Buen día a todos los lectores de Poringa, tengo afición por saber de las vivenciar eróticas y sexuales de las personas y ello me sirve para crecer en imaginación y talento Debo indicar que el relato que a continuación describiré lo escribí hace ya algunos años atras y lo colgue en un par de dominios parecidos a este. Algo desactualizado ya, lo recuerdo con mucho agrado pues todo ocurrió es verdadero sin aumentar. Sin más preámbulo paso a contar mi relato:

El Disfraz de Barnie

Esta es la primera de tantas historias que me animo a contar. Las razones del por qué no lo hice antes no lo se. Si bien no es la más atrevida de todas, lo que a continuación relataré marcó para bien o para mal un referente de mi persona frente a un grupo de amistades y por qué no, de personas que alcanzaron a descubrir lo que pasaba.

Esta historia pasó en promedio hace 6 años atrás cuando yo tenía 23 años. El principio de la historia va así: Un día me encontré con un conocido mío el cual me pidió de favor le diera algunas pautas de cómo cotejar a una chica que él había conocido por icq o latinchat (no lo recuerdo). Yo para ese momento le lanzaba muchas bromas acerca de que si sería fea y cosas así hasta que me dijo que tal vez yo la conocería ya que ella vivía en un barrio cerca al mío, digamos a unas 6 cuadras de mi casa. La cosa es que ellos se llegaron a conocer pero fue una sola vez ya que a dicha chica mi amigo no le pareció en absoluto simpático. Para ese momento él vino llorando a mí y yo solo reí, entramos a internet y fue allí donde yo me hice pasar por él y hablé con ella. Me di cuenta entonces que entre ella y yo conocíamos a muchas personas en común. De tal manera y sin que mi amigo lo sepa (al menos al principio) ella y yo nos conocimos e hicimos buena química.

Vanessa, que así se llama ella, era una chica de 19 añitos, delgadita, no gozaba de mucho trasero pero si de unos buenos senos y lo mejor de todo era que se creía modelo, era animadora de fiestas infantiles y como pude darme cuenta al instante, era una tramposa de vitrina. Para ese entonces yo tenía 6 meses con una enamorada, Karen, que en teoría se creía más astuta que yo pero que a sus también 19 años y después de haber estudiado toda su vida en colegio de monjas, no lograba superar el criollismo que desde hacía mucho corría por mis venas.

Sucedió entonces que como era de suponer en la juventud, me tiraba a Karen, mi enamorada, todos los días menos los domingos ni sus días de regla. Ella era una hambrienta de sexo, la niña de su casa, la hija menor y recién ingresada a la universidad pero yo poco a poco la fui convirtiendo en la puta que era. La regresaba a su casa despeinada, con rastros de semen en su cabello y cuerpo, sus calzones bañados en sus jugos y bien adolorida de todo lo que masoquistamente me dejaba hacerle. Logré que me chupara la pinga en la calle así como también que se dejara meter mano y como era costumbre entre nosotros, meterle el dedo en su culo y después de yo olerlo, se lo pasaba por su nariz tanto tiempo que llegó el día en que a ella ya no le hacía asco oler su propio culito sino que después de oler mi dedo me lo chupaba y nos besábamos.

Todos los días dejaba a Karen puntualmente en su casa, 9pm, la hora acordada por ella y su familia. De regreso a casa tenía que pasar por el barrio de Vanessa hasta que un día nos encontramos y nos quedamos conversando, al final de la noche nos fundimos en un beso que fue el preludio de todo lo que vendría. Fue un beso apasionado en donde después de tanto acariciarla terminé tocándole el culito y pegándole mi pinga en su conchita, ella gimió y se pegó aun más a mí. Esa noche intercambiamos teléfonos y al día siguiente me llamó por la mañana con una excusa que la acompañe, no precisó a donde pero recuerdo que en todo el camino nos la pasamos metiéndonos mano.
Aun recuerdo que pasamos por la avenida Bolívar y vimos un hotel, entonces le pregunté ¿quieres tu leche mañanera? Y ella solo riño arrecha sin decir nada. Yo la cogí de la mano, nos bajamos del micro y retrocedimos las dos cuadras que nos habíamos pasado. Antes de entrar ella me cogió la pinga y me pidió tratarla bonito.

Ya en la habitación yo le pedí que me mostrara su cuerpo desnudo y ella me dijo, échate en la cama pues te voy a modelar. Tener a una chibola de 19, de vocación tramposa y con autoestima superada creyéndose riquísima, más de lo que en verdad era, me producía un morbo increíble. Tenía un par de tetas preciosas, grandes para su contextura, paradas, redondas y con pezones marroncitos y erectos. Conforme se iba desnudando me preguntaba si me gustaba lo que veía, yo para ese momento ya me había sacado la ropa y estaba cogiéndome la pinga. Al momento de sacarse su tanga lucía un coñito en verdad precioso y depilado, chiquito y sin mucho uso, casi virginal.

El tremendo banquete que me di esa mañana, le chupé el clítoris, concha y culito, los senos mordisqueados y una tremenda cachada como para convertirla en mi perra. Le mordí los cachetes del culito y le advertí que desde ese momento ella era mi putita y de nadie más, sellamos en pacto echándole mi semen en la cara ya que según ella nunca antes lo había hecho de esa forma. Aun hoy recuerdo su aroma, el olor a sexo que emanaba de su cuerpo, los arañones que me dejó en el cuerpo y los gemidos que hacía. No me podía creer que fuera tan inexperta sexualmente hablando. Se quedó maravillada con la chupada de culo que le mandé y eso determinó su absoluta entrega…según yo. Ya en la tarde nos despedimos en la puerta de su casa con un enorme beso recordando todo lo pasado. Quedamos para la noche, pasadas las 9pm. Me fui así, con aroma a otra mujer, donde Karen, mi enamorada, y tremendo morbo me produjo el que me chupara la pinga con sabor a concha de otra mujer, en fin, fue el principio de hacer muchos ejercicios para estar en forma y darle 3 polvos diarios a cada una de mis dos putitas.

Un domingo me llamó Vanessa a pedirme por favor la acompañe a una fiesta infantil ya que le daba miedo ir sola con una amiga. A la hora acordada llegué a su casa y cargamos las cosas en un taxi, de pronto salió su amiga y en verdad era una delicia, llevaba un jeans ajustadísimo, cinturita, culazo y tetas pequeñas pero redonditas. Llegamos a la matinée y luego de las presentaciones, el padre de familia nos hizo subir al segundo piso mostrándonos una habitación con baño incluido donde podríamos dejar nuestras cosas y prepararnos para el show. Yo muy voluntarioso di tres viajes al primer piso para cargar las mochilas dejando el equipo en el primer piso. Dándome las de hombre comencé a hacer las conexiones de la música cuando mi dulce trampita llega a media escalera y me insta a subir. Ya en la habitación con la puerta cerrada sacó de un costal la cabeza de un muñeco barnie y me la puso sin preguntar, yo le dije ¡ni de chiste! Entonces sacó el cuerpo del muñeco de otro costal y me dijo con voz imperativa: disfrázate.

Yo me quedé perplejo y le pregunté ¿aquí delante de ustedes? Y me respondió afirmativamente y para tranquilizarme me dijo que así era eso de las matinées, que muchas veces no tenían tiempo así que debían cambiarse hombres y mujeres en el mismo ambiente. Me salió la cara de felicidad y le dije a que esperas tú y ella comenzó a desnudarse y volteé en dirección a la amiga y le dije ¿y tú? La amiga sonrió y juro que jamás en la vida voy a olvidar la escena en donde la amiga desabotonó su jeans y mostró un calzoncito lindísimo. Tampoco olvidaré jamás la escena de ver a dos señoritas en calzón y sostén sacando cada una de sus mochilas la indumentaria que no era otra cosa que minifaldas y politos chiquitos, parecían más bien un par de putas. Tendieron sus uniformes sobre la cama y se colocaron cada una a un lado mío sujetando los pies del (ahora sí bendito) barnie y me pidieron sacarme el pantalón y los zapatos. Yo ni corto ni perezoso en menos de lo que conté 5 ya estaba en pelotas con la pinga toda erecta apuntando arriba. Ellas rieron y yo dije “estas quieren caña”. Me apoyé de las cinturas de ambas chicas y rápidamente mis manos bajaron a sus culitos aun fríos. La amiga me miró y suspiró, luego los tres reímos y yo comencé a frotarlas al mismo tiempo, mientras le metía el dedo en la concha a mi trampa, besaba a su amiga y le acariciaba el culo para agarrar confianza, pronto solté a mi trampa para probar carne nueva.

Rápidamente a la amiga le saqué el sostén y bajé su tanguita para acariciarle el coño. Vanessa, mi trampa, me apoyó las tetas en la espalda y comenzó a pajearme mientras apuntaba mi pinga en dirección a la concha de su amiga que yo estaba pajeando. En ese preciso sublime momento, el padre de familia nos tocó la puerta preguntándonos si acaso se nos ofrecía algo. ¿Qué más podía pedir yo en ese momento? ¡Pues nada! Vanessa responde tú que yo a esta amiga tuya me la cachó en este momento. No escuché que diría Vanessa ya que yo levanté en peso a su amiga y la clavé directo a mi pinga, la tenía sujetada del culo tan rico que se manejaba y por momentos le chupaba y mordía las tetas. No pasaron ni 5 minutos cuando Vanessa nos obligó a parar mostrándonos a mí y su amiga que ella ya se había cambiado y que iría bajando a seleccionar la música y ultimar detalles con el padre de familia. Al cerrar la puerta su amiga se comenzó a cambiar y me dijo que me meta al muñeco de barnie, yo seguía arrecho como nunca antes y me dijo, no seas vicioso que ya habrá momento para más. Me ayudó a cambiarme y me dio mis instrucciones: “debes bajar después que gritemos barnie 5 veces”. Me quedé en la habitación arrecho y disfrazado, entonces abrí la puerta para escuchar o para esperar los 20 o 30 minutos que demorarían en llamarme, decidí luego retornar a la habitación y sacar de mi jeans mis cigarros.

Era cómico verme con la cabeza del barnie en mi mano y fumando mi cigarro post polvo cuando una señora subió y comenzó a reír de la escena y luego alcanzó a decirme que nadie fumaba en esa casa así que mejor me encerrara en el cuarto para que nadie se incomode y que ella me avisaría cuando fuera el momento de bajar a “actuar”. Menuda sorpresa me llevé al ver las mochilas abiertas de mis dos animadoras y viendo sus tanguitas allí. Saqué ambas tanguitas y las comencé a oler pero no podía pajearme debido al disfraz. Podía oler dos conchitas y dos culitos, ¡era increíble! entonces me las puse como máscara, algo muy cotidiano en nosotros los hombres, las tiras del tanga por atrás de nuestras orejas y la parte de la conchita y culo directo a nuestra nariz. Me puse encima la cabeza del barnie y esperé el llamado. Jajaja… quien alguna vez se haya disfrazado sabrá que la visibilidad es casi nula o por lo pronto difícil. Bajé y comencé a hacer estupideces de barnie y lo más morboso de mi vida: estar detrás de ambas putitas y poder ver ambos culitos moverse y agitar sus minifaldas y pantalonetas con la seguridad que nadie podía darse cuenta y encima ¡oliendo sus conchas y culitos ya que no deben olvidar que ambas tangas estaban en mi cara! Por momentos era ver a las invitadas, madres, hermanas o que se yo de los niños allí presentes y estar con la pinga parada como nunca antes. Felizmente el uniforme de barnie era con amplia panza… Jajaja.

Yo ya me sentía en la gloria y pensé que eso sería todo cuando de pronto Vanessa dice a los niños: “Ya venimos, iremos a un descanso de 25 minutos” y tras una canción de axe bahía nos fuimos al segundo piso. Al entrar nuevamente en la habitación con mis dos putitas sudadas, con el corazón agitado y por qué no excitadas al igual que yo, cerré la puerta con seguro y al girar las vi sentadas en la cama y me quité la cabeza del barnie olvidándome de sus tangas, ellas al verme rieron y me dijeron, enfermo, mañoso, pervertido, cerdo y no sé cuantas cosas más. Se levantaron y me quitaron el uniforme, entonces les dije que se pusieran a cuatro patas al borde de la cama no sin antes sacarse sus pantalonetas. Me las caché alternadamente sin dejar de pajear a la otra entonces dije, es ahora o nunca, se la metí por el culo a mi rica Vanessa y le advertí que no debía gritar.

Fue una sensación sencillamente deliciosa, un morbo absoluto y un recuerdo que guardaré para siempre. Su amiga preguntó qué pasaba y Vanessa le dijo: “me está dando por el culo”, su amiga objetó: ¿tú no eras virgen de culo? Y Vanessa respondió “sí pero este maricón me ha cogido arrecha, desprevenida y en una situación que no puedo hacer nada, ¿o acaso pretendes que toda la fiesta se entere?”, su amiga comenzó a reír descontroladamente y me dijo “jódele el culo a esta puta que siempre ha jodido que lo guardaría para quien se casara con ella”. Y eso hice, me la caché por el culo de tal manera que no solo ambos disfrutábamos sino que la amiga a la que nunca dejé de pajear se acercó al culo de Vanessa y dijo “que rico aroma, mezcla de pinga, concha y culo en el ambiente”.

Saqué mi pinga del culo de Vanessa y su amiga me lo lamió entonces entendí que también quería su pedazo en el culo. Dilaté paralelamente el esfínter de la amiga mientras gozaba del delicioso culo de Vanessa hasta que me aparté dejándola descansar y secarse las lágrimas y arremetí contra el culo de esta nueva chica a quien nunca antes había visto en mi vida y me estaba entregando lo más preciado de su intimidad en una orgia jamás planeada por mí.

Ella lejos de gritar se puso a tararear una canción de axe bahía y me hacía la coreografía con mi pinga dentro de su culo. En un momento que Vanessa me observaba me dijo: “yo quiero ese semen de mi marido en mi culo y no en el de esta puta asolapada” y la amiga respondió “el semen queda en mi culo ya que lo quiero bien estrenado”. Solucioné el problema de la mejor manera: las coloqué a ambas en cuatro patas y se la metí a Vanessa por el culo entonces eyaculé un poco e hice concentración para aguantar, saqué mi pinga y la taponé con mi dedo, fui entonces al culo de la amiga y se la metí para eyacular lo que quedaba de semen. Increíblemente ambas se quedaron con su buena ración de semen en el culo y yo con mi primera orgía con unas mujeres que apenas habían salido de la adolescencia.

A las semanas estaba yo casualmente un día frente a su casa como a las 11 pm y la vi salir con su mamá que la embarcaba en un taxi. ¿Qué tiene eso de raro? Pues que ella también tenía enamorado desde hacía meses, yo nunca supe de él así como mi puta Vanessa no sabía de mi enamorada Karen… hasta esa noche.

Este relato queridos lectores es apenas la punta del iceberg de mi relación de amantes con Vanessa. Si acaso esta historia les alimenta el morbo espero sus comentarios para seguir contándoles por ejemplo como fue que Vanessa se encargó de decirle a Karen lo de nosotros o como me cogí a la tía de Vanessa, una treintona tetona y con cara de arrecha o también… ¡suspenso!