Voy a contar algo que relamente lo guardaba para mí hasta ahora, pero que quiero compartir con ustedes. Porque son mis lectores y amigos, y estos relatos están dedicados a excitarlos cada día. Son miles de lectores que cada día leen mis historias y me imagino exprimen sus jugos imaginando a la putona de mi Tía.

Una noche me encontraba sólo en el departamento que tenía la putona en la ciudad, ella se había ido el fin de semana a una reunión de trabajo. Al llegar la medianoche no aguantaba más la calentura y decidí hojear la página de putas en el periódico.

Mirando las fotos que aparecían descubrí algo alucinante, en una de ellas pude reconocer las tetas morenas y gordas de la yegua madura de mi Tía... No podía creer que trabajara de puta! El anuncio era revelador: "Puta madura cumple cualquier fantasía, hoteles y domicilio. Te recibo completamente desnuda y en cuatro patas para que me la metas en el culo de entrada. Vas a alucinar. USD 500."

El precio era elevado pero valía la pena, y los afortunados que hubieran probado aquel manjar seguro no se habían arrepentido.

Sin dudarlo llamé al teléfono fijo que aparecía y me atendió una voz femenina que no era la de Tía. Al preguntar por Claudia (así se hacía llamar) me contestó que en ese momento estaba ocupada. Acordé una cita para una hora después en un hotel céntrico. Fui cuidadoso al
indicarle que quería que me esperara con la luz apagada y en cuatro patas con el ano bien abierto hacia la puerta que dejaría entreabierta a la 1:30 en punto. Como ofrecí pagar 700 dolares, la putita del teléfono aceptó sin rechistar.


Me puse a revisar los cajones del dormitorio de la yegua tetona hasta encontrar dónde guardaba los dólares. Enseguida encontré un sobre lleno de verdes fruto del culo de esa puta que me volvía loco, debía haber más de 5000. Mi plan estaba funcionando a la perfección.

Tomé un taxi y al llegar a las inmediaciones del hotel, esperé en un bar observando la puerta de entrada. A la 1:20 mi Tía bajó de un taxi vestida con un trajecito corto blanco y zapatos altísimosde yegua puta del mismo color. Estaba hermosa. Esperé unos minutos y entré en el hotel. En la recepción no me hicieron preguntas y suponía que estaban acostumbrados a ese tipo de "huéspedes".

Subí al 3er piso, habitación 314. La puerta estaba entreabierta tal como lo había pedido. Mi miembro estaba especialmente hinchado desde que la vi entrar al hotel. Entré sigilosamente y la penumbra apenas me dejaba avistar las curvas de esa yegua de rodillas sobre la alfombra y fumando, sólo vestida con los zapatos de aguja blanco.

Me arrodillé y con la lengua empecé a comerle el orto de una manera desesperada, cuidando de escupir abundantemente el orificio ya dilatado desde el comienzo. Gemía como la puta que siempre había sido, pero no emitía palabra alguna, sólo fumaba.

Le estoqué la verga hasta el fondo, de manera violenta y se la dejé clavada un buen rato sin moverla. Mientras le daba cachetazos por detrás en sus mejillas. No solo no se resisitía sino que parecía excitarla. Esta sensación me sacaba de mis casillas, empecé a pegarle con más fuerza y los cachetazos sonaban como aplausos en el silencio de la habitación, a cada golpe ella respondía con un gemido.

La agarré fuerte de la melena negra de yegua y tiré hacia atrás mientras seguía culeandola a destajo. Empecé a saltar dentro de su culo con violencia, mientras le daba puñetazos en la espalda, a la altura de los riñones, se quejaba pero gozaba como una hija de puta.

A punto de explotar estaba cuando decidí probar si se podía mear dentro de ese culo redondo y moreno, con la verga apretada por el anillo firme de su cola, intenté mearla y la sensación fue increíble porque al tener la verga tan dura y presionada me generaba un placer extremo que al acabar la meada continuó con la leche abundante, caliente y espesa. Al acabar, saqué mi pija de su orto y le introduje los dólares en un rollito por el orificio dilatado, me subí los pantalones y me fui sin decir ni una sola palabra.

Al otro día, llegó a su casa como si nada. Me saludó con una sonrisa algo pícara y al rato me preguntó que qué había hecho el fin de semana y que se sentía culpable por haberme abandonado. Además tenía un regalo para mí, desnudita y con un sobre me miraba fijamente. Eran 700 dolares para que me los gastara en lo que quisiera. Al dármelos la abracé fuerte y olí el dinero, diciéndole que me encantaba su olor.

Esa era la puta de mi Tía