el amo de las miradas (cuento - ciencia ficción)

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Final
A pesar de la hora salí disparado rumbo al callejón, para encontrar una vez más a la anciana, pero no la encontré. Me tomé unos minutos para esperarla pero fue en vano.
Algo desilusionado me fui a casa. En el trayecto, una pareja caminaba delante de mí. Ella parecía sumamente enojada y se despachaba con insultos hacia el tipo
-soltame Carlos, no me toqués, me conocés bastante y sabés que no me gusta- le decía ella.
-perdoname, de verdad no sabía lo que hacía- se disculpaba Carlos animosamente.
Me dio pena, imaginé a la mujer enojándose por una boludez con su pareja.
-Hacer el bien- recordé
“perdonalo, estás súper caliente con él, “te dominan las ganas de que te coja”- fue mi cartel.
-señorita ¿me puede decir la hora?- pregunté para que me mirara mientras proyectaba mis órdenes.
Su rostro enojado cambió de pronto. Su boca se relajó, miró a Carlos sonriendo.
-Vení nene, a pesar de que sos el amigo de mi esposo, te deseo con todo- dijo Ella para mi sorpresa.
Había metido la pata, prácticamente corrí mientras la mujer arrastraba al tal Carlos hacia el callejón.
Por otra mirada mía la empleada de una tienda comenzó un improvisado strip tease en medio de la acera. No podía controlarme, de pronto lanzaba órdenes sin pensar, por lo que decidí colocarme los anteojos oscuros a pesar de que ya era de noche.
Debo haber tenido muy mal aspecto, pues a las pocas cuadras una pareja de policías me detuvieron.
-sáquese los anteojos- me ordeno la mujer policía.
-no, por favor, no puedo- rogué.
-¿Qué esconde ud?, ¿no se da cuenta que ya es de noche?- me dijo riendo burlonamente el policía masculino.
Obedecí sin remedio, manejado un poco por la bronca lancé toda la excitación posible sobre ellos.
De pronto ella suspiró, mirando hacia su compañero, quien la abrazó fuertemente. Se mezclaron en un beso tremendo. Yo me hice a un costado y continué mi camino.
-No es mi noche- me dije mientras seguía recordando a Vero.
Al otro día fui a trabajar de muy mal humor, no había podido dejar de pensar en Vero y el no tenerla me desesperaba. Apenas llegué Ivana no me dejó ni acomodar en mi escritorio. Abrió la puerta de su oficina y me llamó casi gritándome.
Contrariado me quité los anteojos.
--me tenés cansada con esos lentes- me dijo cuando pasé a su lado
“acabá con todo, tené un orgasmo en mi presencia” imprimí en mi mente bastante enojado.
Ella cerró la puerta, apoyó su espalda mientras una de sus manos iba a su entrepierna, la otra volaba a sus tetas.
-ayyyy, por favor, ¿Qué me pasa?- exclamó ella suavemente.
Sus manos la acariciaban, como si fueran extraños seres independientes y desconocidos.
Jadeaba y gemía, cayó sentada en el suelo, sus piernas se abrían y temblaban. Me miraba implorante.
-cogeme…cogeme ya…por favor…te lo pido.
-llamala a Leticia- le ordené con voz calma.
-no puedo, por favor cogeme…cogeme ahora- dijo apenas mientras seguía acabando.
Levanté el teléfono interno y llamé a Leticia.
-vení a la oficina de Ivana- le dije
Ella intentó contestar algo, pero yo corté rápidamente la comunicación.
Inmediatamente apareció por la puerta, su rostro molesto se contrajo cuando vió a Ivana en el suelo, gimiendo y jadeando mientras se manoseaba. Me miró inquisidoramente, pero fue su perdición “acabá con todo, tenés un orgasmo en mi presencia”, volví a colocar en mi mente. Leticia cayó de rodillas, sus gemidos eran tan fuertes como los de Ivana.
De pronto las tenía a las dos, acabando para mí. En el torbellino de placer del que eran presas se miraron. Ivana comenzó a desnudar a Leticia, mientras ésta última hacía lo propio con su jefa. Quedaron totalmente en bolas, se besaban, se acariciaban y masturbaban alocadamente entre ellas.
-chicas- les dije mientras sacaba mi endurecida verga.
Las dos se vinieron hacia mí como si un par de perritas fueran en busca de la comida que su amo les deposita en el plato. Leticia me chupaba los huevos desesperadamente, mientras Ivana lo hacía con mi verga. Me masturbaban, se acariciaban y se besaban entre ellas. Ver los desnudos cuerpos casi perfectos de ellas a mi merced era un espectáculo que a cualquiera volvería loco. Les ametrallaba el cerebro con órdenes. Les disparaba orgasmos de los que ellas caían presas inmediatamente. Pero era inútil, mi placer no llegaba, a pesar de la tremenda dureza de mi verga no lograba acabar.
-pónganse en cuatro- les ordené
Ambas obedecieron y se colocaron muy juntas, elegí darle a Ivana. La penetré sin compasión, mientras hundía mi dedo en el culo de Leticia. Ambas gemían, se quejaban y acababan una y otra vez. Luego invertí las cosas. Le dí por el culo a Leticia, mientras mi mano atendía a Ivana, que de pronto se desplomó al borde del desmayo. Agotada y exigida al máximo por mis órdenes. Leticia no podía dejar de mirarla mientras seguía acabando una y otra vez.
-ya basta…ya basta…por favor- rogaba mientras no dejaba de gozar.
-me tomo el día- le dije a Ivana mientras acomodaba mis ropas
-hacé lo que quieras- dijo muy suavemente ella desde el suelo apenas con un atisbo de cordura, pero con una sonrisa complacida en sus labios.
Estaba como loco, quería acabar y no me podía sacar a Vero de la cabeza. Recordé a Alberto, un tipo con el que tenía muchas cosas pendientes. Estafas y engaños reiterados hicieron que yo de pronto tuviera necesidad de venganza.
Llegué rápidamente a su casa, yo estaba casi fuera de control y apenas me pude contener, pues su esposa es una mujer sumamente delicada y sexy, su cuerpo no es la perfección como Ivana o Leticia, pero sus suaves modos, sus maneras delicadas la hacen objeto de mi deseo.
Alberto estaba en casa y su rostro a la defensiva cambió cuando recibió mi orden “querés que me coja a tu mujer”. Ella también entró en onda al mirarme “querés que yo te coja” le ordené.
No hace falta decir que a los breves minutos yo estaba embistiendo salvajemente a la mujer, mientras Alberto miraba extasiado como su mujer acababa una y otra vez. Ella desnuda casi gritaba de placer, pero yo seguía sin acabar. Ella cambiaba de posición. La cogí apoyada en la mesa, tomando fuertemente sus caderas, también recostada boca arriba, luego me senté en una silla y ella cabalgó sobre mí. En cada posición ella tuvo un orgasmo, pero yo seguía sin acabar.
De pronto me vestí a las apuradas y salí a la calle, debía llegar al callejón antes de la hora en que probablemente me encontrara con Vero en el bar.
El sombrío callejón no me intimidó, estaba desesperado por encontrar a la anciana. necesitaba terminar con esta maldición pues ya no me sentía el “superhéroe”, era más bien el villano de la película. Una especie de “Hulk cojedor”.
-necesito terminar con esto- le rogué a la anciana apenas ella apareció
-es imposible, faltan dos semanas- me respondió
Su sonrisa no era amable como antes, ahora lucía un ligero toque de morbosidad.
-por favor, suspéndalo…suspéndalo ya- imploré
Se transformó ante mis ojos en la hermosa mujer que un tiempo atrás cogiera salvajemente en este mismo callejón.
-yo te voy a tranquilizar- me dijo muy sexy mientras se desnudaba.
Preso de las órdenes que la mina me enviaba a mi cerebro, me apoyé contra la pared, necesitaba acabar, ya los huevos me dolían profundamente.
Debo decir que ella intentó de todas formas hacerme acabar. En todas las posiciones posibles intentó que yo acabara. Fue en vano. Mi excitación era total, pero mi bloqueo era aún superior. La tomé del cuello entre mis manos. La imagen de la hermosa mujer se desvaneció ante mí. Tenía a la anciana a punto de estrangularla.
De pronto recordé la primera vez que la ví, era objeto del ataque de un tipo tan fuera de sí como yo en ese momento. La solté recuperando mi cordura.
-si no puede ayudarme, no voy a poder continuar así- le dije al borde de las lágrimas mientras con mis dedos simulaba un arma a punto de disparar en mi cabeza.
Sentí pasos, alguien se acercaba por el callejón. Me controlé pues no quería que quien fuera que se acercara se percatara de mi estado.
Un tipo pasó caminando, miró ligeramente la imagen que le brindábamos, una anciana conversando con un tipo en medio de un oscuro callejón. Siguió sus pasos echándonos inmediatamente al olvido.
-Acabás de perder tu oportunidad- me dijo la anciana
Yo no comprendía sus palabras
-ese tipo podría haber sido el destinatario de tus poderes, si hubieras seguido atacándome, seguramente él me habría defendido.
Recordé nuevamente cuando yo “recibí esa maldición”.
-le salvé la vida- dije yo en voz alta
-bueno, ¡tampoco es para tanto!, hay gente que ha disfrutado las posibilidades que se le han abierto con esto- dijo ella un poco contrariada.
Me tocó la frente, y al instante caí desmayado. Me desperté un rato después, una ambulancia, dos enfermeros y una mujer policía trataban de reanimarme.
-¿está bien?- me preguntó la policía mientras yo abría los ojos
-si…creo- dije mientras observaba el rostro de la mujer
Con alegría comprobé que a pesar de mis “órdenes” ella no reaccionaba en lo más mínimo. Le ordené excitación, orgasmos, que me la chupara, pero nada. Miré la hora
-aún no es tarde- me dije y me incorporé
-espere, tiene que estar en observación- me dijo uno de los enfermeros
-andá a observar a tu abuela- le dije riendo
Comencé a correr, debía llegar al bar antes de que fuera demasiado tarde.
Agitado, todo sudado, y apenas con aire llegué al bar, por la amplia vidriera vi que Vero se ponía de pié y dejaba unos billetes en la mesa, se estaba yendo.
Me vió en la puerta, en mi lamentable estado, su rostro se iluminó.
-¿Qué te pasó?- me preguntó entre sonriendo y preocupada
-tuve problemas, pero ya está todo bien- le dije mientras volvíamos a sentarnos en una mesa. Su mano se apoyó cálidamente sobre la mía…

fin