Nunca más volvería a ser igual.



Todavía tenía toda la tarde por delante, así que decidí bajar a darme un baño en el spa del hotel. Era un cinco estrellas. La agencia de la empresa que trabajo me había reservado habitación para los próximos diez días en que permanecería en esa ciudad. Debía asistir a unos cursos durante ese periodo. Era miércoles a la tarde. Diré que me llamo Cristina, tengo 31 años, soy morena y más bien bajita. Estoy felizmente casada con el que hasta la fecha ha sido el único hombre en mi vida. Él es algo mayor que yo, tiene 33 años, es también moreno y con cierta barriguita, vamos un tipo de lo más normal. Trabajo en el departamento de calidad de una importante firma multinacional y durante unos días tuve que desplazarme a otra ciudad de nuestro país para asistir a unos cursos que me subvencionaba la empresa. Como la mañana la pasé de viaje para llegar a esa lejana ciudad quise aprovechar la tarde para relajarme, y que mejor forma que darse un baño en las instalaciones del spa del hotel.

El spa no era muy grande pero tenía de todo. Nada más bajar me llamó la atención que sólo había una persona, se trataba de un señor algo maduro. Me resultó atractivo desde el primer momento en que lo vi. Se notaba que cuidaba su cuerpo en el gimnasio porque lucía unos abdominales marcados. Llevaba puesto un bañador tipo slip que le resaltaba un buen paquete. Se estaba secando el pelo con una toalla del hotel cuando pasé enfrente de él. Debido al poco espacio entre las tumbonas, la piscina y dónde él estaba casi nos rozamos. A mí no me hubiese importado, estaba buenísimo. Extendí mi toalla en la otra hamaca disponible. El se dirigió hacia la zona de los baños turcos. Yo aproveché para nadar en la piscina. Lo perdí de vista durante un tiempo. Me relajé en las duchas a presión, volví a nadar y me dirigí al jacuzzi. Allí cerré los ojos y me imaginé que si mi marido estuviera ahí mismo le hubiese hecho el amor. Me excité imaginando cosas, historias, fantasías. Entre mis pensamientos también me imaginé a mi compañero de baño completamente desnudo, pensando que se introducía en el jacuzzi conmigo y sin mediar palabra me poseía salvajemente. La idea de que alguien me posea sin mediar palabra, a lo bestia, siempre me excitó. Llegué a acariciarme levemente. No sé cuanto tiempo transcurrió. Me encontraba ya totalmente relajada del viaje por lo que decidí subir a la habitación a cambiarme. Hacía tiempo que no veía a nadie en las instalaciones. Recogí mi ropa de la tumbona en que la había dejado. Miré a mi alrededor y como creí estar sola me despojé de la parte superior de mi bikini. Me cubrí con la toalla anudada alrededor de mis pechos cubriendo ligeramente mis piernas. Como la braguita del bikini estaba mojada, decidí quitármela para subir a la habitación. Me dio cierto morbo dirigirme cubierta tan sólo por una toalla hacia los ascensores. Por suerte no había mucha gente a esas horas. Una vez dentro del ascensor y cuando se iba a cerrar la puerta una mano se interceptó con la célula y la puerta volvió a abrirse. Que visión más maravillosa cuando la puerta se abrió y apareció mi compañero de baño tan sólo cubierto por una toalla. No me podía creer que fuera a compartir ascensor con un tipo impresionante a torso descubierto, con el que había fantaseado toda la tarde y yo completamente desnuda de no ser por la toalla con las enseñas del hotel. Me pregunté si mi compañero de ascensor tampoco llevaría nada debajo de su toalla. Me imaginé como sería su pene. La idea me excitaba.

.- ¿A qué piso va? Me preguntó mientras yo fantaseaba atónita.

.- “Ehhh... al quinto”, acerté a titubear.

.- “Al mismo que yo” dijo él con una voz muy varonil que me agradó.

Ambos nos dispusimos de cara a las puertas del ascensor, llevaba toda la tarde imaginando cosas y ese señor de alguna manera u otra había estado presente en todas ellas. No pude evitar pensar de nuevo que se abalanzaba sobre mí en ese ascensor y me poseía brutalmente, era algo irracional. Comencé a mojarme, al encontrarme desnuda bajo la toalla pude notar mis fluidos resbalarse por mis muslos. El caso es que no mediamos más palabras en el trayecto. Cuando llegamos a nuestro piso yo salí primera del ascensor y él me seguía unos pasos detrás de mí.

“Seguro que está mirando mis piernas desnudas e imaginando mi culo” pensé para mis adentros, y no me importó que la toalla se subiese hasta el límite de la decencia al andar por el pasillo del hotel. Yo me detuve en mi habitación y él continuó corredor adelante. “ Ya sabe en que habitación pasaré la noche” reflexioné. Una vez dentro de la habitación me acordé de mi marido. De haber estado allí conmigo seguro que hubiésemos follado, mi imaginación me había excitado a lo largo de toda la tarde. Lo llamé para ver que tal estaba y hablar un rato con él. Después de comprobar que me echaba mucho de menos, me duché en la habitación, repasé la agenda del día siguiente y me vestí informal para bajar a cenar. Cuándo volví de nuevo al ascensor me acordé de la escena anterior, me sonreí, entonces una duda asaltó mi cabeza ¿me habría visto quitarme la parte superior del bikini en la piscina?, ¿Le habría mostrado mis pechos e intimidades a ese desconocido?. No sabía si sentirme avergonzada o excitada, puede que ambas cosas a la vez.

Me senté en una mesa al final del restaurante del hotel, era la única mesa disponible. Al parecer había un congreso y el hotel se encontraba al completo. Estaba distraída leyendo la carta del menú cuando una voz varonil y agradable me dijo:

.- “Perdone si le inoportuno, pero me permite compartir mesa con Ud. el resto están todas ocupadas”. Al levantar la vista pude ver a mi compañero de baño y fantasías. Vestía un traje elegante y me pareció muy educado. Comprobé visualmente que efectivamente el resto de mesas estaban ocupadas. Un poco de compañía no me vendría mal, y aquel tipo algo mayor que yo parecía la persona ideal dados los acontecimientos. Además seguro que volvería a fantasear y añadir algún aliciente en el aburrido devenir de la estancia en el hotel, con aventuras que tan sólo ocurrirían en mi imaginación.

.- “Ehh... si claro, por supuesto” titubeé de nuevo. Entablamos conversación hablando del menú, del hotel, de las habitaciones, de la ciudad. Elegimos el vino que compartiríamos. Me dijo que se llamaba Francisco, aunque los amigos le llamaban Paco, tenía 45 años y que por supuesto yo podía llamarle Paco. Conversamos durante toda la cena. Yo le dije que me llamaba Cristina, tenía 31 años, que estaba casada, que era de otra ciudad, que estaba por motivos de trabajo y que trabajaba en una importante firma internacional. Él me dijo que junto con sus hermanos regentaban un negocio familiar, y que estaba divorciado.

Yo quise interesarme un poco más en este aspecto personal suyo:

.- “Dime porque te divorciaste, ¿si se puede saber?”. Le pregunté yo mientras apuraba una copa de vino, y comprobaba que no llevaba alianza en sus manos.

.- “La verdad es que es difícil de explicar” me dijo sin saber como proseguir.

.- “Bueno, inténtalo, seguro que no me sorprende” le dije yo tratando de establecer un clima de confianza. Supuse que me contaría la típica historia de que ya no había pasión y su matrimonio era pura rutina, y le pregunté pensando que yo saldría reforzada de mi matrimonio.

.- “Verás..., mi ex mujer.... mi ex mujer enfermó y su familia una vez se enteró me culpó de todo, la tuvimos que internar durante años y allí terminó por deteriorarse definitivamente nuestro matrimonio.”

.- “¿Y de qué enfermó como para tener tú la culpa?” pregunté sin entender cómo una persona podía tener culpa de la enfermedad de otra.

.- “Mira, mi ex mujer se volvió ninfómana, se convirtió en adicta al sexo, créeme si te digo que es imposible convivir con una persona así”.

Yo no pude dar crédito a lo que escuchaba. Estuve a punto de reírme a carcajadas, probablemente debido a la ingesta de vino.

.- “Caray!!, yo creí que eso de ser ninfómana era un mito, cómo lo de ser multiorgásmica”. Él clavó esta vez sus ojos en los míos, yo me dí cuenta que había metido la pata y había revelado un secreto de mi vida sexual y privada que nunca debería haber mencionado. Le había desvelado que nunca había experimentado esa sensación. Deduciría que mi vida sexual era normal y seguramente monótona y rutinaria. El galantemente desvío la conversación a otros términos, pero a mí, sus palabras siguieron resonando en mi mente. Mi silencio en la conversación demostraba que mis pensamientos se habían detenido en aquel punto de la conversación. Yo me preguntaba mentalmente una y otra vez cómo puede una persona volverse ninfómana. ¿Qué tendría que ver él en todo eso? Me pensaba yo. El resto de la charla giró en torno a temas de actualidad. Me pareció una persona culta y educada, quedamos en volver a vernos la noche siguiente para cenar, puesto que ambos pasaríamos varios días en el hotel.

Llegó la hora de cenar del jueves y como había quedado con Paco decidí arreglarme un poco para la ocasión. Quise mostrarme atractiva para aquel hombre con el que me estaba gustando coquetear. Además estaba intrigada por sus palabras de la noche anterior acerca de su ex mujer y el motivo de divorcio. No me podía quitar ese asunto de la cabeza

De nuevo elegimos del menú lo que parecía más apetitoso y nos pusimos dé acuerdo con el vino. La conversación transcurrió con normalidad. Una vez estabamos disfrutando de los postres me preguntó:

.- “¿A que te dedicas, Cristina?”. Yo le respondí:

.- “ Soy la responsable del departamento de calidad de una marca importante. Y tú, ¿a qué te dedicas en ese negocio familiar del que me hablaste?” le devolví la pregunta.

.- “ Fabricamos objetos eróticos, mis hermanos se dedican a la producción y yo me encargo de distribuirlos”. Me dijo serio como si tal cosa.

.- “Objetos eróticos, ¿cómo qué?” le pregunté atónita.

.-“Fabricamos cosas como consoladores, bolas chinas, esposas, lencería, lubricantes, condones de todo tipo,... en general la mayoría de los objetos que puedes encontrar en un sex shop, ¿ya sabes no?” me dijo él.

.- “Yo, esto, yo... nunca he estado en un sex shop” le dije algo avergonzada. De nuevo me dí cuenta que no tenía porque haber confesado tal cosa y dije lo primero que se me vino a la cabeza. Como todavía le daba vueltas al asunto de su divorcio y el vino impedía a esas alturas de la cena que pensase antes de hablar dije:

.-“¿Y quién pasa los controles de calidad en tu empresa? ¿tu ex mujer?” dije de nuevo metiendo aún más la pata debido seguramente a los efectos del alcohol. Mis palabras denotaban el amalgama de ideas en mi cabeza. Él trató de quitar hierro al asunto y dijo:

.- “Nos basamos sobretodo en encuestas de satisfacción de nuestros clientes, es gran parte de mi trabajo, nos permite una mejora continúa y establecer los parámetros de fabricación”.

.- ¿y cómo rellenan y te hacen llegar las encuestas? Le pregunté intrigada profesionalmente por el asunto.

.- “je, je, ... “ se rió y continúo: “no, no se trata de rellenar un papel, la gran mayoría de las veces entrevisto personalmente a las personas que han usado nuestros objetos, les hago una serie de preguntas y sacamos conclusiones”.

.- En serio” dije algo sorprendida, “¿y cómo consigues que una mujer te diga lo que piensa de un consolador? ¿te detalla como se ha masturbado?.

.- “Es más sencillo que todo eso, además hay mujeres a las que les encanta confesarme sus secretos, no tienen pudor para hablar de estos temas. Mira porqué no hacemos una cosa, terminamos de cenar y subes a mi habitación, tengo un muestrario de productos, me gustaría regalarte alguna cosa”, dijo en un tono alegre y distendido.

.- “Ouhg, no te molestes, no es necesario” le dije yo.

.- “No en serio, me gustaría que vieses algunas cosas” insistió hasta convencerme. Y una vez terminamos de cenar nos dirigimos a su habitación. Nada más entrar me quede sorprendida de la cantidad de objetos que tenía repartidos en varias maletas. Entre los objetos que me llamaron la atención se encontraba un muestrario de condones, estos eran de todos los colores, texturas y sabores imaginables, había cientos. Nunca pensé que existiera una gama tan amplia. También me llamó la atención un vibrador doble con una parte más ancha y rugosa de látex y otra inserción más pequeña que no paraba de girar. Me encontraba haciéndolo funcionar cuando Paco se acercó hasta mí.

.- “pero esto, ¿tiene que doler?” dije yo mirando el objeto con cierto aire de tontorrona.

.- “Hay gente que disfruta con lo que tu llamas dolor, no todo produce el mismo placer a todos” dijo esta vez.

.- “No entiendo cómo algo que te duele puede llegar a producirte placer”. Dije yo.

.- “Mira Cristina no todo el mundo disfruta de la misma manera, hay gente para todo, te sorprenderías si al cabo de un día te escuchases la cantidad de fantasías y perversiones sexuales de la gente como me tengo que oír yo. Creo que en esta vida me he escuchado de todo y aún hay gente que logra sorprenderme”.

.- “En serio, ¿cómo que cosas te llaman la atención?”. Le pregunté intrigada por el tema.

.- “En general la gente siempre tiene miedo a un primer paso, es como la primera vez que lo hacemos, siempre hay miedo al principio, y luego una vez se disipa todo es de lo más normal. Pero me sigue llamando la atención la primera vez de las personas hacia algo desconocido”. Dicho esto cogió una caja negra que había y poniéndola en mis manos continúo diciéndome:

.- “Mira coge esto, quiero hacerte un regalo. No tienes porque agradecerme nada, simplemente quiero regalártelo”. Yo acepté el presente, era una caja bastante grande. El resto del rato lo pasamos comentando los chismes que había por la sala. Se hizo tarde y me despedí de él hasta la noche siguiente.

Cuando regresé a mi habitación abrí la caja que me había regalado Paco y la dejé abierta encima del mueble que había junto a la tele, se trataba de un juego completo de algunos objetos. Entre otras cosas había un consolador que parecía de plástico. Simulaba una polla de color negro y por el tamaño diría yo que enorme. También había unas bolas chinas, unas esposas con muñequeras y un antifaz a juego, así como condones con diferentes texturas (arrugados, estriados, con pinchos,..etc),lubricantes con sabores, un anillo vibrador, chocolate y algún que otro objeto más. Decidí darme una ducha para relajarme del agotador día. Cuando salí de la ducha me anudé una toalla alrededor de mi cuerpo, me acordé del día en que conocí a Paco y de las sensaciones en el ascensor. Me disponía a darme cremas cuando me fijé entonces en el consolador de la caja. Me llamó la atención su tamaño y el detalle con el que estaban hechas las venas y la forma del prepucio. Me tumbé en la cama con la toalla, me deshice de ella a los lados y desnuda como estaba tumbada comencé a pasar el consolador por todas las partes de mi cuerpo. El tacto me pareció cálido. Primero lo pasé por mis pechos, imaginando que era Paco quien los acariciaba con sus manos, me imaginaba los dos solos en el spa como en el primer día. Ambos en el interior del jacuzzi. Imaginé que me besaba y me acariciaba. Con una mano comencé a acariciar mi clítoris y con la otra recorría el consolador por todo mi cuerpo. Imaginé que me desataba la parte superior del bikini, y mientras lo imaginaba me refrotaba el consolador por mis pechos como si le estuviera haciendo una cubana. Imagine cómo sería tener esa polla que escondía bajo el bañador de slip entre mis pechos. Mi excitación era evidente, luego me imaginé bajándole el slip y descubriendo una polla en Paco tan grande como el consolador que tenía entre mis manos. Imaginé que me agarraba del pelo y me obligaba a chupársela, por lo que comencé a lamer el consolador. Una vez estuvo bien lubrificado lo llevé hasta mis labios vaginales. Cuando tenía la punta a la entrada de mi vagina sopesé el tamaño. Sin duda era más grande que la polla de mi marido. Me lo introduje de golpe imaginando que era Paco quien me penetraba sin compasión. Me dolió un poco, y fue esa sensación de dolor la que me resultó doblemente agradable pues me hacía saber que no era mi marido quien me penetraba y con el que apenas notaba nada de no ser en las posiciones de más roce. Por primera vez me sentí llena, algo desgarrada y lo estaba experimentando imaginando que era otro hombre distinto a mi marido quien me follaba sin compasión. El ritmo al que sometía aquel miembro artificial entrando y saliendo de mi interior era brutal, en cierto modo me gustaba experimentar otros tiempos, otros ritmos diferentes a la ternura y cariño a los que me tenía acostumbrada mi marido. Imprimía un ritmo casi violento, que simulaba deseo y urgencia por alcanzar el orgasmo. Había dejado de acariciarme el clítoris para manejar el instrumento con las dos manos. Tuve que gritar y convulsionarme cuando me sobrevino el primer orgasmo. Aquel miembro permanecía en mi interior sin perder tamaño como sucedía habitualmente con mi esposo, me dí cuenta que podía continuar acariciándome el clítoris y comprobar por primera vez seguida en mi vida la diferencia entre un orgasmo vaginal como el que acababa de tener y uno clitoriano. Así que continué acariciándome el clítoris con una mano mientras el consolador permanecía en mi interior. Quise ir más allá y comencé a chuparme un dedo con la intención de introducirlo por mi culito. Me gustaba el sexo anal con mi marido, como me encontraba hidratada y había dejado la crema cerca encima de la cama, decidí lubricarme el culito. Notar los gotones de crema en mi piel me hizo imaginar que mi amante se corría en mi espalda. Quería saber como sería ser penetrada por dos hombres a la vez. Me imaginaba que era Paco quien me penetraba por delante mientras mi marido lo hacía por detrás. Tuve que girarme y ponerme boca a bajo en la cama. El consolador se introdujo más por si solo al hacer tope con la toalla y la cama, con una mano continuaba acariciándome el clítoris mientras con la otra me introducía un dedo en el ano. Quise contemplarme en el espejo del armario adyacente a la cama. Menuda pinta de puta que tenía, no me reconocía a mi misma. Si mi maridito me viese en situación tan indecorosa. Me sorprendió como con el dedo que tenía introducido por el ano notaba la dureza del plástico que tenía introducido por mi vagina. Aquella sensación fue indescriptible. La estimulación era total y enseguida me sobrevino un segundo orgasmo. Tuve que ahogar el grito entre las almohadas para que no me escuchasen en las habitaciones contiguas. Hacía muchísimo tiempo que no tenía dos orgasmos tan seguidos. Y ambos los había alcanzado imaginando que me penetraba otro hombre que no era mi marido. No tenía fuerzas ni para ponerme el pijama, así que me quedé dormida desnuda encima de la cama como estaba, toda la noche.

El día siguiente transcurrió con normalidad. El curso era de lo más aburrido así que fue inevitable distraerme recordando todo cuanto me había sucedido desde que ví a Paco por primera vez. Ese hombre algo maduro había logrado arrancarme los mejores orgasmos de mi vida sin tan siquiera penetrarme. Llegué a mi habitación del hotel, con las prisas de la mañana me di cuenta que había dejado la caja regalo de Paco abierta encima de la consola de la habitación. “Dios mío que habrá pensado el servicio de mí, seguramente habrán visto todos estos objetos eróticos por mi habitación” pensé nada más entrar. Decidí darme una ducha antes de arreglarme para cenar con Paco. Una vez entré en el baño observé el consolador con el que me había masturbado la noche anterior encima de mi neceser, estaba a la vista, por lo que deduje que ahora sí el servicio de habitaciones lo habría visto inevitablemente. El hecho de que estuviese en el baño desvelaba que lo había usado, sentí una mezcla entre vergüenza y satisfacción. Una vez en la ducha al enjabonarme por todo mi cuerpo no pude evitar acariciarme. Llevaba caliente todo el día, me había pasado todo el curso recordando como tuve que masturbarme la noche anterior. Al salir de la ducha y cubrirme con la toalla no pude evitar excitarme de nuevo una vez más al recordar. Al pasar por la consola de la habitación la vista se desvió hacia las bolas chinas dentro de la caja regalo. Pensé que si la noche anterior había conseguido uno de los mejores orgasmos de mi vida tan sólo masturbándome, aquella noche no podía ser menos. Ni yo misma me creía lo que estaba dispuesta a hacer. Cogí las bolas chinas y me dirigí al cuarto de baño. Me senté en el borde de la bañera, me rasuré por completo, no era la primera vez que lo hacía aunque si se podían contar con los dedos de la mano las veces que lo había hecho. Luego alcancé el gel íntimo del neceser y embadurné las bolas chinas con él. Me introduje la primera de ellas con cierta dificultad, pero la sola visión de introducirme aquel objeto por mi chichi me puso a cien. La segunda entró con mayor facilidad. Al principio tuve la sensación de que las perdía, luego me dí cuenta que era prácticamente imposible de no ser intencionadamente. Aún no me había vestido cuando comencé a notar su fricción en mi interior. Pensé en masturbarme en ese mismo instante pero llegaría tarde a la cita. Ya tendría tiempo luego con más calma, ahora debía acudir a cenar con Paco. Elegí un top y una minifalda que si me descuidaba dejaba ver el encaje de mis medias. El sujetador era un bra que resaltaba mis pechos en un top generoso con el escote, el tanga era a juego. Me miré en el espejo y estaba espectacular.

Cuando bajé al restaurante Paco ya estaba esperándome en la misma mesa que en las ocasiones anteriores, elegimos el menú y el vino, conversamos sobre temas banales. Que si como te ha ido el día, actualidad, cine,...etc. Yo cruzaba y descruzaba las piernas y en cada movimiento notaba las bolas moverse en mi interior. De no ser porque llevaba el tanga puesto me sentía como Sharon Stone en la película de instinto básico. Fue inevitable conversar acerca del trabajo de Paco, y esta vez fue él quien me preguntó:

.- ¿has abierto la caja que te regalé?

.- “Si, no pude evitar abrirla. ¿Cómo no voy a abrir un regalo?” le dije yo.

.- “Y ¿qué te ha parecido?” Volvió a preguntarme. “¿Qué es lo primero que probarías?” preguntó antes de que pudiera contestar a la primera pregunta.

.- ¡¡ qué es lo primero que he probado!! Exclamé a la vez que cruzaba las piernas y notaba de nuevo las bolas moverse en mi interior. De nuevo volví a darme cuenta que revelaba más información de la que debía, y que metía la pata. Esta vez, lejos de desviar el tema quiso saber más.

.- “¿y que es lo primero que has probado?”. Insistió.

.- “Bueno, he de confesarte que me llamó la atención el consolador con forma de pene negro que había en el interior de la caja”. El sólo recordarlo me estaba encendiendo, además pretendía coquetear con Paco para terminar masturbándome de nuevo en la habitación imaginando que era ese mismo hombre quien me penetraba. Ante todo quería ser fiel a mi marido.

.-¿qué te pareció?.

.- “Pues que me va a parecer, que era demasiado grande”. Le respondí yo.

.- “La verdad es que ese modelo lo dejamos de fabricar en ese tamaño, hemos reducido su diámetro y está teniendo más aceptación desde entonces” dijo en un tono muy profesional. Bebió un trago de vino y continuó diciendo:

.- “según las encuestas de satisfacción la mayoría de las mujeres experimentaba cierto dolor al principio lo que conllevaba a detenerse” se hizo un silencio esperando mi respuesta. Quise seguirle el juego y respondí a su pregunta, quería imaginarme que el también se masturbaría pensando en mi esa noche, me calentaba mucho la idea.

.- “ Es posible, aunque he de confesarte que no entro pues, dentro de esas estadísticas, el grado de satisfacción por mi parte fue sobresaliente”. Ambos sonreímos pícaramente.

.- “Caray, me alegro mucho por ti Cristina, veo que anoche te lo pasaste bien. ¿Ya habías usado antes un consolador?”.

.- “No, era la primera vez y pienso repetir a partir de ahora muchas más. Gracias por el regalo, no podré olvidarme de ti cada vez que lo utilice ”. De nuevo se hizo un silencio, aquellas palabras resonaron en mi mente, no estaba claro lo que quería haber dicho. Paco me miró de nuevo a los ojos, tal vez me había delatado, mis palabras me habían traicionado. Yo quería haber dicho que lo recordaría como persona que me hizo el regalo, no como el objeto de mis fantasías. Su mirada se clavó en mi, y quiso salir de dudas.

.- “Casi el 95 % de las mujeres cuando se masturba utilizando un consolador piensan que están con otra persona que no es su pareja habitual” dijo esta vez sin apartar su mirada de la mía. Yo no supe que decir, el silencio se prolongaba y me delataba los pensamientos, permanecí inmóvil y no atinaba a dar una replica.

.- “¿En qué pensabas tu Cristina?” insistió él. Yo continuaba en silencio, bajé la mirada avergonzada, me estaba poniendo roja, pude ver en mi dedo el anillo de compromiso y fue entonces cuando respondí:

.- “En mi marido, pensaba en mi marido” aunque ambos sabíamos a esas alturas que era mentira. Mi escasa convicción en la respuesta terminó por delatarme. Conocedor de la verdad no quiso insistir más y me preguntó:

.- “Y dime, ¿es el único objeto que has probado?”. A mí a esas alturas me daba todo igual así que le dije:

.- “Tengo que confesarte una cosa, en estos momentos llevo puestas las bolas chinas que estaban en la caja, dime, ¿también las desechasteis por grandes?.

.- “ja, ja,ja, ...” Esta vez se rió.

.- “no que va, en realidad es uno de los objetos más vendidos. Me alegra oír tu respuesta” Ya estábamos terminando los postres, por lo que me dijo:

.- “Vamos, que te parece si pasan la nota, y nos tomamos unas copas en algún local de baile. Es viernes por la noche”. Me sorprendió su respuesta.

.- “¿A bailar?, ¿me estas invitando a bailar?”. Exclame estupefacta.

.- “Creéme, estoy seguro de que te encantará bailar hoy más que nunca. Muchas mujeres alcanzan orgasmos increíbles con las bolas realizando actividades relativamente diarias como la danza, equitación, ciclismo, ...etc, ¿por qué no lo pruebas?”

.-“¿por qué no?” dije yo, y dicho esto nos levantamos de la mesa.

Subimos a un taxi y Paco pronunció el nombre de un local de la ciudad. Se trataba de uno de esos bares de salsa en los que un monitor de baile enseña algunos pases. Nos dirigimos a la barra del bar y pedimos un par de gin tonics. Enseguida me animó a bailar. El bar estaba lleno de gente, por lo que era inevitable rozarse con otras personas. La verdad es que Paco bailaba bastante bien la salsa y los ritmos latinos. Yo tenía un problema añadido, con el baile el roce de las bolas chinas en mi interior se hacía más notorio, además la sensibilidad aumentaba. Mi excitación era evidente, Paco lo notó. En una de las veces que nos acercamos a la barra del bar me preguntó.

.- “Qué, ¿qué tal estas?”

.-“ es una pasada, estoy como una moto, creo que dentro de un rato tendré que ir al baño”. Le respondí. Sabiendo de lo que hablábamos.

.- “ven ya verás” y dicho esto me guió de nuevo hacia la pista de baile, sólo que esta vez nos acercamos hasta donde se encontraba el monitor de baile. Paco le hizo señas al mulato indicándole como que yo quería bailar con él, para aprender algún pase. El muchacho me cogió de la mano y comenzó a bailar conmigo, los movimientos eran frenéticos, me lanzaba a un lado y otro de la pista, el roce de las bolas en mi interior estaban provocando que estuviese próxima al orgasmo. Además el mulato estaba impresionante y aprovechando los pases de baile no dejaba de cogerme y tocarme por todos los lados, aumentando mi excitación. Estaba a punto de correrme en medio de una pista de baile a la vista de un montón de gente, bailando con un mulato de infarto. Notaba mis fluidos empapar mi tanguita. No podía aguantarme más, iba a chillar como una loca. Era inevitable que me sobreviniera un maravilloso orgasmo. Me iba a correr sí o sí. Menos mal que finalizó la canción y regresé con Paco, él si era consciente de mi estado, por lo que cogiéndome por la cintura y debido al volumen de la música me dijo cerca del oído:

.- “Verte bailar con ese muchacho ha sido casi tan espectacular como verte cambiarte el bikini en la piscina del hotel”. Un sentimiento mezcla de placer y vergüenza se apoderó otra vez de mi. ¡¡Me había visto cambiarme desnuda!!. Para mí era la primera vez que sabía que otro hombre que no era mi marido me había visto desnuda, y pese a todo lo que había pensado hasta el momento me gustaba la idea de exhibirme para Paco y que me hubiese podido admirar, hasta el punto de correrme allí mismo. No pude evitar susurrarle:

.- “¿por qué no me besas?, lo necesito”. Pronuncié casi suplicante.

Él me rodeó con sus brazos y me besó. Estabamos algo retirados de la pista de baile, más cerca de la barra del bar. Nada más besarnos y notar su lengua en mi boca y sus manos en mi cuerpo me corrí. Tuve que ahogar mis gritos en su boca. El lo sabía, notaba mis espasmos mientras me abrazaba para que no me cayese ahí mismo presa del placer, sabía que me estaba corriendo en sus brazos allí, de píe, en medio del local, sin poder despegar mi boca de la suya porque mis grititos se oirían en toda la sala. Menos mal que el volumen de la música y la boca de Paco impedían que se escuchasen. Yo estaba completamente pegada a él mientras me convulsionaba de placer, pude notar su entrepierna, estaba empalmado, lo que me excitó aún más. Mi respiración acelerada hacía que mis pechos se rozasen con el suyo lo que aumentaba las sensaciones. Estábamos rodeados de gente. El aprovechó para tocarme el culo, introdujo su mano por debajo de la minifalda posando su mano sobre mi muslo desnudo entre el final de la media y el inicio del tanga. Era indescriptible el efecto que me provocaba estar abrazada a un tipo diez años mayor que yo con el que llevaba coqueteando varios días, saber que me había visto medio desnuda, notar sus manos entre mis muslos, y su entrepierna sobre mi pubis, mientras me corría sin ser ni siquiera penetrada, tan sólo por el roce de unas bolas chinas en el interior de mi vagina. Permanecí abrazada a él, sin ser capaz de describir mis sensaciones y mirarlo a la cara. Él continuaba acariciando el interior de mis muslos disfrutando del contacto de sus manos con mi piel. Le dejé hacer. Yo no sabía que decirle, me moría de vergüenza. Me había corrido en brazos de un hombre al que apenas conocía, y la experiencia había resultado ser maravillosa, aunque la parte racional de mi ser me decía que aquello no estaba nada bien. Él sabía que sus palabras fueron el detonante final, sabía que ya estaba entregada a él y que no tendría inconveniente en que me subiera a la habitación del hotel y follásemos como locos olvidándome por completo de mi marido. Una vez me hube recuperado lo suficiente, fue él quien me dijo:

.-“¿ya está?”

.-“si” respondí yo.

.-“¿Qué tal?”

.- “yo, esto yo,...” no sabía que decirle.

.-“¿Te ha gustado la experiencia? Me respondió él. “Dime que ha sido genial”

.- “si claro por supuesto, pero es que yo...”, esta vez me cogió por la barbilla y mirándome fijamente a los ojos me dijo.

.- “Cristina no tienes porque avergonzarte de nada, al contrario, debes estar orgullosa de atreverte a ampliar tus experiencias. Por mi parte me alegro mucho de haberte ayudado a descubrir nuevos horizontes. Espero que lo disfrutes sinceramente con tu pareja. Lo que has hecho es de un gran valor para mí. Lo fácil hubiese sido huir, sin embargo tu has decidido continuar”. Y dicho esto me beso con ternura.

.- “Gracias” le dije yo sin saber muy bien porqué.

.-“No tienes porque dármelas. Recuerda lo que te dije de cómo se enfrenta la gente a lo desconocido por primera vez. Escucha ¿porque no cambiamos de bar y tomamos otra copa antes de ir al hotel?”.

.- “Me parece estupendo” le dije yo totalmente recompuesta y con ganas de salir de aquella situación.

Salimos de aquel local y de nuevo tomamos un taxi. Esta vez Paco volvió a indicar al conductor el nombre de otro garito. Durante el trayecto en taxi fuimos en silencio. La adrenalina estaba cesando en mi persona y los pensamientos racionales retumbaban en mi mente. Era ahora cuando estaba siendo consciente de que me había besado con otro hombre que no era mi marido. Era consciente de que había notado el paquete de Paco entre mis piernas, rozando mi minifalda y de que me había tocado el culo a su merced mientras tenía un orgasmo en sus brazos. No me lo podía creer, y sin embargo después de todo eso, aquel tipo se estaba comportando como si nada hubiese sucedido.

Llegamos al nuevo local. Este estaba mucho menos lleno de gente y en las afueras de la ciudad. Nos dirigimos a la barra del bar. Paco volvió a pedir dos gin tonics. Establecimos una conversación superflua. A mí me pareció un sitio extraño. Había muchos más hombres que mujeres. Me fijé en una mujer que se encontraba sentada relativamente enfrente de mí en unos sillones conversando con dos tipos. Lo sorprendente es que me llamó la atención que se besaba con ambos alternativamente mientras charlaban. Ambos la acariciaban indistintamente. En estas se nos acercó un tipo mucho mayor que Paco y nos preguntó si llevábamos fuego. Paco le dijo que no estabamos interesados mientras le prestaba un mechero. Cuando el tipo se fue le pregunté a mi acompañante.

.- “Paco pero ¿qué sitio es este?, ¿Qué es lo que no nos interesa?”

.- “Mira Cristina es un local swinger, de intercambios de pareja, tu has tenido tu parte por hoy, ahora te pido que finjas ser mi mujer y le des conversación a la pareja de la mujer con la que me enrolle”. Por la cara de asombro que debí poner continúo diciéndome:

.- “Vamos mujer, es sólo eso, dar conversación a un tipo. ¿No te irás a cortar ahora?. Además, tómalo como una experiencia más en esta noche.” Y dicho esto se acercó otro tipo de la edad de Paco, para hablar con él. Yo no pude oír que hablaban pero ví como el tipo señalaba a una mujer que estaba sentada en los sillones. Paco me cogió del brazo y me indicó que los acompañase. Me llamó la atención que Paco se sentase en medio de las dos mujeres, a mi derecha, mientras el otro tipo se sentaba a mi izquierda, lo más alejado de su propia pareja. Nos dijeron que se llamaban Juan y Sonia. Empezamos hablando de tonterías y poco a poco se hicieron dos conversaciones. Por un lado la que mantenían Paco y Sonia y por otro la que teníamos Juan y yo. Podía ver como Paco acariciaba con descaro las piernas de la otra mujer. No podía evitar mirar de reojo mientras conversaba con mi interlocutor. Mi mente estaba puesta en las manos de Paco que se perdían por debajo de la falda de Sonia. En un momento dado se besaron. Yo no podía imaginarme que me sintiese celosa de ver aquello. Si estaba celosa y algo furiosa. “Celosa, celosa ¿porqué?” pensaba absorta en mis pensamientos que divagaban como si de una conversación entre un ángel y un demonio tuviera lugar en mis hombros:

.-“Si Cristina, reconócelo estas celosa porque quieres acostarte con él, querías acostarte con él desde el primer momento en que lo viste,

.- “Sí pero.. y ¿mi marido?, ¿tendré que decírselo?”

.- “Al carajo con tu marido. ¿Acaso tu marido te ha hecho sentir alguna vez lo que has sentido en estas dos noches?. Además no le has sido infiel.

.- “Ya pero,.. es mi marido, debería saberlo”

.- “Al cuerno con tu marido tú lo que quieres es que Paco te folle sin compasión”.

Debía reconocerlo deseaba a Paco. Estuve a punto de levantarme y decirle que era un imbécil por no darse cuenta de que era a él a quien deseaba. Que me moría de ganas de que fuese él quien estuviera entre mis piernas. Quería decirle que nos fuésemos de aquel local y subiésemos a mi habitación a follar como locos. ¿Acaso mis muslos no eran más suaves que los de esa bruja con la que se morreaba? ¿Acaso no tenía suficiente con haberme tocado mi culo que ahora se lo sobaba a otra mujer mayor que yo?. Quise darle envidia, así que no opuse resistencia cuando Juan comenzó a acariciar mis piernas, sin duda Paco lo estaba viendo. La cara de Juan fue un poema cuando descubrió que usaba medias y no eran panthies. A él si le gustaba notar la piel desnuda de mis muslos. Yo le dejaba hacer a Juan, mientras, no podía evitar mirar de reojo como Paco hundía sus manos por debajo de la falda y la blusa de Sonia. Por la expresión de ella, Paco había llegado hasta sus partes intimas, proporcionándole un placer que consideraba era a mí quien tenía que disfrutarlo. Juan también se dio cuenta de lo que sucedía entre Paco y Sonia por lo que me dijo:

.- “¿por qué no vamos a la barra a tomar otra copa? Ven, esta copa la pago yo”

Y dicho esto se levantó invitándome a que lo acompañase. Yo le seguí hasta la barra del bar. Nos situamos justo enfrente de Paco y Sonia. Pude ver como nada más levantarnos, Sonia se sentaba en el regazo de Paco y se abrazaba a él. Seguramente le estaría haciendo un dedo allí sobre sus piernas en los sillones de aquel local. Yo estaba observándolos de frente apoyada sobre la barra del bar mientras que Juan se había sentado en un taburete frente a mí dándoles la espalda a ellos. Pude notar las manos de Juan acariciando de nuevo la piel de mis muslos por debajo de la falda. Aquello me hizo volver de mis pensamientos. Las caricias de Juan eran cada vez más atrevidas, hasta que llegado un momento me acarició el culo por debajo de la falda, la cual subió para facilitarse la labor hasta justo el inicio de mi tanga. No le fue nada difícil sobarme los cachetes del culo pues llevaba tanga. Yo volvía a estar a cien, notar sus manos por mis piernas y mi culo me estaban excitando de nuevo, además no paraba de abrir y cerrar los cachetes del culo lo que aumentaba el roce y las sensaciones de las bolas chinas en mi interior. Me besó sin darme cuenta, y no me disgustó. Era el segundo hombre distinto a mi marido al que besaba en esa misma noche y me estaba gustando. Se había disipado toda vergüenza y sólo buscaba el placer por el placer. En un momento en el que Juan me besaba el escote, mi mirada se cruzó con la de Paco, el cual se sonrió de verme besando a Juan. Era inevitable que Paco no viese como Juan recorría mi cuerpo con sus manos. Advertí que Sonia estaba sentada ahora a horcajadas sobre Paco en el sillón. “¿Estarían follando ahí mismo?”. Pensé para mis adentros. Quería pensar que no, porque estaba furiosa y celosa de ver como Paco disfrutaba con otra mujer. Un dedo de Juan abriéndose camino entre mis labios vaginales me despertó de mis pensamientos.

.- “aaghh” tuve que gritar cuando me penetró con su dedo. Me había hecho daño, ya no había sitio ahí dentro para más. Su cara de asombro al notar algo en mi interior lo dejó petrificado. Yo aproveché para apartarlo y salir corriendo al baño. Entré en el aseo de señoras, había dos pilas de agua unidas por un espejo grande. Yo traté de lavarme la cara con agua fría en la que estaba más alejada de la puerta. Me sorprendió ver entrar a Juan con mi bolso, este cerró la puerta de aseos al entrar tras de sí con el pestillo.

.- “¿pero que haces?” Le dije “salte de aquí”.

.- “Creí que necesitabas esto” dijo mostrando mi bolso.

.- “Gracias, ahora por favor salte del baño, necesito estar sola” le dije yo.

.- “Lo haré, pero antes tendrás que decirme que es eso que llevas en tu interior” dijo mientras se situaba detrás de mí subiendo mi falda.

.- “Pero tú estas loco o que” le grite esta vez. “He dicho que te vayas” le dije mientras me bajaba de nuevo la falda. Él insistió en volver a subirme la falda. Esta vez lo amenacé.

.- “vete de aquí si no quieres que llame a la policía y te denuncie” le dije muy seria. El se sonrió, yo todavía estaba de frente al espejo y observaba lo que hacía detrás de mí. Esta vez se llevó las manos a la espalda y sacando su billetera del bolsillo trasero la arrojó al lado mío encima del mármol del lavabo mostrando una placa de policía. Yo todavía estaba observando la placa sin saber muy bien de que iba todo el rollo cuando noté como me agarraba de los brazos y al escuchar un click pude comprobar como me había esposado las muñecas con los brazos a la espalda.

.- “Mira una cosa te has ahorrado, la policía ya está aquí” me dijo riéndose.

.- “Ahora dime, ¿no serás una yonkie o un camello de mierda que pasa lo que no debe?”.

.- “No, no “dije yo “verás,... puedo explicártelo”

.- “Si claro eso es lo que dicen todas” dijo mientras me separaba las piernas y me cacheaba por todo el cuerpo.

.- “¿qué es eso que llevas ahí dentro?, ¿no serán bolas de droga, ehh?” sus manos exploraban ahora mis pechos los cuales sobaba sin ningún disimulo. Me bajó los tirantes del top una a cada lado y lo mismo hizo con los del bra desnudando mis pechos. Su mirada se clavó en ellos.

.- “no, no, para por favor, puedo explicártelo”

.- “¡¡Calla!!” gritó al tiempo que me daba un cachete en el culo y me obligaba a recostarme sobre el lavabo. Pude sentir el frío del mármol sobre mis pechos y estos se pusieron de punta.

.- “Será mejor que no digas ni una palabra hasta que yo te dé permiso, ¡entendido!” dijo mientras me daba otro azote en el culo. Yo lo miré con pánico a través del espejo. Pude ver como levantaba mi falda enrollándola por encima de la cintura mostrándole una visión espectacular de mi culo.

.- “no sigas por favor, son bolas chinas, tan solo son bolas chinas, no es droga, deja que sea yo quien te lo muestre”. Le grité mientras me incorporaba.

.- “He dicho que te recuestes y te calles!!!” me dijo al tiempo que volvía a azotarme en el culo

.- “lo comprobaré yo mismo”. Esta vez sacó de su bolsillo una pequeña cuerda de liza la cual pasó alrededor de mi cuello y obligándome a recostarme con mis pechos sobre el lavabo me ató a uno de los grifos de la pila. Me encontraba inmovilizada con el cuello atado y las manos esposadas a mi espalda. Pude ver por el espejo como agarraba el lateral de mi tanga y lo rasgaba por las costuras. Yo quise chillar, pero no lo hice, permanecía callada por el miedo. Juan adivinó mis intenciones de chillar y me obligó a abrir la boca tragándome mi propio tanga. Se agachó detrás de mí, me obligó a separar las piernas, y escuche como decía:

.- ¿pero que coño es esto?. No le fue difícil encontrar el hilo que se unía a las bolas chinas debido a que me había rasurado por completo el pubis. Tiró de él sin compasión y apareció la primera de las bolas. No resultó doloroso debido a la gran cantidad de fluidos que desprendía mi vagina, continúo tirando y apareció la segunda de las bolas liberando mi vagina por completo.

.- “Joder, es verdad son bolas chinas. Serás puta” dijo mirándome a través del espejo.

.- “Eso es, eres una puta” dijo como si hubiese descubierto algo, y dicho esto comenzó a rebuscar en mi bolso. Lo abrió y tiró todas mis pertenencias sobre la otra poza del lavabo. Cogió mi cartera y la abrió. Vió la foto de mi marido y dijo:

.- “Hey, este no es el tipo de ahí fuera”.

.- “¿No serás una puta? ¿no serás una de esas damas de compañía que se vende a las perversiones de cualquier gilipollas? Dijo mientras me daba otra nalgada en mi culo desnudo, el cual debía estar rojo. Continuó rebuscando en mi cartera. Está vez encontró unas tarjetas de visita. Cristina responsable de calidad. Aquello ya no le cuadraba. Se quedó pensando un rato. Luego se acercó hasta mi oreja y me susurró en el oído:

.- “¿qué hace una responsable de calidad como tú en un local como este?”

.- “No estarás poniéndole unos bonitos cuernos a tu maridito”.

.- “No, no, “ negaba yo con la cara como podía. Rebuscó alguna foto entre los archivos de mi móvil. Encontró más fotos con mi marido, amigas,...etc. Luego con mi D.N.I. en las manos me dijo:

.- “Mira Cristinita te lo voy a explicar para dejártelo bien clarito. Nunca me he follado a un bombón como tú de 31 añitos. Estas muy buena nena como para dejar pasar esta ocasión. Además me has puesto muy burro ahí fuera y vas a acabar lo que has empezado. Siempre he tenido que sobornar y conformarme con putas o yonkies como la que está ahí fuera haciéndose pasar por mi mujer con no sé quién será el tipo con el que has venido. Pero estoy seguro que tu marido no es el que esta ahí fuera a juzgar por la foto que llevas en la cartera, la cual me mostró y tiró sobré el lavabo. Así que supongo tienes mucho que callar. Voy a follarte te guste o no. Tienes dos opciones por las buenas o por las malas. Estoy seguro de que no vas a denunciarme, primero porque se enteraría tu marido de lo que estabas haciendo aquí, segundo porque sabes que tiene pocas probabilidades de que prospere la denuncia, una chica lista como tu sabe que la pararía en el juzgado. Además sabes que no tendrías pruebas contra mí, no va a haber desgarro vaginal, puesto que estas empapada y esas bolas me han facilitado el trabajo, y por supuesto utilizaré condón para evitar cualquier prueba que me sitúe en el lugar de los hechos. Ten por seguro que encontraré más de un testigo que me situé en otro lugar. Espero haber sido lo suficientemente claro. Ahora te voy a soltar del cuello, si veo cualquier resistencia te volveré a atar y te follaré como a las putas, si vas obedeciendo lo que te diga disfrutaremos los dos. Tu has venido aquí a follar y vas a follar”. Y dicho esto me desató la cuerda del cuello, sacando también mi tanga de la boca, cuando me levanté me giré hacia él de frente. Me quitó las esposas.

.- “ Para empezar, ¿por qué no té desnudas por completo, quiero observarte bien?” me dijo mirándome a los ojos esperando mi reacción. Yo no sabía que hacer, pero quise ganar tiempo, y empecé a sacarme el top por la parte de arriba. Lo hice despacio, muerta de vergüenza por desnudarme frente a un tipo que no era mi marido, acababa de conocer y me había besado y manoseado hace unos instantes. Mientras sus palabras resonaban en mi mente, es cierto que de penetrarme ahí mismo no habría desgarro debido a las bolas chinas, así que tras sopesar los pros y los contras decidí que sería mejor no enojar a esa persona, además no quería que mi marido se enterase de nada. Continúe quitándome el sujetador y por último la minifalda, salvo por las medias estaba completamente desnuda frente a aquel tipo. Él sacando su móvil del bolsillo se dispuso a sacarme unas fotos.

.- “Verás quiero tener un bonito recuerdo de todo esto. Nunca he estado con una nena que esté tan buena como tú. Joder, pero que buena estás.” Y mientras decía esto sacaba alguna foto.

.- “Anda, date la vuelta que vea bien el pedazo de culo que tienes”.

.- “Escucha Juan, ya tienes pruebas de todo esto, sabes que no quiero que mi marido se entere de nada, ¿por qué no quedamos para otro día? Me das las fotos y hacemos lo que quieras, pero... vamos a dejarlo por hoy ¿no te parece?” dije frente al espejo tratando de ganar tiempo y salir de allí como fuera. Él cesó de hacer fotos, se situó detrás mío, me miraba por encima del hombro, me hizo apoyar los brazos sobre el lavabo y arquear mi cuerpo. Nuestras miradas se cruzaban a través del espejo del lavabo. El todavía permanecía vestido. Apoyó su paquete sobre mi culo mientras me sujetaba de la cintura y comenzó a restregarme el paquete.

.- “¿has visto como me tienes?, ¿acaso no lo notas?, dime ¿la notas?”.

.- “si la noto” dije indiferente.

.- “dime Cristina, ¿con cuantos hombres has estado, con cuantos te has acostado?, me preguntaba al tiempo que comenzaba a acariciar mis pechos con sus manos y me miraba a través del espejo. Yo lo miré a los ojos y le dije.

.- “Ninguno, solo con mi marido. Por favor ¿déjame marchar?”. Le supliqué esta vez.

.-“Puedes hacerlo, pero si lo haces, tu marido se enterará de todo ¿es eso lo que quieres?” dijo pellizcándome un pezón y haciéndome daño.

.- “No” grité yo cerrando los ojos al tiempo que Juan comenzaba a acariciar mi pubis con una mano.

.- Se puede saber ¿qué coño hace una chica como tú en este sitio?, dijo mientras seguía acariciándome por todo el cuerpo. Comencé diciéndole que coincidí con Paco en el mismo hotel, que él era representante de productos eróticos, que fue él quien me regaló algún consolador y las bolas, y que por eso estábamos allí.

.- “¿Y porqué me has dejado que te sobara el culo ahí fuera en medio del bar?” .- ¿Cómo he podido acariciarte ese coñito tan rico que tienes? Dijo al tiempo que volvía a introducir un dedo en mi vagina. No le fue nada difícil pues estaba húmeda y dilatada.

.- “Tienes un culito muy suave, nenita, a qué no sabes con que me gustaría acariciártelo ahora” me dijo Juan al tiempo que se bajaba la cremallera. Pude notar su polla en contacto con la piel de mi culo. Estaba completamente dura, y no cesaba en buscar el contacto con mi piel. Una mano continuaba jugando en mi interior mientras la otra me acariciaba las tetas.

.- “¿acaso no te gusta?” dijo mientras comenzaba a darme besitos por la espalda saboreando mi piel. Cogió una de mis manos y la guió hasta mi espalda.

.- “Anda cógela” me dijo. Pude comprobar que era mayor que la de mi marido al tenerla en mi mano. Él comenzó a moverse desde detrás mío como auto haciéndose una paja con mi mano.

.- “Dime ¿es más grande que la de tu marido? Dijo en tono burlón, mientras continuaba dándome besos por la espalda.

.- “no sé, creo que sí?” dije yo al tiempo que comenzaba a excitarme debido a sus caricias en mi clítoris y tener su pedazo de polla en mi mano.

.- “¿te has acostado con Paco?”

.- “No” le respondí yo.

.- “Te mueres de ganas por llevártelo a la cama, ehh. Y dime nenita, ¿dejarías que te rompiera el culito?. Me dijo de nuevo.

.- “siihh” gemí yo al tiempo que se aceleraba mi respiración.

.- “¿te gustan mis caricias?” continuaba besándome en la espalda.

.- “siiihhh por que no?

Me hizo cerrar las piernas, ahora su polla se perdía entre mis muslos, el continuaba moviéndose como si me estuviera penetrando. Yo volvía a estar cachonda de notar ese pedazo de polla entre mis muslos.

.- ¿Quieres verla, te gustaría verla ehh?. Sus caricias en mi clítoris me arrancaron el primer gemido.

.- Ufffhh, suspiré. A lo que él interpretó como un si, cesó en sus caricias y me giró de frente a él. No pude evitar mirar el pedazo de miembro que lucia. Me pareció grande, no tanto como el consolador que probé, pero si era grande. Me acordé de las sensaciones que me produjo el consolador, de cómo me había sentido llena, rozando y estimulando cada parte de mi interior. Me pregunté cómo sería tener ese miembro en mi interior. No pude evitar cogerla con mis manos y empezar a meneársela. Tuve que usar las dos manos, ahora nos mirábamos frente a frente a los ojos.

.- ¿te gusta? Dijo mientras se desabrochaba la camisa. Yo continuaba moviendo arriba y abajo aquel pene tan grande que tenía entre mis manos. Juan lucía un bonito torso, y para su edad marcaba abdominales. Apenas tenía pelo en el cuerpo. No se desprendió de los pantalones y comenzó a acariciarme el culo. Me levantó y me sentó sobre el mármol de los lavabos. Estaba frío. Lo rodeé con mis piernas. Ahora su polla estaba a la altura de mi pubis. No cesaba en acariciarme el culo y las piernas a su alrededor. Me devoraba con la vista. Me besó. Fue un beso prolongado al que correspondí. Me agradó, a decir verdad besaba muy bien. Quería excitarme y lo estaba consiguiendo. Me besó por segunda vez, luego comenzó a besarme por mi escote hasta detenerse en mis tetas.

.- “Pero que tetas más ricas tienes, veo que están blanquitas, yo creí que las putas como tú hacían top less en la playa, pero ya veo que se las muestras tan sólo a tu maridito” yo lo cogí con una mano desde la nuca guiando a Juan hasta mis pechos, quería que me comiese las tetas y se dejara de decir estupideces. Me gustaba que me lamiese y jugase con su lengua en mis pezones.

.- “uhmmm ,que suaves, que bien huelen nenita” decía mientras me chupaba los pezones. Pude notar como un dedo de la mano que me tocaba el culo se habría paso en mi ano.

.- “ hayyy” gemí cuando me introdujo el dedo en mi ano. Su mano quedó aplastada entre mi culo y el mármol del lavabo. Quiso mirarme fijamente a los ojos para deleitarse con mi reacción. Yo le sostuve la mirada desafiante. En esa posición no le fué difícil guiar su polla hasta la entrada de mis labios vaginales. Continuábamos mirándonos fijamente a los ojos. Ahora empujó hacia dentro. Pude notar su polla abrirse camino en mi interior mientras continuábamos mirándonos ferozmente a los ojos. No pude evitar abrir la boca y gemir levemente. El se sonrió al ver mi gesto mezcla de dolor y placer. Comenzó a moverse de forma violenta, continuaba mirándome a los ojos insistentemente. Yo cerré los ojos y me abandoné a su mete y saca. Comencé a acariciarme el clítoris a la vez que notaba su polla en mi interior entrar y salir. Sin duda era mayor que la de mi marido y me llenaba, provocando

mayor roce y sensaciones en mi interior. Me gustaba sentirme sucia y penetrada sin compasión por aquel tipo como tantas veces había fantaseado. Se detuvo. Yo abrí los ojos, lo miré fijamente y le dije.

.- “¿pero que haces?, ¿por qué paras? ¡¡muévete!!”.

.- “Ninguna preciosidad como tú me ha pedido que la folle, anda, dímelo otra vez nenita” me dijo relamiéndose. ”Pídeme que te coja ”.

.- , ¡cogeme!, no pares, ¡cogeme!” le suplicaba.

.- “Date la vuelta quiero verte el culo tan rico que tienes” Me ayudó a bajarme del lavabo y recostándome de nuevo sobre los lavabos me penetró desde atrás. Ahora me cogía por las caderas e imprimía un ritmo feroz. Yo tuve que cerrar los ojos. A esas alturas gemía y gemía con cada envestida suya. Cuando los abrí pude ver de cerca la foto de mi marido que llevaba en la cartera. Estaba sobre el zócalo de mármol del lavabo apoyado contra el espejo como si me mirase. No pude evitar acordarme de él. De las veces en que habíamos fantaseado que me contrataba como a una puta y terminábamos follando, y era precisamente así como me estaban tratando ahora, como a una puta y sin piedad. Juan se dió cuenta de que mi mirada se perdía hacia la foto, y agarrándome del pelo me obligaba a dirigir mi mirada hacía ella. Pobre maridito mío, menudos cuernos le estaba poniendo ahora ya sin dudas. Nunca pensé que los fuera a disfrutar de esa manera. Uno de mis pechos se aplastaba contra mi D.N.I. que estaba sobre el mármol del lavabo como tratando de recordarme quien era. Todas esas sensaciones me excitaban hasta límites que jamás imaginé en mis fantasías. Me corrí, no pude evitar chillar y convulsionarme de placer, lo que debió poner más caliente aún a Juan el cual se salió de mí y eyaculó sobre mi espalda.

En esos momentos llamaron a la puerta. Entró Sonia a los aseos, hubo un silencio profundo. Sonia y Juan tan sólo se cruzaron la mirada sin mediar palabra. Ambos me sorprendían en sus reacciones. Juan se vistió rápidamente y salió de allí, antes de abandonar la sala se dirigió a mí y me dijo:

.-“Volveremos a vernos nenita”.

Yo trataba de recomponerme como pude de lo sucedido. Sonia me ayudó a recoger mis cosas.

.-“¿Te ha hecho daño?” me preguntó Sonia.

.-“No ¿porque?” le respondí yo.

.-“Te lo hará. Ese cabrón acaba dañando todo cuanto toca”, me dijo ella.

.-“No entiendo” y en verdad no comprendía la reacción y las palabras de Sonia.

.-“No sé que sarta de mentiras te habrá contado de mí, pero no te engañes, yo soy una mujer decente, mi marido no sabe lo que ese cabrón me obliga a hacer, pero me tiene cogida y no puedo evitar ceder a sus chantajes. Espero que tu caso sea distinto, que el polvo que acabáis de echar sea porque lo deseabas. Créeme cuanto menos sepa de tí mucho mejor”. Me dijo Sonia con un tono de madraza.

Yo salí de allí pitando, al verme salir enfurecida Paco salió detrás mio del local...

.-¿qué ha pasado? Me preguntó. Yo le solté un bofetón que lo dejó petrificado.

.- “Eres un imbécil. Quiero irme al hotel” le dije. Levanté la mano para parar un taxi y ambos subimos en el coche destino al hotel.

Una vez allí....(continuará).