Obligada a cojer con el jefe de su marido
Obligada a cojer con el jefe de su marido
Martina se casó hace un par de años, su marido por la crisis económica se quedó sin trabajo, casi al borde de la desesperación, él se fue a trabajar con un viejo conocido: Daniel. Realmente esto no tendría nada de malo, de no ser que Daniel es realmente un mal tipo, lleno de guita, prepotente y aprovechador, no deja pasar la oportunidad de sacar alguna ganancia, ya sea en dinero o en especies.
Mario, que así se llama el marido de Martina, no lograba acomodarse en su nuevo trabajo, cometía muchos errores, entonces Daniel ya un poco cansado llamó a Martina.
-hola Daniel, ¿como andás?- preguntó ella con fingida amabilidad
-un poco preocupado- contestó seriamente él
-¿y en que te puedo ayudar?- continuó ella con la falsa preocupación
-tu esposo, Mario me tiene mal- Daniel manejaba perfectamente su tono de voz
-¿le pasó algo?...voy para allá- esta vez la preocupación fue genuina en ella
-no es eso, lo que pasa es que no pega una en el laburo-
-tenele paciencia, le cuesta acomodarse, por favor-
-pero es que no soy una organización de beneficencia- respondió él
-y si yo te lo pido como un favor- dijo ella suavemente
-favores no hago, pero si negocios-
-¿negocios?, no te entiendo-
-es simple, si le tengo que tener paciencia, tengo que recibir algo a cambio…alguna recompensa, la paciencia provoca pérdidas- Daniel hablaba muy pausadamente
-¿me estás gastando?- preguntó Martina
-no, te hablo seriamente, vos me interesas, me muero por cojerte- la voz de Daniel adquirió un tono grave
Martina se quedó helada
-estás loco- respondió ella
-si, ya sabés, loco por vos-
Martina cortó la comunicación, tremendamente enojada se había quedado con ganas de mandarlo a la mierda.
-¿Quién se cree que es?, es un hijo de puta, un aprovechador- dijo ella continuando por largo rato insultando al aire. Un nuevo llamado a su teléfono interrumpió su descarga de bronca, era su marido.
-hola amor ¿Cómo estás?- preguntó ella
-mal, recién me llamó Daniel, me llenó las bolas sermoneándome- dijo Mario
-amor, necesitamos ese trabajo- acotó ella
-lo sé, pero me dijo que es la última oportunidad que me da- el miedo llenaba la voz de Mario
-voy a ver si puedo hablar con él- agregó Martina.
Cortó rápidamente, no le dio oportunidad de negarse a su esposo.
Marcó el número de Daniel
-hola preciosa, ¿recibiste el mensaje?- la vos de Daniel sonaba burlona
-sabés que sí…¿Qué proponés?- Martina estaba resignada, sabía perfectamente lo que él propondría.
-esta noche, en tu casa- dijo él
-pero está Mario, no lo quiero meter en esto- rogó ella
-je je, es el principal en esta historia- la risa burlona casi le hace perder el control a Martina.
-sos un hijo de puta- respondió calmadamente ella
-lo se, invitame a comer, de el resto me encargo yo- dijo Daniel cortando la comunicación.
Martina se comunicó con su marido, y le dijo que invitara a comer a Daniel a casa esa noche, para que se amigaran un poco. Reticente y tocado en su orgullo, Mario aceptó.
Esa noche Martina estaba por demás nerviosa, sabía que estaba a merced de Daniel. Intentaba calmarse convenciéndose de que era lo mejor para que su esposo no perdiera el trabajo.
Cuando Daniel llegó, los saludos fueron fingidos y cargados de falsedad. Durante la comida Daniel se mostró amable y hasta le pidió disculpas a Mario por como lo había tratado ese día. Culminada la comida fue idea suya hacer un brindis. Mario trajo una botella de whisky, pues sabía que a Daniel le gustaban las bebidas blancas. Confiaba en ablandarlo un poco más.
Martina, asistía a la función que ambos intentaban desplegar.
-Marito, mientras yo sirvo, ¿me traerías hielo?- pidió Daniel
Mario se fue a la cocina y comenzó a luchar por liberar los hielos de la cubetera, desde el comedor se escuchaban los golpes. Daniel extrajo una pastilla del bolsillo de su camisa, y riendo sobradoramente la puso en el vaso de Mario. Aún sonriendo le hizo a Martina una seña de dormir. Ella comprendió que era un somnífero.
Cuando Mario retornó con los hielos, la pastilla ya se había disuelto.
-amor no tomés demasiado, mañana tenés que trabajar- rogó ella a su marido
-mañana mi amigo Mario tiene franco- dijo Daniel respondiendo rápidamente mientras daba un largo trago a su vaso.
Mario lo imitó, y a los pocos minutos yacía profundamente dormido sobre la mesa
-este va a dormir hasta mañana a la tarde- dijo riendo Daniel
-¡que perverso sos!- exclamó Martina
-si, y me encanta, pero vamos a lo nuestro- la lujuria y el morbo asomaban en la cara de Daniel.
-¿y si me niego?- Martina jugaba sus últimas cartas
-se va todo al diablo, tu marido se queda sin laburo, te imaginás que con mis contactos, éste no consigue trabajo nunca más- los ojos de Daniel no se quitaban de Martina.
Ella pareció sopesar la situación, resignada se puso de pie, se colocó de espaldas y se quitó el vestido. Daniel pudo admirar las hermosas nalgas de Martina, adornadas con una pequeña tanga negra semi transparente. Ella se dio vuelta, quedando de frente a él, con sus manos se tapaba ambas tetas y la vagina. Sus piernas juntas forzosamente indicaban que no estaba a gusto con su posición.
-acá me tenés, cojeme de una vez- dijo ella con desprecio
-primero que nada sacá las manos de allí, quiero verte las tetas- ordenó Daniel
Ella con desgano y hasta con pudor obedeció, dejando sus hermosas tetas a la vista.
-ahora sacate la bombachita, te quiero completamente en bolas- agregó él
Martina miró a su marido, que totalmente inconsciente seguía tumbado sobre la mesa
-no te preocupes, él no se va enterar de nada- dijo riendo Daniel
Lentamente ella se quitó la diminuta prenda
-acá estoy, hagamos esto rápido- dijo ella
-no bebé, esto no es así, yo no quiero cogerte y ya, quiero hacerte gozar- mientras hablaba, Daniel comenzó a acercase a ella, que a la vez comenzó a retroceder titubeando.
Los ojos de él la intimidaban, mas bien la turbaban. El límite de su retroceso fue la pared, donde ella quedó atrapada. Daniel le sostuvo ambos brazos en alto por las muñecas. Martina no podía dejar de mirarlo, se sentía humillada por el dominio que él ejercía. Una mano de Daniel recorrió el contorno de su brazo, bajo hasta una de sus tetas y la bordeó suavemente. El único signo de defensa de ella fue su rostro, cargado de bronca.
-sos un hijo de puta- le espetó
-si, y eso te gusta- dijo él
-jamás, no pienso hacer nada- respondió ella
-vas a hacer mucho más de lo que imaginás- agregó él mientras su dedo índice rozaba uno de los pezones de Martina.
Los ojos de ella se cerraron y un suave suspiro se le escapó cuando él apretó delicadamente el pezón
-ahhh, veo que esto te gusta- dijo él riendo
-no, me dolió, por eso me quejé- se defendió ella
La mano bajó hasta el vientre, de allí hasta la pequeña corona de vellos sobre su vagina. Martina apretó sus piernas, intentando cerrarle el paso. Uno de los dedos logró colarse entra las piernas. Ella gimió por lo bajo mientras sus piernas se abrían lentamente.
-¿esto también te dolió?- preguntó burlonamente Daniel
-sabés que no- respondió ella con voz apenas audible
Ahora la mano completa acariciaba la entrepierna de Martina, mientras los labios de Daniel se posaban en una de las tetas. Con sus manos por fin libres, ella comenzó a acariciar la cabeza de Daniel, que besaba ardorosamente las tetas de Martina. Uno de los dedos de Daniel se introdujo a penas en la vagina. Esta vez ella gimió con más fuerza y respondió el beso que él le propuso.
-esta noche vas a conocer a un verdadero macho, no como este pelotudo- dijo Daniel refiriéndose a Mario
El dedo comenzó a moverse, ella suspiraba con fuerza, mientras sostenía la mirada de Daniel. Lo morbosa de la situación la disparaba hacia el placer extremo y pronto se encontró moviéndose al compás que él le planteaba.
-vas a acabar para mí- lo de Daniel parecía una órden
Ella se limitó a asentir, se aferró a él mientras la invadía el orgasmo y Jadeaba fuertemente.
-me voy…me voy- exclamaba ella mientras se entregaba al placer que la dominaba.
-me la vas a chupar- ordenó ahora Daniel
Ella asintió, aún bajo los estertores de su cuerpo se arrodilló ante él, con desmesurado énfasis se introdujo la verga en su boca.
-muy bien, ahora se la estás chupando al jefe de tu esposo, ¿te gusta?- exclamó Daniel
Ella volvió a asentir, mientras deglutía la dura pija una y otra vez. Sus ojos se elevaban hacia Daniel, quien representaba su única realidad momentánea. Su lengua se esmeraba en recorrer toda la superficie de esa pija que se adueñaba de su boca.
Daniel la llevó contra la mesa, ella se dejó dominar una vez más y completamente desnuda apoyó sus codos justo en el extremo opuesto donde su marido dormía profundamente, sus piernas abiertas dejaban expuesta su vagina que esperaba por la dura verga que hacía instantes había tenido en su boca.
Sin compasión ni miramientos Daniel la penetró repentinamente, Martina sintió como su vagina se dilataba para albergar esa gruesa y dura pija. Arqueó su espalda y se quejó amargamente.
-vas a ver lo que es que te coja un macho de verdad- repitió Daniel
Ella intentó responder, pero el placer la dominaba, le nublaba la razón, y la exponía a un éxtasis que no la dejaba pensar con claridad. Daniel tenía razón, pues ella se estaba volviendo loca con el dominio del que era objeto.
La verga entraba y salía una y otra vez con rudeza, las manos de él se atenazaban en sus caderas y ella mansamente se entregaba. La seguidilla de movimientos hizo que ella comenzara también a moverse. Por momentos su mente reaccionaba con algún intento de defensa
-sos un hijo de puta- exclamó ella
-si, un hijo de puta que te está cogiendo como nunca en tu vida- respondió él
-si…si…si- a Martina le costaba mantener su defensa
La imagen de su marido dormido, imposibilitado, mas ella indefensa ante los designios de Daniel la dispararon nuevamente hacia el orgasmo, que ella expresó con ardientes gemidos. De pronto él retiró la verga y ella lo miró reprochante
-cogeme…cogeme por favor- rogó ella
Como si estuviera haciendo puntería, Daniel observó su nuevo objetivo. Ella ignorando lo que él se proponía se quedó inmóvil, mirándolo por sobre su hombro. La saliva de Daniel cayó justo entre sus nalgas y se deslizó hasta la rugosidad del ano de Martina
-no…por favor no…la cola no- exclamó ella comprendiendo el objetivo
Pero no pudo impedir la dura penetración anal, sintió como esa dura espada de carne se clavaba en ella y gozó horrores con el dolor placer de sentirse esclava de la pija de Daniel. Entre profundos quejidos comenzó a moverse mientras sus manos intentaban abrir sus nalgas para aliviar el dolor, por momentos intentaba detener los bravos empujones de Daniel, pero lo único que conseguía era que las penetraciones fueran feroces y profundas.
-hijo de puta, hijo de puta- repetía ella por momentos
-dale perrita, movete para tu amo, así…así- exclamaba él
De pronto se mezclaron quejidos, gemidos y profundos jadeos. Los ojos cerrados intentaban mirar a Daniel.
-me estás dando el culo…¿te das cuenta?- se burló él
-si…el culo…el culo- fue la última expresión de Martina
Un torbellino de sensaciones inundó sus sentidos, el placer la cubrió y el orgasmo mezcló sus emociones con risas jadeantes, el semen desbordando su culo, las fuertes manos de Daniel atenazándola y esa pija maravillosa que se movía dentro de ella casi le hacen perder el sentido. Poco a poco Daniel fue deteniendo sus movimientos y ella agotada quedó tendida sobre la mesa mientras él aún refregaba su verga contra las nalgas de Martina. Una fuerte palmada en sus nalgas la devolvió a la realidad.
-que fiestita se perdió este pelotudo, ¿no?- dijo Daniel
-sos perverso, un perverso hijo de puta- dijo ella
Daniel la tomó de los cabellos con fuerza mientras le daba otra nalgada
-¿acaso no te gusta eso?-
Ella quiso negarlo, pero no pudo
-hijo de puta- volvió a exclamar
Daniel se acomodó enana de las sillas
-por favor andate- rogó ella
-ni en pedo, me calentás demasiado- la verga de Daniel aún se mostraba erecta
-¿Qué más querés?- desafió ella aún desnuda
-servime un whisky- dijo él sonriendo morbosamente
Martina obedeció, tomo la botella y sirvió generosamente en un vaso.
-vení sentate- ordenó Daniel mientras se señalaba sus rodillas
Martina se sentó, de costado y casi sobre en el extremo, él la tomó y la volcó hacia su pecho, ella una vez más se dejó llevar mientras la mano de Daniel recorría su piel. Con sus labios Daniel buscó la boca de Martina, que entreabierta se ofreció una vez a su dominador. La mano de Martina comenzó a acariciar suavemente la verga de Daniel.
En ese instante Daniel le indicó que se pusiera de pie.
-me voy- dijo él mientras acomodaba sus ropas.
-¿ahora?- exclamó ella un tanto contrariada
-si, te dije que te iba a hacer gozar y cumplí- la sonrisa burlona una vez más se instalaba en el rostro de Daniel
-pero…pero- ella no sabía que decir
-¿te quedaste con ganas?-preguntó él
-¿estás loco?, yo también quiero que te vayas- mintió ella, pues sentía la necesidad de que él se adueñara nuevamente de su cuerpo.
Pero sin mediar más palabras, él desapareció por la puerta.
Martina estaba enfurecida, con ella misma, con Daniel y hasta con Mario que aún yacía tumbado sobre la mesa completamente dormido.
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6 comentarios
muy bien armado y escrito!
saludos
Gracias por compartir.
Besos y Lamiditas !!!
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