Los cuentos del Doctor Morbo
Celeste - Cogiendo delante del marido

Una vez más Celeste se había quedado con ganas de acabar, pues Esteban, su marido había estado largo rato alardeando con que esa noche la iba a agarrar, que la iba a partir, etc. Pero llegado el momento, él como siempre la hizo poner boca arriba, la penetró y muy rápidamente “se fue por las cañerías”, ella apenas había comenzado a calentar motores cuando él ya había terminado, y con un “hasta mañana” se dio vuelta y muy rápidamente se durmió.
-me calienta al pedo – se dijo a ella misma bastante enojada con su marido y así enojada e insatisfecha se fue quedando profundamente dormida.
Al principio fueron muy lejanas, pero las risas fueron haciéndose cada vez mas claras. Abrió sus ojos, inmediatamente se dio cuenta que su marido no estaba a su lado. Indudablemente las risas venían desde la cocina.
Aún adormilada, recorrió el pasillo desde su dormitorio, unos segundos antes de entrar se dio cuenta que estaba en tanga y llevaba puesta solamente su remera de dormir. No quiso volverse para vestirse, por lo que decidió tratar de mirar sin ser descubierta. Apenas se asomó se asustó por lo que vio, pues Esteban estaba atado y amordazado a una silla, y lo que más le extrañó era que Mario, el mejor amigo de su esposo y Juan el primo de Mario eran los captores que reían a viva voz.
-¿Qué están haciendo?- dijo ella asustada.
-esperándote a vos – dijo Mario mientras se daba vuelta hacia ella.
Intentó correr, pero Mario fue más rápido, la tomó desde atrás y le inmovilizó con una sola mano y la trajo de vuelta hacia la cocina.
-chicos, están locos, suéltenme- dijo ella cuando Mario y Juan se pusieron cada uno aun lado de ella.
La verdad es que a ella Mario la calentaba bastante, pero ahora verlo con esa remera ajustada que le marcaba más músculos de lo que ella pensaba y ese look sin afeitarse, lo hacía ver aún más macho salvaje, para colmo a Juan en ocasiones anteriores lo había sorprendido un par de veces mirándola con cara de degeneradito, y también la había calentado. Pero éste no era el lugar para enfiestarse con ambos, y mucho menos delante de su esposo.
Mario fue el primero que la manoseó, comenzó a tocarle las tetas casi con violencia.
-te voy a comer entera- le dijo al oído Mario, mientras Esteban (su esposo) abría los ojos desmesuradamente y sacudía la cabeza tratando de impedirlo.
Juan se ocupó de su culo, le arrancó la tanga desesperado y sus dedos fueron directo hacia su ano.
-Tenés un culo de novela y yo te lo voy a partir- dijo Juan
Celeste quiso negarse, pero ahora Mario la tomó con fuerza del rostro y la besó alocadamente, ella al principio se resistió, pero él tenía más fuerza y ella fue cediendo hasta que por fin abrió su boca para que la lengua de Mario se introdujera ferozmente. Ella terminó respondiendo a Mario, que ahora volvía a sus tetas y pellizcaba ávidamente sus pezones. Juan mientras tanto, se había puesto de rodillas y era él con su lengua que jugueteaba en su ano. Entre los dos la estaban volviendo loca.
-chicos, por favor, paremos acá, Esteban está mirando- dijo ella tratando de parar esa locura.
-¡mirá como la tiene parada!, si le encanta lo que está pasando- dijo Juan casi riendo
-¡Esteban!, ¿estás disfrutando de esto?- preguntó ella azorada
Esteban agachó la cabeza avergonzado, en ese instante una de las manos de Mario bajó hasta su vagina y comenzó a tocarla, acertó justo el clítoris, y con desesperación comenzó a masajearla. Juan seguía comiéndole el culo con su boca y su lengua la penetraba por el culo produciéndole sensaciones indescriptibles de placer. De pronto Mario se bajó los pantalones, dejando a la vista una tremenda verga enorme, dura y parada.
-¿es mas grande que la de tu marido?- preguntó Mario
Ella asintió sin pronunciar palabra, pues estaba brutalmente sorprendida
-me…pensás…coger…con…eso?- preguntó temerosa
-no seas desesperada, esperá un poquito- dijo Mario
Juan ahora se había incorporado e imitando a Mario también se sacó los pantalones, su verga se apoyó bruscamente entre sus nalgas y Mario la apoyó adelante, colocando su tremenda verga entre las piernas de Celeste y apoyada en la parte externa de su vagina. Entre ambos la comenzaron a estrechar, haciendo que sus cuerpos se pegaran y llenando de sensaciones a Celeste.
-chicos, por favor, no sean así, déjenme – dijo ella suspirando.
Mario se colocó a un lado y comenzó a besarle las tetas, a chupárselas con ganas, Juan lo imitó y se ocupó de la otra. De pronto Celeste pasó sus brazos sobre ellos y los abrazó a ambos, cerró sus ojos con fuerza y se entregó al placer, mientras les acariciaba la cabeza a sus dos atacantes conocidos. Sintió como los dos le mordisqueaban los pezones, y creyó que se iba a volver loca de placer.
Mario la volcó sobre la mesa de la cocina, haciendo que sus tetas se aplastaran contra ella. Intentó mirarlo, pero él le sostuvo la cabeza inmóvil, no dejando que se moviera.
-Por favor Mario, no – ella expresaba mucha menor resistencia de la necesaria
Sintió como la tremenda verga comenzó a abrirse paso en su vagina con violencia
-ay, me hacés doler, ¡por favor más lento!, ¡mas despacio!- rogaba ella
-¡que te va doler!- dijo Mario riendo
Juan se puso cerca del rostro de Celeste, y ante la vista de ella comenzó a masturbarse.
Mario Embestía con fuerza, con pasión
-a vos lo que te hace falta es un macho que te coja como tiene que ser- dijo Mario
-quiere pija, ¡celeste quiere pija!- dijo Juan
-si…quiero…pija- dijo celeste cuando sintió como su cuerpo se erizaba de placer al sentirse presa de esos dos leones.
Los ataques de Mario eran veloces y profundos y la estaban desarmando.
-si, quiero pija, dame pija – repetía Celeste
Juan la tomó de la nuca, y con fuerza la atrajo hacia su verga, haciendo que ella abandonara su posición contra la mesa, fue instantáneo, ella se puso la verga en la boca y Juan acabó en ella, sosteniéndola para que ella se viera forzada a tragarse todo.
Mario también gemía, y comenzó a llenarle la vagina con su semen. A pesar de todo placer que recibía a Celeste no le era posible acabar.
-dame más hijo de puta, partime, haceme acabar- dijo ella volviéndose hacia Mario, que aún embestía contra ella, pero cada vez con menor violencia.
-Ahora me toca a mí- dijo Juan cuya verga no había perdido nada de firmeza.
Se colocó detrás de ella, con una mano la tomó de la cintura, dejó caer un poco de saliva para lubricarla.
-no Juancito, la cola no por favor- rogó ella
-te voy a dar por culo hasta que a mi se cante- dijo él
Ella a pesar de sus palabras no se movió, facilitando la tarea de Juan, que ahora le hizo sentir la pija contra su ano, lentamente se fue introduciendo mientras ella se quejaba amargamente pero a la vez suspiraba de placer. Sintió como el miembro de Juan la partía, la verga estaba muy dura y su culo parecía incapaz de soportar una verga así de dura y gruesa.
-ay papito, me vas romper el culito- dijo ella en voz muy baja
-este culo tiene hambre y yo le voy a dar de comer- dijo Juan mientras comenzaba a moverse lentamente.
Celeste sintió el placer como nunca en su vida, se sintió cautiva, presa de los amigos de su esposo, que ahora la miraba fijo, reprochante, furioso con ella por coger de esa manera y frente a él.
-¿Qué me mirás?, vos nunca te ocupás de mí, nunca me hacés acabar- dijo ella a su esposo que atado y amordazado seguía mirándola.
Ella giró su cabeza hacia Juan
-dale Juancito, partime por favor, haceme la cola que es toda tuya- dijo ella todavía sin acabar.
De pronto Juan se retiró de su culo, y ella se arrodilló, ahora Mario se colocó a un lado y Juan del otro. Ambos comenzaron a masturbarse y ella se quedó esperando “la lluvia de semen”
Casi inconcientemente se llevó la mano al clítoris, y comenzó a masturbarse ella misma, por fin el orgasmo comenzó a manifestarse, su voz se hizo jadeante, y el clímax la envolvió completamente, sintió como se le erizaba hasta el último rincón de su piel, hasta que con un largo gemido expresó que estaba acabando, ahora sus manos se cerraban en torno a algún pedazo de tela, que podía llegar a ser una de las remeras de los dos hombres. De pronto sintió una música que comenzaba a sonar lejanamente pero a cada segundo cobraba mas fuerza, la reconoció al instante como la música de teléfono al despertarla todas las mañanas.
Cerró sus ojos con fuerza, tratando de ignorarla, pero en un instante Juan y Mario se evaporaron. La música se hizo insoportable, y por fin ella abrió sus ojos. Estaba en su cama, su mano aun apretaba la sábana como producto de su orgasmo.
-Apagá ese teléfono de una vez- dijo su marido aún dormido.
Y Celeste, aún temblando por el poderoso orgasmo que había tenido en sus sueños, comenzó a levantarse.

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