Los cuentos del Doctor Morbo
Ariana - Esposa y Puta
1º parte
Ariana era muy hermosa, se preocupaba mucho por su cuerpo, lo trabajaba en el gimnasio bastante, y eso se notaba, si hablamos de sus tetas, tenían el tamaño perfecto y verdaderamente verla venir de frente era desearle esas tetas, así estuviera vestida completamente. Pero su culo era el monumento al culo, perfecto y admirable. Estos rasgos se complementaban con su verdaderamente bello rostro.
Pero ahora estaba enojada y mucho. Su esposo Mario se había quedado con un dinero de un cliente, había intentado engañarlo en un negocio y este lo había descubierto. Pero eso no era todo su cliente era un tal Carlos, tipo muy poderoso y muy perverso. Tan perverso que le había propuesto a Mario que para dejar pasar las cosas, debíapermitir que ella cenara una noche con él, a solas en su “refugio”. Lo que más le indignaba es que Mario había aceptado.
-Es mi oportunidad- le había dicho Mario.
-¿oportunidad de que?- Ariana estaba muy enojada
-De que él intente propasarse con vos, así yo lo puedo denunciar- Dijo Mario entusiasmado
-¿y me mandás a mí a la boca del lobo?, ¡sos un cobarde!- dijo ella
-¡pero si después la guita la disfrutamos juntos!, ¡yo ya hice mi parte, ahora te toca a vos!- dijo él fingiendo enojo.
Arianna, enfurecida había decidido que era lo último que haría, para colmo ese tal Carlos era despreciable, ostentaba su poder en todos lados, y ahora debía compartir una cena con él.
Ahora ella terminaba de bañarse, sola en su cuarto y completamente desnuda, estaba por comenzar a vestirse, había elegido una vestimenta discreta y elegante.
-Hijo de puta, te vas a arrepentir de esto- dijo dirigiendo su enojo a su esposo.
Desechó la idea de vestirse recatadamente, fue a su cajón y sacó la lencería erótica que alguna vez había usado para su marido, una tanga de hilo dental y un corpiño de encaje blancos. Luego fue en busca de un vestido que había usado hacía un tiempo, era negro, corto, ajustado y con un pequeño tajo al costado. Con unas tijeras, lo descosió un poco más, haciendo que el tajo llegara provocativamente hasta casi sus caderas. Unos zapatos de taco alto completaban la vestimenta.
Cuando Mario la vió, comenzó a arrepentirse, pero era tarde.
-Acordate, no dejés que te haga nada- le dijo Mario.
-No te preocupes, que no va a suceder nada que yo no quiera- dijo ella confiada, pero esto es lo último que hago como tu esposa.
Fue la ultima frase que le dedicó a su marido, luego mientas se dirigían “al refugio” ella simplemente lo ignoró.
Las cosas comenzaron a complicarse apenas llegaron, pues en la puerta dos tipos realmente enormes custodiaban la entrada. Apenas Ariana y Carlos se acercaron, los dos grandotes la observaron descaradamente. Mario intimidado por el tamaño de los tipos, guardó silencio, pues sin mediar palabra los hicieron pasar, en el interior una pequeña sala de espera tenía como único mobiliario un amplio sillón y en una nueva puerta otro tipo aguardaba, pero este era realmente intimidante. Su enorme cuerpo, musculoso y atlético dejaba ver a un hombre verdaderamente en estado físico admirable.
-adelante- dijo el tipo abriendo la puerta.
Ambos se dirigieron hacia la puerta, pero los otros dos, que ya habían ingresado y cerrado la puerta de entrada, sostuvieron a Mario, haciéndolo sentar rápidamente.
El musculoso y Ariana ingresaron a la segunda estancia, allí una mesa servida al mejor estilo restaurant de lujo, a media luz aguardaba. A un costado en un amplio sillón lujosamente tapizado estaba Carlos, y en una pequeña mesa ratona un balde metálico contenía una botella de champagne.
-Adelante, preciosa- dijo Carlos desnudándola con la mirada.
Ariana, que era de carácter y que se sabía defender muy bien, se sintió intimidada. Carlos realmente ostentaba todo el poder que podía, el lujo se respiraba en el ambiente.
-Este tipo sabe hacer las cosas- se dijo para ella
Carlos le señaló el lugar junto a él.
-sentate, por favor- dijo con amabilidad
Ariana se sentó junto a Carlos, pero dejó entre ellos todo el espacio que pudo.
El musculoso se acercó e inmediatamente destapó la botella, sirviendo dos generosas copas de champagne.
-No bebo, gracias- dijo Ariana
-Hay dos cosas que embellecen más a las mujeres que ninguna otra cosa en el mundo- dijo Carlos
-¿Cuáles son esas cosas?- dijo Ariana fingiendo interés
-Una es el champagne, la otra son las joyas.
-Lo siento, no bebo y no tengo joyas- dijo ella
Carlos extrajo un pequeño estuche de un maletín que se encontraba junto al sillón. Cuando lo abrió dejó ver un pequeño colgante muy hermoso, en una fina cadenita de oro. El rostro de Ariana cambió de gesto. Pues la joya era realmente hermosa. Carlos se puso de pie, y rodeando el sillón, se colocó a espaldas de ella.
-Esto es un presente para vos- dijo Carlos mientras le colocaba el pendiente.
-Creo que ud. Se confunde, una joya no va hacer que yo…- no pudo completar la oración.
-esto no tiene que hacer, es simplemente un presente, no un pago de nada- dijo él galantemente.
Acto seguido tomó las copas y le ofreció una a Ariana, que se puso de pie para brindar.
Ella no tuvo en cuenta dos cosas, primero que ella no estaba acostumbrada al fino y caro champagne y segundo que estaba con el estómago vacío.
La primera copa pasó por sus labios muy rápidamente. Y Ella comenzó a sentirse obnubilada por el lujo y el poder de Carlos, y cuando él se acercó un poco, ella no tuvo la fuerza para mantenerlo a distancia.
-Yo te voy a hacer ver como se deben tratar a las bellezas como vos- le dijo con voz grave.
Ariana ahora agregaba a la obnubilación, la galantería de Carlos y cada vez se enmarañaba más en las redes de Carlos. Cuando él acercó sus labios, ella se quedó inmóvil. El contacto de sus bocas la electrizó. Pero cuando esperaba un beso apasionado solamente recibió un pequeño beso. Totalmente desarmada Ariana se encontraba a merced de él. Carlos la tomó de la mano y la condujo hacia la pequeña mesita que ya estaba desocupada.
-¿Me harías un regalito?- dijo Carlos dejando que el grandote rellenara ambas copas de champagne.
Ariana sabía que su marido odiaba a Carlos, pero ella a estas alturas no podía negar que se encontraba maravillada con él. Y que la había seducido profundamente.
-Decime y veo puedo que hacer- dijo ella mientras nuevamente bebía de la copa
-quiero que te coloques en cuatro patas sobre la mesita, yo solo voy a mirar- dijo él.
A ella le pareció un muy buen juego de seducción
-¿solo vas a mirar?- preguntó ella
-Hasta que vos digas- dijo él
-Ok- Ariana aceptó el juego que él le proponía, quizá movida por el alcohol.
Y se colocó delante de la mesa para acomodarse según el deseo de Carlos.
-pero vestida no- dijo Carlos
Ella quiso negarse, pero él avanzó sobre ella decididamente, y rápidamente le bajó el cierre del vestido que cayó inmediatamente al piso. Ariana buscó taparse con las manos sus partes que aún estaban cubiertas por la lencería. Quiso expresarse, pero Carlos ya se estaba sentando en el sillón.
Sin argumentos y muy a su pesar completamente excitada, Ariana miró fijo a Carlos y se acomodó según el pedido de él.
-me prometiste que no vas a tocar- dijo con voz muy sexy.
-hasta que vos digas- dijo él
El clima de seducción excitaba más a cada instante a Ariana, que casi se sentía como una perra en celo. Pero cuando sintió una mano que se apoyaba en su culo, ella dio un salto hacia delante.
Cuando miró hacia atrás, el grandote estaba completamente desnudo, y exhibía una potente erección.
-¿Qué es esto?, yo no quiero…- una vez más no pudo terminar de hablar.
El grandote la tomó de los cabellos fuertemente, ella abrió su boca para quejarse por el dolor, pero inmediatamente la dura verga se introdujo entre sus labios.
Por unos instantes ella quiso defenderse, pero el tipo la tenía inmovilizada, y esa situación terminó por excitar a Ariana, normalmente en lo referente a lo sexual, era ella la que dominaba a su marido, pero ahora era ella la dominada, y como una perrita obediente obedeció a su ocasional amo. Cerró sus labios, y comenzó a chupar esa tremendamente dura verga que invadía su boca, sus manos fueron hacia los testículos que gordos y pesados, colgaban ostentosamente. Ella los acarició con una mano, suavemente al principio, pero a medida que la otra mano recorría el largo de la pija, su mano fue cerrándose sobre ellos. Su lengua contorneaba la enrojecida cabeza de la verga. Y por primera vez, ella levantó su mirada hacia él. El tipo la dominaba completamente, ahora con sus dos manos la tomó de la cabeza, y con fuerza le indicaba el camino a seguir. Ella sintió como el enorme tipo comenzaba a temblar, quiso retirar el miembro de su boca, pero no pudo, pues él hacía tremenda fuerza sobre ella, y sintió como un torrente de semen inundaba su boca. Casi ahogada por verga en su boca, tuvo que tragar para poder respirar. Apenas pudo miró a Mario, este sonreía en su sillón. Su gesto era de un gozo malévolo y perverso.
Una vez más el enorme tipo la tomó pero la hizo recostarse sobe la mesita no sin antes sacarle el corpiño, boca arriba. Le abrió las piernas con autoridad, y ante su sorpresa, le derramó parte del champagne de una copa sobre sus pechos. Y como si fuera un enorme perro se abalanzó sobre su comida. Con suaves lamidas comenzó a recorrerle las tetas, rodeando los pezones sin tocarlos, y cuando ella fue a tomarle la nuca para conducirlo hacia ellos, él comenzó a bajar por su vientre y llegó hasta su vagina, sus manos retiraron la pequeña tanga sin dificultad.
Allí estaba ella, desnuda y esperando que un completo desconocido “le comiera la concha”, cuando sintió la lengua posarse en su vagina, ella lanzó un tremendo gemido de gozo, la lengua comenzó a juguetear allí, a la vez que uno de los dedos del grandote se introdujo en su vagina. Ella arqueó la espalda, gozando tremendamente con esa penetración, y cuando él comenzó a moverlo, junto con su lengua, ella no pudo menos que comenzar a acariciarle la nuca a “su agresor”. El placer que sentía era inmenso y ella gemía a viva voz. El dedo comenzó a moverse con mayor velocidad, y ella sentía como el orgasmo se acercaba velozmente, cerró sus ojos con fuerza y abrió su boca para gemir y resoplar, pero precisamente en el momento previo al orgasmo, el grandote se detuvo.
-No seas hijo de puta, haceme acabar- imploró ella
El grandote rió de buena gana, y se volcó sobre ella, apoyó su verga en la hambrienta vagina y la penetró en el primer intento. Los ojos de Ariana se abrieron inmensos, y un pequeño grito de dolor-placer se escapó de ella. Pero así tremendamente penetrada, sintió las manos de él que la tomaban por las caderas, ella se sostuvo del cuello de él, que comenzó a enderezarse, ella quedó trepada en el gigante y sus piernas se atenazaron en la espalda de él. Se sintió un juguete en manos de su ocasional dueño, y cuando él proponía el movimiento ella respondía a sus órdenes. La dura verga la penetraba en toda su profundidad, y el sentirse indefensa y totalmente dominada hicieron que ella retomara velozmente el camino del orgasmo, se tomó fuertemente de él y se abandonó al placer, besando profusamente el cuello del grandote. El orgasmo fue prolongado y profundo. Aumentado cuando sintió como él una vez más acababa, pero esta vez le estaba llenando la vagina con su semen. Lentamente fue quedándose inmóvil, aún trepada en él. Ahora el tipo todavía con ella en andas, se acercó a Carlos y la depositó sobre las piernas del jefe.
Ella totalmente satisfecha se acurrucó sobre Carlos como si fuera una niña en busca de consuelo.
-¿Te gusto?- preguntó Carlos
-Si, verdaderamente me deshizo- dijo ella satisfecha
Pero en ese instante vió que en las cuatro esquinas del techo, unas pequeñas cámaras habían filmado lo sucedido.
-¿Me filmaste?- preguntó alarmada.
-Si y tu marido vio todo- dijo Carlos
-No sabía, yo…- no encontró las palabras para continuar.
-No te preocupes, ahora él se va a quedar conmigo, hasta que vos me pagués lo que me deben.
-Pero yo no tengo dinero, ¿como voy a pagarte?- preguntó Ariana
-Trabajando para mí, no tenés opción-
-¿Y si me niego?-
-los mato a los dos, muy simple, tomate cinco minutos - dijo Carlos mientras se retiraba
Ariana quedó desnuda sobre el sillón. Carlos le había demostrado que no solamente ostentaba poder, sino que además realmente lo tenía. Y ella no tenía opción.

2º parte
Domando la Fiera
Ahora Ariana estaba sola y todavía totalmente desnuda, sabía que no tenía opción, debía aceptar las órdenes de Carlos. Buscó sus ropas para vestirse, pero sólo encontró la tanga y los zapatos de taco alto. Ella, que en toda su vida había sido una mujer dominante, incluso sobre su marido a veces, ahora se encontraba totalmente a merced de Carlos. Luego de unos diez minutos apareció nuevamente “su dominador”.
-¿y lo pensaste?- preguntó Carlos.
-No hay nada que pensar, no me dejás opción- dijo ella un poco frustrada.
-te va a gustar trabajar para mí- dijo él
-todavía no me has explicado que debo hacer- Ariana imaginaba perfectamente de que se trataba el asunto.
-Desde ahora y hasta que a mi se me ocurra, sos mi puta, mi mercadería de intercambio- dijo él con naturalidad.
-no creo que pueda someterme a todos tus deseos- ella se mostraba fría y molesta con la naturalidad de Carlos.
-Vas a tener que poder, vení sentate en mis rodillas- ordenó él mientras se sentaba junto a la enorme mesa todavía tendida para cenar.
Ella en principio se quedó inmóvil, pero ante la mirada de Carlos, que destilaba autoridad, ella terminó por caminar lentamente hacia él. Su cuerpo desnudo excepto por la pequeña tanga le dio la sensación de desprotección, y suavemente se sentó de costado sobre Carlos. El pendiente aún colgaba del cuello de Ariana y se perdía entre sus hermosos pechos.
Una de las manos de Carlos se posó en la nalga de Ariana, la otra fue directo hacia sus tetas.
-estas dos partes, son enteramente mías- dijo Carlos acariciando ambos lugares.
-Que esté obligada a esto, no significa que sea tuya- Ariana sentía la necesidad de desafiar a Carlos, no podía permitir que la dominaran así tan fácilmente.
Pero Carlos tenía otra idea, y sin cambiar el gesto, comenzó a rodear uno de los pezones de Ariana con sus dedos, lo hizo muy suavemente, y lo tomó entre sus dedos. Muy despacio comenzó a pellizcarlo.
-son mías- afirmó Carlos
-no, no tengo opción a dejarte que hagas esto, pero son mías- Ariana entraba en el juego, y lo iba a desafiar hasta las últimas consecuencias.
Carlos pellizcó un poco más fuerte.
-son mías- repitió
-no, no son tuyas- Ariana sentía un leve dolor, pero a la vez estaba comenzando a sentir la dominación de Carlos.
Carlos apretó un poco más, y con la otra mano comenzó a acariciarle las nalgas.
-me hacés doler- dijo ella suavemente
El pellizco era fuerte, y Ariana acusó el dolor con un pequeño quejido.
-Es culpa tuya, yo reafirmo lo que es mío- dijo Carlos
Ariana no encontró palabras, pues el dolor y la dominación que él ejercía la habían excitado tremendamente y no lograba armar una frase para contestar. En cambio hundió su rostro en el cuello de Carlos, Sus respiración era profunda y casi sin querer sus labios comenzaron a saborear la piel de Carlos.
-¿son mías?- preguntó una vez más él
-si…,son…tuyas- dijo en voz muy baja ella
Carlos soltó el pezón, y su mano comenzó a bajar hacia el vientre de Ariana, ella continuó besando a Carlos en el cuello, luego de pasar el vientre de ella hizo contacto con la zona superior de la vagina. Ariana se acomodó mejor para permitirle que él tocara a voluntad.
-sos mía- le dijo él mientras le hundía el dedo en la vagina.
-Si…- dijo Ariana
-vas a hacer todo lo que te pida- ordenó él
-si…- repitió ella
El dedo se movía hábilmente, y ella nuevamente se sintió indefensa, dominada por ese tipo que ella realmente odiaba, pero que a la vez no podía dejar de obedecer.
Sus suspiros se hicieron intensos, acompañados de jadeos profundos provocados por el gran gozo que ella estaba recibiendo. Pero Carlos, cuya naturaleza perversa se acentuaba a cada segundo, se detuvo.
-no me hagas esto por favor- rogó ella
-¿querés que siga?, convenceme dijo él con una sonrisa malévola.
-por favor, seguí- ella utilizaba un tono muy bajo de voz
-con palabras no vas a conseguir nada-
Ella entendió la indicación, y lentamente se arrodilló ante Carlos, con suavidad sacó el pene que ya mostraba una potente erección. Con su lengua rozó suavemente la punta de la verga.
-Haceme acabar- pidió ella
-Vas a tener que trabajar mucho- exclamó Carlos
Introdujo la verga en su boca, succionó con fuerza, lo miraba a los ojos, su mirada era suplicante. Luego la lengua recorrió el largo del pene, su mano comenzó a subir y bajar por el tronco de la verga que se mostraba muy dura. Siguió su trabajo con dedicación y sutileza.
-por favor, te lo ruego- la súplica era intensa
Carlos la tomó del rostro, la hizo poner de pie, la posó sobre la enorme mesa, boca arriba, ella se quedó inmóvil y deseosa. Él le abrió las piernas y mirándola con rudeza a los ojos le dijo
-¿Vos querés acabar?, yo te voy a hacer acabar- mientras hablaba, Carlos la penetró con fuerza. Ella intentó sostenerle la mirada, pero sus ojos se cerraban de placer-dolor, La verga que se introducía fieramente en ella, le marcaba que ella era una putita en celo, gozando de una cogida violenta. Las manos de Ariana buscaron la cintura de Carlos, pero él la tomó de las muñecas y las inmovilizó contra la mesa. Las embestidas de él eran tremendas, y ella gemía a viva voz, sintiendo el poder con el que Carlos la dominaba.
-Sos una puta- dijo él
-Si- respondió ella
-sos casada y puta-
-si
-sos mi puta, mi putita-
-si…si…si- ella había entrado en el orgasmo
Apretó sus piernas en torno a Carlos que ahora la penetraba furiosamente, a lo que ella respondía con gemidos profusos.
El climax fue tremendo para ella, sintió que el mundo le daba vueltas, y gritó su acabada como si de un premio se tratara.
-si…partime hijo de puta, llename de verga cabrón, dale cogeme- ella gritaba su placer
Carlos retiró su verga y acabó sobre el abdomen de ella, sacudía su pija con furia, y los chorros de semen la mancharon completamente. Sentía como cada gota pegaba contra ella y eso le prolongó los temblores del orgasmo.
Carlos se retiró un poco, procurando no mancharse él también con su propio semen.
-Si- dijo ella
Carlos en principio no entendió
-Voy a hacer lo que me pidas- Ariana estaba totalmente entregada.
Carlos señaló hacia la puerta por donde había ingresado él.
-Andá higienizate, vestite y después hablamos.
Y ella con total obediencia siguió las instrucciones de Carlos.
-La fiera ha sido domada- dijo él con satisfacción.


3º parte
La fiera responde a su amo
Ariana encontró fácilmente el baño, allí adentro, su ropa estaba ordenada y todo estaba dado para que rápidamente se bañara y vistiera tal como le había ordenado Carlos. Se miró en un gran espejo, y la imagen que vió la hizo enojar. Allí estaba ella desnuda, y completamente enlechada, en un ratito la habían enfiestado dos tipos que para ella no eran más que desconocidos. Decidió que esto tendría que terminar. Carlos debía entenderlo. A medida que los minutos pasaban, ella se sentía más segura de sus ideas. Se tomó todo el tiempo necesario para bañarse, incluso sacó de su cartera algunas pinturas y maquillajes. El único inconveniente era que no podía volver a usar la misma tanga, y como “una no anda por ahí con una bombacha de repuesto por las dudas” decidió no ponerse ropa interior. Cuando terminó el proceso, se volvió a mirar en el espejo, suspiró fuerte y decidió que debía hablar, había llegado el momento. Caminó con paso seguro hacia la puerta que la devolvía a la habitación donde la habían manoseado, humillado, y cogido dos veces. Abrió la puerta con decisión.
-Carlos, debemos hablar- dijo ella sintiéndose muy segura de si misma
-Para eso te mande a bañar- le dijo él con sarcasmo.
Ella se sintió estúpida y utilizada, después de todo él tenía razón.
-No puedo continuar con esto- dijo ella en voz baja
-No podés abandonar, no te creas que porque te cogí, te voy a perdonar la vida- la cara de Carlos se mantenía en calma.
-De eso se trata, ya me cogiste, incluso tu guardaespaldas, ahora dejame ir- rogó ella
-Callate y sentate- dijo Carlos señalando la silla contigua a la suya.
Ariana quiso rebelarse, pero no se animó, prefirió guardar fuerzas y acató la orden.
-necesito de un favor tuyo- dijo Carlos como al pasar
-¿a cambio de que?- Ariana esperaba poder negociar
-de tu vida, ¿te parece suficiente?- él la miró con cara de satisfacción.
Ella veía como los caminos se le cerraban, pues no era un favor, era una orden y ella debía obedecer.
-va a venir un tipo, necesito que te lo cojás, todas las veces que puedas- él la observó para ver su reacción.
-pero…yo….no puedo- ella no supo que contestar.
-El tipo es un futbolista, mañana juega un partido muy importante, y me han pedido que le quite rendimiento en la cancha. ¿me entendés?- Carlos se había puesto serio.
- te entiendo, pero no creo que pueda- dijo ella ensayando una oposición.
Carlos la tomó de los cabellos, lo suficientemente fuerte como para hacerle sentir el dolor y la dominación.
-Vas a tener que poder, si no la vas a pasar muy mal- el enojo era evidente en Carlos
Ariana asintió
-Está bien- dijo solamente
Carlos sacó una pequeña pastilla de su bolsillo
-Esto va a “Exaltar tus sentidos”, vas a necesitar una ayudita, pues el tipo tiene aguante, está en muy buen estado.
Ariana tomó la pastilla, maldijo a Carlos para sí misma, pues él la dominaba a su voluntad, y ella ya no sentía toda su fortaleza para enfrentarlo.
Dos pequeños golpes en la puerta le indicaron a Carlos que la visita ya se encontraba esperando.
-Adelante- La voz de Carlos sonó potente y autoritaria
Apenas Ariana vio al jugador, sintió que el corazón le daba un vuelco. El tipo era verdaderamente atractivo, alto, musculoso y atlético. Su rostro era bien varonil y destilaba sexo por los poros. Él la miró instantáneamente y provocó que ella bajara la vista, avergonzada como si hubiera expresado lo que sentía en voz alta.
Carlos lo hizo sentar, y rápidamente se pusieron a conversar, el tipo no podía dejar de mirarla, y ella sentía como la pastilla comenzaba a hacer sus efectos. De repente se dio cuenta que los colores tenían más color, que las voces sonaban distinto y que con solo haberlo visto al tipo, había comenzado a quemarle su interior. De pronto Carlos interrumpió su charla y fingió darse cuenta de lo que sucedía.
-¿te gusta mi amiguita?- le preguntó Carlos al jugador.
-¡Está muy buena!- dijo el tipo
Entonces Carlos con una mano le agarró una de las tetas a Ariana
-Andá a mostrarle a Juan que podés ser mucho mas buena todavía-
Ariana estaba turbada, tremendamente excitada, y realmente tenía muchas ganas de cogerse al deportista. Se puso inmediatamente de pie y rodeando la mesa comenzó a caminar hacia él sin quitarle los ojos de encima. El tipo se respaldó en la silla, se mostraba confiado.
-Los dejo solos- dijo Carlos mientras se retiraba.
Ariana llegó ante él, y se levantó lentamente el vestido, mostrando que no llevaba ropa interior. El tipo se agarró el bulto, como queriendo evitar que se le escapara. La otra mano la rozó por el hermoso culo de Ariana que había quedado al descubierto. Ella sintió como si una llama la abrazara.
-Que hermoso culo que tenés- dijo él
Ella sonrió complaciente, y muy rápidamente comenzó a desprender el pantalón del deportista. Cuando su verga saltó a la luz, Ariana se sorprendió por el tamaño.
-Es enorme- dijo riendo
En realidad no era el largo lo sorprendente, sino el grosor, parecía una columna romana, para colmo una enorme cabeza coronaba esa poderosa pija. Sin perder tiempo ella se arrodilló delante de él, debió abrir su boca todo lo que pudo, pero al fin consiguió introducirla entre sus labios. Su lengua la recorría lentamente mientras su mano comenzaba a subir y bajar por la tremenda verga.
-¿pero tiene lechita esto?- Ariana estaba muy caliente y dejaba salir el papel de puta.
-probá y vas a ver- dijo él con soberbia.
-me gusta la lechita, veamos- mientras hablaba, la mano de ella subía y bajaba por el miembro erecto, y él comenzó a gemir, le costaba contenerse, pues algo que Ariana no sabía era que él había estado en concentración con su equipo, y llevaba bastante tiempo sin tener sexo. Muy rápidamente pequeños temblores siguieron a los gemidos. Ella volvió a colocarse el miembro en la boca, justo a tiempo para que él eyaculara, el chorro fue tremendo y muy potente y ella lo tragó completamente.
-mmm, cuanta lechita campeón, ¿tenés más?- dijo ella en un suave tono muy sexy
Juan se puso de pié, y con fuerza pero con delicadeza la hizo apoyarse sobre la mesa, La penetró repentinamente por la vagina y ella abrió muy grandes sus ojos y giró su rostro hacia él.
-es muy grande, despacito por favor – dijo ella suplicante.
-¿vos querés más leche?, ¡yo te voy a llenar de leche!- dijo él
Ariana pasaba de abrir enormes sus ojos por la penetración, a cerrarlos con fuerza por el placer.
-ay, campeón, despacito que me vas a partir – aunque ella no lo notara estaba totalmente bajo los efectos de la pastilla que le había dado Carlos, lo que hacía que gozara y se entregara de forma no acostumbrada para ella.
Ante el pedido de ella, él bajó el ritmo de sus movimientos, la tomó fuertemente de la cintura, y lentamente introducía su miembro, lo que arrancaba gemidos de Ariana.
-¿así te gusta, mamita?- preguntaba él
-si, si, me encanta, dame más- rogaba ella
Él no pudo aguantar mucho tiempo, y poco a poco volvió a subir el ritmo, y a cada embestida ella respondía moviéndose hacia él. Ella sentía el enorme pistón de carne que se hundía en su interior y jadeaba a viva voz.
Esta vez fue ella quien sintió como el placer aumentaba, intentó recordar el nombre de su “compañero de juegos” y no pudo, lo que hizo que aún más se calentara. El orgasmo fue contundente, sus brazos flaquearon y debió abandonarse sobre la mesa mientras gemía y sin darse cuenta se llevó uno de sus dedos a su boca.
-Acabá putita, acabá para mí- dijo él en lo que parecía una orden
Ella ya no gemía, más bien gritaba su placer, y eso hizo que él lanzara su segunda carga de semen. Ambos acabaron a la vez. Pero lo que a ella le pareció el final, para él no lo era. Ella quiso moverse, pero él no la dejó, la sostuvo fuerte de la espalda contra la mesa. Ella se dio cuenta instantáneamente de la idea del deportista.
-no, el culo no, por favor, me lo vas a partir- dijo ella
Pero era inútil, el la tenía inmovilizada, y ella no opuso demasiada resistencia. Sintió la punta de la verga amenazando su culo y como se introducía lentamente.
-no, pará me duele, por favor- gritaba ella
Como única respuesta sintió como un poco de saliva caía sobre la parte superior de su culo y lentamente se deslizaba hacia su ano. Ahora él era suave y delicado.
-ay, es enorme, es muy gruesa, campeón por favor- dijo ella en forma de ruego
- ¿no te gusta así de gruesa?- preguntó él sobrándola
Ella debió tomarse del borde de la mesa, pues el dolor se transformaba en un inmenso placer.
-si…me…encanta- dijo ella
-¿te gusta que te haga el culo?
Ella asintió con su cabeza, pues le fue imposible decir una sola palabra
Las arremetidas de él se hicieron más veloces, y ella gemía, jadeaba y suplicaba por más
-si…más…dame más…así- suplicaba ella
Y sintiendo como su culo albergaba ese gran pedazo de carne, ella nuevamente se subió a la ola de placer que la invadió. Él también comenzó a acabar, esta vez sus gruñidos eran graves y profundos. Estaba acabando por tercera vez.
-ay, bebé cuanta lechita me estás dando- dijo ella tratando de ir un poco más allá.
-Sos insaciable hija de puta- dijo él sentándose para tomar un poco de aire.
La verga de él se mostraba un poco menos erecta. Ariana la tomó suavemente entre sus manos.
-¡pobrecito!, está cansado, pero yo quiero más- dijo ella en tono ingenuo
Las caricias surtieron efecto inmediato, la pija retomó su dureza. Ariana abrió sus piernas y se sentó sobre él, de frente. Lo miraba a los ojos y sonreía sedienta de más verga mientras levantaba apenas su vestido para facilitarse la tarea. Esta vez era ella la que intentaba manejar la situación, pero él tomándola de la cintura la hizo descender de pronto.
-ay, bruto, despacito, la tuya no es una pija fácil de devorar- ella estaba aprendiendo a decir lo que a todo hombre le gusta escuchar.
Ariana comenzó sus movimientos, eran lentos de adelante hacia atrás, apretaba sus propias tetas con sus manos, tiraba su cabeza hacia atrás, como si el placer que sentía fuera supremo. Pero cuando sintió que él comenzaba a besarle las tetas e intentaba sacarle el vestido, ella lo dejó hacer, y sentirse desnuda, sobre ese tremendo ejemplar de macho que la estaba cogiendo maravillosamente, la hizo volver a gozar, no hizo falta que actuara, pues el placer se volvió real, ese hijo de puta la dominaba con su verga. No pasó mucho antes que ella volviera a acabar, su orgasmo fue instantáneo, aunque un poco más suave que el anterior. Pero siguió moviéndose, pues la orden de Carlos era “cansarlo” y ella debía obedecer. Aunque tardó un poco, él acabó por cuarta vez. Y ella feliz y satisfecha se volcó sobre él, sintió las manos de él en su espalda y sus tetas aplastándose contra “su campeón”. Así se quedó un buen rato, gozando mientras la pija perdía dureza aún en su interior.
Carlos ingresó en la habitación, dando a entender que la fiesta debía finalizar.
-Bueno chicos, veo que no me han extrañado en lo más mínimo- dijo riendo
-No se ofenda, pero la verdad que no- dijo el deportista exhausto.
Se acercó a Ariana y le acarició la cabeza
-¿y vos la pasaste bien?- preguntó en tono cariñoso
-uff, me destrozó, la pasé muy bien- dijo ella mientras hacía suaves movimientos con su pubis.
-Bueno basta, andá que en tu equipo te van a extrañar, otro día hablamos- dijo Carlos al jugador
Rápidamente el deportista se vistió y salió por la puerta no sin antes despedirse de ambos.
Ariana quedó sentada en la silla, estaba desnuda y totalmente cansada y satisfecha.
-te portaste muy bien- le dijo Carlos de pie ante ella.
-gocé mucho – dijo ella sonriendo.
-me lo tenés que agradecer- expresó él
-¿Cómo te lo tengo que agradecer?- preguntó ella pícaramente
Carlos sacó su verga.
-Besame los huevos, así me demostrás obediencia- ordenó él
Ella tomó la verga con una mano, y con la otra tomó ambos testículos. Los besó profusamente, luego con la lengua jugó rozándolos, pero cuando fue a ponerse la pija en la boca, él la detuvo.
-Basta goloza, es todo por hoy, ahora vestite y andá a tu casa, reponete que todavía tenés trabajo, pero hoy has tenido un día largo y extenuante. Yo te llamo. Él te lleva- dijo señalando la guardaespaldas
Ariana estaba en las nubes, ese día había cogido con tres tipos distintos, y todos la habían hecho acabar. No tardó en vestirse y salir por la puerta acompañada por el enorme matón.
Carlos que observaba por una de las cámaras se llevó la mano a la barbilla satisfecho dijo
-la fiera ha respondido a su amo-





4º parte
Ariana se despertó ya avanzada la mañana, le costó ordenar en su mente todo lo que le había sucedido el día anterior. Su nueva situación de “esclava” de Carlos no dejaba de gustarle. Pero a la vez no podía permitirlo y las horas pasadas desde que se alejara de esa habitación donde tanto placer había dado y recibido, la habían hecho recobrar fuerzas, y estaba completamente segura que ese día terminaría todo, se negaría a todo, y se liberaría de los perversos deseos de Carlos.
El día pasó rápidamente, y a media tarde recibió el llamado de Carlos, la citaba para la noche, debía vestirse informalmente, pero tenía que resaltar sus atributos, por lo que a la hora de prepararse se puso una tanga y un corpiño negros, unos jeans muy ajustados y una remera con amplio escote que mostraba bastante de sus pechos, y unas zapatillas.
A la hora señalada por Carlos, ella estaba en la puerta del lugar y luego de pagarle al taxi, le llamó la atención que no estuvieran los guardias como el día anterior y la entrada estuviera abierta, luego de entrar vió que tampoco estaba el que la sometiera, por lo que decidió entrar a la habitación que la vio gozar tanto. Se paralizó con lo que vio, tres tipos, con chalecos que decían POLICIA, mantenían bajo control a Carlos, los tres guardaespaldas, y a su marido. Los policías hablaban con Carlos.
-Lo siento, pero ud. Está implicado en esto, el señor lo acusa de rapto, por lo que debemos revisar el lugar.
Ella podría haberse ido, pues los policías estaban de espaldas y no se habían percatado de su presencia. Pero ella decidió entrar.
-Perdón, permiso- dijo ella sorprendiendo a los guardianes del orden
Los tres giraron a la vez.
-¿Usted quien es?- dijo el que parecía llevar el mando
-Soy la esposa del señor- dijo ella señalando a su marido
El policía la miró sorprendido
-¿la esposa?, pero el dice que lo han secuestrado, ¿está ud implicada en eso?- el policía parecía desorientado
-¿le parece a ud, que si hubiera estado implicada, no habría escapado?- dijo ella usando su tono de voz más sexy y colocándose entre los tres.
-bueno, yo…- el policía parecía apabullado y no sabía que decir.
Ariana extendió su mano y tomó el miembro del policía.
-quiero declarar a favor de ellos cuatro- mientras hablaba, con su mano libre señaló a Carlos y sus tres empleados, dejando afuera a su marido.
El policía estaba paralizado, miró a sus compañeros y sonrió complacido.
-y dígame, ¿que es lo que quiere declarar?- dijo él siguiéndole el juego a Ariana.
Ariana se arrodilló mientras desprendía el pantalón del oficial, dejando a la luz una verga que ya mostraba signos evidentes de erección. Ella apenas tocó la punta de la verga con su lengua, y levantó los ojos hacia el policía.
-pero es que me cuesta hablar con un solo micrófono- dijo sonriendo
Los otros dos no tardaron en reaccionar, y también sacaron sus pijas, cerrando un círculo alrededor de ella. Ariana parecía disfrutar, manoseando dos vergas mientras “se comía” una tercera.
-¿Le gustan mis argumentos, oficial?- dijo introduciendo de nuevo la verga en su boca.
- pero no creo que sean suficientes, me parece que va a tener que ofrecer más colaboración- dicho esto los tres rieron a coro.
-tengo unas pruebas que mostrarle- Ariana se sacó la remera, y desprendió su corpiño, quedando con sus hermosas tetas al descubierto.
-eh, me parece que esas armas son peligrosas- dijo uno de los dos que no había hablado todavía.
-Venga, oficial compruébelo por usted mismo- dijo ella mientras se hacía suaves masajes en sus propias tetas y se ponía de pie.
El tipo comenzó a tocarle los pechos de forma bastante agresiva, y el que parecía el jefe, la tomó del rostro, y la atrajo hacia él, dándole un largo beso en la boca.
-Huy agente, es usted muy atrevido- ella usaba todos sus encantos.
-Hay que palparla, no sea que esconda alguna prueba- dijo el tercero y se colocó detrás de ella, apoyándole su verga en el culo. Ella hizo un leve movimiento hacia atrás, haciendo que el contacto cobrara fuerza. El policía no perdió tiempo y trató de desprenderle los ajustados jeans, pero le fue imposible. Ella rió pícaramente
-¿necesita ayuda señor policía?- dijo girando su rostro hacia él.
El tipo pareció frustrado, pero ella le facilitó la tarea y bajó sus jeans muy lentamente, observando la cara de los tres que parecían embobados por lo que se les ofrecía a la vista. Cuando ella terminó de sacarse el pantalón, dio una vueltita para mostrarse bien. Los tipos se abalanzaron sobre ella. Uno comenzó a chuparle las tetas en forma desaforada, mientras el otro apoyaba su dura pija en el culo de Ariana, y el jefe deslizaba su mano por debajo de la tanga, llegando hasta su vagina aunque de manera muy torpe.
A Ariana, que había intentado manejar la situación, se le estaba yendo de las manos pues ella misma se había excitado, nunca imaginó ser poseída por tres tipos a la vez, y el verlos que eran verdaderos juguetes en sus manos, la había colocado en el camino del placer.
Sintió la dureza de la verga que tenía en su culo, y comenzó a menearlo, haciendo que el tipo comenzara a hacer movimientos como si la tuviera verdaderamente penetrada. El otro se contentaba con seguir manoseando las tetas, y el jefe le tomó la mano para llevársela hacia su pija. Ella los miraba a los tres y decía frases que sabía surtirían efecto.
-Huy papito que dura la tenés- dijo mirando al jefe a los ojos
-Que mano mi vida, mis tetas son tuyas- le dijo al otro
-si me agarras con eso me vas a partir- le dijo sonriendo al tercero.
Se volvió a arrodillar, y retomó la tarea de comerse las vergas, con pasión comenzó con el jefe, mientras él se sostenía su pija, ella tomaba las otras dos, masturbándolos con maestría, luego alternaba las pijas en su boca, haciendo que los tres recibieran su dosis de “chupada”. El jefe fue el primero en mostrar signos de que iba a acabar.
-Si, dame esa leche, vamos – rogó ella con una suave voz
El policía se descargó sobre ella, que dejó que el semen se volcara en sus tetas, los otros dos le siguieron en zaga, y también se descargaron pero uno sobre su rostro, y el otro fue a dar en el cuello de Ariana.
-huy que policías duros, creo que están maltratando a la testigo- dijo ella en tono lastimoso
Ella buscaba seguir la partuza, pero uno de ellos se mostró avergonzado, pues su verga se había “desmayado” y no reaccionaba. El otro dio un paso hacia atrás, dejando que su jefe avanzara.
-Esperá, ¿me vas a dar un gustito?- dijo ella al jefe
El policía asintió, entonces ella lo tomó de la mano y lo condujo justo delante de su marido, ella se paró frente a él y apoyó sus manos en las rodillas de su esposo, dejando el culo al alcance del policía. Ella giró su rostro hacia el agente.
-Cojeme ahora papito, quiero que mi esposo vea como me cojés- dijo ella
Al policía le importó muy poco, y casi con violencia comenzó a penetrarla por la vagina.
-Ay, que macho, como me estás dando- decía ella en tono quejoso
-Sos una puta- le espetó su marido
-si, una puta que se están cojiendo delante de tus ojos- dijo ella
El policía arremetía contra ella con pasión, Tomándola de la cintura.
-Si, así, dame así, dame más – decía ella como alentando a su ocasional amante.
-¿ves?, esto no lo vas a poder hacer nunca más, esto es por tu culpa, me están cojiendo por tu culpa- mientras hablaba ella se movía a la par de su “domador”
-mirá como se cojen a tu esposa- luego de que hablar ella comenzó a jadear y a exagerar sus quejidos, haciendo que el policía llegara pronto al clímax del pacer, el tipo sacó su verga y acabó sobre el culo de Ariana, que fingió un orgasmo tremendo, mientras reía delante de su esposo.
-bueno, creo que con esto ha demostrado la inocencia de todos ustedes- dijo el oficial mientras acomodaba sus ropas.
El otro policía que esperaba su turno, lo miró decepcionado
-Pero señor, yo también quiero probar la inocencia de la testigo- dijo rogando
-no, es suficiente, vamos, otro día tendrá más suerte- dijo mostrando poca compasión por su subordinado.
-En cuanto a usted, cuídese de hacer falsas acusaciones- dijo el policía señalando al desdichado esposo de Ariana.
Dicho esto los tres policías salieron del lugar, el frustrado policía dio una última mirada lastimosa a Ariana que también ya acomodaba sus ropas, y ella le respondió enviando con uno de sus dedos un beso cariñoso de despedida.
-Me salvaste de una buena- dijo Carlos poniéndose de pie.
-Lo hice sólo para terminar con esto, creo que lo merezco- dijo ella abrazándolo
-Te debo mucho más que eso, te vas a ir unos días por ahí, yo te pago un viajecito, y de paso me tomo unos días para “reubicar” a tu esposo y asegurarme que no te moleste más- dijo él sonriendo.
-¡no lo irás a matar!- ella se asustó un poco
-noo, solo va a recibir un par de lecciones, pero no te preocupes que va a quedar íntegro- Carlos hablaba sinceramente.
Ariana terminó esta aventura en la playa, sola y eligiendo a su amante de turno.
En cuanto a su esposo, Carlos se aseguró que no la molestara nunca más. ¿Y los policías?, ellos contaron por mucho tiempo aquella vez que interrogaron duramente a una testigo, y como ella asustada había aceptado que la cogieran una y mil veces con tal de que no le hicieran daño.