Adriana, Infidelidad y locura- parte 1



Quiero mencionar los post de donde saqué las fotografías
http://www.poringa.net/posts/imagenes/1924603/hermosa-brasilera-amateur.html
de tionicoco

http://www.poringa.net/posts/imagenes/1730864/cogida-y-pete-rico.html
de finis_africae

A ellos muchas gracias y los invito a visitarlos

Los cuentos del doctor Morbo
Adriana, Infidelidad y locura

Adriana soñaba con una doble vida. Amaba sacarse fotos desnuda y soñaba con ser un símbolo sexual, por lo que esas fotos eran por demás osadas. Ni siquiera se las mostraba a su marido, pues no se animaba. Se limitaba a sacarse esas fotos y luego las guardaba en su computadora. Ahí guardaba todos sus sueños.
La realidad de su matrimonio era muy distinta, su marido trabajaba demasiado, y para ser realistas él era buen amante, pero solamente los fines de semana, pues de lunes a viernes, él llegaba demasiado tarde, demasiado cansado y con demasiadas ganas de dormir.
Adriana no era infiel, ni mucho menos y tampoco quería serlo. El ser sexy, y despertar los mas bajos instintos en los hombres era solo un sueño. Y no es que no lo lograra, pues cuando caminaba, por la calle los hombres le decían un montón de cosas, y eso en su más íntima fantasía la calentaba.
Su vecino era Carlos, un tipo unos pocos años mayor que ella, tenía un título en computación que Adriana no recordaba, ni tampoco le interesaba demasiado, sólo era para ella el técnico de computadoras. Carlos estaba obsesionado con ella, aunque no lo demostraba, vivía esperando que ella pasara. Sus tetas imponentes lo tenían loco, y el culo de Adriana lo hipnotizaba.
Cierto día y casi con desesperación, Adriana observó que su computadora no arrancaba. Casi al instante pensó en Carlos, pero estaban las fotos y no veía otro camino. Muy nerviosa fue a golpear a la puerta de Carlos.
-tengo un problema con la PC, no arranca- dijo Adriana extremadamente nerviosa
Carlos no se habría percatado de nada de no ser por los nervios que ella ostentaba
-bueno, dejámela que la veo enseguida- dijo Carlos
-nno, lo que pasa es que la necesito, ¿la podrías revisar ahora?- rogó ella
Carlos rápidamente la conectó, colocó un pendrive para hacerla arrancar, y rápidamente la máquina funcionó, para alivio de su dueña.
-necesito tu Mouse, para configurar- mintió Carlos
En la ignorancia, Adriana partió raudamente hacia su casa para buscar lo que Carlos necesitaba. No demoró más de cinco minutos, tiempo suficiente para que Carlos copiara toda la carpeta de imágenes en su Pendrive
Luego, ya con el Mouse, y para demostrar que realmente se tomaba un largo trabajo en arreglar la computadora, estuvo como quince minutos dando vueltas, instalando programas y demás.
Adriana, un poco dudando por el tiempo que dejó a Carlos a solas con su PC, pero tranquila de que tenía de nuevo su computadora, y antes de salir de la casa de Carlos, se giró hacia él.
-gracias, te debo una- le dijo ella
-lo tendré en cuenta- dijo Carlos riendo.
-Me la podés ir a conectar?- apenas completó el pedido, se dio cuenta del doble sentido de su frase, se imaginó engañando a su marido con Carlos, y un suave calor corrió por su cuerpo.
-en cinco minutos voy, dejame que termino un par de cosas y voy para tu casa- dijo él deseoso de husmear en los documentos recién copiados.
Lo que Carlos encontró era mucho más de lo que esperaba, sets completos de fotos, en el último, por ejemplo, se la veía frente a un espejo de su dormitorio, vestida con un pantalón corto y una remera, pero con su hermoso culo de frente.
puta
Luego otra foto, donde ya sin el pantalón, mostraba su cola en todo su esplendor y totalmente sin nada, y finalmente una de su cola solamente y una recostada en la cama con el culo bien parado.
tetas
Desnuda
Su obsesión aumentaba, hasta las imprimió en grande, para pegarlas en su pieza. Por varios minutos Carlos contempló las fotos tratando de trazar un plan que lo acercara a su vecina.
Al rato, Carlos golpeó a la puerta de Adriana
Adriana lo hizo pasar,
-mirá, seré franco, tengo algo que te puede interesar, ¿tu pareja sabe de estas fotos?- mientras hablaba, Carlos abrió una carpeta de cartulina donde se podían ver copias de todas sus fotos desnuda.
Adriana al principio se paralizó por la sorpresa, luego dio paso a su enojo.
-¿de donde sacaste eso hijo de puta?- dijo ella indignada
Carlos, al sentir los insultos, también montó en cólera
-¿Qué te importa de donde las saqué?, la cuestión es que las tengo- dijo él en voz alta
Adriana se abalanzó sobre él, intentando quitáserlas, pero fue rápidamente neutralizada por Carlos, por lo que su acción finalizó con ella recostada en las rodillas de él, con el culo en alto. Carlos sin miramientos le bajó un palmo la calza, dejando florecer las hermosas nalgas de Adriana. Él comenzó a darle unas palmadas en la cola a ella como si fuera una niña castigada por un mayor.
-Conmigo te vas a portar bien- dijo él mientras las palmadas resonaban.
-¡ay!, soltame hijo de puta, te voy a denunciar- amenazó ella mientras intentaba deshacerse de esa posición.
Carlos la sostenía con un solo brazo, y con su mano libre, comenzó a acariciar las nalgas de Adriana, lentamente fue acercándose hacia el centro del culo, rozó el ano, y luego bajó hacia la vagina. Adriana apretó sus piernas todo lo que pudo. Pero Carlos, con sólo un dedo comenzó a rozarle la vagina.
A pesar de que Adriana se oponía, en su interior, eso la calentaba. Le encantó sentirse presa y dominada por alguien. Y a pesar de que demostraba lo contrario con sus intentos de escape, comenzó a excitarse y muy rápidamente.
En unos minutos, ella era objeto de la masturbación más morbosa de la que soñó en su vida. Seguía recostada con el culo en alto sobre las rodillas de Carlos, sus movimientos seguían siendo de intento de escape, pero su boca dejaba escapar sonoros gemidos mientras el dedo de Carlos se introducía en ella y acariciaba exactamente su punto G.
Su orgasmo llegó muy pronto, y sus gemidos se transformaron en suaves quejidos mientras ella seguía profiriendo insultos.
-sos un degenerado, un hijo de puta aprovechador…ayyyy….ayyyy- exclamaba Adriana.
Sus manos se aferraron a las piernas de Carlos, el orgasmo fue arrollador e intenso, y por fin Adriana fue aquietándose sobre las piernas de Carlos.
-esta noche te quiero en mi casa, ¿me entendiste?- dijo él
-¿Cómo?, ¿para qué?- fue la inocente pregunta de ella
-vas a pasar la noche conmigo, vas a ser mía- dijo él
-Pero…¡no puedo!, ¿Cómo hago?- Adriana estaba desconcertada por lo que él imponía
-no se, te las arreglás, porque si no muestro las fotos, y te vestís para la ocasión, ¿estamos de acuerdo?- dijo Carlos mientras se ponía de pie
Adriana se acomodaba sus calzas mientras asentía, en realidad estaba excitada aún, y no le había alcanzado ese rápido orgasmo al que había sido sometida.
No había alcanzado a irse Carlos cuando sonó el teléfono, era su pareja recordándole que ese viernes se juntaba con sus amigos, llegaría muy tarde, y le preocupaba que ella se quedara sola.
-no te preocupes, me voy a dormir a casa de alguna de mis amigas, nos vemos mañana- fue la respuesta de Adriana, que ya en su interior comenzaba a imaginar la clase de noche a la que sería sometida.
Esa noche y mientras ella se preparaba, sentía una extraña mezcla de excitación con enojo. Sus valores morales la hacían dar ganas de moler a golpes a Carlos, pero la realidad de su cuerpo era otra, pues era precisamente su cuerpo un objeto de deseo para su vecino. Y eso no le desagradaba.
Si alguien hubiera observado sus preparativos, no habría entendido nada, pues mientras se colocaba la diminuta tanga, insultaba a viva voz a su vecino, mientras se colocaba la corta falda, también insultaba. Decidió no ponerse el corpiño, en cambio si una remera ajustada. La realidad era que disfrazaba sus ganas de entregarse con insultos y gestos de impotencia.
Eran las once de la noche, cuando Adriana llamó a la puerta de Carlos.
-huy, llegó mi bomboncito- dijo Carlos al atender
-¡no soy tu bomboncito!- respondió ella de muy mala forma
-me encanta así, que te enojes, después te vas a arrepentir- amenazó Carlos
-no me voy a arrepentir, es más, hacé de mí lo que quieras, no pienso colaborar- exclamó ella
Carlos se hizo a un lado para dejar pasar a Adriana, cuando ella sintió como se corría el cerrojo, ella quiso replantear la situación.
-Carlos, hablemos por favor, no quisiera…-la frase quedó inconclusa en el aire
Él se abalanzó sobre ella, la llevó contra la pared, ella quiso zafarse, sus fuerzas no le alcanzaron, pues rápidamente él le inmovilizó sus manos en alto contra la pared, a él le alcanzaba una sola mano para abarcarle ambas. Con la otra comenzó a tomarle el rostro para intentar besarla, pero ella resistió los ataques, movía su cabeza de uno a otro lado. Carlos llevó su mano a la entrepierna de ella, que las cerró con fuerza una vez más para impedirle las acciones. Carlos comenzó a acariciar las piernas de Adriana, sus manos se deslizaban hacia los muslos, llegando a tocar los glúteos de Adriana
-soltame impotente de mierda- dijo ella agresivamente mientras intentaba moverse
La mano de Carlos tomó una de las nalgas de Adriana y la apretó con fuerza.
Ella se quejó, y él aprovechó para darle un efusivo beso, que ella al principio intentó evitar, pero él ya mordía suavemente la comisura de los labios de ella, las barreras de Adriana caían rápidamente, la tentación y el deseo le ganaron por un instante y ella cedió. Respondió el beso, pero rápidamente se rehizo
-¿Qué pasa?, ¿te gustó el besito?- dijo él
-no…sos un cabrón, un delincuente que tiene que obligar a las mujeres para coger- exclamó ella
-te prometo que cuando llegue el momento, vos me vas a rogar que te coja- predijo él
-jamás…te vas a quedar con las ganas- respondió Adriana.
Pero la realidad era otra, pues cuando él buscó un nuevo beso, ella respondió efusivamente. Aún con las manos inmovilizadas, aunque ya no era necesario que Carlos hiciera fuerza alguna, pues ella ya era cautiva del poder, de la morbosidad, y de lo excitante que era para ella el entregarse a otro hombre.
Mientras el beso se producía, Carlos deslizó su mano por debajo de la remera de Adriana, las tetas de ella fueron presa fácil, los redondos pezones se revelaron erectos, y los dedos de Carlos comenzaron a apretarlos suavemente.
Culo
-soltame hijo de puta- dijo muy suavemente ella
Un nuevo pellizco suave, hizo que ella lanzara un dulce gemido.
-ayy, ¡no me hagas esto!- rogó ella
-vos no querés que me detenga- dijo él
Ella no respondió. Carlos la tomó de la nuca y con un movimiento le indicó cual era su deseo. Ella sin oponerse comenzó a agacharse. A Adriana no le agradaba el sexo oral, le costaba hacérselo a su marido, pero ahora era distinto, ella sabía que los deseos de Carlos eran simples órdenes para ella. Apresuradamente comenzó a desprender el pantalón de Carlos. La verga se mostró tremendamente dura, ella la recorrió con su dedos, una nueva presión de Carlos en su nuca y ella abrió levemente su boca, un resquicio de sus valores aún ejercían cierta resistencia, pero la fuerza, la dominación que él ejercía hicieron que ella terminara por introducirse la verga en la boca.
mamada
El sabor de lo prohibido hizo que ella rápidamente se entregara con pasión a esa pija, ahora era su única realidad, su lengua así lo demostraba mientras suavemente rozaba la cabeza del miembro de su dominador.
-te dije que te iba a gustar esto- dijo Carlos gozando de las acciones de Adriana.
Ella una vez más evitó responder, sus dedos en cambio comenzaron a juguetear en torno a los testículos de Carlos, mientras la verga se ponía a cada instante más y más dura.
Carlos la tomó de los cabellos, la hizo volver a incorporarse, y mientras la miraba fijamente a los ojos, la apoyó contra la pared. Adriana estaba sobrepasada, totalmente a merced de él, quien le hizo levantar una de sus piernas, poco demoró Carlos en hacer a un costado el hilo de la tanga. La penetración fue instantánea y tremenda para Adriana. Abrió sus ojos de forma desmesurada.
-ayyyy, despacito…me hacés doler- dijo ella
Carlos dio un tremendo empujón, la verga llegó hasta el fondo. Como respuesta ella se tomó fuertemente de los hombros de Carlos, que dio una nueva arremetida.
Apoyada en la pared, cogida como en sus sueños más ocultos, ella se dejó remontar en el placer y el dulce sabor de sus fantasías. Carlos con su mano la tomó de la otra pierna y la elevó en el aire. Ella apoyada contra la pared, pero sus piernas rodeando a Carlos, entregada súbitamente al placer prohibido, sintió como el tropel de todos sus sentidos la inundaban, ese poderoso miembro la penetraba a placer y ella era repentinamente la puta que anhelaba ser en sus sueños. Sus jadeos así lo demostraban
-si…hijo de puta…aprovechador….cogeme así- dijo ella sin el más mínimo control sobre sus palabras.
Carlos continuaba arremetiendo, ella hacía suaves movimientos para responder a su eventual amo.
El orgasmo fue enorme y poderoso, como ella hacía mucho tiempo no sentía. Carlos continuó penetrándola por unos instantes mientras ella temblaba y gemía por el orgasmo del que era presa.
Cuando ella pensaba que todo finalizaba, Carlos la alzó en sus brazos, y la llevó hasta su dormitorio.
-¿querés más?- dijo ella asombrada
-¿estás acostumbrada a solo un polvito?- dijo él
Rápidamente ambos se desnudaron y ella sonrió como única respuesta mientras él la depositaba sobre su cama.
La colocó de costado, Carlos se colocó detrás de ella, una nueva penetración la hizo lanzar un quejido de placer.
cogida
En esa posición, que personalmente ella nunca había practicado, Adriana pudo disfrutar de sentir por completo las duras penetraciones, más lentas pero mas extensas, ella terminó por desplomarse sobre el colchón, que olía a sexo, olía a infidelidad, olía a Carlos. Un nuevo y rápido orgasmo coronó la situación,
Se maravilló de sentir como esa verga la llenaba de semen, como Carlos vibraba a la par de que liberaba potentes chorros de lo que para ella era el mayor premio. Por fin ella quedó inmóvil, recostada y satisfecha.
Carlos continuó pegado a ella, haciéndole sentir aún su verga contra su cuerpo. Unos minutos permaneció en silencio, luego ella se giró, lo besó en la boca y luego se apoyó en el hombro de él
-esto fue tremendo, sos mi primera infidelidad- dijo ella
-¿de verdad?, no te creo- exclamó él asombrado
-¡yo todavía no lo puedo creer tampoco!- dijo suavemente ella mientras apretaba su cuerpo contra Carlos.
-veo que no será la última- agregó él
-espero que no…espero que no-
Carlos no se imaginaba lo que se aproximaba a su vida. ¿se arrepentiría?, ¿se maravillaría?.
Eso lo sabremos en las próximas entregas.
Fin parte uno.