Los cuentos del Doctor Morbo
Le cojen a la esposa y el no puede evitarlo


Caty estaba en su casa, descansaba luego de un arduo día de trabajo, su horario finalizaba a las cuatro de la tarde, y como vivía cerca, ella a las cinco ya se encontraba de joggins y remera frente a su TV, cómodamente de entrecasa, la liberación que para ella significaba sacarse el corpiño y dejar sus tetas en libertad, completaban la paz y la felicidad. Dentro de un rato vendría Carlos, su esposo y juntos compartirían unos mates.
Cuando él llegó, su cara denotaba mucha preocupación, la razón se llamaba Pedro, un acérrimo enemigo de Carlos y antiguo ex novio de Caty, un tipo de muy mala espina, cualquier delito suelto, seguro que él estaba mezclado, para colmo se manejaba en ámbitos de poder, lo que garantizaba su impunidad. Y como estaba muy enemistado con Carlos había logrado comprarle a un prestamista, un pagaré de una deuda que Carlos mantenía impaga. Y por esa razón había recibido un par de llamados a su celular. No podía contárselo a Caty, no quería preocuparla por cosas que ella no podría solucionar.
Cuando ella sintió que intentaron abrir la puerta, fue a abrir, apenas quitó el cerrojo un fuerte empujón a la puerta la hizo retroceder, y casi la hace caer, dos tipos enormes entraron raudamente a la casa, en sus manos traían un arma. Carlos se puso de pie rápidamente, pero un fuerte golpe en el pecho lo hizo caer sentado nuevamente, Caty corrió en su ayuda, pero volvió su rostro cuando sintió una voz conocida.
-Buenas tardes- era Pedro que lentamente entraba a la casa y cerraba la puerta
-Pedro, ¿qué haces acá?- dijo Caty que sabía de la enemistad con su esposo, pero no de la razón de la visita.
Pedro la ignoró completamente.
-Vengo a buscar lo que es mío- dijo de muy mal talante.
Caty miró a su esposo
-¿Qué viene a hacer acá?- preguntó intrigada
-Viene a cobrar, tiene un documento firmado por mí- le explicó sin más remedio Carlos
Los tipos se habían colocado uno a cada lado de Carlos, que permanecía sentado.
-Mirá, hacela corta- dijo Pedro
-No puedo, no tengo y no quiero – dijo Carlos
Una nueva trompada en el estómago, hizo que Carlos se doblara por el dolor. Caty se fue contra Pedro, intentó atacarlo, pero por supuesto que él neutralizó rápidamente el ataque, tomándola de un brazo y al girarlo provocó que ella girara sobre si misma, una sonora palmada en el culo de Caty, provocó un grito de dolor. Carlos como pudo intentó pararse, una tercera trompada y Carlos de vuelta al sillón.
-Quieta fiera- pedro se refería a Caty.
-hijo de puta, ¿Qué querés de nosotros?- dijo ella enfurecida
-ya te dije, vine a cobrar, pero a hora que te tengo así, a lo mejor me voy sin plata, pero con algún antiguo deseo satisfecho.
-Ni lo pensés- dijo Caty
A una seña de Pedro, Uno de los grandotes puso el arma en la sien de Carlos.
-¿Qué estarías dispuesta a hacer por la vida de tu esposo? – dijo Pedro
-Sabelo, que haría cualquier cosa por él- una lágrima de impotencia brotó de los ojos de Caty.
-¿Si yo te pido que me des tu pantalón?- una sonrisa de malicia se mostraba en Pedro
Caty se miró y luego lo miró extrañada a Pedro.
-Si, quiero ese pantalón- dijo él
Caty miró a su esposo, los grandotes lo estaban atando. No vio otra salida.
-Tomá, hijo de puta- dijo ella mientras se sacaba el joggins, y se lo exendía, dejando a la vista un hermoso culo y unas piernas muy bellas.
-Uy, que bonito lo que se vé, que ganas que tenía de volver a verte así- dijo Pedro
Caty llevaba puesto un culotte, blanco de encaje, que realzaba su culo, ella intentó taparse pero rápidamente Pedro la tomó del brazo, apartándolo para dejar a la vista el cuerpo de Caty. Con la otra mano Pedro le tomó una de las tetas y la apretó.
-ayy- se quejó ella fuertemente.
-Quiero tu remera- pidió Pedro.
Caty recordó al instante que no tenía nada debajo.
-No, por favor, la remera no- rogó ella.
-La remera sí- dijo Pedro asintiendo exageradamente.
Luego de pensarlo unos instantes, Caty obedeció, y muy lentamente se sacó la prenda. Se giró para quedar de frente a Pedro.
-¿Estás contento?- dijo desafiante Caty
-Me pone muy contento volver a verte esas hermosas tetas-
-No le hagas esto, no seas hijo de puta – dijo Carlos pero un culatazo en la cabeza le hizo perder el sentido.
-Jefe, hágala caminar para acá- dijo uno de los grandotes riendo.
-Caminá para allá, vamos- ordenó Pedro señalando hacia los dos enormes tipos.
Caty lo miró a los ojos, vio autoridad en ellos, y que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa en contra de su marido, por lo que una vez más obedeció. Caminó lentamente, observó los rostros de ambos guardianes, que la miraban con muchísima lujuria. Un dejo de satisfacción por la tremenda erección que provocaba en ellos y se adivinaba a través de los pantalones de ambos, hizo que por el momento se olvidara de su esposo, cuando llegó junto a ellos giró y sintió una mano que le acariciaba el culo, cerró sus ojos, no podía negar para ella misma que la excitaba sentir una poderosa mano desconocida en su culo. Caminó hasta Pedro y se detuvo cerca de él. Pedro la quiso abrazar, pero ella mantuvo una corta distancia haciendo fuerza con sus brazos sobre los hombros de él. Pedro subió sus manos hasta los desnudos omóplatos de caty y comenzó a acariciar la espalda de ella. Como ella tensaba su espalda provocaba que las caricias de Pedro se sintieran “electrizantes” y no hacían otra cosa que excitarla, de allí las manos bajaron hasta su cintura, y suaves caricias hicieron que ella dudara un poco, pero se mantuvo firme tratando de separarse de él, Pedro en vez de bajar directamente al culo de Caty bajó por los costados de las caderas y llegó hasta los muslos, los que acarició suavemente, ella quiso apartar las piernas para deshacerse de las manos de él, momento en que Pedro aprovechó rápidamente y cernió sus manos ahora sí en el bello culo, tomando ambas nalgas y abriéndolas un poco. Caty trató de apartar las manos de Pedro, tomándolo de las muñecas, y él aprovechó, ya que ella había dejado de intentar separarse con sus brazos, para estrecharla contra él.
-¿te acordás cuando te tenía así antes?- le dijo Pedro al oído
-No, No me acuerdo – ella luchaba contra los recuerdos.
Las tetas de Caty aplastadas contra el pecho de Pedro y sus nalgas, recibiendo las atenciones de las manos de él, hicieron que se sintiera dominada, tal como él acostumbraba a hacerlo cuando estuvieron juntos en los viejos tiempos. Eso la hizo excitarse, poco a poco iba olvidando a su esposo, aún inconsciente en el sillón. Cuando Pedro rozó sus labios en el cuello de ella, Caty cerró sus ojos con fuerza y dejó escapar un breve suspiro.
-dejame, hijo de puta, por favor- rogó ella al límite de su resistencia.
-sabés que no te voy a dejar ¿no es cierto?
-Si, lo se- la voz de Caty cada vez sonaba mas suave.
Él subió desde el cuello hasta la comisura de la boca de Caty, y ella sin pensar ofreció su boca a su captor, que con un apasionado beso selló su dominación. Ella reaccionó inmediatamente.
-Basta Pedro, te lo suplico.-
Un nuevo beso hizo que ella respondiera con pasión. Pedro la tomó de los hombros, haciendo la inconfundible seña de que ella se arrodillara.
-No, jamás, hasta aquí llego – dijo ella aparentando firmeza, pero ante una nueva seña, ella obedeció. A su mente acudían viejas imágenes de la verga de Pedro y no dudó en desprenderle el pantalón, la verga se reveló dura debajo del boxer de Pedro. Ella aún luchando contra los restos de su conciencia, sacó la pija y abriendo levemente su boca rozó con sus labios la enrojecida cabeza de la verga, recordaba muy bien las cosas que le gustaban a él, y las estaba llevando a cabo. Terminó de sacarle la ropa, con sus manos tomó los testículos de Pedro, los besó con pasión, y luego se introdujo la verga lo más profundo que pudo en su boca. La dejó unos instantes y lo miró al rostro desde abajo. Lo vio que cerraba sus ojos y disfrutaba intensamente, comenzó a meter y sacar esa deseada pija de su boca, ayudándose con una mano, mientras la otra continuaba acariciándole los huevos, sintió los temblores previos a la eyaculación y apuró el ritmo, haciendo que él le llenara la boca con su semen, ella como mostrando un trofeo lo miró una vez más y abrió su boca, llena de leche, para que Pedro viera como ella tragaba. Él le acarició los cabellos.
-Buena perrita – le dijo dulcemente, Ella sonrió.
El la hizo poner de pié, la llevó ante el sillón de Carlos.
-No seas perverso, Pedro, por favor- rogó ella
-Sabés que me gustan estas cosas- dijo él con malicia
-No, me niego- se defendió Caty
Pedro que estaba detrás de ella, bajó su mano desde el vientre de Caty y la introdujo por debajo del culotte que todavía llevaba puesto. Muy pronto llegó al clítoris y comenzó a acariciarlo, ella se reposó sobre el pecho de Pedro, gemía con fuerza ante las caricias expertas de él, y sintió que le flaqueaban las piernas, por lo que tuvo que apoyarse sobre las rodillas de Carlos con sus manos. El contacto hizo que Carlos recobrara el conocimiento, justo cuando Pedro bajaba el culotte de Caty, y ella permitía todo con suspiros y gemidos.
-Amor, ¿que pasa?- dijo Carlos desconcertado
Caty intentó una nueva defensa, solo para sentir como Pedro con una fuerte palmada en el culo le aseguraba su dominio.
-No….puedo – dijo ella que ya estaba totalmente desnuda.
Pedro apoyó su verga en la vagina de Caty, que ya totalmente húmeda, facilitó la penetración, Ella totalmente entregada respondió con un movimiento de su culo hacia Pedro mientras ahora un quejido volaba por el aire y una sonrisa de placer se instalaba en su rostro.
-Caty, por favor, no me hagás esto – rogaba Carlos
-No…puedo….parar- exclamó fuera de sí Caty
Pedro la tomó de las caderas, embestía con fuerza mientras miraba a Carlos con desprecio, Caty respondía igualmente con su cuerpo y sin dudarlo tomó las vergas de los guardianes que apenas junto a ella, se masturbaban con el espectáculo ofrecido, Se acomodó de manera que comenzó a chuparle la pija a uno de ellos, mientras acariciaba la del otro, y así alternaba ambos miembros en su boca, mientras respondía a los duros embates de Pedro contra ella.
-Sos una puta- gritaba Carlos
-si…puta….muy…puta…no..puedo…parar- decía ella totalmente obnubilada por el placer.
-¿Viste que es mi putita?- Pedro se dirigía a Carlos
-si, tu puta, soy tu puta- decía Caty
Uno de los grandotes filmaba detalladamente la acción, mientras Pedro se quedaba inmóvil, solo para que ella se moviera sola. El la soltó de las caderas
-Mirá Carlos, sin manos- Pedro simulaba un niño que sin manos maneja su bicicleta. Caty movía violentamente su culo, provocando profundas penetraciones que hacían que gimiera de placer, Cuando Pedro colocó nuevamente sus manos en las caderas de Caty y retomó el control, comenzó a moverse al compás de ella, y con un ostentoso gruñido acabó dentro de Caty, que también entregó una acabada mayúscula, siguió unos instantes moviéndose mientras bajaba la intensidad de sus movimientos y breves temblores en caty, indicaban que continuaba acabando
-No nos vas a dejar así a nosotros – dijo uno de los guardias, que aún conservaban una poderosa erección.
Ella se arrodilló ante ellos, y comenzó a masturbarlos a ambos a la vez, rápidamente lanzaron sendos chorros de semen que ella permitió que resbalaran por sus pechos. Así se quedó arrodillada desnuda y llena de semen, a los pies de sus dominadores, mientras los tres se acomodaban sus ropas.
Ella fue recobrando la compostura. Y comenzó a darse cuenta de la gravedad de su situación con su esposo.
Pedro tomó de entre sus ropas el pagaré firmado por Carlos, y lo depositó sobre las piernas del aún atado esposo.
-Tomá Carlitos, te regalo el pagaré – dijo Pedro con una sonrisa satisfecha y giró para salir de esa casa. Caty lo tomó por las piernas.
-No te vayas Pedro, llevame con vos- rogó ella
-Juntá tus cosas, vamos – dijo Pedro
Ella rápidamente se puso de pie, juntó sus ropas y luego de un breve paso por el baño para asearse un poco el enchastre que tenía sobre su cuerpo. Volvió con una sonrisa adolescente, y dejó que Pedro la abrazara.
-Esperá, me olvido de algo- dijo ella y volviendo hacia Carlos lo desató y dándole un beso en la mejilla le dijo.
-Fue lindo mientras duró-
Nuevamente abrazó a Pedro y junto a él salió por la puerta.
Detrás de ellos, los guardaespaldas reproducían la filmación y reían sonoramente
Carlos inmóvil en el sillón tuvo que aceptar que esta vez Pedro había ganado.

Le cojen a la esposa y el no puede evitarlo