Gabriela - Humillando a su marido
parte 1


Gabriela era casada, y su felicidad estaba asentada en la tranquilidad con la que llevaba su vida, lo que ella ignoraba eran las grandes deudas que su marido había tomado en post de su mayor vicio; el juego y las apuestas, y lo más grave era que su principal acreedor era Carlos, un tipo acostumbrado a cobrarse de cualquier manera su dinero.
Esa noche Gustavo el marido de Gabriela estaba intranquilo aunque no le había comentado nada a su esposa, sabía que estaban por llegar a cobrarle y él no tenía con que pagar.
Cuando golpearon, Gabriela fue inocentemente a abrir, no tuvo tiempo de reaccionar pues un fuerte empujón a la puerta la hizo retroceder.
-¿Qué pasa?, ¿Quiénes son ustedes?- dijo ella entre sorprendida y aterrada
-¡vos callate y sentate!- dijo uno de los grandes guardaespaldas de Carlos señalando hacia una de las sillas
-Vengo a cobrar lo que me debés- dijo Carlos mirando a Gustavo
-por favor, te pido tiempo, puedo juntar algo mañana- dijo Gustavo con voz casi inaudible
-¿mañana?, ¿vos te crees que la guita me la regalan a mi?, no es imposible, necesito cobrar hoy- dijo Carlos de muy mal modo
-lo siento, no puedo pagarte- ahora Gustavo agachaba su cabeza
-Si no me pagás, me voy a tener que cobrar con otra cosa, dijo Carlos mirando hacia Gabriela.
-No, por favor, ella no- dijo Gustavo suplicando
-Callate, no hablés más- dijo indignado Gustavo y se volvió hacia Gabriela
Le hizo una seña para que ella se acercara. Gabriela había estado observando toda la escena y realmente estaba un poco decepcionada del poco carácter de su marido y como ese perfecto desconocido había manejado sin problemas a Gustavo. Y ella casi mecánicamente aceptó la autoridad de Carlos, e inmediatamente se puso de pie y se acercó a Carlos.
-Estás muy buena, ¿Cómo te llamás?- preguntó Carlos acercando su rostro al de ella
-Gabriela- dijo tímidamente
-¿sabés quien soy yo?- dijo Carlos acercando su rostro un poco más
-no, perdón, pero no se – respondió ella
-Soy tu nuevo dueño- La cara de Carlos mostraba una sonrisa lujuriosa
Gustavo intentó oponerse, pero la firme mano de uno de los “guardianes” de Carlos lo convenció de lo contrario. Esto Gabriela lo vio, y en su interior mientras más caía la imagen de su esposo, más se afirmaba la autoridad de Carlos.
-como vós digas – dijo ella aceptando lo que Carlos decía.
-¿Cómo yo diga?, entonces demostrámelo- mientras hablaba, Carlos comenzó a desprenderse el pantalón.
Gabriela lo miró a los ojos y cuando Carlos la tomó de la nuca, ella aceptó la indicación de ponerse de rodillas. De pronto comenzaba a disfrutar de obedecer. Primero tímidamente llevó una de sus manos a la dura verga de Carlos, pero sin pausa abrió sus labios y colocó el miembro en su boca.
-¡puahh, mirá cómo la chupa tu esposa!- dijo el grandote que por los pelos obligaba a Gustavo a mirar la escena.
Gabriela de pronto se sintió extasiada, ese tipo emanaba poder, y ella se sentía presa de él. Con su boca succionaba con fuerza mientras su mano se movía lentamente a todo lo largo de la verga. A veces su lengua recorría la cabeza, lo hacía con lentitud mientras su mano acariciaba suavemente los testículos del tipo.
-Vení, ponete contra la mesa- Carlos la tomó del brazo
Ella obedeció ya sin miramientos, y cuando Carlos comenzó a subirle la corta falda de jean, ella se mordisqueó levemente su labio inferior.
-que culo maravilloso tiene tu esposa- Carlos reía mientras miraba a Gustavo
Las manos del “jefe” comenzaron a manosear las nalgas y Gabriela sintió maravillada como Carlos le sacaba la tanga para dejarle el culo descubierto al completo para comenzar a jugar con su lengua, rodeando el ano lentamente y arrancando los primeros suspiros de Gabriela.
-que culo delicioso que tenés- dijo él
La pura realidad era que Carlos en pocos minutos le había dicho “más piropos” que su marido en mucho tiempo, y eso poco a poco sumía cada vez más a Gabriela en el placer, y combinado con las caricias que la lengua de Carlos le propinaba en el culo, hicieron que los suspiros se hicieran un poco más profundos. Las manos de Carlos subieron suavemente por la cara interna de los muslos hasta llegar a la vagina y rápidamente hicieron contacto con el clítoris y comenzaron a masajearlo. Gabriela comenzó a moverse lentamente, mientras su propia mano buscaba hacia atrás la nuca de Carlos para estrecharlo contra su cuerpo y de su boca escapaban suspiros de placer.
Un dedo de Carlos se hundió en la vagina y comenzó a moverse, casi inmediatamente las piernas de Gabriela parecieron doblarse, fue en ese instante en que Carlos se puso de pie, volvió a mirar a Gustavo sin detener sus movimientos
-mirá como hago gozar a tu esposa, pelotudo- dijo Carlos
-¿ves lo que te pasa por no pagar las deudas?- agregó uno de los guardaespaldas
-mi amor, por favor pará- dijo desesperdo Gustavo tratando de hacer reaccionar a su esposa.
-no…puedo…te…juro…que…no puedo- dijo ella entre hondos suspiros
Gustavo detuvo sus movimientos e inmediatamente fue Gabriela la que comenzó a moverse
-no parés, por favor no parés- rogó ella
-ehh, pero esta mina es una viciosa- dijo Gustavo arrancando risas de sus guardaespaldas.
-por favor- repitió ella
Gustavo separó un poco las piernas de Gabriela, y se colocó detrás de ella
-¿querés que te coja?- preguntó quien dominaba la situación
Gabriela se recobró un poco e intentó una última defensa
-no, por favor- exclamó suavemente ella girando su rostro hacia Carlos
-tu cara no dice lo mismo- mientras hablaba Gustavo colocó su verga entre las piernas de Gabi y comenzó a frotarla contra la hambrienta vagina. Gabriela comenzó a gemir mientras su cara mostraba una amplia sonrisa de placer. La penetración fue fulminante y casi violenta, lo que arrancó un amargo quejido de Gabriela y su rostro se contrajo de dolor.
-pará, está muy dura, despacio por favor- rogó ella
Gustavo atropellaba con fiereza, tomando a Gabi por las caderas la atraía hacia él a cada embestida, y de pronto ella se encontró respondiendo a los movimientos de Carlos y con su culo empujaba fuertemente hacia él, haciendo que la verga se clavara en toda su magnitud.
-Mirá mami, sin manos- dijo riendo Carlos abriendo sus brazos y mirando hacia el abatido esposo que no podía creer lo que veían sus ojos.
-mas duro, por favor más duro – rogaba ella entre gemidos
Mientras penetraba a Gabi por la vagina, Carlos comenzó a hacer presión con su dedo índice en el ano de ella, que ofreció poca resistencia y ocasionó que ella aumentara el tono de sus quejas.
-Que hermoso culo, y para colmo hambriento de pija- dijo él
-no seas hijo de puta- rogó ella mientras comenzó a sentir como en su interior crecía una ola de placer que la conducía directamente al orgasmo, y no pudo evitar mirar a hacia su esposo mientras el clímax se apoderaba de ella con elevadas quejas.
-si hijo de puta, si, haceme acabar así, si dale más duro
Carlos gruñía profundamente mientras sus embestidas se hacían más lentas y más profundas y su dedo se introducía completamente en el hermoso culo de Gabi.
Ella comenzó a temblar, sus piernas la abandonaron una vez más y se desplomó sobre la mesa, se aferró con fuerza contra la tabla mientras gemía prolongadamente.
Carlos se detuvo extenuado pero no retiró el dedo del culo de Gabi, que continuaba gimiendo y temblando.
-por favor, el dedo…sacame el dedo- rogó ella
-¿por qué, te molesta?- preguntó él con una amplia sonrisa
-no…puedo…dejar…de…acabar- dijo ella aún temblando y moviéndose.
Carlos ahora apoyó su otra mano en la espalada de Gabi, como sosteniéndola
-¿nunca tuviste un orgasmo anal?- Carlos aún sonreía
-no…por…favor…basta- exclamó Gabi, a sabiendas de que en realidad no quería que él se detuviera.
Él movía suavemente el dedo y era ella la que se movía, y lo hacía con pasión.
-si…si…si- repetía ella
-¿de quien es ese culo? Preguntó Carlos
-tuyo…sólo tuyo- dijo ella aún envuelta en gemidos y suaves quejas.
Por fin Carlos retiró el dedo y Gabriela totalmente vencida y satisfecha se quedó inmóvil sobre la mesa.
Gustavo estaba devastado, con sus manos se tomaba amargamente la cabeza.
-¿ves pelotudo lo que pasa si no me pagás?- Carlos miraba fijamente a Gustavo
-por favor Carlos, andate, ya te cobraste- rogó Gustavo
-¿a vos te parece que me voy a ir así?, nooo hermano- Gustavo se giró inmediatamente
Gabriela ya estaba incorporada y comenzaba a acomodarse sus ropas.
-no bebé, no te acomodés que aún falta- dijo Carlos
Tomó de la mano a Gabriela, y se acercó al oído de ella, ella lo miró sorprendida, pero con una sonrisa en sus labios
-¡sos un perverso!- dijo ella mientras asentía con la cabeza.
Continuara…
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