Caminé, caminé y caminé. Me metí por recovecos de calles que ya conocía. Vagué mucho. Pero no porque estuviera deprimido o por cualquier otra cosa. Simplemente pensaba en qué se sentiría tener para mi solo tres vergas más como la de Ernesto. Aunque supuse que eso era imposible ya que la de él era insuperable. 29 x 7; jamás en mi vida lo imaginé. El encuentro de hacía una semana me había removido las entrañas, literalmente. De sólo acordarme, me calenté y tuve una erección que me lastimó en el pantalón. Como estaba cerca, encaré para el cine condicionado al que voy de vez en cuando. Tenía que saciarme. Aunque hay dos salas gay, me metí en la primera que encontré, total, siempre hay donde encontrar algo en cualquiera de ellas. No tardó en aparecer un flaco más o menos de mi edad que se sentó a mi lado y comenzó a tocarme. Yo lo dejé hacer y no tardó en ubicarse entre mis piernas y darme una linda mamada mientras las imágenes de la pantalla desfilaban sin parar. Mi mente no estaba en ellas sinó en la verga de Ernesto, llendo y viniendo por mi cola.
Acabé cerrando los ojos y en silencio. El flaco se levantó y se fue. A veces los encuentros en los cines son asi. Al cabo de un rato me fui yo también.
Pasaron los días hasta que hice el llamado. "¿Ernesto? Acepto". "¡Bien! ¡Bla bla bla!", "Si, el sábado está bien, bla bla". "Chau". "Chau". Asi de simple. Me estremecí. Me sentía como cuando iba a dar un exámen en la secundaria. Ya mencioné que soy muy menudito pero con un muy buen cuerpo. Lindas gambas, cola acorde y un pedazo respetable como para defenderme bien. Generalmente no soy de arrugarle a una propuesta de sexo fácil. Con Ernesto fue fácil, pero con cuatro super pijas para mi, era otra cosa. Mete como miedito. En fin que acepté y el sábado estaba en la casa de Ernesto nuevamente. Llegué a eso de las diez de la noche y tuve la primera de muchas sorpresas de la velada. Por supuesto me abrió la puerta el dueño de la casa y me llevó al living. Al pasar por el pequeño pasillito veo sobre una mesita una caja con golosinas dentro, y al asomarme al living vi dos figuras, no tres como esperaba: un hombre de más o menos la edad de Ernesto y un pendejo que tendría unos 19. El tipo, era de contextura más chica que Ernesto y tan morochón como él. Musculoso, vestía una de esas remeritas Lacoste y bermudas largas de sport. No tenía barba ni bigotes y tenía el pelo cortito. Descalzo, estaba sentado en el sofá que yo ya conocía bien, charlando con el pendejo. Este tenía el pelo desgarbado pero no sucio, era de contextura menuda pero un poquito más grande que yo. Estaba vestido muy sencillo, pero tenía una particularidad. Cuando me lo presentaron, me di cuenta de que era hermosamente delicado. Un rostro angelical demarcado por un par de ojazos color miel y una boca carnosa como para comerla. Me miró, se incorporó, me saludó con un inocente beso en la mejilla y me sonrió. Era un ángel moreno.
-Ayudame con los tragos- me pidió Ernesto. Fuimos a la cocina y la pregunta fue inevitable.
-¿No iban a ser tres?
-Mirá- me dijo con un dejo de molestia en la voz-, los dos que faltan, son unos cagones de mierda. A último momento, me avisaron que no venían. Pero éste que vino, Lucas, me dijo que tenía un flaquito que se cogía de vez en cuando y que era una joyita.
-No sé si será una joyita o qué, pero te puedo asegurar que me muero por tirármele encima- dije acercándome a él, que servía los tragos.
-Ya vas a tener tiempo de sobra- se rió Ernesto.
Mientras él terminaba, yo me asomé y espié hacia el living. El pendejo, Facundo, estaba más cerca de Lucas y charlaban melosos. En eso, Facundo baja la cabeza y levantando la remera de Lucas le besa la panza, para luego correrle un poco el elástico de la bermuda y sacar su instrumento, que empezó a chupar suavemente. No llegue a vérsela pero el pendejo abrió muy grande la boca. Cuando sentí que se acercaba Ernesto por detrás, me giré de golpe y le hice señas de que se frenara.
-¿Qué pasa? ¿Qué mirás?- me preguntó bajito y curioso.
-Se están entreteniendo- le contesté yo, manoteándole el bulto.
-¿Qué hacés, loco?- rió rápido, aun con los vasos en la mano.
Yo me arrodillé en el piso primero y al ver que no llegaba ni ahi, me senté en una sillita de la cocina. Lo atraje hacia mi con un dedo enganchado en su bragueta y saqué ese hermoso misil negro. Aún estaba como muerto, pero ya resucitaría. Me lo metí en la boca con cuidado de no morderlo y le pasé la lengua todo a lo largo hasta los huevos. Lo levanté con una mano, y con la otra apretaba sus pelotas peladitas, mientras inclinaba la cabeza para lamerlo de costado también. Al soltarla ya se mantuvo horizontal y parecía un tronco negro, coronado de un hongo rojo oscuro y adornado con venas como enredaderas. Latía. Me lo metí en la boca para sentirlo y pasé una mano por ese "lugarcito" de allá abajo. Luego me la saqué de la boca y lo miré. Fue cómico porque aun tenía los dos vasos en las manos y los ojos cerrados. Le terminé de sacar la bermuda y lo senté en la silla, quedandose solo con las zapatillas. Sus piernas musculosas, perfectamente moldeadas, me servían de apoyo para mis brazos. Con las dos manos tomé su verga y comencé a pajearlo despacito, sintiendo cómo latía su pijota. Luego me metí debajo de sus huevos y comencé a lamerlo ahi. Le hice levantar un poquito las piernas y su culito negro, apretadito, quedó casi totalmente expuesto a mi. Yo me pasaba sus huevos por toda la cara mientras lo pajeaba con una mano y con la otra le acariciaba la cola. En cuanto puse mi lengua en su culito, tembló tan fuerte que tuvo que dejar los tragos en la mesita. Chupé su orto tan fuerte como pude, metiendo la lengua y masajeando su esfínter con la puntita. Su pija parecía un vibrador bajo mis manos. En eso me agarró de los pelos y me separó bruscamente. Me encantaba que hiciera eso.
-Sos terrible, precioso.- jadeó sin soltarme.
-Vamos con tus invitados, ¿si?- le contesté sonriendo.
El se puso la bermuda (que pronto volaría otra vez), y volvimos al living a reunirnos con los demás. No habían pasado ni cinco minutos, en realidad.
-¡Se hicieron esperar esos tragos, eh!- dijo Lucas- ¿Qué hacían en la cocina, pícaros?
-Ahora te cuento- le dijo Ernesto que me miró a mi y luego bajó la vista riéndose. -Aunque por lo que ví, ustedes no se quedaron atrás.
Tomamos unos Gancias, picamos algo y luego vinieron unos Tía María que me dieron calorcito. Todos estábamos en slip o en short. En eso Lucas comenzó a sobarle el bulto a Facundo y el pibe se recostó en el sillón para dejarlo hacer, cerrando los ojos. De costado, el slip apenas le podía contener la verga cuando se le puso dura. El pendejo siempre con los ojos cerrados y suspirando. Con un guiño de ojos, Lucas me hizo señas para que me acercara. A mi juego me llamaron, entonces. Traspuse la mesita ratona y me arrodillé frente al pibe, entre sus piernas abiertas. Lucas sacó su aparato y me lo mostró; al salir dió un pequeño saltito pero aún le faltaba un poco para estar completamente parado. De eso me tenía que ocupar yo. ¡Qué pedazo de aparato, madre mía, era casi como la de Ernesto! Tenía una forma curvada como la de una banana hacia arriba, y pensé que se debería sentir re bien adentro. Mientras Lucas comenzaba a pajearlo despacito, yo le terminé de sacar el slip y quedó totalmente en pelotas. Luego tomé la posta yo. Muy suavemente, comencé a subir y a bajar con mi mano por su aparato y él abrió los ojos, mirándome fijo a los mios. Esa carita de ángel, con gesto de "no me lastimes, por favor", fue demasiado para mi. Sin dejar de mirarlo a los ojos, acerqué la boca a su pedazo y me dediqué a pasarle la lengua desde los mismos huevos hasta la puntita, de arriba a abajo y a todo al rededor, envolviendo su cabezota con mi lengua, no despegando nunca mis ojos de los suyos. Me encantaba sentirlo vibrar bajo mi lengua. Su boca se entreabría y vacilaba cada vez que mi boca se movía por su verga y eso me indicaba lo mucho que disfrutaba.
Arrodillado como estaba, mi colita sobresalía redondeada hacia atrás y mientras yo me dedicaba a Facu, Lucas cambió de pendejo y se puso detrás mio, aunque mucha bola no le dí. Sentí sus jadeos en mi nuca, todas las cosas que me decía al estilo "qué bien que lo hacés" y "que lindo putito que sos", etcétera. De Ernesto ni noticias, pero yo no quería dejar mi golosina. Lucas empezó un interesante besuqueo desde mi nuca, bajando con su lengua y boca por mi espalda hasta el nacimiento de la cola. Moviéndome de arriba a abajo, acariciándole el pecho, chupando sus huevos, ese lugarcito de "ahi abajo", mordiéndole el tronco, el pendejo se deshacía en gemidos. La verdad, nunca había escuchado a un pibe gemir como gemía él. Sus dedos iban por mi cabeza y se enredaban en mis pelos, tironeaba hacia fuera y hacia dentro.
Sin buscarlo, encontró el modo de calentarme aún más, haciéndome algo que me encantaba. Yo lo miraba y él a mi, con cara de que le dolía el alma, pero en realidad era cara de otra cosa. Jadeaba y yo lamía el tronco. Gemía y yo le levantaba los huevos con mi otra mano y le chupaba allá abajo. Subió las piernas y se entregó a mi lengua. Decir que lo dejé hecho una jabonera es un poroto; se ve que su cola era una experta en relajarse con un mínimo de estímulo. Le metí dos dedos de un zaque y él pegó un gemido agudo, bien de nena. Mirarlo era un espectáculo. Pero me acordé de Ernesto y de Lucas. Giré un poco la cabeza sin soltar la pijota de Facu y seguí metiéndole los dedos. Ahi estaba Ernesto con esa mirada que yo ya conocía. Completamente desnudo, miraba todo desde su trono, el sillón de al lado. Pero hubo algo en ese momento de distracción que me sorprendió: Lucas estaba como yo con el pendejo, sumido en la nada fácil tarea de chuparle la verga a Ernesto. Lo hacía despacio y tenía los brazos alrededor de sus piernas, como abrazando un tronco. Era como ver dos maniquíes esculturales de color negro en perfecta conjunción, aunque Ernesto siempre sobresalía por su físico. Moviendo mis labios en mímica, le pregunté "¿Te gusta?". Sonrió. Sonreí. Me metí la vergota de Facu y, sin dejar de mirarlo, le pasé la cara, como refregándomelo. Saboreé ese gustito salado tan rico y arremetí con todo. Lamí, chupé, me moví como podía con tanta carne en la boca. Apretaba su huevos peludos mientras ya metía y sacaba con toda naturalidad cuatro dedos de su colita. Facu estaba en éxtasis. Me la saqué de la boca, tomé un poco de aire; lo necesitaba. En eso lo siento vibrar y casi que no llego a metérmela en la boca de nuevo. Fuera de toda broma, sentí su glande agrandarse en mi garganta. Luego, el estallido...
El torrente de leche vino acompañado de uno de los gemidos más dulces y potentes de los que tengo memoria. Sentí chorro tras chorro, como cuando uno, sin querer, se tienta de risa estando abajo del agua, me ahogué un poquito pero lo contuve. El acceso de ahogo pasó gracias a que tragué un gran sorbo de golpe y el otro dejé que resbalara por el tronco, saliéndose por mi boca. Respiré como pude y metiendo el cuarto dedo hasta el fondo de su cola, despegué mi boca para verlo terminar de llegar. Esa hermosa verga en mi mano, latiendo y expulsando su carga como un géiser. La cara de Facu, mis dedos en su culito que respondía con cada espasmo suyo. Luego se desplomó como muerto. Su pija aún latía y le dí pequeñas lamiditas en la punta, que lo hacían saltar y gemir levemente. Lo limpié completo. Facu me miraba como desde otro mundo, jadeante. Al terminar, me incorporé y lo besé muy profundamente. Sentí su pija contra mi panza, mientras nuestras lenguas degustaban su semen calentito. Pasé mi mano por su pecho transpirado y le toqué la pierna que luego subí hasta mi hombro y él solito subió la otra y la trabó en el otro. Lo único que dijo fue un tenue "¡Si, si!" mientras me volvía a besar. Entonces apunté mi verga a su agujerito ya dilatado y presioné. Como soy más grande que mis cuatro dedos juntos, Facundo abrió sus grandes ojos y se agarró al reverso de su rodillas en un intento de abrirse aún más a mi verga. Gimió sin soltar mi lengua, pero la cabeza ya había pasado limpita y se iba abriendo paso lo demás.
Aún no sé por qué lo hice, todavía me lo estoy preguntando, pero juro que el ver a Facundo así, pidiéndome más con la mirada y la lengua, abriéndose las piernas y gimiendo de la manera en que lo hacía, me impulsó a tomarlo de los hombros y empujar el resto de mi pija dentro suyo.
Aquél que haya oído gritar a un hombre de placer y dolor teniendo sexo me va a entender. Facu soltó mi lengua y gritó, aferrándose a mis nalgas como empujando y yo lo tomé de su piernas. Entonces me quedé quieto con la idea de saborear ese momento. Mi verga aprisionada por un culito tenso, los jadeos de Facu, las chupadas de Lucas en Ernesto, otra vez el culito redondo de Facundo. Sentir eso me llevó a moverme lento al principio e ir aumentando la velocidad luego. Y mis ojos fijos en los del pendejo. Fue ahí donde entendí que entre nosotros, aparte de la obvia, nacía una conexión. Nos mirábamos como desafiando al otro: "¿La querés toda?", y él "¿Eso es todo lo que tenés?". De pronto, apoyándome en su muslos, me puse frenético. Jamás me había calentado tanto cogiéndome a alguien como ahi. Jadeaba, suspiraba, miraba a mi hermoso pendejo y él me miraba a mi. Me olvidé de todo, creo. De Lucas chupando, de Ernesto mirando, de Facundo gozando, del mundo en su totalidad. Sólo éramos mi placer y yo. Cerré los ojos y me dejé ir. El temblor que se apoderó de mi cuerpo fue tan bestial que casi me salgo de su culito. Creo que en tres poderosos chorros se me fue el alma. ¡Y todavía no llegábamos a lo mejor! Me desplomé sobre Facundo y él, tiernamente me sostuvo en un abrazo suave. Jadeando, torcí mi cabeza de lado y le besé el cuello. Más bien se lo mordí. Luego, la giré hacia el otro lado y ahi estaban ambos, Lucas y Ernesto. Lucas sentado en el piso, apoyando los brazos en las piernas de Ernesto, como si fuera un trono de ébano demasiado grande para él y Ernesto con su sonrisa clásica. Los dos con sendas erecciones. Ya mi leche se escurría por el culo de Facu y yo ya comenzaba a salirme por mi flaccidez cuando Lucas se paró y me puso la pija cerca de la cara. Siempre sin salirme de Facundo, tomé su pijota entre mis labios y succioné fuerte. La baboseé toda y él empujaba como cogiéndome la boca lentamente. El pendejo aún no se recuperaba pero Lucas se sento a su lado y tomó su pija, masajeándolo.
-¿Ahora puedo yo?- preguntó. Y tomándolo del cuello a Facu lo guió para que se ubicara sentado sobre su falda pero dándole la espalda.
Como estaba lubricado y dilatado por mí, anteriormente, a Lucas no le costó mucho introducírsela, pero Lucas es un poquito más grande que yo y Facundo, asi es que su culito se estiró aún más al resbalar la pijota de Lucas, aunque en pocos segundos y con unos gemidos del pibe, ya lo tenía ensartado hasta los huevos, que chorreaban mi semen. Lucas lo ayudaba a subir y a bajar y asi comenzó la danza del sexo anal nuevamente.
Sentí una mano en mi colita, luego fue la otra y juntas me abrieron, otra vez, las nalgas. Me subió un poco y su boca se pegó a mi agujero como una ventosa, con su lengua taladrándome para entrar. Rápidamente logré buena dilatación. Así, con sus manos en mis caderas, me atrajo hacia sí y me sentó en una estaca gorda, larga y negra que yo ya conocía bien. El sentir esa sensación y saber que era Ernesto quien me lo hacía, subió mi calentura cada vez más. Le costó entrar al presionar porque estaba muy resbaloso. Aunque como antes, se afirmó bien de mis caderas. Yo sabía lo que se me venía asi que, apoyando mis manos en sus hombros y subiendo las piernas al sillón, quedé expuesto como una parturienta. Y muy lejos no estaba... Miré a los otros dos que se habían detenido. Facu ensartado hasta los huevos, miraba con espectante deleite la super poronga de Ernesto a punto de perforarme. Lucas, más o menos igual. Y en eso, mi machote que empieza a presionar. Se abrió paso su cabezota. Sentí cómo la unión de ésta y el tronco pasaban y daban paso al pedazo que más disfruté en mi vida. Jadeé y gemí, creo que grité un poquito. Facu miraba extasiado y Lucas comenzó a cogerlo nuevamente. Como conté antes, sentí la pija de Ernesto hasta la nuca, entonces me quedé quieto y apoyado en su pecho. Pasó sus manos por delante de mis muslitos como para separarlos y mostrarle a sus invitados cómo me cogía. De paso me sostuvo y alzó mis piernas. Yo estiré mi mano y al tocar sus pelotas, comprendí que estaba completamente adentro. Ese monstruo negro latía en mi culito y sentí los jadeos de Ernesto en mi oreja. Me giré y nos trenzamos en un beso animal.
-Chupásela, Facundo- le dijo Lucas. Facu se acercó como estaba, ensartado hasta los huevos y comió de mi verga que ya comenzaba erguirse nuevamente, pero cuando sentí su lengua ahi, la terminé de parar dentro de su boca.
Fue una sensación increíble. Tenía el culo lleno de carne fuerte y mi ángel me comía a mi. Facu pasaba de mi verga a mis huevos y más abajo, a los de Ernesto y mientras, Lucas se lo cogía rítmicamente despacio y profundo. Ahora el pendejo se había parado y Lucas lo ensartaba asi. El pibe subía por mi tronco y luego subió más y me besó en la boca. Me besaba y gemía sin parar.
En eso, Ernesto se paró conmigo ensartado, dejando a Facu y a Lucas solos y me trasladó hacia la alfombra de atrás de los sillones. Era una alfombra de pelo alto y mullido. Ahi me tiró boca abajo y me re cogió, tirado encima mio y separando mis piernas con las suyas. Mi verga me dolía pero no me importó. Al sentir ese peso enorme sobre mi por detrás me erotizó de tal manera que yo mismo le agarré la nuca y con la otra mano me abrí todo lo que pude las nalgas. Literalmente desaparecí debajo de esa mole morena que me taladraba y aún no me explico cómo aguanté. Sentí gemidos ajenos; sentí que alguien caminaba hacia nosotros, pero mejor estaba concentrándome en no desmayarme del dolor y el placer. Boca abajo como estaba ví pies; ví que se sentaron delante mío y acercaban a mi boca un miembro grueso casi como el de Ernesto y dos pelotas peludas enormes: Lucas pensé en mi nube. Mi verga dolía cada vez más contra la alfombra y mi macho que no dejaba de serrucharme sin parar, demostrando no sólo que tenía una monstruosidad de verga y que sabía cómo manejarla, sinó que también podía aguantar todo el tiempo que quisiera. Ya me estaba lastimando pero no quería decirle que parara. En eso, Ernesto se detuvo y ví como mi ángel introducía un almohadón entre mi verga y la alfombra. Ernesto se salió completamente un momento para facilitarle la tarea y asi quedé expuesto literalmente culo para arriba y abierto de piernas pero, oh sorpresa, Ernesto se levantó y Lucas también.
-Quedate asi- me susurró Ernesto al oído cuando se levantó.
Obedecí y apoyé la cabeza en las manos. Delante mío, colocaron no uno, sinó dos almohadones y en ellos se colocó mi ángel en la misma posición en la que estaba yo. La redondez de su colita me calentó y deseé comérsela entera o cogérsela. Luego se le subió Lucas y comenzó a penetrarlo con profundidad para luego acelerar más hasta convertirse en un pistón. Lo que ví me puso al palo y gracias que tenía el almohadón debajo. Facu era todo gemidos y Lucas, gruñidos y expresiones inentendibles, pero asi y todo, sus cuerpos morenos eran un placer visual.
De pronto, Lucas se detuvo y se salió, dejando a Facu con el esfínter lubricado y brillantemente abierto. Entonces vi a Ernesto acomodarse en el lugar de Lucas. Ahi fue donde entendí que todo lo anterior fue una preparación para la prueba final. Se acuclilló sobre Facundo y le apoyó la poronga en la puerta. Sus huevos peludos colgaban justo detrás. Entonces empujó. La mitad de la cabeza fue entrando y Facu ya no gemía, gritaba de dolor. Entró un poquito más y se detuvo. Lucas se recostó sobre mi espalda, apoyando toda la extensión de su pija entre mis cachetes.
-¿Se ve bien?- me preguntó al oído.
-Muy- le respondí sin apartar mis ojos del espectáculo que tenia enfrente.
-Desde que te ví, quiero entrar en vos, ¿me dejás?
-¿Necesitás una orden por escrito?- le sonreí.
Lubricado y dilatado como estaba por la pijota de Ernesto, mi culito practicamente se tragó la verga de Lucas. La introdujo sin esfuerzo, casi de un tirón hasta el fondo y después empezó a cogerme regularmente, jadeándome cosas al oído y eso. Mi cola agradecida por ese premio consuelo, aunque grande también. Sentía que mi verga explotaría en cualquier momento con tanto dale que va. Los grititos de Facundo me calentaron aún más pero fueron dejando paso a los gemidos fuertes que yo ya conocía. Ernesto había logrado meter casi todo su aparato y ya se disponía a serruchar, cuando vi que Facu levantó la cola y se la terminó de meter él mismo. Obvio que gritó por última vez pero le dió el pié a Ernesto para empezar. Sacó su verga totalmente brillante hasta casi la cabeza y de un empujón hizo que sus huevos chocaran con los cachetes de Facundo y asi continuó por un rato en el que Lucas se acompasó con las embestidas de Ernesto.... Fue genial. Cada vez que Ernesto la metía hasta el fondo en el culito de Facu, Lucas hacía lo propio con el mío. Me encantó sentirlo. Luego Facundo comenzó a gemir fuerte y gutural, como aguantando algo inevitablemente doloroso. Era que Ernesto bombeaba profundo, fuerte y rápido. Su pelvis se había convertido en una dínamo en acción. Sus huevos daban golpecitos contra las nalgas de Facu y éste se convertía cada vez más en un mero muñeco. Me puse a pensar fugazmente que asi me debía de ver yo en su momento y eso me llevó casi a estallar pero lo contuve.
-¡Acabame adentro! ¡Inundame!- le grité a Lucas.
Obedeció de la mejor forma y pude sentir sus temblores y espasmos en mi esfínter. Se desplomó sobre mi espalda y luego se deslizó a un costado donde quedó semi desmayado. A los gemidos de Facu, se le sumaban los de Ernesto, pero más graves, y asi pude ver lo que de otra manera no hubiera podido: el contraerse de la cola de Ernesto, sus huevos juntitos siendo exprimidos, la tensión en sus piernas, en la colita de Facundo, las estocadas agonizantes de un macho en plena acabada, partiendo en dos una colita parecida a la mía.
Por el ángulo en que me encontraba, pude ver cómo Ernesto sacaba y metía su pija reluciente y al meterla, como si desbordara la colita de Facundo, veía salir el semen que resbalaba por sus huevos. Luego fue cediendo en intensidad hasta que se corrió. El culito super abierto de Facundo, medio desmayado en el suelo, con sus cachitas para arriba y su gemir dolido fueron demasiado para mi. No olvidarse que yo aún no había acabado, asi es que me arrastré sobre él.
-Hola, angelito...- susurré a su oído. Todo lo que recibí como respuesta fue su jadeo entrecortado y un gemidito suave.
Apoyé mi verga a punto de reventar en su agujero y me la tragó. No dijo ni "A". Pareció que mi poronga, aunque grande, era una caricia para él. Pero se giró y colocándose de frente a mi, puso sus piernas en mis hombros y pude verle la carita cuando lo cogía. Curiosamente duré más de lo que supuse. Fue cuando sentí a Ernesto abrazarme desde atrás.
-¿Te la bancás?- me preguntó. Y acto seguido me apoyó su cañón, otra vez listo para la guerra.
Dejé de serruchar en la colita de Facu y saqué la cola. Listo, media vergota dentro de mi. Ernesto no se aferró de mis caderas para empujarme, sinó que tomó los muslos de Facundo y los atrajo hacia mí, clavándome su cola y ensartando la mía en su pijota. Fue bestial. Jamás experimenté algo así hasta el día de hoy. Cada vez que se la metía a Facu, me salía de Ernesto y viceversa. Sentirme plenamente lleno con Ernesto detrás y cogerme ese ángel fue incomparable. Pero aún faltaba algo: me olvidaba de Lucas. Se apareció frente a mi y puso su pijota en mi boca casi a la fuerza. No me molestó, al contrario. Bombeé cada vez más fuerte, cosa que era como dejarme coger por Ernesto; muy raro. Y me sentí venir.
Mi macho pasó sus brazos para adelante y me abrazó, mordiéndome el cuello. Por mi parte, tomé la verga de Lucas y la pajeé lo más rápido que me dió la mano. Yo cogía y me cogía solo hasta que no lo aguanté más y me vacié en la colita de mi hermoso ángel. Uno, dos, tres; no sé cuántos pijazos dí. Sentí lo mismo de Ernesto que me apretó fuerte, metiéndomela bien a fondo. Lucas estaba llegando cuando Ernesto dió su última estocada. La leche de Lucas era espesa, quemaba y salía a borbotones. Tragué y bebí hasta que no pude más y el resto lo dejé caer por mi mentón y pecho.

Tres machitos para mi deleite. Tres cosas hermosas para disfrutar y no olvidar. Todo lo que vino después está como en una nebulosa. Los tres coincidimos en que fue nuestro mejor polvo, lejos. Apenas pudimos incorporarnos y apoyarnos en los sillones. Mi cola y la de Facu rezumaban leche de sobra como para un año. Felices, nos dedicamos un beso profundo y tranquilo, por el simple hecho de sentirnos. Luego se sumó Ernesto que me tomó del cuello y me comió la boca. "Gracias por venir", me sonrió y yo me prendí otra vez de su lengua. Quedamos en alguna vez reunirnos de vuelta. Pasé al baño, me lavé como pude y cuando llegó el remís, me llevé al pendejo conmigo. Fuimos a casa y, en mi cama, abrazados, dormimos como marmotas. Al día siguiente, él no fue a laburar a los trenes y yo me tomé el día libre. Es al pedo decirles lo bien que la pasamos esa tarde, merendando como dos amigos y cogiendo como si lo hubiésemos hecho toda la vida. Lo mejor de todo es que continuamos nuestra conexión hasta el día de hoy.


¡Comenten qué les pareció y recomienden! Lean mis otros relatos, también.