A medida que pasaban los días, fui comprendiendo que no podía soportar lo ocurrido. En 10 años que llevábamos casados, jamás la había engañado y en la primera de cambio, ella se acostó con otro, si es que esa era su primera vez. Ahora ya dudaba de todo.
Me costaba mucho estar a solas con ella. Tenía que hacer mucha fuerza para no explotar y contarle todo lo que sabía, mientras que ella, seguramente por la culpa, estaba más complaciente que nunca. En mi fuero íntimo decidí que mi matrimonio había terminado, pero no sin antes vengarme de ella.
En mi trabajo había una compañera de trabajo, de unos 30 años, realmente fabulosa. 1,70, rubia, piernas largas, un par de tetas de campeonato y un cuerpo acorde a esas tetas. Era un sueño caminando por la oficina.
Siempre me había gustado, y en los 5 años que llevaba en la empresa, muchas veces habíamos hablado y me dio la sensación de que yo no le era indiferente. Pero cuando la conocí yo ya estaba casado, y nunca quise pasar de los flirteos ocasionales de oficina, y ella, por otra parte, al saberme casado, tampoco avanzaba mas allá de alguna broma o alguna mirada. Para colmo hacía 2 años se había casado, y su esposo era terriblemente celoso, pero a la vez sumamente mujeriego por lo que contaban sus amigas, aunque ella no les creía.
Tal vez por mis problemas maritales, comencé a refugiarme más tiempo en las charlas con Lucrecia, y si bien nunca le conté en detalle que problemas tenía, si le dejé claro que los tenía. Ella por su parte, se abrió en sus confesiones y me contaba las escenas de celos increíbles que su marido le hacía. Ella no podía ir a ninguna parte sola, y cuando salían juntos si alguien la miraba más de la cuenta, al regresar a casa tenían una pelea salvaje. Incluso me comentó que más de una vez había amenazado con golpearla, cuando estaba totalmente sacado por los celos.
De esas conversaciones, nuestra relación se fue fortaleciendo, y de a poco fuimos sintiendo que entre nosotros podía haber algo más que conversaciones. El problema es que ella no quería avanzar mientras estuviera con su marido, un poco por su concepto de la fidelidad y otro poco por el miedo que le producía el carácter de él.
Llegué a decidir que iba a tenerla. No importaba el precio. Necesitaba sentirla. Y ella parecía pensar lo mismo, solo necesitaba una oportunidad. Y yo estaba maquinando una manera de dársela.
Por fin un día le confesé mis sentimientos y ella comenzó a sollozar.
- Espera, no te pongas así. Disculpa mi atrevimiento, haz de cuentas que no dije nada, me alarmé.
- No, si no lloro por eso. Lo que ocurre es que a mi me pasa lo mismo contigo, pero no puedo ser infiel. Perdóname.
- Pero tu marido no se merece tu fidelidad, le dije, recordando las historias que contaban.
- No me consta lo que dices, y mientras sea así, estoy casada con él y seguire con él.
Y fue en ese momento en que me cerró el gran proyecto. Por fin la puta de mi mujer podía hacer algo bueno por mi.
Los días subsiguientes me dedique a averiguar mas cosas del marido de Lucrecia. Horarios, costumbres. Incluso llegué a seguirlo varias veces. Descubrí los bares en los que paraba, con quien se juntaba, en fin todas sus actividades fuera de su casa.
Cuando tuve información suficiente, puse en marcha el plan.
Esa noche al llegar a casa, le dije a mi esposa que teníamos que hablar.
Nos sentamos en el comedor. Ella me escuchaba atentamente.
- Melisa, habrás notado que de un tiempo a esta parte estamos distanciados
- Si lo noté mi amor, y no entiendo.
- Te lo voy a explicar en detalle. Hace 10 años que estamos casado y siempre fui honesto contigo, no es así?
- Si mi amor, siempre fuiste muy bueno, dijo ella con inocencia.
- Me ha decepcionado que tu no fueras igual, le dije serio.
Ella se sorprendió. No sabía por donde venía la cosa, y noté que estaba tratando de imaginar que sabía.
- No se porqué dices eso, comento especulando.
- ¿ Cuántas veces me engañaste con otro? Pregunté a boca de jarro.
Puso cara de sorprendida y ofendida.
- ¿ Cómo te atreves a preguntar algo así? ¿ Que te crees que soy? Dijo levantando la voz.
- Baja el tono que como verás no estoy peleando. Simplemente estoy decepcionado.
- pero no puedes acusarme de algo así.
Lentamente y en detalle le fui contando todo lo que había visto, sin mencionar el video, que guardaba como última carta.
- Tu estás loco. No se como imaginas esas cosas, dijo defendiéndose, seguramente lo soñaste.
- Además de decepcionado, ahora estoy triste. No tienes porque negar la realidad, si como ves lo estoy tomando de manera adulta, dije con tranquilidad.
- Pero no puedes acusarme de algo así, insistió.
Me levante y fui por mi netbook. La encendí, mientras ella me miraba curiosa. Busqué el video y puse la pantalla frente a ella. Yo no veía el video, pero los cambios en su cara eran impagables.
Al principio no entendía nada, pero cuando Pablo entró a la habitación y ella comenzó a chuparle la verga, se desmoronó. Se tapó la cara con ambas manos y comenzó a sollozar.
- Perdona, no se que me pasó. Nunca había hecho algo así, insistió, pero ese hombre tenía un poder especial sobre mi. Desde que entré a su cuarto a pedirle el descuento, su mirada me hizo sentir una puta, y solo pensé en acostarme con él.
Apagué la netbook.
- No importa si nunca lo habías hecho. El tema es que lo hiciste, y no lo confesaste. Pensaste que nadie lo sabría y que yo sería un cornudo feliz toda mi vida. Seguramente mas adelante encontrarías otra oportunidad con algún otro macho y la fiesta seguiría. Pero esto se termina acá.
- ¿ Y que quieres hacer ahora? Preguntó tímida.
- Primero, me debes una. Me merezco una satisfacción. Y luego ya veremos como sigue la historia, dije con seguridad.
- ¿ Y que idea tienes?
- Como castigo, bah, no se si es un castigo para tí, tendrás que hacer lo que mejor sabes hacer con una persona que te indicaré, y yo lo quiero ver, le dije.
- No entiendo, dijo
- Que te vas a acostar con un tipo determinado, cuando y donde yo te lo diga.
- No puedes pedirme eso, dijo sorprendida.
- Ya te has acostado con quien tu querías, ahora me toca a mí. Además te aseguro que vale la pena. Está bastante bueno, dije sonriendo.
- No entiendo porque me pides esto.
- Porque quiero que te comportes como la puta que eres, y lo asumas. Quiero verlo y si lo disfruto, luego podremos seguir hablando de nuestro matrimonio. Si no aceptas, simplemente me voy de esta casa y no volverás a verme.
Ella quedó en silencio.
- Nunca te había engañado, repitió, y ahora me ordenas que te engañe.
- No me engañas ya que yo voy a estar mirando lo que haces y yo mismo te lo ordené.
Quedó un segundo pensativa.
- Está bien. No entiendo de que va esto, pero imagino que tienes derecho a ejecutar tu venganza como mejor te parezca.
-Bueno, mañana te quiero vestida bien provocativa en este bar, dije dándole la dirección, a eso de las 15 horas. En la barra verás a un hombre alto, cabello oscuro, con una barba candado prolija. Buscarás la manera de entablar conversación con él, pero sin exagerar tu deseo. Lo importante es que comiences a hablar con él, y que quedes para otro día. Lo demás lo iremos viendo.

Al día siguiente, todo transcurrió como estaba planeado. No le dije a ella que yo estaría en el lugar, y me mantuve oculto en un privado donde ella no podía verme, pero yo podía seguir lo que pasaba. Mi mujer concurrió al bar mencionado. Al entrar, los 4 ó 5 hombres que estaban en el lugar se dieron vuelta. Ropa ajustada, una mini de infarto, y una musculosa sin nada debajo, eran suficientes para cortarle el hipo a cualquiera. La víctima también la miró y ella se sentó en la barra a su lado.
Pidió una copa, y al rato, él le ofreció una, lo que ella aceptó encantada, y rápidamente comenzaron a hablar. Era evidente los esfuerzos del macho por conquistarla, y en media hora ya habían combinado para encontrarse al día siguiente en ese mismo lugar. Luego de eso, mi esposa le dio un beso en la mejilla y salió.
Otro hombre se acercó.
- Vaya putón que conseguiste, le dijo, riéndose.
- Está muy buena y es bien puta. Mañana la voy a pasar por la piedra. Su marido trabaja y va a llevarme a su casa. Ni te imaginas los polvos que le voy a echar, dijo satisfecho de su virilidad.
Pagué mi cuenta y salí. A las pocas cuadras el móvil me avisaba que mi mujer me quería pasar el informe.
- Hice lo que querías. Mañana me encuentro con él y vamos para nuestra casa. Espero que estés feliz.
- Lo estoy, y espero que mañana te esmeres como con Pablo. Vamos a ver si aprendiste algo, le dije y corté.
Volví al trabajo y me mostré serio y ensimismado. Lucrecia notó mi estado y apenas pudo estar a solas conmigo me preguntó que me pasaba.
- Nada Lucrecia, mentí.
- Vamos que te conozco.
- Mira, hoy no te puedo decir nada. Si confirmo lo que me contaron, mañana te cuento y te pediría que si es así, me acompañes un rato a un lugar.
- Pero no podemos dejar el trabajo.
- Si lo que me dijeron es cierto, tendrás que salir. Por favor confía en mí, le rogué. Necesito mas que nada que me acompañes, de lo contrario no se de que voy a ser capaz.
- Está bien. Mañana me cuentas.
Cuando salió faltó poco para que comenzara a gritar de la alegría. Todo estaba organizado. Con suerte, en poco tiempolos la tendría a Lucrecia en mi cama, dándome todo el placer que yo soñaba.
Al día siguiente, mi esposa volvió al bar, y a la misma hora, sin haberle dado ninguna explicación, salimos con Lucrecia del trabajo y fuimos a mi casa. Al principio ella se negó a entrar, y me costó convencerla que no había nada de malo y que era de vital importancia que ella entrara. Por fin conseguí que traspusiera la puerta y con muchas reticencias la llevé hacia la habitación de servicio.
- No me gusta que me traigas a tu casa y menos que me metas en un dormitorio. Tu sabes lo que pienso, dijo seria, me gustas, ya lo hablamos, pero no pienso acostarme contigo.
- No es lo que crees. Te pido que tengas confianza en mi, por una vez. No me voy a acercar a tí, te lo prometo, dije, me han pasado el dato de que mi mujer traerá a otro hombre a mi casa, y necesito un testigo si eso ocurre, y alguien que me contenga antes de hacer una locura, dije simulando estar muy compungido.
- Pero no puedes creer esas calumnias, dijo seria
- Si son calumnias no ha pasado nada, y tu y yo nos vamos como vinimos. Mi esposa no deberá volver a casa hasta las 6 de la tarde. No tendría porque estar aquí a las 3 y media y mucho menos con un desconocido.
Ella se sentó en la cama y yo me quedé cerca de la puerta. Pasaron 10 minutos. Ella comenzaba a ponerse nerviosa, cuando escuchamos la llave que abría la puerta.
- Pasa, ponte cómodo.
- ¿ Segura que tu marido no regresará de imprevisto? Preguntó una voz que sobresaltó a Lucrecia.
- Mi marido está trabajando y no vuelve hasta la noche, dijo mi mujer
- ¿ Tienes algo para tomar? Dijo la voz masculina.
Lucrecia saltó como un resorte de la cama y se dirigió a la puerta. Con trabajo pude contenerla.
- Ese es mi marido, dijo susurrando.
- Estás equivocada. Te parece. Lo que si te aseguro es que es mi mujer, le dije lo que la dejó helada. Ahora quédate tranquila. No arruines todo, le dije sosteniendola de los brazos.
Ruido de copas llegaban desde el living. Luego silencio. Ruido de muebles. Y la voz de mi mujer.
- Espera un poco papito. No hay tanto apuro
- Me tienes caliente, yegua. Dame lo mío
- Aquí no, vamos al dormitorio, dijo mi esposa siguiendo el plan.
- Donde quieras, donde tu quieras , dijo el macho. Pasos en el corredor y luego ruidos en la cama.
- Vamos desvísteme, le ordenó el macho.
En ese momento, lentamente abrí la puerta y salimos con Lucrecia de la habitación. Nos acercamos sigilosamente al otro dormitorio y desde el marco de la puerta y la rendija entreabierta, vimos a mi mujer desabrochando la camisa del macho, mientras el le acariciaba las piernas y le metía una de sus manos en su sexo.
- Que linda conchita que tienes, no sabes como te la voy a reventar, le decía soez.
- Eso espero papito, eso espero, contestaba mi mujer. Yo, que la conocía sabía que no estaba actuando. En realidad estaba excitada por lo morboso de la situación. Ella sabía que yo estaba mirando, y eso en lugar de enfriarla la calentaba mas.
Lucrecia se tensó al reconocer a su marido y tuve que frenarla para que no entrara al dormitorio. Me quedé detrás de ella sosteniéndola y tapándole la boca con la mano, hasta que se tranquilizó, recién ahí solté su boca.
Mientras tanto mi esposa había avanzado con el trámite y su macho estaba solo con el slip puesto. Luego, sin bajarse de su grupa, ella empezó a desnudarse. Cuando sus tetas quedaron libres el se avalanzó sobre ellas con las dos manos, comenzando a estrujarlas con desesperación.
Lucrecia se había tranquilizado, o eso parecía. La miré y lo que ví me sorprendió. Tenía los ojos abiertos como platos y su lengua recorría sus labios. La muy puta se estaba excitando viendo a su marido con otra mujer. Yo también estaba muy caliente, la verdad.
Mi mujercita se levantó y terminó de sacarse su ropa, y el macho de un tirón se sacó su slip, quedando desnudo. Su verga era algo mas corta que la mía, aunque un poco más gruesa. Mi mujer se abalanzó sobre ella engulléndola toda. Mira vos, la damita a la que no le gustaba chupar pijas.
El, la tomó de la cabeza y acompañaba la succión como si estuviera tirando en su boca, y era lo que en realidad estaba haciendo. Se la estaba tirando por la boca.
- Que lindo la chupas, querida. Ojalá mi mujercita aprendiera algunas lecciones con vos. Pero ahora móntame como antes, le dijo, y mi mujer pasando una pierna por sobre su cuerpo se arrodilló quedando la verga de él ubicada para la próxima escena. Ella la tomó con su mano, la dirigió al lugar y se agachó tragándola hasta la mitad. Allí se quedó esperando acostumbrarse pero el salió a su encuentro clavándola por completo y haciéndola gemir.
El cuerpo de Lucrecia estaba caliente, se la veía sonrojada y caliente. Yo por detrás me acerqué hasta hacer que mi pedazo se apoyara entre sus nalgas. Al principio ella no reaccionó pero luego de unos segundos sacó su culito hacia atrás para mejorar el contacto. En ese momento empecé con movimientos circulares que le hacían sentir bien mi verga. Una de mis manos desabrochó su camisa y se perdió dentro de su corpiño capturando una teta turgente y grande, con un pezón duro y de buen tamaño, el cual comencé a pellizcar, tratamiento ante el cual Lucrecia comenzó a suspirar quedamente.
En la cama mi mujer era penetrada salvajemente, por el macho que estaba debajo de ella. Rebotaba como una posesa y el se ayudaba en la penetración saliendo a su encuentro. Gritaban los dos como animales.
Bajé la cremallera de mi pantalón y extraje mi verga dura como un hierro. Levanté su falda y ahora me apoyé en su sexo sirviendo su bombacha como única frontera que nos separa del contacto piel con piel. Ella comenzó a avanzar y retroceder aumentando el roce de manera incontrolable. De pronto comenzó a tensarse y alcancé a taparle la boca antes que un orgasmo la barriera por completo. Tuve que sostenerla para que no cayera al suelo. Tardó un par de minutos en recuperarse.
Mientras tanto los amantes habían rotado y ahora mi esposa era clavada salvajemente contra el colchón, y el macho encima de ella la bombeaba con furia y le gritaba guarradas diciéndole lo puta que era y como se estaba comiendo una verga que no era de su marido, a lo que mi mujercita asentía con desesperación
Cuando Lucrecia se recuperó, la llevé un poco hacia atrás, la hice agacharse un poco y corriendo su bombacha apoyé mi verga directamente en la entrada de su sexo. Ella se aferró a mis piernas con sus manos y yo la tomé de los hombros con una mano mientras dirigía mi verga al placer. Cuando atravesé sus labios vaginales sus manos estrujaron mis muslos. Despacio me fui hundiendo en ella para evitar que gritara. No quería que nos descubrieran. Por fin la tuvo toda adentro, y comenzamos el viaje soñado. Mis arremetidas eran largas hasta casi salir de ella y volver a hundirme por completo. Ella con sus manos en mis piernas dirigía las arremetidas.
En ese momento el duelo en la cama se resolvía. Mi mujer acabó profundamente, y el macho sin esperar un segundo se vació dentro de ella.
- Toma puta, toma toda mi leche, le gritaba mientras se hundía en ella una vez, y otra, y otra...
Y de pronto todo había terminado. Detrás de la puerta desmonté y tomando a Lucrecia de la mano la llevé hasta la habitación de donde habíamos salido. Cerré con llave y rápidamente me desnudé ante la mirada de deseo de ella, quien lentamente también comenzó a desnudarse. Cuando la acosté en la cama, separé sus piernas y me hundí en ella por completo.
Fuera de la habitación escuchamos como salían del dormitorio y se iban hacia la puerta. Sin dudas el morbo de la situación hizo que cuando ellos cerraban la puerta y se iban, Lucrecia volviera a acabar, comenzando a llorar desvastada. Me quedé quieto dejando que se desahogara. Lo que había vivido era muy fuerte.
- Mi marido, el muy hijo de puta, resulta que era cierto lo que decían mis amigas. Se acuesta con la primera puta que encuentra.
- Y esta vez la puta fue mi mujer, dije comenzando a moverme lentamente.
- Pero me las va a pagar, te lo aseguro.
- Ya te las está pagando. Goza querida, goza, dije acelerando mis penetraciones.
De a poco Lucrecia fue dejando su odio para volver a entregarse al amor. Cuando sintió que iba a llenarla me besó con desesperación y nuestras lenguas de enroscaron mientras mis huevos se vaciaban dentro de su cuerpo. La sensación fue de una plenitud total.
Nos quedamos allí unos minutos, con los ojos cerrados. Me sentía satisfecho. De pronto Lucrecia se puso en acción.
- Le voy a enseñar a mi maridito si se o no chupar pijas, dijo, capturando la mía y metiéndosela toda en la boca.
Comenzó una fellatio desesperada, como nunca me habían hecho, hasta que me llevó al borde del orgasmo.
- Para porque me corro, le dije descontrolado.
La sacó de la boca y me miró.
- ¿ Y que crees que busco? Quiero tomarme todo tu semen, cosa que nunca hice, en honor al hijo de puta de mi esposo, dijo mientras volvía a chuparla.
Aguanté un par de minutos y por fin me corrí en su boca, dando gritos de placer. Ella tragó y tragó hasta dejarme seco.

Lucrecia confrontó a su marido con la verdad, y el no tuvo mas remedio que reconocer que era cierto todo lo que contaban y ya no pudo celarla. Hoy llevan una relación abierta, donde cada uno hace lo que le parece.
Melisa y yo seguimos juntos. Tenemos buen sexo, y además disfruto de vez en cuando de que traiga algún amiguito a casa y mirarla como tira. Cuando el amigo termina y se va, es mi turno de darle masa, generalmente por el culo que le tengo prohibido que se lo deje hacer por ningún otro. Esa es mi venganza por los días que me hizo pasar con Pablo, cornudo y sedado. Alguna vez me gustaría volver a el pueblo del río, porque tengo algunas cuentas pendientes con Pablo, que se que se ha casado con una hermosa mujer. Si juego bien las cartas estoy seguro de poder catarla y pagarle los favores recibidos.
Con Lucrecia nos encontramos un par de veces a la semana y disfrutamos de buen sexo, con mucho cariño y amor. Tal vez alguna vez terminemos juntos, pero por ahora estamos felices con las cosas así.
Como dije, hay que ver el lado bueno de las cosas.