Buenas noches gente de P!

Esta noche vengo con un relato, que creo es la primera parte. Es corto, pero a mi parecer bastante sustancioso, buen lexico y pienso que un buen argumento.

Opinen ustedes, toda critica es constructiva, asi me ayudan a mejorar.


1ra Parte.


Me desperté por alguna razón no conocida, abrí mis ojos con dificultad, pero al fin lo hice. Estaba excitado, con ganas de mi esposa y decidí escribir esto...

Recordé momentos con mi esposa, y anticipe hechos en mi cabeza con ella.

La seducía y a la vez ella lo permitía. Tocaba sus piernas, las acariciaba y podía sentir su respiración agitándose. Estando a su espalda, recorría con mis manos su abdomen, levantando suavemente sus voluptuosas tetas, pudiendo sentir como se habían endurecido sus pezones a través de una blusa asedada. Besando y chupando su cuello podía sentir su excitación, la cual me decía que no me detuviera. Ella sentía el rose de mi abultado pene en sus nalgas, y ahí era donde sentía sus ansias de sexo, ya que literalmente sentía como retorcía su cuerpo conforme iba acariciando su entrepierna.

Fui deslizando mis manos hacia abajo, tocando sus piernas, sus pantorrillas, sus tobillos, quitando sus sandalias y besando suave y delicadamente sus pies. Con un leve manoseo pude ir subiendo su falda, podía sentir su mirada un poco perdida, esperando con desespero que arrancara sus bragas. Al ver esto me detuve, pude ver que con un leve atisbo de su mirada preguntaba – Porque te detienes? Me levante de inmediato, deslice mi mano sobre su cabeza y de un leve, pero pronunciado impulso hale sus cabellos y la lleve contra la mesa; incline sus pechos sobre aquella superficie pudiendo escuchar nada más que suspiros al aire.

Levantando su falda desde las rodillas, pude revelar un hermoso hilo fucsia metido entre sus nalgas, de esos que acentúan las curvas de dichas posaderas. Comencé a besar sus muslos, a chupetear poco a poco su piel, la punta de cada nalga era manoseada con mi lengua casi al punto de estar entre ellas. Con mi boca fui deslizando aquella braga, que por su color era imperdible. Cayeron al piso, y note sus jugos empapando aquella prenda tan llamativa y distinguida para mis ojos.

Ella, inclinándose aún más sobre aquella mesa, apuntando todo su culo hacia mi rostro, abriendo más sus piernas, llevando sus manos hacia delante para sostenerse del otro extremo del mueble, con un tono de voz algo desesperado, me dijo – culéame papi! Esas palabras aumentaron todavía mas mi virilidad, mi erección estaba al tope. Hice caso omiso por el momento y di un par de palmadas a cada nalga, diciendo – silencio, No seas tan zorra mujer!

Sostuve su culo con cada una de mis manos y lo abrí, dejando ver por completo su ano, seguidamente podía observar su vagina echa un pozo de excitación…