Relato real - Alejandra, esposa infiel

Relato real
Alejandra, esposa infiel

Este relato es completamente real, los protagonistas son reales y hasta el auto negro es real. solo cambié los nombres obviamente.
Alejandra decidió que esa noche se juntaría de todas formas con sus amigas. A pesar de que su esposo se había opuesto, y la discusión había sido acalorada, se vistió sexy, pero solamente para combatir el mal necesario de toda mujer.
-No puedo permitir que las chicas me vean desarreglada- pensó para sus adentros.
Decidió ponerse el vestido negro nuevo, le llegaba apenas por arriba de las rodillas y unas sandalias altas. El pelo suelto le daba un aspecto más jovial y rebelde.
Sus ex compañeras de la secundaria, con el viejo cuento del aniversario de su promoción, decidieron juntarse en gran pub de la ciudad.
puta
Un gran barullo le dio la bienvenida al local, y mientras esperaban que se completara la lista de las que asistirían esa noche, comenzaron a beber para combatir el calor.
Esa noche no eran las únicas que asistirían a festejar aniversarios. Otras mesas, algunas ocupadas por todos hombres también festejaban igualmente. Y precisamente desde una de ellas un tipo atrajo la atención de Alejandra. Se lo veía en buena forma, y si bien estaba sentado, se adivinaba por su aspecto que se conservaba mucho mejor que sus compañeros de festejo.
El tipo en cuestión no dejaba de mirarla, lo que incomodó un poco a Alejandra, pero ella no podía dejar de observarlo de reojo. Incluso una de las ex compañeras de Ale advirtió lo que sucedía, por lo que comenzaron las charlas compinches entre ellas.
-como te mira ese morocho- le dijo Viviana, la compañera de Alejandra.
-¡está refuerte!- dijo Ale
Lo que ella no advertía era que debido al alcohol, que si bien nola había emborrachado, si la había chispeado lo suficiente como para no advertir que estaba hablando demasiado fuerte.
-te está comiendo con la mirada- exclamó vivi
-esperá que lo agarre y me lo como yo a él- respondió Ale, provocando la carcajada en su ex compañera.
Ale tampoco advirtió en forma conciente que de pronto había comenzado a ponerse nerviosa, de pronto su cabello le molestaba y con sus dedos insistía en acomodarlo. Sus labios se resecaban, por lo que su lengua como si tuviera vida propia los recorrían para impedir esa rara sensación. A cada instante el tipo la miraba más insistentemente.
Los nervios de Ale hicieron que comenzara a sentir la necesidad de ir al baño, le iba a pedir a Vivi que la acompañara, pero decidió no molestarla, pues estaba entretenida conversando con sus amigas.
A penas se levantó, el tipo la siguió con la mirada que ella lo advirtiera, pues el leve mareo que Ale percibió apenas se puso de pie la mantuvo un poco ocupada por unos segundos. Apenas se recompuso, comenzó a caminar de forma un poco sexy, aunque una vez mas inconcientemente, ella estaba totalmente modificada por la mirada de ese desconocido, que debía reconocerlo, la estaba calentando de manera insospechada.
Alejandra entró en el baño que estaba totalmente desierto, ocupó un cubil desocupado y se demoró un poco más de a cuenta.
-¡frenate un poco Alejandra!, sos casada, no podés calentarte con el primero que te mira- se dijo a ella misma.
Luego de retocarse un poco el aspecto, comenzó a recorrer el largo pasillo que separaba los baños del salón. De pronto se dio cuenta que el desconocido recorría el camino inverso, pasaba frente al baño de hombres y se dirigía directamente hacia ella.
-decime tu nombre o me suicido acá mismo- dijo el desconocido
-Alejandra- dijo sorprendida ella
-Mario, mucho gusto- dijo el tipo
El suave beso en la mejilla, o quizá el perfume, o simplemente la altura y la apariencia de macho cabrío la sedujeron al instante, y todo el proceso en el baño con el cual Alejandra buscaba frenar su ímpetu cayó por el piso.
-dejame invitarte a tomar algo- rogó él
-¡no!, soy casada- respondió ella
-decime el nombre de tu esposo- exclamó él

-¿para que querés su nombre?- pregunto sorprendida Alejandra
-para matarlo, así te libero del tonto que te deja salir sola- Mario esbozó una sonrisa que a Alejandra le pareció súper sexy.
-ayyy, tonto- dijo Ale mientras buscaba continuar su camino.
A cada instante que pasaba, Ale se sentía más atraída, para colmo el alcohol que había tomado, había cambiado un poco de lugar las barreras de contención de Ale, por lo que cuando quiso pasar junto a él, la tomó por sorpresa, y le dio un rápido beso estilo “piquito”.
Ella reaccionó sorprendida
-¿Qué te pasa estúpido?- dijo ella cuando en realidad habría querido lanzarse sobre él
Eso Mario pareció percibirlo, por lo que cuando ella quiso lanzarle una bofetada, él la tomó de la muñeca, y con fuerza pero con delicadeza la llevó contra la pared. Allí el beso fue enérgico, y ella dejó que él le comiera la boca. Alejandra no pudo evitar enredar sus propia lengua con la de él, mientras sentía como Mario la atracaba con fuerza contra la pared, sintió como su duro miembro se apoyaba contra ella, y como sus propias tetas eran apretadas contra el pecho de él.
-pará por favor, soy casada, no puedo hacer esto- dijo ella suavemente.
-si que podés- dijo él mientras desaforadamente le besaba el cuello.
La verdad es que hacía demasiado tiempo que a Alejandra ni siquiera su esposo la sometía una escena tan caliente como esa, y mucho más contra una pared.
-dejame, te lo ruego- exclamó ella muy suavemente y al límite de sus fuerzas.
-no te dejo nada- dijo simplemente él.
Las manos de Mario se apoyaron en los suaves pechos de ella, que reinició la débil lucha por resistir ese encuentro. Pero una de sus manos fue tomada por él, que sin miramientos se la llevó a su propia entrepierna.
-¡no, por favor!- exclamó ella retomando el papel defensivo
-sentí lo que tengo para vos- le dijo él mientras lograba forzar la mano de ella
Alejandra intentó mantenerse, pero finalmente y como si su mano tuviera vida propia, terminó agarrando la ya dura pija, apretándola con suavidad.
-no me hagás esto- rogó ella
-esto y mucho más, vamos a un lugar más tranquilo- propuso Mario.
-no, pará, ya fue suficiente- dijo Ale mientras lograba desembarazarse de él
-te espero afuera, en el auto negro debajo del árbol del estacionamiento- dijo Mario mientras ella se alejaba.
Alejandra no podía creer lo que había vivido, su cabeza daba vueltas, su corazón latía acelerado, y su excitación se había disparado como un potente cohete hacia la estratosfera.
-¿Qué te pasó mujer?, ¿Por qué estás tan colorada?- le preguntó su amiga cuando ella llegó a la mesa
-¡no sabés!, ¡me encontré a Mario en el pasillo del baño!- exclamó en voz baja Alejandra.
-¿Quién es Mario?- preguntó Viviana
-es él- dijo Ale mientras señalaba discretamente a Mario que ya se dirigía a la puerta de salida.
-¿Qué pasó?, ¡contame ya!- dijo Vivi entusiasmada
-me espera afuera, quiere que vayamos a un lugar más tranquilo- exclamó Alejandra
-¿y que esperás?- dijo Viviana
-¿Cómo me voy a ir?, ¿y si me pesca mi marido?- la cara de Alejandra se trastocó en entusiasmo
-tu esposo no sabe donde vivo, decile que te quedás en mi casa, que tomaste demasiado, después apagá el teléfono y listo- propuso la amiga
-sos una genia, por eso siempre te quise- dijo Ale que ya se ponía de pié entusiasmada
Apenas salió del salón, Alejandra divisó el coche negro, debajo del árbol, unos vidrios oscuros le impedían ver si Mario estaba en el interior. Se acercó dubitativa, hasta que las luces se encendieron y apagaron rápidamente. Alejandra apuró el paso y con premura se introdujo en el habitáculo.
Mario se abalanzó sobre ella con fervor, y ella se dejó avanzar. Las manos de él recorrieron generosamente las tetas de ale que no pudo menos que dejarlo hacer mientras sus bocas se unían en generosos besos.
-vámonos de acá- dijo él
-¿Dónde?- preguntó ella entre nerviosa y excitada
-acá cerca vamos a estar mas tranqui- dijo él que ya salía del estacionamiento.
En menos de cinco minutos el coche se introducía en un motel cercano. Alejandra ya totalmente excitada parecía una novia a la que llevan por primera vez a un lugar así.
-no lo puedo creer- dijo sonriendo ella
Mario la miró, ya la imaginaba desnuda, y si cabía, se le puso aún más dura la verga.
Apenas abrieron la puerta de la habitación, él nuevamente la tomó, esta vez por la cintura, ella complaciente pasó sus brazos por el cuello de él, el beso fue profundo, apasionado y muy lento, lo que hizo que ella cayera definitivamente en las redes de él.
tetas
Las hábiles manos de Mario desataron los breteles del vestido de Ale, que inmediatamente la dejó con sus bellos pechos cubiertos únicamente por un diminuto corpiño.
-¡que buenas tetas que tenés!- exclamó él
Si había un resquicio de pesar en Ale, se evaporó al instante, pues hacía demasiado tiempo que no se sentía digna de caricias y mimos como los que Mario le propinaba. Cuando él acercó sus labios a los redondos pezones, ella no pudo menos que acariciarle la nuca. La suavidad con la que él se manejó, elevó a Ale a los cielos del placer. La lengua apenas hacía contacto con sus aureolas y ella ya lanzaba suaves gemidos. Los labios apretaron dulcemente uno de sus pezones y ella con pasión atrajo la cabeza de él aún más contra ella.
Ahora las manos de Mario continuaron bajando el vestido hasta que finalmente cayó al piso. Una diminuta tanga quedaba como única referencia de la vestimenta de Ale. Inmediatamente Alejandra imitó a Mario y comenzó a desprenderle el pantalón, que rápidamente fue descartado por su dueño. Alejandra se sorprendió de que él no usara ropa interior.
Desnuda
Prontamente superó la sorpresa, pues sus manos volaron a la verga que se exhibía ante ella. Ahora fue Mario quien tomó la iniciativa. Y con la inmediatez que la situación demandaba la recostó sobre la cama. Instintivamente ella abrió sus piernas, y Mario colocó su verga contra la vagina, apoyándola con fuerza. Únicamente los separaba la tanga de Alejandra que ya gemía con fuerza. Mario la tomó por las muñecas, y las apoyó por sobre la cabeza de ella, dejándola con todo su esplendoroso cuerpo a su merced.
Comenzó por el cuello, dando pequeños y rápidos besos, fue bajando lentamente por en medio de las tetas, llegó al vientre, con su lengua dio suaves rodeos en torno al ombligo de Alejandra, que mezcla de cosquillas y tremendo placer emitía dulces risas a la par del movimiento de su propio abdomen. Pero Mario no se detuvo y continuó bajando. La lengua pareció dirigirse directamente a la vagina, pero a último momento dio un giro hacia los aductores de ella
-no, por favor…dale- rogó Ale
Mario sonrió y mientras deslizaba suavemente la tanga hacia un costado posó su lengua sobre el clítoris. Alejandra dio un ligero sobresalto, acompañado por un profundo suspiro. Uno de los dedos de Mario acariciaba los labios vaginales, mientras con la otra mano buscaba el orificio anal para ocuparse de ambos lugares a la vez. Fue simultáneo, un dedo se introdujo en la vagina, el otro hizo presión en el culo, mientras la lengua acariciaba el clítoris. Ale lanzó ahora un profundo quejido. Era demasiado, todo junto le proporcionó un placer desconocido, indescriptible, y su boca totalmente abierta y sus ojos cerrados apretadamente así lo expresaban. La Lengua de Mario atacaba ahora con fervor el clítoris y Alejandra se encontró de pronto a las puertas de un inmenso orgasmo. Abrió sus ojos, se miró en el espejo del techo. Jamás se había visto a sí misma como en esa imagen. Recostada sobre la cama boca arriba, y con un hombre que no fuera su esposo ocupándose de ella. Se sintió una reina junto a un lacayo, pero a la vez una adolescente en manos de un experimentado playboy.
El intenso orgasmo la enredó en su telaraña, su cuerpo temblaba, sus piernas se contraían y sus manos fueron directo hacia la nuca de él. Ella no quería que se saliera jamás de entre sus piernas. Sus gemidos y quejidos se elevaron intensamente y se extendieron por demasiado tiempo para ella, por los que cuando Mario se detuvo, para Alejandra parecía llevaba acabando una eternidad.
Acto seguido Mario la miró fijo a los ojos, ella quedó como hipnotizada, respondiendo esa mirada fijamente. La verga se posicionó contra la ya totalmente lubricada vagina. Mario hizo una leve fuerza, por lo que introdujo sólo la cabeza de su verga. Alejandra no daba más del placer, parecía a punto de explotar.
-¿te gusta ahí?- preguntó dulcemente él
-me encanta, haceme tuya- respondió ella
Mario realizó lo que para Alejandra fue una proeza, primero se recostó contra ella, por lo que ella lo abrazó, luego él pasó sus manos por debajo de la cintura de Alejandra, y se enderezó. Ella quedó trepada a él, y por su propio peso era totalmente penetrada por Mario. Ella se creyó desfallecer. Sus sentidos estaban inundados, el placer de Ale era desbordante e inmediatamente reinició el orgasmo, sus brazos se aferraron, su boca emitía gemidos, jadeos y quejidos a diestra y siniestra. Para colmo Mario la sostenía del culo y ella se entregó completamente y sin reservas a su amante.
El segundo orgasmo fue extenso e intenso. Y ella finalmente rompió a llorar de placer, cuando Mario acabó en su interior, ella sintió plenamente el semen deslizarse por su cuerpo. Definitivamente había conocido el placer…el verdadero placer.
Poco a poco los cuerpos fueron aquietándose. Y finalmente Mario la depositó sobre la cama, para luego recostarse a su lado.
-nunca en mi vida me hicieron gozar tanto- dijo Ale
-sos un bombón, una diosa- respondió él
Alejandra se admiró de que encima de que todo el trabajo lo había hecho él, le agregaba un halago hacia ella. Volvió a comparar los rápidos y secos polvos de su matrimonio con las proezas realizadas por este semidios que se había cruzado en su camino.
-vos sos un dios, a partir de ahora soy tuya…definitivamente- dijo ella mientras su pierna se cruzaba sobre el extendido cuerpo de su nuevo dueño.
Cuando Ale llegó a su casa, su marido dormía, y para su propia sorpresa no sintió pesar ni culpa, muy al contrario, ella ya esperaba con desesperación su próximo encuentro con Mario.
FIN



Culomamadacogida
ama de casa
dominada
Relato real - Alejandra, esposa infielputa