Me aparto un poco del hilo de los cuentos del Doctor Morbo, ya que a pedido de un amigo, cuento una historia real, obvio que los nombres están cambiados y algunas cosas fueron modificadas para hacerlo mas “cuentito”, pero el grueso de la historia es real.
Él leyó mis relatos y me pidió que lo contara ya, asi que con el permiso de todos (incluso de algunos participantes del relato) allá voy.

Relato real - Se cogieron a la esposa por su culpa

Mas allá de las fantasías que uno pueda llegar a tener, yo ni por asomo pondría a mi mujer a transar con otro tipo, ni creo que lo aceptaría. Mi amigo Juan tampoco, machista por naturaleza, en su matrimonio su palabra era ley, quiso la vida que encontrara una mujer que aceptó sus reglas, y realmente los deseos de Juan eran órdenes para Patricia. Si alguna otra característica tenía Juan era que jamás daba marcha atrás en sus ideas u opiniones. Si a él se le ocurría algo, dalo por hecho, pues no había quien le hiciera cambiar de opinión. Por todo esto es que Patricia era una mujer completamente sometida a lo que su esposo decía. A tal punto llegaba que por ejemplo cuando tenían sexo ella no tenía permitido gemir, ni siquiera suspirar, es más nunca había practicado ni recibido sexo oral, pues “Eso lo hacen las putas, y vos no sos puta” decía Juan, y juro que yo fui testigo y parte de innumerables discusiones en donde hasta tratábamos de convencerlo de las “bondades del pete, o de lo bueno de chupar una concha”, a lo que él se negaba rotundamente a hacerlo con su esposa. Obvio que eso lo hacía con las putas, pues así como las discusiones, también fueron innumerables las infidelidades de Juan para con Patricia, pero siempre en el ámbito de las putas. Y ella muy a su pesar lo aceptaba, haciéndose la ignorante . Debo admitir que en parte uno sentía un poco de envidia…. Hasta esa noche.
Si hay que describir a Patricia baste decir que es una bella mujer por donde se la mire, sus tetas son simplemente perfectas, su culo es tan bonito que hasta dan ganas de morderlo, sus piernas son dos obras de arte de un escultor inspirado, esto sumado a que su rostro siempre con una sonrisa, y gesto tranquilo, hacían de ella la mujer casi perfecta, pues como dice el código de la calle “la mujer de mis amigos tienen bigotes”, pero aunque realmente los tuviera, igual seguiría siendo una bella tentación.
En su casa, Juan había recibido a sus amigos a jugar al truco, la cerveza y otros alcoholes corrió a ríos esa noche, y Juan, despreocupado fue parte de ese río, consumió bastante, por lo que sus decisiones estaban un poco turbadas. La noche corrió entre el mazo de cartas y anécdotas divertidas mientras Patricia y el resto de las mujeres (esposas y novias de los presentes) se esforzaban por atender a Juan y sus amigos, yendo y viniendo con las cervezas, alguna picada, vaciando ceniceros etc. Siempre en silencio, Patricia intentó pasar desapercibida “para que Juan la pasara bien con sus amigos”.
Por cuestiones del juego, quiso el destino que Juan se enfrentara con Carlos, Juan tenía “la sangre en el ojo”, Carlos estuvo toda la noche gastando a Juan, y eso hacía que cada vez que Juan hablaba, Carlos intentara arruinarlo, ya sea con bromas, o con respuestas rápidas ya que al parecer Carlos no estaba tan alcoholizado como Juan. Avanzada la noche, Juan estaba envenenado con Carlos, y aceptaba cualquier ocasión para enfrentarlo, a tal punto que decidieron hacer un mano a mano al truco, que Juan ganó fácilmente. Se produjo el siguiente diálogo:
-¡Quiero la revancha!- dijo Carlos, su rostro mostraba una borrachera avanzada
-¿para qué?, ¿querés perder de nuevo?- dijo Juan que también con gesto de alcohol, intentó “gastar” a Carlos.
-¡Te cagás! – dijo Carlos
-Pero si ya te gané, ¿Qué me voy a cagar?- dijo Juan mientras tomaba las cartas.
-pero apostemos- dijo Carlos con los ojos entre cerrados
-¿Cuanto? – Juan aceptaba el reto - ¡yo jamás me acobardo!
-“cuanto” no, “que” apostamos – exclamó Carlos elevando el reto
-¡no te entiendo!, ¡hablá claro carajo!- Juan tenía la razón un poco obnubilada.
-mi mujer contra la tuya- dijo Carlos muy seriamente.- si vos ganás, te transás a mi mujer aquí delante de todos, y tenés libertad para hacer lo que quieras con ella. Pero si yo gano….- Carlos dejó la frase en el aire.
Cabe aclarar que lo que Juan no sabía era que Carlos y su pareja eran afectos a los tríos, y a los cambios de parejas y disfrutaban mucho de ello, por lo que a Carlos no le importaba perder, por eso su rostro se conservó tranquilo.
-¡Estás loco!, ni en pedo- dijo Juan
-¿ves?, ¡yo sabía que te ibas a cagar!- Carlos lanzó una risa exagerada a propósito.
Juan, que no aceptaba que lo vieran como a un cobarde, y menos que fuera Carlos quien precisamente lo retaba, y envalentonado por el partido ganado exclamó
-dale, acepto, ¡después no hay reclamos!- Juan se sentía seguro de ganar.
Antes de continuar quiero aclarar que durante toda la noche, Carlos estuvo mirando a Patricia, y en complicidad con su mujer, ya que con sólo mirarse se entendían, empezó a fantasear con un trío entre ellos tres. Patricia se dio cuenta de las miradas de Carlos, y muy en secreto a ella le gustó eso, incluso un par de veces le sostuvo la mirada, lo que lo encendió aún más. Pero tratando de defender su imagen ella se acercó a Juan.
-Juan, estás loco, ¿te das cuenta lo que estás apostando?- dijo ella preocupada
-claro que me doy cuenta, andá para allá y callate- borracho como estaba Juan era más agresivo que de costumbre.- yo le voy a enseñar a este-
Apenas comenzó el partido, la cara de Carlos cambió, apareció el Carlos real, bastante más sobrio que lo que hasta ahora estaba demostrando, eso hizo que Juan se pusiera nervioso, y perdiera más rápido de lo que esperaba nadie. Tras la última mano, Juan viéndose derrotado, insultaba a más no poder. Carlos extremadamente tranquilo dijo:
-Quiero el premio.
Juan miró a Patricia, no podía permitir que ahora lo trataran de cagón por no pagar la apuesta, por lo que hizo un gesto de asentimiento.
-andá con él- dijo Juan apesadumbrado.
-Juan, estás loco, no voy a ir- dijo ella temerosa
-Si yo te digo que vayas, vos vas – Juan se puso de pie enfurecido, pues jamás aceptaba de Patricia un no por respuesta y esa situación hizo que se empecinara más, parecía que estaba dispuesto a irse a golpes si era necesario.
Patricia se acercó, una parte de ella estaba nerviosa y excitada, pero supo mostrarse contraria a lo que sucedía. Carlos se puso de pié y ni bien la tuvo cerca, la tomó por la cintura, y le estampó un largo beso en los labios, que Patricia aceptó inmóvil, casi sin participar, pero totalmente complacida.
Carlos bajó su mano derecha desde la cintura hasta una de las nalgas de ella y con suavidad la acarició, inmediatamente Patricia miró a Juan, que impotente observaba enfurecido. Patricia entrecerró sus ojos, el placer de sentir esa mano en su culo que no era la de su esposo la dominó y el verlo imposibilitado de actuar la sumió más profundo en el placer. La mano izquierda de Carlos buscó por debajo de la remera las tetas de Patricia, y desprendiéndole el corpiño, accedió a uno de sus pezones, suavemente comenzó a rozarlo con la yema de su dedo índice. Patricia, tal como estaba acostumbrada contuvo un leve quejido, Carlos al darse cuenta le dijo suavemente al oído.
-Soltate bebé, me gusta sentirte gozar-
Ante un nuevo roce de sus dedos, el suave quejido escapó de los labios de ella. Juan fuera de sí intento levantarse, pero los otros dos que estaban en la mesa y gozaban del espectáculo, lo increparon duramente, y ante una reacción de Juan, una veloz trompada en el estómago, hizo que se doblara sobre sí mismo.
-Te quedas quieto y te la bancás – dijo el compañero de Carlos, que notoriamente más corpulento que Juan, lo controló inmediatamente.
Carlos levantó la remera de Patricia, y con su lengua recorrió la aureola que rodea el pezón, lo hizo de manera tan suave, que a ella no le importó dejar expuestas sus hermosas tetas, y casi sin darse cuenta tomo de la nuca a Carlos y lo apretó contra ella. Su boca entreabierta lanzaba suspiros y sus ojos cerrados contenían el placer que estaba sintiendo. Cuando Carlos completó la tarea de dejarla desnuda en su parte superior, ella sonriendo miró a su marido y desafiante le dijo
-vos te lo buscaste, ahora aguantatelás-
Un nuevo intento de reacción de Juan fue sofocado por el grandote. Carlos ahora y siempre con las tetas de Patricia en su boca, bajó su mano hasta la entrepierna de ella, y mientras las rodillas de Patricia flaqueaban, ella con su mano hizo contacto por primera vez con la dura verga de Carlos.
-¡está parada y dura! – dijo Patricia en voz baja
Carlos comenzó a acariciarle por sobre la ropa la vagina, luego con sus manos bajó el cierre y desprendió la falda, que se deslizó hasta el piso, dejando a Patricia sólo con su tanga, se reveló el hermoso culo de ella, y mientras Carlos ahora acariciaba una de sus nalgas, con la otra mano hizo a un costado la prenda, e introdujo uno de sus dedos en la vagina, rozando directamente el clítoris. Patricia jamás había gozado de que la masturbara Juan, por lo que el pacer obtenido fue aún mayor, sus rodillas volvieron a flaquear, por lo que Juan la sostuvo del culo, tocando el orificio anal con uno de sus dedos. Patricia gimió en voz alta, y a medida que ambos dedos estimulaban su ano y su clítoris, ella se abrazaba más fuertemente a Carlos, ella sentía como el placer la llevaba al clímax muy rápidamente, por lo que muy pronto se encontraba con los primeros temblores del orgasmo. Carlos se detuvo.
-no me dejés así- rogó ella
-chupamela- dijo Carlos
Ante un nuevo intento de reacción de Juan, una nueva trompada en el estómago le calmó los nervios.
Patricia se agachó, sonriente desprendió el pantalón de Carlos, y tal como en sus fantasías, tuvo frente a su rostro una verga muy dura, que sin llegar a ser enorme era un poco más grande que la de Juan.
-¡Es enorme!- exageró Patricia, y abrió su boca para introducirse la verga. Sin mucha experiencia empezó a chupar frenéticamente
-despacito bebé, saboreala, pasale la lenguita- dijo Carlos
-¿Así?- dijo ella sonriendo mientras con su lengua jugaba en la cabeza del pene.
Su curiosidad la llevó a tomar los testículos en una de sus manos, lo que hizo que Carlos lanzara una exclamación.
-¡que perrita que sos, con que ganas que chupás!
Carlos que no era de hierro, sintió que estaba próximo a acabar, por lo que interrumpió la tarea de Patricia, haciéndola poner de pié. Ella con su lengua sobre sus labios saboreaba la sensación como si aún tuviera la pija en su boca.
-es la primera que chupo – dijo Patricia mientras su cara de satisfacción se mezcló con la cara de furia de su esposo.
Carlos la hizo girar, y tomándola por el vientre hizo que Patricia apoyara su cola sobre él, y ella con fuerza hizo presión para sentir ese duro pistón de carne entre sus nalgas. Él volvió a hacer a un lado la tanga de Patricia y colocó su verga entre las piernas de ella, tocando su zona vaginal. Esta vez Patricia con suaves movimientos, parecía querer la completar la masturbación que Carlos había interrumpido. Carlos la hizo apoyar en la misma mesa donde habían jugado cartas, Patricia ahora de frente a su esposo, advirtió que el grandote a su lado se estaba masturbando abiertamente, eso la excitó aún más si eso era posible. Abrió sus piernas pues sabía lo que se le venía, acostumbrada a los fieros embates de Juan, la suavidad y lentitud de Carlos, la hizo suspirar y “saborear” la forma en que la penetró por la vagina, Carlos en completo control de la situación, entraba y salía muy lentamente de ella, que creía que se iba a volver loca del placer, y gemía a viva voz.
-¿te gusta como te cojo?- pregunto Carlos, mirando sobradoramente a Juan.
-Si- solo pudo contestar ella
-movete un poco para mí- ordenó suavemente Carlos
Patricia acostumbrada a obedecer, comenzó a moverse, acompañando el ritmo de Carlos.
-¿Así?, ¿te gusta así?- preguntó ella
-Si, así lentamente, sólo para mí- Carlos mostraba su triunfo delante de todos
Mientras Carlos cogía a Patricia, la esposa del grandote se sentó junto él, y comenzó a chuparle la verga a su esposo, para ayudarlo a acabar y para evitar que él se siguiera calentando con Patricia.
Patricia aumentaba el ritmo de sus movimientos, y su placer y excitación se elevaban a niveles desconocidos para ella. Sus gemidos se mezclaban con jadeos, y sus ojos se cerraron fuertemente mientras su boca abierta dejó escapar una exclamación
-Así…si…haceme…acabar…mi… – a ultimo memento pudo contener la palabra amor.
Sus movimientos se hicieron desaforados, se movía como una coctelera, haciendo que la pija de Carlos se introdujera profundamente en ella. Se debió tomar de los bordes de la mesa para no caerse, pues su acabada fue monumental. Juan volvió su rostro y lo hundió en el vientre de la esposa de Carlos que intentó consolarlo, pues lágrimas de impotencia se escapaban de sus ojos. De pronto Carlos que aún se movía junto con Patricia, gimió y con leves temblores acabó fuertemente dentro de ella, que exhausta quedó sobre la mesa, sonriendo satisfecha y complacida. Había conocido el placer a niveles insospechados, ya nunca sería igual su vida.
A tal punto cambió su vida que se separó de Juan, y Carlos y su esposa la ayudaron a instalarse, ella agradecida participó en innumerables tríos con ellos. Juan cambió su modo de ser, obviamente el resto de la gente se enteró solo de su separación, pero nunca del motivo, eso sí a todos les sorprende aún ver a Patricia que cambió su manera de vestirse, ahora cortas minifaldas y escotadas blusas hacen que luzca su bello cuerpo alegremente. El tiempo ha pasado, nunca más supimos de Juan. Pero si de las fiestas de Carlos y su esposa,y en las que Patricia y algunas veces quien les habla han participado.
Relato real - Se cogieron a su esposa por su culpa