Hola a todos, hacía mucho tiempo que no subía a P! uno de mis relatos, acá les voy dejando la primer parte de uno, espero que lo disfruten. Besosss.

Habían pasado tres semanas desde que mis padres se separaron. No me sorprendió en lo más mínimo, hasta fue un alivio para mí. Mi padre siempre fue un hombre serio y autoritario con un mal humor constante. En cambio mi madre es todo lo contrario, una mujer bella y alegre que siempre te trata con afecto y simpatía, a veces llego a pensar que nada puede deprimirla.

Mi nombre es Nicolás, tengo 18 años y por decisión propia, vivo con Graciela, mi madre, quien tiene 44 años, pero aparenta varios menos. Para mí es la mujer más hermosa del mundo, pero como es mi madre no estoy siendo objetivo, pero siempre noto como los hombres la miran en la calle, se hipnotizan con su figura y con su suave y alegre caminar. Soy consciente de que habrá mujeres mucho más bonitas, pero ella cuenta con atributos que suelen ser fijos en las fantasías masculinas. Unos pechos grandes, una buena cintura y excelentes piernas. Su cabello es largo y ondulado, de color castaño oscuro y su piel es tan blanca como la porcelana, en cambio yo tengo la piel algo más oscura, herencia de mi padre.

Estábamos habituándonos a nuestra nueva vida intentando mantenernos alegres, haciendo chistes a cada rato y sonriendo constantemente, como para no darle el gusto a mi padre de amargarnos la vida. Todo marchaba de maravilla hasta que un día, cuando estaba a punto de entrar a la cocina para prepararme un vaso de leche con chocolate, oí a mi madre hablando con otra persona, me detuve a escuchar lo que decían. Supe que la otra persona era Zulma, una vieja amiga de mi mamá.

- Estuvo engañándome muchos años – decía Graciela, la pena en su voz era evidente – yo siempre fui tan estúpida como para no verlo. Lo que más rabia me da es que yo siempre le fui fiel y viví esclavizada por él, siento que se robó los mejores años de mi vida.
- Eso no es cierto Graciela – la consolaba su amiga – todavía sos joven y muy hermosa, lo importante es que ya te lo sacaste de tu vida.
- Hay tantas cosas que quisiera hacer… que siempre quise hacer, pero por culpa de ese desgraciado no pude.
- Ahora podés hacerlas, no dejes que nada te lo impida. Nadie te va a juzgar, menos yo, que soy tu amiga…

No seguí escuchando la conversación, fui hasta mi cuarto y me quedé pensando en lo que mi madre había dicho. Me apenaba mucho verla en ese estado, su radiante y estival forma de ser parecía esfumarse de a poco. Ahora notaba que cada día le costaba más sonreír y ya no caminaba tan altanera. Me propuse algo, de ahora en adelante yo debía ayudarla a estar mejor, aunque no sabía cómo hacerlo. Algo se me ocurriría.

Cuando escuché que ella se despedía de su amiga fui a hacerle una propuesta. La encontré sentada en el sillón de la sala a punto de encender el televisor.

- Mamá ¿qué te parece si organizamos una fiesta acá en casa? – me miró sin comprenderme – no tiene que ser algo muy grande, sólo una reunión con amigos y algunos parientes, para celebrar que estamos viviendo solos – cuando dije estas palabras se dibujó una amplia sonrisa en su rostro. Al parecer había dado en el clavo.
- Me gusta la idea, antes nunca podíamos hacer estas cosas porque a tu padre le molestaban. Odiaba tener invitados hasta tarde, pero ahora podemos hacer lo que queramos. ¿Me vas a ayudar a organizar todo?

Así fue que pusimos el plan en marcha, avisamos a un pequeño grupo de gente que incluía algunos vecinos, amigos y parientes cercanos. Compramos comida y bebidas. Arreglamos la casa, eso nos llevo tiempo, ya que es muy grande. La dejamos impecable para la gran noche.

Decidimos realizar la fiesta un sábado, así todos podrían asistir. La hora de inicio se acercaba y la primera en llegar fue Zulma, la amiga de mi madre, quien vino acompañada de una mujer rubia, muy bonita, a quien yo no concia. De a poco la casa comenzó a llenarse de gente. Mi prima Naty era la única persona de mi edad, es una chica delgada y alta, con una carita muy bonita, no tiene mal cuerpo pero su verdadera belleza reside en su rostro. También estaba Luis, un vecino nuestro que siempre le hace piropos a mi mamá cuando la ve en la calle, a los cuales ella sólo responde con una sonrisa. Mi padre nunca supo de estos atrevimientos, sino hubiese puesto el grito en el cielo. Noté que Luis no era el único que miraba a mi madre esa noche, estaba realmente bonita. Llevaba un amplio y ajustado escote y una pollera blanca floreada muy linda.

La reunión comenzó sin inconvenientes, todos parecían estar cómodos y alegres, mi prima no hablaba casi con nadie, se dedicaba sólo a tomar cerveza. Se me hacía un poco extraño ver una chica tan delgada tomando tanta cantidad, pero parecía no tener fondo. Cuando fui hasta la cocina a buscar más bebidas descubrí a Luis muy cerca de mi madre. Ella estaba poniendo bocaditos en una bandeja mientras él le hablaba al oído y con una mano le tocaba la cola por arriba de la pollera, me fui antes de que noten mi presencia, me dio un poco de celos la escena ya que consideraba a Luis un hombre un poco tosco y bruto, apreté los dientes recordando cómo deslizaba su rústica mano por la suave cola de mi madre.

No aguanté la incertidumbre y volví sobre mis pasos, aún seguían uno junto al otro, al principio me había dado la impresión de que Luis susurraba frases guarras, pero escuchando atentamente me di cuenta que le hablaba de lo linda que estaba la casa. Mi madre agradecía el cumplido y sonreía colocando uno a uno los pequeños bocaditos salados en la amplia bandeja plateada. Hacía caso omiso a esa mano de dedos nudosos que ahora presionaba levemente una de sus nalgas, parecía que el tipo estuviera midiendo el aire dentro de un neumático. Apreté los puños cuando noté que arrimaba su bulto contra la otra nalga. La sonrisa del hombre calvo era completamente lujuriosa, estuve a punto de gritarle que soltara a mi madre pero de pronto escuché una risita femenina, como de adolescente siendo cortejada y tuve que admitir que era la primera vez que veía realmente alegre a mi madre desde que mi padre se marchó. No quise arruinarle la diversión, sería muy egoísta de mi parte. Cuando Graciela dijo que los bocaditos estaban listos me alejé de la cocina y a los pocos segundos los vi salir como si nada hubiera pasado.

Más tarde, cuando la mayoría estaban sentados alrededor de la mesa noté que mi tío, el marido de la hermana de mi mamá, estaba sentado junto ella. Yo me encontraba de pie justo detrás de ellos, con la espalda apoyada contra la pared, por eso pude ver que la mano de mi tío estaba posada sobre el muslo de mi madre y que de ese lado la pollera estaba algo levantada. A Graciela parecía no importarle eso, seguía charlando con todos como si nada. Yo no entendía nada, ¿por qué mi tío avanzaba de esa forma a su cuñada? Su mano viajaba lentamente por el suave muslo, ella ni se inmutó. La pollera subía lentamente arrastrada por esos impertinentes dedos. Miré hacia la izquierda, mi tía no se había percatado de lo que ocurría, hablaba con una señora con total tranquilidad. Tuve que moverme un poco hacia un lado para ver mejor lo que ocurría entre las piernas de mi progenitora. Allí fue cuando mi tío metió la mano en su entrepierna. Pensé que hasta ahí llegaría la tolerancia de Graciela, pero lo cierto es que siguió charlando con los presentes como si nada, es más, hasta separó un poco más las piernas.

Era muy extraño ver a mi tío tocando así a mi mamá estando tan cerca de su esposa y de su hija, pero nadie, además de mí, parecía notar lo que ocurría. La mano se movía lentamente, yo sólo podía imaginarme lo que ocurría, seguramente le estaba acariciando el clítoris por arriba de la ropa interior. Eso me produjo una extraña sensación, una mezcla de bronca con excitación. Por un lado tenía ganas de golpear a mi tío y por el otro quería que siguiera, que se atreviera a más. Noté que las mejillas de mi madre se estaban tornando rojizas. De pronto dio un pequeño saltito, casi imperceptible, podría significar cualquier cosa para los invitados que la observaban, pero yo sabía perfectamente qué había pasado. Seguramente mi tío logró introducir un dedo en su vagina. De inmediato imaginé la zona intima de mi madre, nunca la había visto así que eran puras conjeturas, pero podía ver claramente la imagen de un dedo deslizándose suavemente hacia el interior de una vulva humedecida por la excitación. Mi pene dio un respingo y me puse inquieto, me moví rápido para que nadie lo notara pero esto asustó a mi tío, quien retiró la mano con mucho disimulo.

Como estaban sucediendo cosas extrañas decidí espiar a mi madre todo el tiempo que pudiera sin que ella lo notara. Vi a otro hombre, que no concia, aprovechando un corto tiempo a solas con mi mamá, se acercó a ella por detrás y le tocó la cola con una mano, extendió la otra y le agarró una teta. Fue algo rápido, de pocos segundos, mi mamá sonreía restándole importancia al asunto. El tipo hizo un comentario refiriéndose a lo bien dotada que estaba y se alejó.

Pasados varios minutos vi que Graciela se dirigía al baño, pero cuando llegó la luz ya estaba encendida, de todas formas entró. Esto me sorprendió mucho, ¿por qué entraría al baño sabiendo que está ocupado? Me asomé con cautela. Como la puerta quedó entreabierta pude ver que la persona que ya estaba adentro era la mujer rubia, amiga de Zulma. Eso lo explicaba todo, las mujeres solían ir juntas al baño, vaya uno a saber por qué. Las dos estaban maquillándose mientras se miraban al espejo, mi mamá estaba inclinada hacia adelante pintándose los labios con cuidado, el color era suave, le otorgaba un leve brillo a su linda boca.

Ya estaba por irme cuando vi que la rubia metía su mano debajo de la pollera de mi madre, se me paralizó el corazón, eso no me lo esperaba. Mi mamá, como venía haciendo hasta el momento, no dijo nada. Su pollera se levantaba lentamente y la mano se perdía debajo de ella, escuché a mi mamá emitiendo un ahogado quejido sin dejar de pintarse con el lápiz labial. Por la tela no podía ver lo que ocurría pero por los movimientos de la mano me lo imaginaba. Graciela se inclinó un poco más hacia adelante separando sus piernas al mismo tiempo que se espolvoreaba las mejillas. No importaba que esa mujer fuera mi propia madre, eso era un acto lésbico, de hecho era la situación más lésbica que había visto en persona. Mi pene se puso duro en un segundo. La espectacular rubia seguía colándole los dedos y le hablaba de lo lindo que le quedaba el maquillaje. Tenía mucho miedo de que alguna notara mi presencia reflejada en el espejo, pero el pasillo estaba oscuro y era difícil que distinguieran mi figura, pero casi me da un infarto cuando mi madre se volteó. Me tranquilicé cuando se detuvo mirando fijamente a la mujer de apretado vestido y cabellos dorados. El miembro se me puso como piedra al ver lo que ocurrió a continuación. Graciela prácticamente se abalanzó sobre ella y la besó con una pasión totalmente desconocida para mí. Nunca había visto que besara a mi padre de esa forma y allí estaba comiéndole la boca a una mujer, la cual le respondía besándola con la misma intensidad. Estaban abrazadas y parecían adolescentes en celo.

Miré para ambos lados en el pasillo y como no vi a nadie saqué la verga del pantalón, comencé a tocarme suavemente cuando en ese momento mi mamá se ponía de rodillas en el suelo y levantaba el corto y ajustado vestido de la rubia, ella ni siquiera llevaba ropa interior, pude ver una conchita bronceada y completamente depilada. “¿Mamá no iras a…?” me preguntaba mentalmente cuando la respuesta se hizo evidente. Graciela dio un nuevo beso apasionado, aunque esta vez lo hizo sobre los labios inferiores de la rubia. Nunca hubiera sospechado que mi madre tuviera inclinaciones lésbicas, pero mis ojos no mentían, allí estaba ella, chupando una concha con muchas ganas, podía escucharla intentando respirar sin dejar de lamer, los viscosos ruidos de emitidos por la boca al succionar el clítoris. Yo estaba como loco, tenía ganas de meterme al baño y penetrar a esa monumental rubia que gemía suavemente mientras le practicaban sexo oral con devoción.

¡Qué linda si veía mi madre en esa posición! Girando su cabeza de un lado a otro, perdiéndose entre los muslos de su compañera y absorbiendo todos esos jugos como si se tratara de un lactante. En ese momento descubrí que las madres también se masturban. Metió su mano derecha debajo de su pollera y comenzó a toquetearse frenéticamente, me hubiera encantado ver esos deditos sacudiendo su clítoris o hincándose en su agujerito, me avergoncé por pensar así de mi propia madre, pero la escena era demasiado fuerte para mí, no lo podía evitar.

La escena cambió completamente cuando Graciela se puso de pie y la rubia dio media vuelta apoyando las manos contra la pared, como tenía el vestido levantado pude ver su redondo y macizo culito, los dedos de mi madre toquetearon la mojada concha, pensé que ahora se los metería pero en lugar de eso los introdujo por el asterisco. El culito de la impactante rubia se abrió dejando pasar un dedo mientras ambas mujeres se buscaban con la boca. Se besaron como pudieron y otro dedito se clavó por detrás. Mi mamá la estaba penetrando analmente, los dedos entraban y salían con facilidad y los gemidos de la mujer se perdían dentro de la boca de mi progenitora. Se estaban matando.

Tuve que volver bruscamente a la realidad cuando escuché un ruido en un pasillo, era como si alguien hubiera tropezado contra una de las lámparas de pie. Guardé mi miembro apresuradamente y en cuando vi que mi madre quitaba los dedos de la cola de su amiga salí corriendo hacia mi cuarto, intentando no emitir el menor ruido. No supe qué o quién chocó contra la lámpara pero eso era lo que menos me importaba. Me tendí boca abajo sobre mi cama, tenía el corazón acelerado y me dolía la verga al quedar aplastada entre mi cuerpo y el colchón, pero a la vez era una sensación placentera. No podía creerlo, había visto a mi propia madre teniendo relaciones sexuales con otra mujer. Mi cabeza daba vueltas y miles de ideas colisionaban entre sí. Creí que me volvería loco.

Me llevó unos minutos reponerme de la impactante escena. Regresé a la fiesta para que nadie sospechara. Encontré a mi prima algo aislada en la mesa y con las mejillas rojas por todo el alcohol consumido. Me senté junto a ella e intenté charlar, pero sólo podía pensar en lo que había visto. Naty decía incoherencias y se reía como boba, aparentemente la cerveza le había afectado. Luego de unos minutos advertí que mi madre no estaba por ningún lado, así que me puse de pié para buscarla. Si algo más estaba ocurriendo debía saberlo.

Primero fui hasta su cuarto, pero allí no había nadie, seguí deambulando y pensando dónde podría estar hasta que la vi entrando al cuarto de lavado. Esta vez cerró la puerta tras de sí. Era obvio que no estaría sola allí dentro, pensé rápido y corrí hasta el patio de la casa, allí había una pequeña ventana que daba al lavadero desde la cual podía observar lo que pasaba adentro. Como la noche era cerrada y muy oscura era muy difícil que me vean. Además las plantas me otorgaban cierto camuflaje. Me asomé sin saber lo que iba a ver y lo que vi superó por mucho mis expectativas. Allí estaba Graciela inclinada sobre el lavarropas apoyada sobre sus grandes pechos. Detrás suyo, moviéndose frenéticamente, se encontraba Luis, nuestro vecino. Me preguntaba cuántas veces ese desgraciado había fantaseado con cogerla y ahora lo estaba haciendo. Ella tenía los ojos cerrados y la boca abierta en evidente señal de placer. Con cada embestida del tipo, el cuerpo de mi madre se sacudía hacia adelante, como yo la veía de frete no podía ver cómo la penetraban, pero por los movimientos de ambos sabía que ella lo estaba disfrutando y que esa verga entraba y salía rápidamente. Nunca pensé que mi madre se dejara coger tan fácil. A mí se me puso rígido el pene y comencé a tocarme inconscientemente por arriba del pantalón. Podía escuchar los leves gemidos de mi madre mientras Luis aceleraba sus movimientos y le apretaba las tetas, las sacó del escote y pude ver sus oscuros pezones que contrastaban con la pálida piel. Sus tetas parecían inflarse como globos mientras toscos dedos las estrujaban con fuerza.

- Viste putita, yo te dije mil veces que cogía mejor que el boludo de tu ex marido – dijo el hombre calvo con voz ronca – yo sabía que algún día ibas a entregar – a mi madre parecía no molestarle para nada el vulgar lenguaje de su vecino, al contrario, parecía estimularla más – tenés la conchita muy apretada mamita, te hacía falta un buen pedazo de carne – las embestidas se hicieron más fuertes - ¿Te crees que no me daba cuenta cómo se te iluminaban los ojitos cuando te decía que te iba a romper ese culito respingado? – me preguntaba cuándo le había dicho esas cosas a mi madre, ella emitió un quejido diciendo “Ayyy siii”

Nunca había imaginado qué caras pondría mi madre al coger o qué cosas diría. En un momento el tipo se detuvo, parecía estar acomodando su verga con las manos.

- No, por la cola no – dijo mi madre entre jadeos.
- Dijiste que querías probar cosas nuevas.
- Si, pero eso por ahora no. Otro día la entrego sin problemas.
- Está bien, entonces haceme un pete – dijo Luis quejándose porque ella no había accedido.
- No, cogeme – casi le suplicaba, mi madre estaba desesperada porque se la metieran.
- Yo te cojo mamita, pero si después te tomás la lechita – pensé que ella se ofendería con esa petición.
- Me la tomo toda, pero cogeme.

Él le levantó la pollera dejando la blanca cola de mi madre a la vista, pude ver un grueso tronco marrón oscuro asomándose por detrás, no podía ver la concha de mi madre pero era obvio que el pene era grande y que ya estaba entrando y saliendo otra vez. A los pocos segundos escuché su respiración acelerándose.

- A ver putita, mostrame cómo acabás – dijo el tosco hombre mientras la clavaba con furia. Los gemidos de mi madre se incrementaron y supe que estaba teniendo un orgasmo, yo mantenía la verga dura en mi mano y no podía dejar de tocarme al escuchar tal expresión de placer. Gemía con dulzura, como si hubiera sido desvirgada recientemente – cómo te gusta la pija puta… - lo cierto es que si parecía muy puta en esa situación – ahora te la vas a comer toda.

Mi madre dio media vuelta y se arrodilló sin esperar un segundo, acercó el grueso pene de Luis a su boca y lo apresó entre sus carnosos labios. Comenzó a mamarlo mientras con las manos se amasaba las tetas. Parecía gustarle mucho chuparla porque lo hacía cada vez con más rapidez y emitiendo más sonidos. Sacudía su cabeza de atrás hacia adelante con ímpetu hasta que sacó la verga de su boca y comenzó a masturbarlo con la mano. Un chorro de semen brotó violentamente y ella lo recibió con la boca bien abierta. Lamió la punta de la verga con lujuria mientras la leche seguía brotando, se estaba tragando la mayor parte y el resto caía sobre su mentón. No paraba de chupar, me parecía que ya había exprimido hasta la última gota, pero aun así se metía la verga hasta el fondo.

- Así te vas a convertir en la petera del barrio – aseguró Luis. Era la primera vez que asociaba a mi madre con la palabra “petera”. Me produjo una culposa excitación. Al fin se detuvo y se puso de pie. En ese momento el tipo le agarró la cola por arriba de la pollera – ese culito no se va a salvar, te lo voy a dejar bien abierto – a mi madre pareció gustarle la idea porque entrecerró los ojos y se mordió el labio inferior, aún había semen en su cara.

Mientras se limpiaba usando un trapo aproveché para entrar a la casa. Entré a mi cuarto, no quería ir a donde estaba la gente porque todavía tenía la verga muy dura amenazando con romper mi pantalón, comencé a caminar de un lado a otro pensando en todo lo que había visto, al parecer mi madre estaba recuperando el tiempo perdido. Caí en la cuenta de que ella quería probar cosas nuevas, sexo lésbico, anal, dejarse coger por vecinos maleducados… y vaya a saber cuántas otras cosas más. De pronto la puerta de mi cuarto se abrió, me sobresalté, la sensación de culpa me decía que mi madre venía a reprenderme por estar espiándola, pero en su lugar vi a mi prima Naty asomándose a mi cuarto, cerró la puerta nuevamente y me miró con cara de borracha.

- La fiesta ya me aburrió, hay puros viejos y mi papá no me deja tomar más – bajó su mirada y la fijo sobre mi pantalón – primo, se te paró la verga, ¿en qué habrás estado pensando? –dijo con una sonrisa perversa.

No sabía cómo responderle, estaba completamente avergonzado, pero ella reaccionó de forma extraña. Se acercó a mí lentamente y se puso de rodillas, yo la miraba incrédulo. De un tirón me bajó el pantalón y mi verga se elevó como un resorte dando contra su cara. Una risita de borracha inundó la habitación. Me dio un leve mordisco en el glande y abrió grande su boca, se metió sólo una pequeña parte y comenzó a succionar, su boca estaba calentita y húmeda, era la primera vez que me la chupaban. Sentía que ella aspiraría toda mi vida por la punta de mi mangera. Me dio tanto placer que casi acabo en menos de un minuto, logré contenerme y como ella no se metía toda la verga en la boca, la agarré por la cabeza y la empujé hacia mí obligándola a tragarla completa. Naty parecía tener experiencia en esto, su lengua se movía para todos lados y me daba fuertes chupones. No pude evitar sonreír ante la idea de que mi primita me estaba haciendo un pete. Al parecer los rumores eran ciertos, la nena era bastante putita.
Para mi sorpresa la puerta se volvió a abrir, me quedé helado, esta vez sí era mi madre, estaba parada en el umbral. En su rostro pude ver asombro, pero no había rastros de enojo o rabia. Naty dejó de chupármela de inmediato y giró su cabeza para mirar a la recién llegada.

- Hola tía – la saludó con voz perezosa - ¿querés que te la chupe a vos también? – se oía como una completa borracha.
- No querida gracias querida, por ahora no – me llamó la atención ese “por ahora no” – tu mamá te está esperando en la puerta, ya se fueron todos. Te recomiendo que hagas lo mismo antes de que ella venga a buscarte.
- Ok, lo seguimos otro día – me dijo mi prima sonriéndome, se puso de pié como pudo y salió del cuarto tambaleándose.
- Eh… mamá… yo… este – comencé a balbucear.
- Está bien hijo, no necesito explicaciones, me imagine que esto podía pasar algún día.
- ¿De verdad? – la miré intrigado - No fui yo, fue ella – me defendí.
- Te creo. Ya la conozco a tu prima, es bastante ligerita para estas cosas. Aparentemente tu tía no se da cuenta, pero a la nena ya se la pasaron unos cuantos. Al menos vos le diste algo grande para comer a esa putita – dijo sonriendo señalando mi verga que seguía completamente dura, hice un además de cubrirme, noté que ella también estaba bastante afectada por el alcohol – está bien Nicolás, ni que fuese la primera vez que te veo el pitulín – a pesar de que se trataba de mi madre no podía quitar de mi cabeza las imágenes de sus actuaciones en esta noche tan extraña - Ahh, estoy agotada – se desperezó y se recostó sobre mi cama dejando los brazos extendidos sobre su cabeza – pero valió la pena. Todo salió muy bien.
- Si, fue una linda fiesta. ¿Te gustó?
- Si, me encantó, superó completamente mis expectativas – “Ya lo creo” pensaba yo “Te comiste una mina y te cogió el pelado de al lado” Intenté sacar el tema cautelosamente.
- Me di cuenta de que varios tipos te miraban mucho, eras el centro de atención – no pensaba decirle que vi como Luis se la cogía o cómo le chupó la concha a la rubia.
- Si, yo también lo noté. Hacía mucho que no me sentía tan… - “¿Puta?”, pensé - …deseada, espero que no te haya molestado.
- No para nada. Me gusta verte feliz – eso era cierto, aunque los celos me comieran las entrañas, lo que más me importaba era que ella estaba contenta.
- Creo que eso puede ayudarme a afrontar más rápido la separación con tu padre. La verdad que la pasé muy bien, y se ve que vos también – miró hacia mi pene erecto con media sonrisa en sus labios - aunque esta chica te dejó con la calentura, perdón por interrumpir, no sabía que estaban haciendo eso.
- Perdón mamá, de verdad – estaba muy avergonzado.
- No seas tonto Nico. La verdad es que de haber sabido, hubiera entretenido a los padres de tu prima un rato – mi verga seguía bien dura y apuntaba hacia ella – no te pongas colorado sonso, es normal estar así. A mí también me dejaron con la temperatura elevada por tanta mirada y toqueteo.
- ¿Toqueteo? ¿Quién te tocó? – sabía que más de uno lo había hecho, y que los “toqueteos” habían sido mucho más que eso, pero quería ver qué decía ella al respecto.
- Mmm, vení sentate – me dijo haciéndome un lugar a su lado en la cama. Me senté apoyando mi espalda contra el respaldar de la cama, mi madre quedó a mi izquierda con la cabeza a pocos centímetros de mi pene, me sentí un poco incómodo al estar tan cerca suyo con mi miembro aún erecto, pero no podía hacer que bajara, al contrario, cada vez que recordaba lo ocurrido mi verga se vigorizaba - ¿viste que estaba Carlos? – Me preguntó, se trataba de uno de nuestros vecinos, me sorprendió que lo nombrara porque creí que hablaría de Luis, de todas formas asentí con mi cabeza – hace un ratito nomás me paró cuando estaba por salir del baño. Ahí fue cuando me tocó.
- ¿Cómo fue que te tocó? – le pregunté intrigado puesto que a eso no lo había visto.
- Bueno… Creo que no hay nada de malo en que te lo cuente, al fin y al cabo ya sos grande y estamos en confianza. Y te la debo por haber interrumpido – el esbelto cuerpo de mi madre se dibujaba sutilmente bajo su ropa, instintivamente agarré mi verga y ella vio el gesto perfectamente, pero no dijo nada al respecto – Te cuento… Carlos se paró adelante mío y sin darme tiempo a nada me metió la mano debajo de la pollera. Ya te imaginarás lo que buscaba – me dedicó una sonrisita pícara sin dejar de mirar hacia mi aparato.
- ¿Y lo encontró? – inconscientemente había comenzado a manosear mi masculinidad.
- Si claro, y no le costó nada porque hoy no me puse bombacha – eso explicaba por qué los toqueteos habían llegado tan rápido a destino, me sorprendió un poco, no imaginaba que mi madre estuviera desnuda bajo esa fina pollera, automáticamente miré hacia la zona de su pubis pero no pude distinguir nada - Primero me toco por afuera, pensé que de ahí no iba a pasar, por eso no le dije nada.
- ¿No te molestó que te toque? – ella me contaba todo con lujo de detalles y eso me calentaba más, ya podía ver gotitas emergiendo lentamente de mi pene.
- Ahora que estoy soltera, no. Al contrario, me gusta que me tomen por sorpresa.
- ¿Y vos que hiciste? – mi interés crecía a cada momento.
- Mmm, mejor no te cuento, sino vas a pensar mal de tu madre – mordió levemente su labio inferior.
- No, de verdad que no, vos sos libre de comportarte como te guste y me alegra que estés disfrutando de tu nueva vida, por culpa de papá te privaste de mucho.
- Gracias hijo – me dijo con una amplia sonrisa – está bien, te sigo contando. Yo subí una de mis piernas al inodoro, como para… invitarlo a pasar. – noté una mirada cómplice en su rostro – Y bueno, ahí me metió los dedos, pero con delicadeza, sabía cómo tratar a una mujer. Pude ver que la tenía parada, se le notaba mucho. Al principio no iba a hacer nada, pero al final me decidí y se la toqué, pero por arriba del pantalón – noté que ella se estaba tocando la entrepierna por encima de la pollera, yo movía más rápido mi mano sobre el pene pero no hacía el clásico movimiento de masturbación, para no ser tan evidente – yo me estaba emocionando con el toqueteo así que le abrí la bragueta. Tenía un buen “amiguito”, verlo me provocaba. Tenía muchas ganas de… mmm ¿cómo te digo? …De chupársela. ¿Para qué andar con rodeos? Vos sabés muy bien lo que es eso. Creo que me gusta mucho… sentir un… pene en la boca – ella se acariciaba con menos disimulo y tenía las piernas algo separadas, el vestido se le había subido un poco, lo que dejaba ver un poco más sus piernas. Ahora sus ojos estaban entrecerrados.
- ¿Y se la chupaste? – disimuladamente humedecí la punta de mi verga con saliva y proseguí a masturbarme, pero lentamente, mientras adivinaba el contorno de su entrepierna cuando ella hundía sus dedos en la tela del vestido.
- Mmmfhhh – ella estaba gimiendo – bueno… no me aguanté, me agaché y se la agarré fuerte con una mano. Cuando la tuve ahí delante me la puse en la boca. Sólo le chupé un poquito la punta, la tenía muy seca… pero seguí chupándola hasta que se la dejé bien húmeda… mmm que rica que estaba – era evidente cómo la afectaba la calentura y el alcohol, parecía olvidar que estaba hablando con su propio hijo. Con su mano libre comenzó a tocarse las tetas, metiendo los dedos debajo de la ropa, sus pechos se iban asomando cada vez más hasta que pude ver sus oscuros pezones frente a mis ojos, giró su cabeza hacia mí y miró fijamente mi verga - en cualquier momento eso te va a explotar Nico – yo no podía apartar la mirada de esas tetas asomándose de forma impertinente.
- Pe… perdón – caí momentáneamente a la realidad – no me di cuenta.
- No hijo, está bien. Mejor seguí hasta que largues todo, no es bueno que lo retengas tanto, sino después te van a doler los testículos… Además yo también estoy a punto de explotar… yo también necesito descargar de vez en cuando – se levantó completamente la pollera y pude ver una línea de pelitos del ancho de dos dedos que se dirigía justo a su clítoris, desde mi posición podía ver los voluptuosos labios vaginales con su hinchado y ese botoncito rosado en el centro. Comenzó a frotárselo con la yema de los dedos dibujando círculos. Me paralicé por un segundo, pero mi instinto sexual me obligó a mover la mano por todo el largo de mi pene erecto.
- ¿Qué pasó después se la seguiste chupando a Carlos? – pregunté tragando saliva.
- Yo estaba muy caliente… de verdad. Terminé metiéndome ese tronco hasta la garganta – el movimiento de su mano se hacía cada vez más rítmico – Te voy a confesar algo, por lo general a muchas mujeres no les gusta eso, pero a mí me fascina. Me encanta sentir el semen en mi boca, pero con tu padre no podía hacerlo mucho ya que a él le daba asco, sólo podía aprovechar cuando estaba muy excitado o un poco tomado. Pero en ese momento yo quería otra cosa.
- ¿Qué cosa? – ella pasó un dedo entre sus labios vaginales y yo moví rápidamente mi mano de arriba hacia abajo.
- A ver, para que entiendas te digo que me puse de rodillas sobre el inodoro y me levanté la pollera – hizo una pausa y se quedó mirando mi verga - quería que me claven – vi que metía bien adentro un dedo en su concha mientras meneaba su cadera, lo retuvo ahí durante unos segundos y luego comenzó a meterlo y a sacarlo rítmicamente, se estaba pajeando delante de mí – Carlos se arrodilló atrás mío y empezó a chupármela. Si vieras que bien lo hizo, me habría la concha – dijo mientras se la abría usando su mano libre – y me metía la lengua – se metió dos dedos bien adentro y comenzó a moverlos – me dejó súper mojada. Después se paró y acomodó su miembro… para metérmelo… me lo estaba metiendo despacito… ¡Ay, cuando la sentí adentro… qué placer! – arqueó su espalda y se masturbó frenéticamente – pero cuando empezó a darme sentimos ruido en el pasillo, venía alguien y nos interrumpió. Tuvimos que acomodarnos la ropa rápidamente y disimular. Al final me quedé con las ganas de todo.

Se quedó callada y fijó sus ojos sobre mi verga mientras yo me pajeaba rápidamente. Ella seguía metiéndose los dedos y jugando con su clítoris, veía que cada vez se le mojaba más. Cerró sus ojos y sus jadeos se hicieron más evidentes. Se llevo a la boca los dedos que se había estado metiendo en la concha y los chupó, luego volvió a masturbarse. Yo quería que me siguiera contando cosas.

- ¿Con Luis pasó algo? Porque vi cómo te miraba, siempre sospeché que ese tipo te avanzaba, aunque estuvieras casada – no le pregunté directamente por lo que había visto.
- Bueno… es que Luis es un tipo muy directo. Cuando quiere algo te lo dice sin vueltas – ella seguía colándose los dedos como si yo no estuviera – creo que te puedo contar lo que pasó hace como un mes – con un rápido cálculo mental supe que mi madre aún seguía casada en ese entonces – pero no quiero que pienses mal de mí.
- No voy a pensar mal, de verdad mamá.
- Está bien. Esto pasó una tarde en la que me encontraba sola en la casa, estaba limpiando los pisos y la puerta del frente estaba abierta. En eso veo que aparece Luis, me sonríe y me queda mirando. Allí me di cuenta lo escasa que era mi ropa. Tenía puesta una blusa blanca, sin mangas y con mucho escote y ni siquiera tenía corpiño, se me marcaba bastante. Además tenía un short bien cortito del mismo color. Esa ropa solamente la uso para dormir, pero ese día hacía calor y no me dieron ganas de cambiarme – me imaginaba la escena sin dejar de tocarme, ella se masturbaba al mismo ritmo que yo – ya te imaginarás la cara de Luis, el tipo pasó a la casa sin que lo invitara y me dijo que podía matar a alguien de un infarto vestida así. No te voy a mentir, el comentario me agradó, pero igual lo saludé como si nada. Él me miraba fijamente el escote y yo estaba algo agachada pasando el secador por el piso, se me veía casi todo, me puse colorada y por los nervios se me cayó el secador. No tuve mejor idea que agacharme para juntarlo, para colmo le di la espalda a Luis. Mi short era muy corto y se pegaba mucho al cuerpo, yo sabía que impacto visual podía causar, pero esa no era mi intención, para colmo ni siquiera tenía bombacha – me sacudí la pija con ganas imaginando el apretado atuendo marcando esa conchita, mi madre continuó con su relato – él me apoyó sin miramientos y me dijo “Mamita no te agaches así porque te puede costar caro” podía sentir su bulto duro contra mi vagina y de pronto me dio un calor tremendo. “Esta manzanita es muy tentadora” agregó agarrándome la cola con ambas manos “A la manzanita le falta atención” le dije sin saber por qué. Me salió de adentro – mi madre se colaba los dedos bien adentro sin dejar de hablar – fue un error porque Luis lo malinterpretó. Enseguida me bajó el short hasta las rodillas dejándome con las vergüenzas al aire y un segundo después sentí su pene contra mis nalgas. Lo tenía duro. Le pedí que se apartara y le recordé que la puerta estaba abierta, alguien podía vernos. Sin decir nada fue hasta la puerta y la cerró. Me quedé mirando su pene grande y duro, ni siquiera atiné a subirme el short. Estaba como hipnotizada, no podía pensar claramente. Se me acercó y con un tirón del brazo me puso de cara contra la pared “Yo te voy a abrir ese culito paradito que tenés” me dijo secamente y sentí la cabeza de su verga contra mi agujerito posterior, se la había mojado con saliva. Admito que la escena me calentó, no quería pero igual paré la cola, pero cuando el tipo me la quiso meter de una me dolió bastante y ni siquiera entró “¡Ay no Luis, pará, soy casada!” atiné a decirle y él me respondió algo que hizo un clic en mi cabeza “Vos sabés muy bien que tu marido te pone los cuernos, no creo que le afecte mucho llevar algo de cornamenta” Seguía presionando y el dolor era agudo, aun así sabía que el pene no estaba entrando. “¡No pará, me estás haciendo mal!” ahí se detuvo, pero igual no me soltó. “Pero si estás toda mojadita mamita” Me dijo pasando la mano por mi conchita “Vos te morís por una buena pija” – me daba mucha calentura escuchar esas palabras directamente de la boca de mi madre, y además podía ver cómo se pajeaba, yo me apretaba los huevos y no dejaba de darme duro – yo estaba muy excitada, no sabía cómo decirle que se vaya, en ese momento me dijo “Si vos querés que te la meta, pedímelo”. Estaba confundida, primero le pedí que me dejara, pero él me pasaba la punta de la verga por el medio de la concha y yo me mojaba cada vez más, para colmo me apretaba las tetas, yo seguía con la cara pegada a la pared. Volví a sentir su glande pasando suavemente por mi culito, apretó hacia adentro y mi agujerito luchaba por mantenerse cerrado, la rudeza de ese hombre me calentaba “¿Y qué hago putita, te cojo o no?”, me decía al oído. Nunca me habían hablado de esa forma. No aguanté más, le agarré la verga con una mano y la llevé hasta mi conchita diciéndole “Metemela”.

Para este momento yo estaba más cerca de la cara de mi madre, me había acercado inconscientemente, hasta tenía la verga orientada hacia ella, a muy pocos centímetros de su boca, ella no dejaba de mandarse dedo y jadear.

- ¡Ay hijo, si supieras el placer que sentí cuando me la clavó! – continuó - Nunca me habían metido una así de grande. Pensé que me rompería la conchita, para colmo me cogía con fuerza, yo empecé a gemir y él no paraba de penetrarme hasta el fondo. Una y otra vez.

Mi madre se apretaba los pezones y podía ver que su concha estaba muy mojada, mi verga estaba justo sobre su boca y ella la miraba con los ojos entrecerrados, una gotita de líquido preseminal cayó sobre sus labios pero no dijo nada. Sacudí un poco mi miembro y el glande le rozó la boca. Tampoco se quejó. Volví a repetir la acción pero esta vez dejé la punta de mi verga posada sobre sus labios sin dejar de pajearme con ganas. Su boquita estaba entreabierta y esa sensación me calentaba muchísimo. Al parecer a ella también, porque se estaba tocando con más ímpetu y cerró sus ojos.

No aguantaba más, sentía que mi verga iba a estallar, movía frenéticamente mi mano. Mi miembro quedó apuntando directamente al interior de su boca. Ella continuaba con los ojos cerrados. Fue como un volcán en erupción, grandes chorros de semen de un color blanco intenso y espeso salieron despedidos de la punta de mi pene con gran fuerza, el primer chorro fue a parar al interior de su boca. Mi madre intentó apartarse pero yo sostuve su cabeza, un nuevo escupitajo blanco que en parte entró y el resto quedó dibujando una línea horizontal en su mejilla. Intentó escupir el semen, éste emergía de su boca pero para que no lo largara todo, introduje el glande sin dejar de soltar semen en su interior. Ella no tuvo más remedio que comenzar a tragar, podía sentir su boca apretada contra mi verga. Vi que en ningún momento dejó de pajearse, por los ruidos que emitía pensé que se estaba ahogando pero enseguida sentí su lengua girando sobre la punta de mi pene, primero dio una vuelta suave en sentido de las agujas del reloj y lo siguió otro un poco más rápido. Yo aún sostenía su cabeza firmemente. Introduje un poco más la verga en su boca y mi respiración estaba muy agitada. Cuando la solté el pene salió lentamente dejando mucha saliva y semen colgando de sus labios.

- ¡Pero hijo! – gritó como si todo hubiera ocurrido por sorpresa, para mí fue un tiempo interminable pero lo cierto es que todo ocurrió muy rápido. No me miraba a la cara sino que sus ojos estaban fijos sobre mi miembro, se irguió un poco en la cama - ¿qué fue eso? – preguntó anonadada, como si de verdad necesitara saber qué había sido lo que tragó.
- Como dijiste que te gusta sentir el semen en tu boca – intentaba dar una explicación coherente, tartamudeando como un niño demasiado ansioso – y dijiste que te habías quedo con las ganas… Yo… yo… yo solamente te quería ayudar, pensé que te iba a gustar. Perdoname si te molestó… perdoname mamá- me estaba poniendo pálido y tenía ganas de salir corriendo.
- ¿De verdad lo hiciste por eso? – Me preguntó, pero no le respondí, no podía dejar de mirar su mejilla y mentón lleno de semen – la verdad es que me tomaste por sorpresa. Soy… tu madre.
- Sí lo sé. Perdoname, fui un estúpido – tenía ganas de llorar, recién ahora era consciente de la gravedad del asunto, había forzado a mi propia madre a tragarse mi semen.
- No Nico, está bien. La culpa es mía por venir con esas historias… y tocarme delante tuyo. No pensé con claridad… fui una irresponsable… pero tanto sexo y alcohol me nublan el juicio…
- Yo también tomé mucho… por eso no pensé… no es tu culpa.
- No importa… ya pasó. Fue un mal entendido. No te preocupes.
- Lo decís solamente para que no me ponga mal.
- No, la verdad es que fue un lindo gesto de tu parte… sólo que no fue apropiado. Mejor no le demos tanta importancia. El alcohol provoca que la gente haga estupideces – ella vio que mi cara de preocupación no se borraba – además estaba rica – dijo sonriendo, ni siquiera se había limpiado la cara.
- Gracias – le devolví la sonrisa – no me terminaste de contar qué paso con Luis – noté que ya no parecía tan entusiasmada por relatar lo ocurrido – por favor, contame.
- Bueno… está bien – volvió a recostarse sobre la cama, yo quedé de rodillas frente a su cara - ¿por dónde iba? Ah sí. Luis me estaba cogiendo contra la pared, el tipo era un salvaje, me la metía con ganas. Hacía años que no probaba una verga que no fuera la de tu padre. Sentí la juventud volviendo a mi cuerpo.

Comenzó a masturbarse de nuevo, al principio lo hizo lentamente y luego aceleró el ritmo. A mí se me había puesto dura otra vez y no pude evitar tocarme. A pesar de lo ocurrido, el tenerla tan cerca me provocaba mucho y la calentura me desinhibía. Ella me daba detalles de cómo nuestro vecino se la montaba como a una yegua. Sus detalles eran muy explícitos, hablaba de cómo se le abría la vagina, de lo profundo que se la enterraba, de lo caliente que se había puesto y todo esto sin dejar de tocarse. Sin miramientos pasé la punta de mi verga contra su mejilla, arrastrando los residuos de semen, ella no dejó de hablar. Describía la forma en la que Luis le había apretado las tetas mientras yo desparramaba la leche por todo su rostro, pasaba por su frente y bajaba lentamente hasta su cuello, le estaba frotando la verga por toda la cara y ella permanecía con los ojos cerrados narrando y masturbándose.

La escena se volvía más y más erótica. Ella dijo algo refiriéndose a que mi padre llegó justo cuando Luis se marchó, le iba a preguntar qué había ocurrido pero en ese momento noté que mi madre frotaba intensamente su clítoris y gemía con ganas, estaba teniendo un orgasmo. No aguanté las ganas, me moví rápido y me coloqué entre sus piernas, las cuales estaban bien abiertas, podía ver su vagina latiendo y soltando jugos. Apunté mi verga hacia ella y apenas la toqué mi mamá intentó apartarme con su otra mano, pero no paraba de masturbarse y estremecerse, su espalda se arqueaba y sus gemidos aumentaban de volumen. Pude poner mi glande justo en su agujerito, ella decía “¡No, no, no!” entre gemidos. Se retorcía en la cama, tuve que sujetar una de sus piernas y cuando tuve la oportunidad, presioné hacia adentro. Se la clavé completa de una vez, se sentía de maravilla, muy húmeda y caliente. Ella luchó por alejarme pero le di un par de fuertes estocadas que la hicieron soltar un grito de placer. ¡Se la estaba metiendo a mi madre! La situación fue tan excitante y abrumadora para mí que acabé en pocos segundos, solté la leche bien en lo profundo de su concha. Ella volvió a arquear su espalda y me atrajo hacia su cuerpo con las piernas y los brazos. Nos revolvimos en un estallido de placer. Arremetí contra ella mientras la miraba a los ojos, mi verga no podía ir más adentro pero cada vez que la clavé ella suspiró. Su expresión era de asombro total, casi de pavor, diría yo.

- ¡No puedo creer que hayas hecho eso Nicolás! – me gritó, estaba muy enojada.
- Perdón mamá… de verdad no me pude aguantar… - comencé a disculparme.
- ¡Sacala! – gritó con más furia - ¡Sacala te digo! – me empujaba con fuerza pero yo era muy pesado como para que me moviera fácilmente.
- Pero mamá… - quería que se tranquilizara, me estaba asustando.
- ¡Nada de peros! ¡Salí Nicolás! – nunca la había visto tan enojada.

Me aparté de ella rápidamente y ni siquiera vi su mano llegar. Me dio un fuerte cachetazo contra la mejilla izquierda que me dolió en el alma, no físicamente, pero sentí que mi corazón se desgarraba, sentí que mi madre me odiaba cuando yo sólo intentaba darle placer… aunque creo que buscaba mi propio placer… estaba confundido. La vi ponerse de pie y cerrar la puerta bruscamente al salir del cuarto. Las lágrimas brotaron de mis ojos. Aún tenía la verga dura y eso me generó más odio hacia mí mismo. Me tendí en la cama y hundí mi cara contra la almohada.

No sé cuánto tiempo estuve llorando, pero cuando me tranquilicé un poco quise ir hasta el baño y de paso ver si mi madre estaba bien. Apenas abrí la puerta de mi cuarto la pena volvió a invadirme. Escuché que mi madre lloraba y era evidente que intentaba ahogar el ruido contra su almohada. Me sentía pésimo, había frustrado totalmente mi intento por ayudar a mi madre por no poder aguantar mi propia calentura.

Continúa en el siguiente post:

Ayudando a Mamá (Parte 2)[/color]