Gran relato.....

AMO A CARLA, MI PUTITA CON PIJA

Esta es mi historia con Carla, una diminuta putita de 34 años a la que conocí en un boliche de Olivos llamado “Noi” hace muchos años y que ya no existe, y que resultó ser la más salvaje y dulce a la vez que fue mi amantita adorada durante 13 años.
No me importa si al leerla me creen o no, lo que me importa es rendirle mi recuerdo y mi amor sin límites a esa criaturita, esa diosita infernal con la que cojimos como animales esos 13 años, hasta que un desencuentro me hizo perderla, y cada vez que pienso en ella, la sigo amando, la extraño, y mi pija todavía se para como una estaca y le dedico varias pajas descomunales como si la tuviera debajo mío, porque la adoré y todavía la adoro. Me gusta recordarla así, y talvez a algunos esto que contaré les produzca el mismo placer morboso que a mí. Hubiera pasado mi vida cojiéndomela, pero el destino dijo “no”. Pero todavía espero que la vida me la vuelva a traer, ahora tendrá unos 65 añotes y estará todavía más divinamente hermosa y puta que cuando éramos amantes…

Durante muchos años yo me había cojido a cuanta puta pude, me gustaban todas: chiquititas, grandotas, tetudas, lisitas sin tetas como varoncitos, maduras blandas y carnudas, pendejitas de cuerpos duros, pendjitas con caritas de atorratas, pero siempre elegía a las más putas, las más degeneradas y complacientes, porque con ellas podía gozar de todas las cosas que aprendí, que son muchas, no las detallo ahora, podrán ser el motivo de otro relato si este gusta a los que lo lean.
Buscando probar otras cosas en mis cojidas, algunas veces me cojí a traviesas, esas putas especiales que tienen pija y son “todo en una”, pero casi ninguna me satisfizo. Esas hembras con pija tienen un encanto muy distinto, algunas son tiernas y mariconcitas como minitas, otras son machas infernales degeneradas, otras son malditas y aprovechadoras, y unas pocas son nenitos putos, divinos y sumisitos, pero muy difíciles de conseguir. Por eso, tenía pendiente encontrar alguna vez a mi “puta especial”, la “pijuda amada” y anduve por todos los lugares donde están, sin tener suerte. No soy puto, me gustan las hembras, pero quería cojerme a alguna muy especial que fuera como una mina pero que tuviera pija, probar su doble cualidad de mujer y de pijuda al mismo tiempo, y talvez que “ella” me cojiera a mí. Nunca me cojió una de ellas, pero deseaba encontrar a la que entregaría mi culo a fondo.
Las pocas veces que me cojí a alguna traviesa, me deliraba el momento en que “ella” sacaba su pija escondida bajo la tanga, siempre las hacía que la sacaran y me la mostraran al final, para descubrir el tamaño, la forma de la cabeza, los huevos, y verla cómo se la amasijaba hasta ponerla dura, y finalmente gozar viéndola tirarse una pastosa acabada sobre mi cuerpo mientras yo le regalaba mi leche sobre el de “ella”. Quería encontrar una así, bien degenerada pero al mismo tiempo hembrita.
Y al final, la encontré, y esto es lo que sucedió, cómo la conocí, cómo nos enamoramos y nos hicimos amantes sin límites.

Se llamaba Carla, por supuesto ese era su “nombre de guerra”, después supe que se llamaba Norma Díaz, pero para mí siempre fue y será Carla. Si por una suerte, este escrito mío le llega, espero que vuelva a mi vida para amarla, cojerla, hacerla de nuevo mi Amantita Hermosa…
Carla era realmente muy especial, tanto que en cuanto la vi me calentó como ninguna, y cuando me la cojí y supe cómo era, me enamoré perdidamente de ella y la hice mi amante durante 13 años, hasta que un desencuentro inesperado me hizo perderla, aunque guardo de “ella” un recuerdo especialísimo. Desearía que Carla, esté donde esté ahora, pudiera leer mi relato y me desee como yo la deseaba a ella y me la cojía en todas las formas imaginables, y le pediría que me dedique varias de sus acabadas, de esas que la hacían retorcerse a los chilliditos roncos como una pequeña demonia, hasta quedar agotada y feliz.
Esa noche que conocí a Carla era invierno, hacía frío, llovía y con ese mal tiempo no había casi nadie en el boliche de Olivos al que fui, por lo que no esperaba hallar a semejante divina putita. Yo iba a “Noi” frecuentemente a buscar putas complacientes, tenía varias conocidas ahí porque las que había eran sumamente sumisas, no se negaban a nada, sabían ejercer muy bien su oficio de putas y se dejaban hacer todo lo que yo quería. No eran putas finas, sino pendejas de la calle, atorrantitas perversas y sabedoras de las mil maneras de satisfacer a un macho, y podría asegurar que en ninguna otra parte yo encontraba a esas diosas del sexo total y complaciente. Eran putas a las que les gustaba ser putas, bien putas, como todas deberían ser, y gozaban entregándose así. Su placer y su orgullo era dejar agotado y contento al macho que las elegía y se las cojía.
Esa noche había algunas otras putitas, pero Carla era nueva en ese local y, según la costumbre en esos lugares, por eso fue la primera que se me acercó, con su vocecita ronca y su tamañito minúsculo, casi de nena.
A pesar de la escasa luz, en una sola mirada la fiché y lo que vi me gustó: Carla no tenía nada de tetitas, era diminuta, morenita, casi negrita, flaquita y lisita como un pendejito de 11 años, estaba encaramada sobre unas botas negras de tacos altísimos y caminó hacia mí haciendo equilibrio, pero la medí con la vista y calculé que descalza en patitas no llegaba al metro con 40 centímetros y debía tener unas patitas preciosas por lo diminutas. Me deliran especialmente las putitas chiquititas, minúsculas, con patitas diminutas, pendejas lisitas sin tetas como varoncitos, lo que me despierta el morbo de estarme cojiendo a un pendejito de 12 o 13 años. Particularmente me excitan las de piecitos chiquititos y finitos, que yo llamo “patitas”, subidas sobre altas sandalias que dejan ver sus patitas casi desnudas. En esos cuerpitos pequeños y angostitos les clavo mi pija llenándoselos y siento que cuando me las cojo las dilato por dentro sacrificándolas como esclavitas, sometiéndolas y haciéndolas bramar desesperadas cuando les meto mi pija, y ellas se la tienen que aguantar porque para eso son putas, les pago bien y hay muchas a las que les gusta ser putas y cojer.
Y Carla era la puta más pequeñita que había visto en mi vida, por lo que con su estatura minúscula y su diminuto y delgado cuerpito, me excitó tremendamente, me la imaginé cojiéndomela, con ella agarrada de la cama con las uñas y rajando las sábanas del dolor, sufriendo y aullando, aguantándome mi pija a fondo, que parada mide más de 25 centímetros de larga y tiene casi 7 centímetros de gorda cuando la tengo al repalo total. Pocas putas me aguantaban tamaña pija, algunas me la tenían que chupar y comer o pajiármela con las manos para sacarme las acabadas porque no les cabía en la concha, y mucho menos por el culo, por eso una putita pequeñita como Carla me excitó más que ninguna. La quería tener clavada por mi pija y aullando, a lo mejor hasta se la podía enterrar por el culo sometiéndola infernalmente como una esclavita. A las chiquititas siento que las someto más, y especialmente por el culo, dominadas como esclavas, todas desnudas como hembritas de las cavernas a las que los machos se cojen a lo animal sin que ellas se puedan escapar, agarrándolas de los pelos y de la cintura al clavarlas contra la cama, o mejor todavía, contra el duro suelo. Me encanta que las putas sean gritonas, ya sea porque a ellas les gusta gritar, o porque saben que gritando y haciéndose las destrozadas por mi pija me excitan más, y esas son las mejores, las que gozan siendo cojidas, lo demuestran y me hacen sentir que son totalmente mías y les invado el cuerpito con mi pija.
De Carla me gustó también su vocecita ronca de fumadora –fumaba cigarrillos negros fuertes, la suya era casi una voz de machito. Me enamoraron inmediatamente también sus ojitos negros brillantes y vivaces, el pelo cortito como un varoncito de 11 años, y su carita de pendeja, toda pintada en los labios y en los ojos, como una putita cabaretera. Era una mezcla de chico y de nena, y eso me despertó el perverso deseo de imaginarla como un pendejito virgen, preadolescente y tiernito, al que desvirgaba y le clavaba pija sometiéndolo y atravesándolo hasta hacerlo mi putito. Me encantaba la idea de poder cojerme alguna vez a un pendejito así y tenerlo como mi putito.
Más tarde supe que Carla tenía entonces 43 años, pero no los representaba, era una hermosa putita madurita que justamente por su edad y su aspecto de depravadita me hicieron pensar que era experta, que sabría y se dejaría hacer todo lo que yo quisiera, así que apenas la vi, mientras la oía hablarme, decidí que me la cojería esa misma noche. No recuerdo de qué me habló, pero me fascinó su vocecita simpática, sus ojitos brillantes y su tamañito minúsculo, y todo de ella me puso la pjja al palo en segundos.
La contraté para toda la noche, diría que la compré como una animalita para el placer, ofreciéndole pagarle lo que me pidiera. Carla aceptó entusiasmada pero no me quiso cobrar más que las otras putas de ese lugar que me había cojido otras noches. Era de las que tenían el código del oficio, como muy pocas de las de ahora. Pagué por ella por toda la noche para que no tuviera que volver al boliche, pero por las dudas, antes le avisé que tengo una tremenda pija y le pregunté si estaba dispuesta a que se la clavara entera y aguantármela.
Carla fue desde el principio muy franca y directa conmigo, me miró directo a los ojos, se rió y me dijo que se la iba a aguantar como fuera, que era buena puta, que podía alojarse una pija bien gorda y que sabía hacerlo, que estaba segura de que ella me iba a gustar y me iba a hacer pasar un buen rato y gozarla a fondo, así que la “compré” con gusto y me la llevé al hotel más cercano, donde tomé la mejor habitación para toda la noche. Carla, casi una enanita, me hacía presentir que a ella me la iba a cojer como a ninguna. Ya presentía que la iba a adorar por el resto de mi vida.
Entramos a la habitación y me preparé para gozármela a fondo hasta la mañana siguiente. Me desnudé en instantes, dispuesto a arrastrarla a la cama, pero Carla no se desnudó, apagó las luces, diciéndome que así me calentaría más, cojérmela a oscuras y que después podría verla toda desnuda, pero que al principio quería hacerme tocarla y sentirla toda sin verla, para que imaginara su cuerpito, como un misterio que ella me entregaba, y que así me iba a gustar más. Le hice caso, me puse en bolas, con la pija como un mástil, de espaldas a Carla para que no me viera todavía el tamaño que tiene, y me acosté de espaldas en la enorme cama para recibirla y ensartarla, mientras ella se desnudaba rápidamente en la oscuridad, riéndose siempre y diciéndome cosas que me excitaban cada vez más. Me gustó además eso de cojérmela a oscuras porque la pobrecita puta no me podía ver mi espantosa pija al palo, y cuando la sintiera clavándosele, sería tarde y no iba a poder hacer nada por impedirlo, la iba a empalar costara lo que le costara, y ella había prometido aguantarse lo que fuera. Carla siempre tenía buen humor, jamás la vi enojada ni con mala onda, y decía las cosas más lascivas con gran naturalidad, era una putita de alma y le gustaba ser así. Había nacido para ser puta, después, cuando la conocí más, me contó todo de su vida y yo a ella de la mía. Con Carla siempre pude desnudar mi alma, con ella yo estaba en bolas de cuerpo y alma, no teníamos secretos ni tabúes, y pude ser y hacer todo lo que sentía y quería, hablaba con ella de absolutamente todo y pude hacer con ella todo lo que siempre ansié y mucho más, y ella era igual conmigo, por eso la amé y la adoré y la hice mi amantita. No sólo nos entregábamos los cuerpos sino todo nuestro ser, jamás conocí a otra con la que me sucediera eso.
Ya en la cama, sentí el cuerpito caliente y áspero de Carla poniéndose encima del mío. Tenía una piel divinamente áspera y levemente peludita en la cintura y en la espalda. La palpé toda sintiendo su cuerpito minúsculo sobre el mío, y me di cuenta que no se había sacado la tanga. Mejor, pensé, ya te la voy a arrancar yo!.
Y tendida arriba mío, su boca buscó la mía y me dio un chupón de lengua con saliva que terminó de hacerme adorarla como a ninguna otra puta que me hubiera cojido. Me agarró los pezones con ambas manitos y me los tironeó mientras me metía su lengua áspera de gata llena de saliva espesa y con espuma y me la hundía hasta el paladar, me la revolvió adentro pasándome chorros de su espesa saliva untándome con ella haciendo globitos y ruidos CHUUPPP. Me gustó el tironeo de tetas que me hacía, eso a mí me pone a mil, y Carla pareció adivinar mis gustos desde el primer momento porque se me prendió de los pezones con furia, tirándomelos como tratando de arrancármelos. Con ella tuvimos siempre una especie de intuición o adivinación de lo que el otro deseaba, y por eso la amé sin límites y la gocé siempre con desesperación, y ella a mí. Enloquecido con mi minúscula putita prendida de mis pezones, le pedí más tironeos, que me los arrancara y me los mordiera sin piedad, y la pequeña putita se me prendió con furia de mis pezones con sus deditos y sus uñas, estirándomelos como para arrancarlos, y en seguida me los mordió con sus dientecitos afilados haciéndome bramar de ese tremendo placer que me da el dolor estando al repalo con una puta que me lo sepa hacer. Al mismo tiempo, Carla me escupía saliva pastosa que me bañaba el pecho y mojaba las sábanas, lo hacía con ruidos de chupones y me puso loco. Entre mordida y mordida, me susurró que a ella le encantaba hacer eso, y así fui descubriendo que con Carla éramos tal para cual, y que nos producían placer las mismas degeneradeces, mientras más perversas mejor. Ese dolor de las mordidas es suficiente para que la pija se me pare como un riel aunque me haya acabado varias veces. Además, Carla, entre mordida y mordida, me susurraba las palabrotas más putas que se conocen, o las inventaba, me reputiaba y me insultaba excitándome hasta un punto que jamás había conocido. Yo era su macho, su caballo pijudo, su putasote, su violador, su esclavo… me decía de todo, y muchas de sus palabras jamás las había oído en boca de una puta, Carla inventaba soeces nuevas, perversas y degeneradas al límite. Me encantaba oírla.
Sentía a Carla apretándose contra mi cuerpo y frotándose como una pequeña víbora, empezando a sudar encima mío y emitiendo rugiditos de loba, y luego me sacudió contra la cama chocando y golpeando su cuerpito contra el mío, haciéndomelo sonar como estampidos, mientras me lamía, me reputiaba, me escupía y me masticaba los pezones. Eso que Carla me hizo lo llamé después “la Aplastada”, y es una de las cosas que más gozo cuando me cojo a alguna puta, reventando sus cuerpitos contra la cama y a algunas contra el piso cuando se lo saben aguantan fuerte. Después talvez contaré más acerca de la Aplastada, o Estampada, se la recomiendo a quienes quieren sexo distinto y salvaje, aunque pocas putas se la aguantan. Carla en seguida empezó a bajar por mi cuerpo con su áspera lenguita untándome con su saliva, buscando comerme la pija, hasta que su boquita la alcanzó y empezó a mamarme la punta de mi tremenda pija al repalo.
Mi pija es grande, pero creo que esa noche estaba tremenda, y ahí Carla se asustó, la había prevenido de mi pija enorme, pero me di cuenta de que ella no creyó que fuera tan grande. La sentí paralizarse y tensarse al darse cuenta del pedazote que se metía en la boca, pero no dejó de comérsela y me la empezó a mamar sin dejar de tirarme de los pezones. Sumisa, atorranta, complaciente y degenerada como buena puta y dispuesta a todo, no dijo nada y comenzó a meterse mi pija en su boquita sorbiéndola con ruiditos y empapándomela con sus salivotazos, que me chorreaban y me mojaban hasta los huevos. Me encantan las salivotas de las putas que me chorrean y me empastan toda la pija mientras me la comen, cuando me dan chupones con su boca llena de mi acabada. Cuando Carla me mordió la pija con sus dientitos filosos como una perra hambrienta, pronto sentí que esa divina putita diminuta me la estaba tragando toda de a poco, apretándomela y masticándomela con sus dientes. Sentía los terribles esfuerzos que Carla hacía para alojársela toda en boca y garganta, y si todavía no adoraba a Carla, esas masticadas, esos salivotazos y esa tragada infernal definieron que me enamorara de ella para siempre. Por un momento se la sacó de la boquita llena de saliva, tomó aire porque se ahogaba con mi pedazote atravesado en la garganta, y murmuró: “qué tremenda y hermosa pija tenés, Papito, mi Putasote! eso no es una pija, es una pijotaza de caballo! cuánto mide ese pedazote? pero te prometí que me la voy a comer toda, te la voy a tragar entera, aunque me ahogue y me desencaje la mandíbula! todavía no he desperdiciado ninguna pijota por grande que fuera!”, y se la metió de nuevo sorbiéndomela con un salvaje CHUUPPP y me di cuenta de que esa pequeña gatita puta, desesperadamente prendida de mis pezones con las uñas, se la había metido entera en la bocuchita y dificultosamente me la estaba tragando, ahogándose, hasta que consiguió atravesársela entera en la garganta. Sentí cuando se la atravesó, se le incrustó ensanchándole la garganta y le taponó la entrada de aire. Nunca me habían hecho una tragada semejante, ni siquiera una divina negrita que se llamaba Fabiana que me ofreció garganta profunda y me la comió íntegra por primera vez, con la cabeza colgando en el borde de la cama hasta recibir toda mi acabada adentro. Sentí a Carla retorcerse encima mío, desesperándose y atorándose con toda mi pija metida hasta el fondo de su garganta, ahogándose y sin embargo haciendo esfuerzos por tragársela toda, pero cumplió su pacto y no se la sacó. La pobrecita pataleaba atragantándose y le salían ruidos espasmódicos, se sacudía en la cama retorciéndose como una desesperada y se me apretaba como si la estuviera matando, arañándome los pezones y tironeándomelos como una salvaje, pero cumplió lo que me había prometido y finalmente me la comió entera hasta el fin, prendida de mí con las uñas, totalmente engargantada, con mis huevos casi metidos en su boca, y recibió mi primera acabada a chorros pegándole adentro de su gargantita, sacudiéndose sin aire, asfixiándose, casi desmayándose, pero me la tragó con ganas, complaciente y obedientemente. No la podía ver en la oscuridad, pero la sentía sometiéndose al límite, cojida y completamente cojida clavada por la boca, la imaginaba con los ojos abiertos como platos y llorando su inmolación, pero me la aguantó entera lo que calculo fueron más de tres minutos para que le acabara adentro hasta que me vacié los huevos adentro de ella.
Recién entonces Carla se la sacó de la boca, chorreando mi monstruosa primera acabada, y respiró, jadeando y tosiendo, casi asfixiada por la tragada infernal que me había hecho, y cuando por fin pudo hablar, ronca, me dijo “te gustó, Papito? soy buena tragadora? cuánta pija me tragué? la tenés espantosa de grande! te juro que nunca me comí una pija así! sos un Pijotudo, mi amor! Sos un caballo repijudo, adoro esa pijota!” y entre medio de esas palabras entrecortadas, me escupía su espesa saliva mezclada con mi acabada, me bañó con esa pasta putísima de hembra sometida y gozada como una dócil bestiecita. Cuando me estaba por comer la pija, Carla me llamó por primera vez “mi Putasote”, y eso me encantó, ella me había convertido también en un putasote, como anticipándose a lo que sería yo también pra “ella.
Feliz con mi nueva putita, apenas pude contestarle “Sííí!!! putita mía, te tragaste más de 25 centímetros de pijota! Me hiciste el Engargantazo! Eso no fue una Garganta Profunda, sino un Engargantazo tremendo, espantoso! Sos una diosita, Carla, TE AMO, TE ADORO!!!” Aunque no la veía, sabía que Carla estaba sonriéndose, orgullosa de la tragada infernal que me regaló.
Realmente había sido la Garganta Profunda más espantosamente hermosa de mi vida, hecha por esa diminuta putita minúscula sin tetas, delgadita, sudada y todavía prendida de mis tetas con las uñas.
Carla, feliz con lo que le dije, me lamió amorosamente toda la pija, tragándose parte de mi lechotazo, me untó los pezones con su áspera lenguita pasándome en ellos mi acabada, mi descomunal acabotazo mezclado con su salivita, después subió por mi cuerpo con la lengua y me pasó en un divino chupón el resto de mi lechotazo junto con su saliva pastuda y rica, regalándome con sus CHUUUPPP. Al final, habiéndome limpiado la pija con su boquita, se desmontó de mi cuerpo, agotada y toda sudada como una yeguita puta. Me deliró sentirla así, toda salada, sudada, bien animalita. Agotada por el tragotazo descomunal que me había hecho, se me desmoronó de encima y se acostó jadeando al lado mío, todavía sin aire por el engargantazo infernal que casi la había asfixiado, dándome tiempo para que me recobrara de esa acabada descomunal, y esperó para una segunda o lo que quisiera hacerle.
La pequeña putita era muy complaciente, una terrible puta, además de caliente, y sabía lo que me estaba haciendo y esperaba más. Esa noche supe lo que había presentido: que a Carla le gustaba cojer como a ninguna otra puta que hubiera conocido, y en esa primera vez ya me lo hizo saber, era puta de alma y gozaba siéndolo y demostrándolo.
“Sos una terrible putita, Carla, te amo, te adoro!”, le repetía yo entre jadeos, y ella riéndose me contestó: “Y todavía te falta lo mejor, mi Putasote!”
Desde esa noche inolvidable, Carla me llamó así: “mi Putasote”, y lo hizo siempre desde esa cojida infernal, me encantó que me llamara así, y me di cuenta de que esa putita, una minúscula demonia del infierno, me había enamorado y de que yo quería seguir cojiéndomela toda la vida, y se lo dije: “Quiero que seas mi Putita, mi amor, mi Amantita puta, mi Hembrita, te adoro, Carla! vos sos mi Putita Diminuta y yo seré tu Putasote!”
Todavía tenía a Carla desnuda al lado mío en la oscuridad, no la había visto desnuda todavía, pero ya sabía que ahí terminó de conquistarme y enamorarme de ella para siempre.
En medio de su risa ronca, se levantó de la cama en un brinco, diciéndome: “Ahora vas a ver a tu Putita Diminuta desnuda, mi Putasote!”, y dando saltitos sobre sus hermosas patitas, de un golpe encendió todas las luces de la habitación.
Lo que entonces vi me dejó sin palabras.
Delante de mí estaba Carla, se había arrancado la pequeña tanguita negra y ahora estaba toda desnuda, morenita, negrita, parecía más diminuta todavía, con su pelo cortito de varón, unos duros pezonazos como nueces negras en un pechito liso y sin tetas, DIVINA. Al arrancarse la tanga negra, que era apenas dos tiritas que le ceñían la cinturita y tenían un minúsculo triángulo delante, UNA TREMENDA PIJITA AL REPALO SALTÓ COMO UN RESORTE DE ENTRE SUS MUSLITOS! Carla era una PIJUDITA, mi Putita Diminuta era una Putita con Pija! Se me había cumplido el deseo de encontrar y cojerme a una puta pequeñita, divina y CON PIJA!
Entonces “Ella” –porque siempre para mí, Carla fue una minita, una putita hembra pero con una divina y tremenda pijita, una “todo en una”– se paró encima de la cama con la pija al repalo saltando sobre sus diminutas patitas mostrándomela y sacudiéndola, y me miró fijo a los ojos, esperando mi reacción, pero percibí que estaba segura de que me gustaría el descubrimiento, y no se equivocó. Cuando pude hablar, dije: “Carla, sos divina, sos lo que siempre quise: una nena pijuda, una putita diminuta y con pija! sos una nenita-nene, una divina hembrita pijuda! no me lo habría imaginado nunca al verte, pero es la mejor sorpresa de mi vida! me has despertado los deseos más perversos, y te adoro así, Putita con Pija, mi amor! toda la vida quise encontrar a una pijudita hermosa como vos!”
Carla estaba feliz de que la amara así como era. “Mi adorado Putasote, YA SOY tu Amantita, tu Putita Pijuda! llamame siempre así: tu Putita Pijuda! yo también te adoro, te amo, Putasote mío, tenés una pijota espantosa y me la pude tragar, yo también quiero hacerte tragar la mía! y quiero entregarle mi culo a tu pijota, que me cojás metiéndomela en mis tripitas, entregándome toda a ese pedazote infernal, para que me entre en mis tripitas, me las abra, me las triture enteras haciéndome sufrirla, entregándote mi inmolación y mi dolor, y me hagás tu Puta Amantita para siempre! y tu Putita con Pija te va a hacer que la cojás y gocés como nunca te cojiste a ninguna hembra, porque yo soy ESPECIAL y desde ahora soy de mi Putasote para siempre!”
Ahora me la iba a cojer hasta matarla si era necesario, quería reventarle el hermoso y diminuto cuerpito!
Carla, parada en la cama, me miraba la pija como loca, enamorada de mi pedazote, ahora algo blanda, pero todavía enorme de larga y gruesa, y al sentir su mirada se me empezó a parar de nuevo. “Tu Carla te va a poner la pija como una estaca toda la noche, Putasote mío, y me la voy a enterrar toda aunque grite y me partás al medio, mi Putasote adorado!”
Le dije entonces: “no sabía que ahí en “Noi” había putas con pija, Carla!”, y la degeneradita me contestó riéndose: “nadie sabe que tengo pija, Putasote mío, soy la única, esta era mi primera noche en el boliche, pero esto es un secreto entre vos y yo!”. Le prometí no decir nada, y Carla se acostó a mi lado, con su espantosa pijotitaza al repalo, parada y durísima, luciéndola orgullosa de su mástil, y me agarró la mía con las dos manitas morenas y apretándomela me la puso dura en instantes, diciendo: “yo adoro tu pijota, Putasote mío, agarrame la mía, mi dulce pijotitaza toda dura para dártela, amasijámela, pajiámela y te doy mi lechotita, mi amor! quiero pajotiarme para vos, empastarte de acabadas mías, que me hagás saltar la lechotita bien pastuda que te tengo! Y además, Putasote adorado, YO te voy a cojer a vos”, me imagino que sos virgode culo y YO voy a ser tu Desvirgadora, y SÉ que te va a gustar ser MÍO!”
Nunca una pijuda me había cojido, pero con Carla yo deseaba ser cojido a fondo por esa pijotita hermosa y tremenda, cabezuda, roja y durísima, cojernos mutuamente a muerte, quería que Carla me desvirgara y se me clavara con furia, me la aguantaría como ella después se aguantó mi pija bramando y sudando, clavada como una mariposa contra una pared. Agarré la pijotitaza de mi Putita, midiéndola con la vista: “tenés más de 20 centímetros de pija, mi amor! es finita, tiene apenas más de 2 centímetros de gruesa y es especial para tragártela con mis tripas, Putita mía! me la vas a enterrar toda hasta desvirgarme con esa divina pijotasita! nunca me hice cojer por una nena pijuda, pero quiero que seas vos la que me desvirgue, quiero estar invadido por tu pijotitasa divina!”, y Carla dijo simplemente. “sí! la mía, bien parada mide hasta 22 centímetros, me la he medido, Putasote mío, te voy a ensartar entero, pero primero quiero tener la tuya incrustada en mis tripitas, haceme el Entripe, un Entripazo infernal, que quiero aguantármela toda, me la voy a clavar hasta el fondo aunque grite, patalee y me retuerza desesperada! metémela a fondo, sin piedad, dámela ahora, mi Putasote! haceme sufrir y gritar clavada por tu hermosa pija!”
Y Carla se acostó boca abajo levantando su colita marrón florecida como un tulipán por tantas pijas tremendas que había alojado en sus angostas tripitas, se abrió de muslos y me enseñó sus redondos y preciosos huevitos negros colgando y me pidió: “Mamame los huevitos por atrás, Putasote mío!”. Pero en seguida lo pensó mejor, diciéndome: “no, Putasote mío, después me vas a hacer DE TODO, pero ahora me voy a sentar yo en tu espantosa pija, de frente, así te veo gozarme clavándome y me la entierro mirándote a los ojos, comiéndote la boca y tirándote los pezones, mi Putasote! así me va a gustar más, me la voy a aguantar entera adentro mío, sufriéndola como debo entregarte mi colita, y te quiero escupitotiar entero con mis salivotitas putas! te gustaron mis escupitotiadas, mi amor?”, me preguntó, pero ella ya sabia que sí.
Desesperado por cojérmela, le grité que sí, y Carla se me sentó en la punta de la pija, agarrándomela y empezando a clavársela por el culo, siempre mirándome a los ojos, con una sonrisa perversa y provocadora que al mismo tiempo era una mueca de tremendo dolor al sentirse espantosamente abierta por mi tarugote al repalo, pero mi adorada Putita Pijuda me estaba pidiendo pija a los gritos, aferrada de mis pezones y estirándomelos como loca para aguantarse el tremendo sacrificio que iba a sufrir con la clavazón. Y Carla, con su preciosa pijita sacudiéndose en el aire como un mástil, se me inmoló totalmente, se convirtió en mi Putita Sacrificada por mi tremendo pedazo de pija que le iba entrando en las tripitas, se lo fue enterrando montada en mi pedazote, monstruoso para su diminuto cuerpito, abriéndose y estirándose por dentro, mordiéndose los labios ahogando gritos de dolor, hasta que centímetro a centímetro quedó sentada en mi pija y empalada a fondo. Esa increíble pijudita se había incrustado toda mi pija en sus angostas tripitas! Estaba totalmente llena de 25 centímetros de gruesa pija al palo, por momentos le sentía las pulsaciones en el vientrecito que mi pija llenaba y estiraba desde adentro, mi Carla se estaba haciendo ella misma una incrustación colosal, hasta que mi pija desapareció por completo en su cuerpito de nene y Carla, sudada como una yeguita puta y con su divina pijotita al repalo sacudiéndose en el aire frente a mí, dejó de bramar y me gritó, ronca: “ahora, sacudime, trepaneme, rompeme por dentro, partime por el culo, estirame las tripitas, abrime, destrozame, matame, haceme tu Putita Hueca para alojármela entera, mi Putasote, mi adorado Putasote! cojeme sin piedad, destrozame, matame a acabotazos con esa pijotaza hermosa, dura y lechotuda, llename las tripas hasta que tus lechotas me salgan por la boca y las orejitas, mi amor, mi Putasote! dame tus lechotas pastudas como si me fueras a hacer un preñe!” Cuando Carla me dijo eso, ya sugirió algo que todos los años que me l cojí me iba a pedir…
Sudada y empalada, me siguió rugiendo, ronca y mojada en sudor salado: “me gusta mirarte cómo me gozás, Putasote mío, ensartame, clavame, tenés cara de Putasote Infernal! clavame entera, gozame, atornillame, partime, desfondame, hacémela salir por la boca! quiero tener en mi vientre una matriz para que me hagás un preñazo, quiero que me hagás tu Putita la NenaNenito, Panzuda, una Mamitota Pijuda fértil y llena de hijitos tuyos! Preñameeee, Putasote míooo!”, y galopó mi pija con furia salvaje, haciendo que se le clavara en las tripas, entripándola toda, con cara de puta y de espanto por el tamaño descomunal que se enterraba, pero feliz de poder alojársela mientras bramaba despacito y gruñía: “qué tremenda pijota, mi amor, tu Carla se la va a entripar aunque me parta al medio! metémela sin piedad, me la aguantoooo!!!”
La preciosa pijudita resultó ser una tigra para las cojidas, jamás una puta se hizo cojer así, era una pequeña bestiecita ensartándose como loca, y a cada momento la amaba más. Nunca la iba a dejar, era mía, mi Putita Pijuda, mi adorada Carla!
Brincando encima de mi pija, Carla comenzó a bramar de dolor al incrustársela, me susurraba: “me estás partiendo por dentro, mi Putasote, pero dame más, enterrámela toda! Fertiizame mis entrañas, mi Putasote, para que me preñés! Soy tu Putita Completa, todo en una, y quiero que me preñés como a una minita puta!”, y su divina pijotasita al repalo se movía en el aire y se sacudía frente a mi boca, que estaba dispuesta a comérsela con todos las acabotiadas que me regalara. La Pijudita se sacudía como electrocutada intentando clavarse más y más en mi pija, y prendida de mis pezones con las uñas, empezó a escupitotiarme sus salivotas burbujudas, gritando roncamente, gritando “AAAAAAAHHHHHH mi Putasoteee!!!!” Mi pija le había ido abriendo las tripitas de a poco, dilatándola hasta hacerle el entripe más tremendo que jamás la hubiera cojido, y me lo gritaba: “tu pija es espantosa, mi Putasote, la adoro, empalameee! es enorme, tremenda, es una animalada tu pijota, me la estás enterrando toda, pero soy tu Novia Pijuda, tu Amantita con Pija, tu Amooor! COJEMEEE!”
La Diminutita casi no soportaba el tarugotazo que se estaba clavando, lloraba del dolor, pero gritó: “me la voy a empalar toda, mi Putasote, aunque me reventés, tu Putita Pijuda Carla te la aguantaaaa!”, y en medio de estertores de agonía, mi divina Putita Pijuda me acabó frente a mi cara y me regaló un acabotazo pastudo en mi boca, empastándome con sus chorros blancos y espasmódicos que no paraban, y se los recibí bañándome la boca y la cara y tragándoselos todos hasta que me desbordaron la boca y me chorrearon la cara. Carla ahora aullaba ensartada saltándome encima, sacándose y clavándose mi pija, hasta que con toda mi pijasota adentro, hundida en sus tripitas, se me acabó de nuevo a los alaridos galopándome para ensartarse a fondo. Yo la agarré de los pezones, negros, enormes, duros y bultudos como nueces, y se los tiré hasta casi arrancárselos, ella me lo había hecho a mí y le gustaba así, que la destripara por dentro, la Putita Diminuta bramaba y tiraba saliva con espuma y burbujas por la boca gozando el entripazo descomunal: “nunca me cojí una pijasota así, Putasoteeee! Dámela toda, meteme pija, destrozame las tripotaaas!”, me aullaba.
Ahí descubrí que a Carla la hacía gozar el dolor, se me entregó y se me inmoló como una diosita gritona esclavizada, y yo le contesté: “Sí, sí, mi Pijudita Hermosa, tu Putasote te la va a meter hasta que te salga por esa bocotita putaaaa!”, le grité, y la levanté en una embestida infernal que terminó de clavarla como una fruta partida, casi reventándola por dentro. La Putita aulló como loca, emitió un rugido ronco de tigrita destrozada, se contorsionó como electrocutada y me arrojó otro acabotazo en mi boca, lechotita blanca, pastuda y espesa, entrando en un orgasmo interminable, a los aullidos y sacudiéndose a los saltos encima mío. Tenía mi pija tan incrustada en su angosto y diminuto cuerpito, que estaba como soldada a mi pija por dentro, ella me saltaba arriba y me arrastraba hacia arriba con su cuerpito ensartado, y cuando caía sobre mí, se la enterraba más y más, rugiendo como una tigra puta.
Esas embestidas feroces me sacaron una acabadota descomunal, me vacié adentro de su cuerpito minúsculo pero cabedor, yo sentía cómo mis chorros golpeaban por dentro sus tripotitas ensanchadas a pijazos, el liso vientrecito se llenaba, pulsaba y se hinchaba a cada embestida, alojando mi pija como un trépano, y le mordí los negros pezones como ciruelas duras haciéndola bramar de dolor al casi arrancarle pedazos a dentelladas, pero alcanzó a aullarme: “sí, mi Putasote, así, cojeme mordeme masticame arrancame las tetas mi amoooor! Hacémelas remierda, así, sí, a tu Putita la Pijudaaaa! haceme tu Putita Espantosa y Marcada! Mordeme y marcame a dentelladas, dejame toda marcada como una yeguita puta, tu Yeguita Puta, mi amor!”
La acabotié de nuevo en instantes, mi pastuda lechota le salió como chorros a presión por los bordes de la angosta tripotita, la palpé en el chato vientrecito y lo sentí cómo pulsaba y se abultaba lleno de mi pija a cada embestida que la dilataba y colmaba. Me la cojí así toda la noche, una y otra vez, sometiéndola y haciéndola remierda, casi reventándole las tripitotas desde adentro con mis acabotes, así hasta que salió el sol, con Carla gozando como loca, ensartada, aullando, sudando como una yeguita galopada, arrancándome las tetas, tirándome sus blancas lechotitas en mi cara… creo recordar que se tiró por lo menos cinco acabadas, acabotes tremendos, encima mío hasta que se desmayó pegada a mí con su salado sudor, en una de esas acabadas de yegua salvaje, y así aplastada sobre mí, le regalé un último acabote y quedé como desmayado. Pero alcancé a sentir que mi adorada Carla, aún desmayada y destrozada, se siguió retorciendo bramando roncamente, en un orgasmotazo que no paraba…

Ya era pasado el mediodía cuando Carla y yo revivimos, y mi divina putita me ofreció su pijita de nuevo al palo, pidiéndome: “Putasote mío, mi amor, mi adorado Pijotudo, comele la pijita a tu Carla, tu Noviecita la Pijuda, tu Amantita la Poronguda!”, y yo deseaba comérsela y tragársela como me había hecho ella a mí. Le dije: “Amor mío, te voy a hacer cojerme mi boca!”, y me paré en el suelo e hice que Carla se trepara por mi cuerpo agarrada de mis pezones, como subiéndose a un árbol, hasta que me puso su enorme pijotita en mi boca. Me dijo: “Ahora tragámela, mi amor!”
Y mi preciosa Pijituda me embocó su durísima pijitotasa en la boca, yo la agarraba de la colita y ella me iba metiendo su tremenda pijita-clitorotaso hasta que me lo engargantó.
Le comí la divina pijita a mi Carla y me tragué cinco acabadas que me dio…
Y a mi diosita Carla la Pijuda, desde esa noche inolvidable, la bauticé mi Pijotudita Espantosa, mi Acabotazita Infernal, mi Diosita Puta, mi Lechudita Descomunal, mi Pendejito-Nena, mi Tragasotita Divina… siempre me ha fascinado crear palabras muy especiales y muy putas para hablar de sexo… y nunca conocí a otra pijuda capaz de tirarse tantos lechotazos, Carla fabricaba esa pasta blanca como una animalita, era todo para mí, nenito y nena puta, y fuimos inventando nuevas maneras de cojérmela, ella siempre estaba dispuesta a ser sacrificada e inmolada en nuevas formas, y las gozaba desenfrenadamente.

Y así lo hicimos todo esto y más, durante 13 años, Carla, mi Pendejito Hembra, mi Putita con Pija, mi Amor, fue mi amante sin límites y la adoré… lamento haberla perdido! Pero con “ella” cumplí mi sueño. Lo que por supuesto nunca pudimos, era que Carla de preñara de mí, cuando la ensartaba y traspasaba con mi pija durante noches enteras, yo le gritaba: “Pijudita mía, preñate, haceme pendejitas pijudas como vos!”, y Carla me miraba a los ojos y aullaba: “Sí, Putasote adorado, haceme el preñe, haceme un preñazo colosal, llename la panza de pijuditas para vos! Haceme fértil con tu hermosa pijota! Matame a pijazos pero preñameee!!!”
Claro que no pude preñarla a mi adorada Carla, vivíamos nuestra fantasía cojiéndonos como animales y Carla se ponía un vestido de mujercita con una panza artificial para parecer una preñada, yo la adoraba así, y me la imaginaba repreñada, con un globo lleno de pendejitas nuestras… eso nos excitaba noches enteras, y los aullidos roncos de mi Carla se oían cuando se acababa y regaba la cama y el suelo con su pastota blanca. Cuando lean esto, les parecerá una locura, un desvarío, pero con Carla todo era posible, nada nos estaba prohibido ni nos asustaba, nos cojíamos como desesperados, nos volvimos los dos unas bestias sexuales, como muchos deben desear ser y no pueden… pero Carla y yo lo fuimos, lo hicimos, por loco que parezca!