Sexo en el hospital

Sexo en el hospital
Al principio el dolor en el costado era soportable, con el correr de las horas se hizo más intenso, por eso Juan debió acudir al médico. El diagnóstico fue inmediato: apendicitis.
A las pocas horas ya se reponía en la sala del hospital, operado prontamente todo había salido perfecto y con un poco de suerte necesitaría solamente una noche de internación.
Para cuidarlo esa noche, Camila, su pareja, se había llevado el infaltable termo de café y un par de libros.
Aproximadamente a las diez de la noche, Juan ya despierto, se quejaba de los dolores típicos post operatorios. Camila llamó a enfermería para ver si era posible inyectarle un calmante. Cinco minutos después apareció un enfermero para aplicarle a Juan el tan deseado calmante.
Sentada a unos poco metros, a Camila le llamó la atención del enfermero, su seguridad al moverse y al hablar, pero sobre todo por su fuerte mirada. Un par de veces en unos pocos minutos se sintió desnuda ante esos ojos intensos que no fue capaz de desviar por unos segundos.
-bueno, en unos pocos minutos este mañoso se va a sentir mejor- dijo el enfermero
-¡pobrecito, le duele!- defendió Camila a Juan
-Es un exagerado, pero ya se le va a pasar- dijo el tipo riendo
-a vos por que no te han operado- quiso imponerse Juan
Sin mediar palabras, el tipo se levantó la chaqueta, para mostrar una vieja cicatriz que cruzaba en su abdomen de lado a lado.
-se perfectamente lo que es una operación hermanito, y de esto no vas a morir- completó el enfermero.
Le dio unas palmadas en la frente a Juan y salió de la sala riéndose.
-este cabron se cree que exagero- dijo Juan quejándose.
-no seas malo, él quiso hacerte reír- respondió Camila
Juan se sintió humillado, pero poco era lo que podía hacer más que quejarse con Camila, ella lo entendería y lo cuidaría.
Por otra parte Camila no podía quitarse de la cabeza al enfermero, que tan hábilmente había manejado a Juan y prácticamente lo había ridiculizado.
Cada media hora el enfermero pasaba por la habitación.
-¿y como está el nene?- preguntó una vez
-¿se le pasó el dolor a don delicado?- preguntó otra
Pero ante cada aparición del tipo, Juan se hundía en su impotencia, y más aún lo enojaba ver como Camila reía cómplice de aquel tipo.
A la una de la mañana aproximadamente ya reinaba el silencio en los pasillos del hospital, excepto en la habitación de Juan, que seguía quejándose de los dolores.
Un nuevo llamado al enfermero, que nuevamente apareció riendo.
-bueno, es hora de que te duermas-dijo él
-si pudiera lo haría con gusto, pero me duele.- respondió Juan
Camila vio como el enfermero se agachaba hasta decirle algo al oído a Juan
-ahora te voy a dormir, así me dejás tranquilo con tu novia- le dijo el enfermero en voz muy baja para que Camila no escuchara.
Lo que si vió Cami, fue que el enfermero inyectaba algo en Juan y como sus ojos furiosos por unos segundos rápidamente se cerraron
-es un anestésico, va a dormir por varias horas, vos podrías hacer lo mismo- le dijo el tipo a Camila señalando la cama desocupada a la par de la de Juan.
-no tengo sueño-respondió ella mientras el enfermero se acercaba
-si querés puedo quedarme a entretenerte- propuso él mientras se acercaba.
-¡sos terrible!, está Juan acá- dijo ella señalando a su hombre ya profundamente dormido.
- da lo mismo si estuviera acá o en Canadá, no se va a enterar de nada-
Camila miró a Juan una vez más, nunca podría contarle lo que sintió en ese momento. Se sintió dominada por ese hombre, la excitó ver a Juan vencido por el enfermero. Cuando el tipo la tomó por los hombros, su mente quiso alejarlo, pero su cuerpo no respondió, vio como si él se acercara en cámara lenta y fue incapaz de evitar el beso que él le arrancó.
-soltame- exclamó en voz baja Camila
-sabés que eso no va a pasar- respondió él
Un nuevo beso la hizo vibrar, la fuerza con la que él la tomó no hizo otra cosa que confirmar que ella estaba indefensa ante los deseos de él. Por eso cuando el apoyó una de sus manos en las tetas de Camila, ella suspiró contenidamente.
-¿querés que me quede?- preguntó él
-¿seguro que no va escuchar nada?- preguntó ella señalando a Juan
-ni que le pase un camión por encima- afirmó él
Camila sonrió complaciente mientras cerraba la puerta de la habitación por dentro, luego el tipo tomó una de las manos de Camila y se la llevó la verga. La delgada tela del uniforme de sanidad permitió que ella pudiera sentir perfectamente las gruesas venas que surcaban la ya endurecida pija. La recorrió suavemente de principio a fin.
-está muy dura- afirmó ella asombrada
-si metés la mano adentro, la vas a sentir mejor- afirmó él
Una vez más fue incapaz de oponerse, tampoco lo deseaba. Dócilmente ella introdujo la mano por debajo del pantalón. Mientras tanto él le besó suavemente el pabellón de la oreja. Camila suspiró con fuerza mientras sus ojos se cerraban. Sintió la verga en su mano, sus dedos llegaron hasta la cabeza de la pija mientras él rápidamente le desprendía la blusa, dejando a la vista el delicado corpiño negro perfectamente relleno con las tetas de Cami. Sin demora él desprendió el broche que mantenía cerrado el sostén entre ambas tetas.
El rostro de Camila mostraba el morbo que le provocaba ver a Juan dormido e impotente cerca de su dominador, para quien ella era simplemente un trofeo.
-ahora me la vas a chupar- ordenó él
La completa subyugación de la que ella era objeto no le permitió otra cosa que obedecer, dócilmente tiró del cordón que mantenía el pantalón el enfermero y lentamente lo bajó un poco junto con el ajustado boxer. La verga del enfermero se mostró erguida, casi furiosa.
-¿esto es por mí?- preguntó ella asombrada
-¿ves a alguien más por aquí?- respondió él
Lo primero que tentó a Camila fueron los testículos grandes y pesados, mucho más que los de Juan. Sin pensarlo hundió su lengua entre ellos, luego los tomó entre sus dedos y los besó afanosamente.
-¿te gustan mis huevos?-
-me encantan, gorditos…duros- confesó ella mientras los chupaba con devoción.
Pero no perdió demasiado tiempo allí, hábilmente fue subiendo despacio por el tronco de la pija, con su lengua seguía el recorrido de la gruesa vena que se demarcaba perfectamente. Cuando llegó a la punta abrió su boca apenas, para sentir en sus labios la penetración de la gran verga. Poco a poco la pija se fue introduciendo, sus labios apretados contra ella le devolvían el sentido del tacto de todo el cuerpo de la verga. Llegó hasta donde pudo, al igual que los huevos, la verga también era más grande que la de Juan. Comenzó a extraerla lentamente. En ese momento fue el enfermero quien tomó el mando, la tomó de los pelos y nuevamente la penetró, ella intentaba frenar el ímpetu apoyando su mano en el vientre de él, pero le fue imposible, realmente él hacía lo que quería con ella, y en este momento lo demostraba arremetiendo en su boca una y otra vez sin compasión.
-Te vas a tomar la leche- ordenó él
Jamás se lo había permitido a Juan, pero ahora no pudo detenerlo, simplemente él comenzó a gemir gravemente y ella sintió como su boca se colmaba del blanco y espeso semen. Con el permanente entrar y salir de la verga de su boca, el semen desbordó sus labios y un delgado hilo se corrió por la comisura. Con su lengua recogió el resto que surcaba su rostro.
-así me gusta, que te la tomés toda- exclamó el Enfermero.
La tomó por los hombros, la hizo incorporarse y con énfasis la llevó contra la pared hasta que su espalda se apoyó en ella. Sin pérdida de tiempo los dedos del macho se deslizaron por debajo de la pollera y por el costado de la tanga que ya le molestaba. La habilidad de él hizo que rápidamente encontrara el camino hacia la vagina, rozó apenas los labios hasta llegar a la parte superior, donde apenas introducido el dedo llegó hasta el clítoris. Lo masajeó con vehemencia mientras ella gemía contenidamente. Camila simplemente no era capaz de emitir palabra, lo único que la invadía era el supremo placer de sentirse en manos de un completo desconocido, que la dominaba como si fuera su dueño desde hace mucho tiempo.
-sos una putita ¿sabías?-
-no…no- acotó ella simplemente
-mirá lo putita que sos- dijo él mientras hundía con fuerza sus dedos en la vagina.
Camila cerró los ojos, se quejó débilmente mientras sus manos se apretaban en los brazos de él.
-por…favor- dijo ella deteniéndose antes de completar la frase.
-¿por favor que?- preguntó él
Ella sacudió su cabeza, se negaba a pedir lo que su cuerpo ya le gritaba.
Los dedos sumaron ahínco a sus movimientos, al igual que los quejidos de Cami, que seguían el compás de la dura masturbación a la que él la sometía.
-¿te gusta que te haga la paja?- preguntó él
-si…si- accedió ella
-¿te gusta no conocerme?- repreguntó él
-si…- repitió
-¿querés que te coja?- inquirió él
Fue un segundo en que ella intentó recomponerse, recordó que Juan estaba en la cama, intentó mirarlo, pero el enfermero la sometía a un vendaval de sensaciones que simplemente no se lo permitieron.
-si…por favor…si- pareció exhalar Camila
Con fuerza él la llevó contra la cama, la volcó sobre ella, sus tetas se aplastaron contra el colchón mientras él le bajaba rápidamente la tanga hasta los muslos, para luego subirle la falda hasta la cintura. Sin previo aviso él la tomó de una de las nalgas y con fuerza hundió su pulgar justo en el centro del culo, haciendo un sorpresivo y rápido contacto con el ano de Cami, que instantáneamente arqueó su espalda mientras volcaba su rostro hacia él. No pudo hablar, era un juguete en manos de él, que mientras tanto se afanaba por enfrentar su verga con la hambrienta concha. La penetración fue poderosa, ella sintió como su vagina se expandía para dar cabida a semejante verga.
-ahhh, que dura que la tenés- exclamó ella
-¿je, no estás acostumbrada a buenas vergas?
-como la tuya no- respondió ella mientras detrás de el enfermero, Juan reposaba sin saber lo que ocurría junto a él.
Cuando la verga llegó hasta el fondo, el enfermero hizo un movimiento más, para hundir todo lo más posible su miembro en Camila. Ella se quejó una vez más.
Esos quejidos no hacían sino incrementar la fuerza de las penetraciones, así como a cada instante el pulgar se hundía más en su culo.
Sentir ambos orificios ocupados la hacían gemir, quejarse y jadear entremezcladamente mientras ya sus caderas iban y venían al ritmo que él le imponía.
El orgasmo fue poderoso, subió la pendiente del placer con mucha prontitud, lo que casi la hace gritar, pero a duras penas contuvo sus ganas de hacerlo.
-si…si…si, dame así- decía ella entre gemidos
-sos mi puta, sos mi putita esta noche- decía él
-si, soy tu puta, soy tu puta- repetía ella.
Alrededor suyo el mundo pareció nublarse, su universo parecía componerse solamente de esa verga que entraba y salía con tanta fuerza de ella. Su orgasmo estaba a punto de explotar…pero él se detuvo.
-no…no… por favor no…seguí hijo de puta- dijo ella casi a punto de perder el control.
Pero la pausa no era para detenerse, en un solo movimiento sacó su verga de la vagina y la colocó dentro del culo que por el dedo pulgar ya había sido conveniente dilatado.
Camila se arqueó aún más, se quejó fuertemente mientras sus ojos se cerraban con fuerza producto de la dura penetración.
-ahhh, me vas a matar- exclamó Camila
Pero él ya se movía rítmicamente, y ella lo seguía, haciendo estallar sus nalgas contra la pelvis del tipo.
-hijo de puta…hijo de puta- repetía ella
Y el orgasmo contenido explotó con fuerza, un placer nunca sentido con tanta intensidad se adueñó de ella mientras sus manos buscaban aferrarse a la colcha de la cama sobre la cual estaba siendo poseída.
-me hiciste acabar…me hiciste acabar con tu pija en el culo- dijo ella
Ya su culo, al igual que su boca hacía unos minutos, desbordaba de semen.
-nunca te vas a olvidar de esto- sentenció él mientras ya extraía su verga de ella.
Simplemente Camila sonrió mientras sus caderas buscaban recuperar el espacio que ya la separaba de él. Aunque permaneció tendida al borde de la cama.
Rápidamente el tipo se recompuso y acomodó sus ropas mientras ella aún intentaba recuperar la compostura. Una suave palmada en las nalgas la hizo reaccionar, casi mecánicamente ella también acomodó sus ropas.
-¿me decís tu nombre?- pidió ella
-Raúl- reveló él
Y así, solamente con su nombre en la mente Camila se quedó dormida sobre el sillón luego de que el enfermero se retirara
La despertó el ruido de la cama al moverse Juan, miró su reloj, había dormido casi seis horas. Él aún no abría sus ojos.



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