Para los que no leyeron la primera parte, a grandes rasgos se trata de una historia en la que una prima que venía del campo y yo nos vemos obligados a pasar un fin de semana juntos es un departamento de Mar del Plata, donde descubro que el la mujer más puta que he conocido.

Sigo con el relato.
Después del polvo anal que incluyó la mayonesa, yo me quedé asqueado y no por unos minutos, como me había pasado antes, sino por un par de horitas. Mi vida sexual hasta entonces había sido bastante normal, no aburrida pero exenta de experiencias límite, y mi record de eyaculaciones diarias había sido de 4, en los principios de mi adolenscecia, épocas en la que Adriana Brodski calentaba al país con su personaje de la nena que visitaba al manosanta. La nombro porque ella era la destinataria imaginaria de mi leche cuando establecí aquellos records.
Ya con dos polvitos consumados a las 4 de la tarde, con todo el morbo que contenían, me había dejado más que satisfecho. En mi cabeza no estaban previstos nuevos encuentros, pero sabía que en la de mi prima Sandra sí.
Mientras ella,ante mi sugerencia, se bañaba, yo hacía planes para administrar mis energías y revivir mi deseo. Sabía que, aunque ahora la idea de cojer me descomponía un poco, en un rato tal vez no tanto y si no aprovechaba este fin de semana con semejante puta que la suerte me regalaba, algún día lo iba a lamentar.
Mi idea era tirarme una siestita, salir a pasear un rato después o ir al cine, y cojer por la noche, sabía que eso era un hecho.
Cuando terminó de bañarse le conté lo que había pensado para la tarde (no lo de la noche, porque aun siendo lo puta que era me daba vergüenza decirle que sabía que garcharíamos a la noche). Ella estuvo de acuerdo, más que eso, se mostró extasiada con la idea de ir al cine y poder ver alguna en 3D, que todavía no había llegado a su pueblo.
Dorminos un rato, para mi tranquilidad en camas separadas. A eso de las 6, vestidos con las remeritas baratas y pantalones de jogging que habíamos comprado ante el imprevisto, salimos en auto para el centro a buscar un cine que diera una peli en 3D para cumplirle su sueño, pobre inocente. Se ve que tuvimos mala suerte o la temporada de cine en Mardel se deprime, o no hay tantas en 3D como yo pensaba, pero la única que había era una de Toy Story, no me pregunten cúal. Sandrita daba saltos de alegría cuando entramos a la sala y nos dieron los anteojitos. Era desconcertante como esa puta reventada de 25 años que se había tragado el semen con mayonesa que le salió del culo ahora parecía una nena de 10 años con sus anteojitos 3D y un entusiasmo sin igual. La sala estaba bastante vacía y nos sentamos en un rincón bastante apartado. Desde que empezó la peli, Sandrita parecía gozar aun más que cuando tenía la pija en el orto, se reía, hablaba, saltaba en la butaca y no paraba de comentar sobre el efecto 3D. Me felicité por haber sugerido el cine, la horita de siesta más las dos horas de peli y un rato más de paseo le daban el tiempo justo a mi castigada verga de reponerse un poco y a mis desacostubrados huevos para producir la verdad láctea. Estaba en estos pensamientos completamente distraído de la pelicula cuando de repente, siento la mano de Sandrita colarse por arriba de mi pantalón en busca de mi chota, mientras el resto de su cuerpo seguía como si nada el curso del film. No se si se habrá calentado con una escena de la Barbie y su Kent, o con una parejita de novios quinceñeros que estaban tres butacas adelante y se dieron un par de piquitos, pero cuando quise acordar mi pija ya estaba dura y venosa otra vez y su mano derecha inició un subibaja desenfrenado de a ratos y más lento en otros. Ni siquiera me miró, se ve que la peli la tenía atrapada y apenas parecía tener conciencia de lo que su mano hacía. No se si era una postura o era real pero a mí la situación, cuando no, me re calentó y al cabo de unos minutos terminaron por saltar algunos chorritos de leche bastante líquidos que espero que no hayan ido a dar en la cabeza de algún espectador. Como ya era costumbre juntó lo que más pudo en su mano y se lo llevó a la boca, está vez en reemplazo de los clásicos pochoclos.
Salimos de la sala con normalidad, como si nada raro hubiera pasado, ella todavía deslumbrada por la película, los efectos y hasta la historia, de la que yo no recuerdo ni una palabra pero ella casi podía reproducir los diálogos al dedillo. Esta acabada inesperada arruinaba los planes de la noche, pues mi pija no iba a querer más lola, yo me conozco. Le dije que quería comer algo tranqui en el depto. Y acostarme a dormir, que el día había sido demasiado movido y necesitaba descanzar.
-“La verdad, yo te iba a decir si querías coger, pero entiendo que estés cansado, te exprimí. Al Emilio a veces le pasa lo mismo, porque yo lo garcho todo el día, pero en el pueblo tengo algunos recursos extra”, me dijo. También me preguntó si no me enojaba si me dejaba solo, que ella quería conocer el Casino y comer por ahí. Le dije que no, que al contrario, que se divirtiera y hasta se llevó mi auto, yo sabía que ella manejaba hasta tractores.
Me dejó en el depto. y siguió, vestidita de jogging y remera con rumbo desconocido. Yo me pedí unas empanadas y una cerveza, cuando llegaron me predí un rato el tele, miré un rato de Tinelli en blanco y negro, porque no había cable y el tele era del año del pedo. A las 10 de la noche me fui a la camita con la notebook, pensando en robarme el wi-fi de algún vecino y no me equivoqué. En cualquier otro momento, el primer sitio en que hubiera entrado era Poringa!, para ver que se habían mandado Angie y Ruben o alguno de los usuarios más audaces, pero ese día no quería nada de sexo. Miré un rato el Olé. Antes de caer en un sueño profundo y oscuro, recuerdo haber leído algo sobre que Gata Fernández estaba desgarrado y que Velez iba con suplentes para cuidar jugadores para la copa.
A las 3 de la mañana me despertó un golpe suave en la puerta, seguido de los pasos de mi prima Sandrita.
-“Clau, perdoname que te despierte, pero viene con un amigo y no quería que te asustaras si te levantás a mear o algo” dijo. Y agregó: “mirá que vamos a garchar, si querés vení”. Me hice medio el dormido y solamente gruñí algo, con la idea de seguir durmiendo. Ella salió de la pieza y cerró la puerta. Mi idea era dejarlos coger tranquilos, yo ya había tenido suficiente por un rato, pero la pija tiene razones que la razón no entiende y a los 10 minutos estaba entrando en la pieza de mi prima con un pequeño y venoso monstruito asomando por la ventana de mi boxer.
El tipo estaba acostado boca arriba y Sandra montándolo en una posición bastante clásica, de manera que yo podía ver al agujero de su culo que al parecer permanecía abierto las 24 horas. Me le puse cerca de su cara, bien a lo peli porno, y me la chupó un rato mientras montaba su caballo imaginario. El tipo seguía en lo suyo, así que tome posición detrás del culo de ella para metersela por ahí, para así ser parte de la primera doble penetración de mi vida. Demás está decir que entró como por un tubo, hasta el fondo, donde noté cierta lubricación, no se si de la mayonesa, leche del tipo o de algún otro, pero lo cierto es que mi pene se desplazaba con mucha facilidad. Lo gritos de mi prima deben haber despertado a la mitad del edificio que se encotraba habitado. Chorreaba jugo no se de dónde. Tampoco sé cómo, pero este desconocido, del que ni la cara había visto, nos acompasamos perfectamente y los tres juntos parcíamos miebros de un balet degenerado. La acabada tripartita conmovió la estrecha camita de una plaza donde yo mismo había dormido en mi infancia, en aquellos eneros marplatenses junto a mis padres. Me volví a mi pieza y no sé que habrá sido de la vida del tipo. La puerta se escuchó como a las 2 horas, así que pienso que también lo exprimió.
No quiero hacerlo más largo, sigo mañana con la tercera y última parte de la historia de mi puta prima del campo…