelea y separando sus piernas ( una sobre el sofá y la otra en el piso) , le corrí sus calzones .

Una abundante mata de pelos negros quedó expuesta ante mis ojos, la acaricie con mis dedos y noté lo mojada que estaba. Sin pensarlo dos veces, con mis pantalones a media pierna, apunté mi herramienta a esa húmeda cueva y comencé a penetrarla igual que un animal en celo, una y otra vez, sacando de su interior de esa mujer, grandes gemidos. Manoseando sus nalgas y sus tetas.

No voy a decir que duró mucho, ni que lo hicimos en distintas posiciones, al menos no ese día Como 10 minutos después de estar penetrándola y chupando sus tetas a la vez, comencé a acabar sin ningún preservativo, ni nada al interior de esa hembra, sacando mi verga exhausta y completamente mojada.

Me levanté, nos reímos, casi no nos dijimos nada, nos vestimos y me marché muy rápidamente para evitar sospechas entre mis muchachos

Me subí a la camioneta y al salir pude ver como la señora Rosa, me miraba desde la puerta de su casa, con la misma mirada insinuante, pero esta vez con una sonrisa muy diferente ...

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