Dedicado a "todamojada" (pedido especial)
a Alexalex22, AussieAG, abc213 y Chingu, gracias por los puntines!
y a todos, por todas las cosas lindas que me escribieron!
Besitos y apoyaditas!
Camila

El miércoles, al escribir mi post anterior: “Mi primer orgasmo en el tren”, lejos de calmarme (como creí que pasaría), entre la descripción de cada sensación, sus comentarios, mensajes privados, regalitos y el recuerdo de ese hombre, mi calentura creció y se desató a un nivel que no hubo momento en el que esté sola que pudiera evitar tocarme hasta arrancarme un nuevo orgasmo.
Ayer me vestí para él, me pinté para él, me perfumé para él. Hice el recorrido de siempre hasta la estación y en el andén me encontré con una pareja amiga de mi vieja de la que no pude zafar hasta Once. Los odié, aún más cuando en la estación de Padua lo ví asomarse en las puertas, buscándome, hasta que me vió, subió, pero no se acercó al verme con estas personas, ubicados en un lugar que no daba absolutamente para nada. Tenía ganas de llorar, su mirada me penetraba y sentía que cada movimiento que hacía, desde llevarme el pelo detrás de la oreja, hasta mojarme los labios con la lengua porque se me secaba la boca, estaba seduciéndolo, excitándolo. Así transcurrió el viaje. Llegamos a Liniers, lo miré, estaba preparado para bajar. Hizo un movimiento con su mano y leí de su boca... “mañana”, asentí suavemente con la cabeza y bajé la vista. El tren paró, lo vi bajar, su espalda era enorme y su pelo largo enredado y atado lo hace más viril aún. Se paró en el andén frente a la ventanilla donde yo estaba, no podía ver su cara, es alto, veía hasta sus hombros, pero macho y sabio de lo que yo necesitaba, bajó su mano y se agarró el bulto, como acomodándoselo, duró solo un segundo pero yo sabía que ese movimiento era para mí, tenía la pija a un costado de la bragueta, como apoyada en su pierna, a medio parar, creo, pero se dibujaba perfecta en su pantalón. Me estremecí, pude sentir al mismo tiempo los pezones, la concha y la cola, no sé describir la sensación pero la resumiría en la palabra “deseo”. Todo el día y la noche estuvo en mi mente esa imagen. En mi mente y en cada milímetro de mi cuerpo.
Hoy al despertarme hice mi rutina diaria, demoré en elegir la ropa hasta que me decidí por una mini de algodón, sé que no daba para esa hora y para mis actividades pero me cambiaría en el gimnasio, luego. Llegué a la estación, era temprano, dejé pasar un tren, no estaba tan lleno, el próximo demoró bastante. Cuando al fin llegó, dejé subir a la gente, cuando subieron todos en la puerta elegida, me acerque y subí. Se me hizo eterno hasta Padua, mi corazón latía a mil y mi único pensamiento era casi un ruego, que estuviera, que me viera.
Llegamos, el tren aminora la velocidad, para, se abren las puertas, allí estaba! Lo ví mirarme toda mientras bajaban dos o tres, subió adelantándose a los demás y para mi sorpresa me agarró la mano, lo miré, me miró y apreté fuerte sus dedos, me dió la espalda sin soltarme, dijo ”permiso” y abriéndose paso ante las puteadas de los demás, me llevaba... y yo iba con él. Llegamos a un rincón, donde no hay asientos, tiró de mi mano y me hizo pasar delante de él y acomodarme contra la pared del tren, de frente a él. Mi bolso quedó a un costado mío, él apoyó sus antebrazos contra la pared, por sobre mi cabeza, levanté la vista, me clavó la mirada, no pude sostenérsela, bajó su cabeza y rozándome la barba en la cara se acerco a mi cuello, pude sentir en su respiración que me olía, y con su boca pegada a mi oído me dijo: “estás volviéndome loco, pendeja”. Yo estaba tan agitada y tan excitada que no pude responder, tampoco sabría que decir. Demoró en levantar la cabeza, su campera larga y con lo grandote que es, casi me cubría, miré su camisa abierta, su pecho peludo, olía a hombre, aunque no sepa definir ese olor, era exquisito! No sé como pero no pude más y fuí con mis dos manos hasta su bragueta, una entre las piernas abarcándole los huevos y la otra a la pija, suavemente, apenas rozándolo con las yemas de los dedos. En ese momento sentí su boca, me mordió despacito, me besó y me lamió la oreja en un segundo. Dios, su lengua! El tren ya había arrancado, levantó su cabeza poniéndose derecho, Uffff! Es enorme! Sentí su pié queriéndose acomodar entre los míos, abrí las piernas y adelantó la suya, su rodilla ya no me permitiría cerrarlas. Apoyó sus manos ahora en la pared y se quedó así, lo miré, agarrada con las dos manos de su pija, me miró y sentí en mi mano como la movía, como dándome permiso para jugar como quisiera. Todo ese pedazo de hombre era mío ahora, la pija le crecía en mis manos cada vez más, por mí y para mí. Le acaricié los huevos metiendo mi mano bien abajo, mi dedo medio quedó donde terminan, mis otros dedos los masajeaban, los recorrían, los apretaban y aflojaban suavemente hasta que conseguí tenerlos bien en mi mano. Mi otra mano le recorría la verga, primero con las yemas de los dedos, desde la cabeza, deteniéndome donde termina y comienza el tronco, luego el tronco hasta chocarme con el cierre del pantalón, se me hacía agua la boca y se me resecaban los labios a la vez, él seguía sin hacer nada, éramos su verga y yo, una puta reconociendo la verga de su macho.
Me arrepentí de no haberme puesto una toallita, sentía la bombacha húmeda, los pezones que me explotaban, su boca tan cerca y tan lejos a la vez, su pija tan grande y tan caliente que parecía mojado el jean. Subí la mano que tenía agarrándole los huevos y urgué con mis dedos hasta que pude agarrarle bien la pija en la bragueta hice lo mismo con la otra, mis dos manos agarrándole el tronco, sin poder juntar las puntitas de los dedos y sin poder abarcarsela toda, la cabeza quedaba fuera de mis manos, eso me daba la medida, era enorme, gruesa, fuerte, única y era mía. No pude evitar pajearlo, el se movía tratando de evitarlo hasta que no pudo más, bajó sus manos, me quitó las mías y agachándose me dijo “pará chiquita que hacemos un desastre acá” Yo, boludamente, solo le respondí, “perdón”. El se sonrío.
El tren seguía su curso normal, no sabía si había parado o no, ni cuantas estaciones habían pasado, ni me importaba. A mi me tapaba el bolso de un costado y su campera me cubría toda al apoyarse contra mí. Como ya les conté mido 1,56, soy chiquita, él bastante más de 1,80 creo yo, por lo que yo practicamente no existía en ese lugar.
Sentí su mano derecha meterse por debajo de mi remera en mi espalda a la vez que su mano izquierda se colaba en mi panza. Se puso derecho, me apoyó bien la pija entre la cadera y la cintura y empezó a acariciarme con sus manos enormes, sabias, de macho caliente, suave pero firme, seguro, posesivo, dominante.
A medida que avanzaba sentía que mis piernas temblaban descontroladamente, estaba en puntas de pié, sacó su pierna de entre las mías y me movió un poquito para separarme de la pared y que quedara apoyada en ella de costado, yo logré pasar mi mano por debajo de su camisa, su panza era tan peluda como su pecho, delicioso, no podía dejar de pensar lo que sentiría rozando mis pezones en ese cuerpo peludo, de hombre, sintiendo su peso, su fuerza, sus embestidas.
Bajó su mano por mi espalda, llegó a mi nalga, la acarició, la apretó, volvió a acariciarla esta vez metiéndome las puntas de los dedos en el culo. Bajó más, sentí su mano en mi pierna, abría la mano para rozarme con los dedos la otra pierna, sentí que me dolía la cintura de lo arqueada que estaba regalándome para que me manosee toda y traté de relajarme, con su otra mano me masajeaba las tetas, me pellizcaba los pezones.
Todo esto imaginense que lo hacíamos casi sin movernos, él mirando contra la pared, yo poniendo cara de nada, lo que hacía que todo se potenciara hasta el infinito!
Se agachó un poco y me preguntó: “para quién te pusiste esta pollerita, putita? Bajé mi mano por su panza hasta agarrarme de su cinturón y le contesté como pude: “para vos”.
Volvió a su posición y me metió bien la mano en el culo, toda, sentí sus dedos en la concha! Urgó hasta agarrarme la bombacha, tiro para abajo un poquito, subió, me la sacó de entre la cola, volvió a apretarme las nalgas (pensé en esas manos dándome chirlos, Dios!), y me la bajó de un tirón, tanto como para que sus manos pudieran hacerme lo que él quisiera.
Volvió a meterme la mano y la dejó quieta, solo movió su dedo medio para metérmelo en la concha, bajó su otra mano después de hacer lo que quiso con mis tetas, pasó por mi panza, por encima de la mini, me acarició los muslos y me metió la mano en la concha, me acarició los labios, me los pellizcó, yo me estremecí, no pude más, hundí mi cara en su pecho, me apretó toda hasta casi estrujarme y acabé, en un orgasmo eterno, oliendo y besando su pecho peludo, casi con los pies en el aire, penetrada por los dedos de un desconocido, obediente de las órdenes de sus manos, tan puta como él quería que fuera.
Me dí cuenta que estaba agachado me colgue de él y le dije: Sos un hijo de puta! Me contestó: Te parece? Hice que sí con la cabeza, no me moví, seguí así, a su merced, estaba tan mojada que podía sentirlo en sus dedos. Me apretaba la concha, me dedeaba, mientras con la otra mano me metía el dedo y subía por mi culo mojándomelo, yo le agarraba la pija, la soltaba, la tenía cada vez mas grande o eso me parecía, no lo sé, sentía sus manos enormes entre mis piernas que parecían un manojo de pijas que me hacían gozar como una perra e imaginaba esa verga adentro mío y más me mojaba. El manoseo era tan delicioso como infernal, no hubiera podido zafar de ese macho caliente aunque hubiera querido. El quería algo más y yo quería saber qué!
Me quedé con la cara apoyada en su pecho, la bombacha baja, la cola parada, las piernas abiertas, mojada, acabada, regalada, usada, deliciosamente puta! Empezó a pellizcarme los labios y el clítoris, sentía que conocía mi cuerpo mejor que yo, iba en busca de flujo por adelante y me lo pasaba por la concha, me metía el dedo en la concha por atrás, se lo mojaba y me lo pasaba por el culo, así sin parar, sin parar, sin parar, sin nada que lo detenga.
Cerré las piernas en un impulso, me contraje toda, me hundí en su pecho nuevamente y fué ahí que sentí sus dedos apretarme el clítoris y su otra mano que bajaba y subía por mi cola metiéndome el dedo medio en la concha cada vez, ahora se detuvo solo cuando me metió hasta el fondo el dedo en el culo. Todo, entero, de una sola vez en medio de un ogasmo tan brutal como delicioso que me hizo morderle el pecho. Y más lo mordía, más me hundía el dedo, hasta que me dí cuenta y abrí mi boca, ahora para lamerlo mientras me calmaba y él cada vez más espaciadamente pero con la misma fuerza me cojía el culo con su dedo.
Me calmé, tenía mi mano agarrándole la pija que era como un fierro caliente a esta altura, sentí que se limpiaba el dedo en mi bombacha, volvió a calzármela en la cola, yo me solté de él, estaba sudada, él también, su frente brillaba.
Cruzamos miradas, miré su boca, quería besarlo, él se acomodaba, yo también, sentía vergüenza y placer, la concha inflamada y la cola que me latía. Empezó a haber movimiento de gente, me agarró de la pera, me hizo mirarlo, me preguntó: bajás? Hice que no con la cabeza al mismo tiempo que pensaba lo delicioso que sería estar de rodillas frente a él, que una vez satisfecho de hacerme a su medida, me hiciera saborear mi paga.
Me dió un beso (piquito) en la boca, el tren se detuvo, se abrieron las puertas, él bajó, giró, me miró, llevó su mano hasta su pecho donde lo había mordido, se lo acarició como orgulloso, como si fuera un trofeo, se cerraron las puertas, se sonrió, me guiñó un ojo y el tren arrancó.