Frustrado, cansado de intentar ser NFU, y ante la imposibilidad de hacer un post que logre fácilmente con unas fotos los ansiados 50 puntos, posteo la última serie de relatos, por lo menos por algún tiempo. Agradezco los buenos comentarios que recibí, y fue por ellos que seguí intentando.
Un abrazo o un beso a quienes corresponda.
loco_james
Los cuentos del Doctor Morbo
El poder del dinero.
Capítulo 1 - Toma de posesión.

Adriana era casada, profesora en turno mañana y muy bella, y su marido, Mario que era un tipo trabajador y honesto, pero que demostraba ser a veces bastante falto de carácter, trabajaba en una empresa que era de Don Juan García, que era verdaderamente una mierda, siempre creía tener la razón, y cuando quería algo, seguro que lo conseguía. Martín, el hijo de don Juan era igual a su padre, estaba próximo a hacerse cargo de la empresa, y como tal generalmente, también cumplía sus deseos. La única diferencia entre ellos era que Martín era más joven, y por ello el sexo ocupaba gran parte de su vida.
Una tarde, Adriana estaba en su casa, había terminado unos trabajos en la pc, y se había sentado un rato a ver tv, se había vestido bien de entrecasa: unos joggins y una remera de algodón. Sus cabellos apenas peinados le daban un marco de belleza natural y descuidada. Su vida era bastante rutinaria, su trabajo, su casa y el sexo no salían de lo común. Sus fantasías seguían guardadas en su mente, fantasías que quizá nunca se cumplirían. ¿o si?.
El timbre anunció que alguien llamaba a la puerta, su sorpresa fue mayúscula cuando por la mirilla vio a Martín, que esperaba ser atendido.
-Un momento – dijo a través de la puerta.
Se colocó una ligera campera de lana, pues no tenía puesto sostén y sus pechos se marcaban demasiado. Cuando abrió sintió como Martín laminaba de arriba abajo, deteniéndose justamente en los pechos.
-¿Qué necesita?- Dijo Adriana un poco molesta por la caradurez de Martín.
-Perdón, necesito hablar contigo un ratito, ¿puedo?
-Pase- dijo solamente Adriana
Martín, era mas bien alto, delgado, bien parecido, y su eterna cara de enojado le daba un cierto aire recio, aunque su desprecio hacia los empleados le quitaba todo encanto. Se acomodó en una silla, y a su lado dejó su maletín.
-¿Quiere un café?- ofreció Adriana auque no tenía ganas de servirle nada.
-No, está bien así, gracias por el momento.
-Bueno, entonces ud. Dirá, no se en que pueda ayudarlo.
-Quiero ofrecerte un negocio, algo estrictamente entre vos y yo, quiero aclararte que tenés todo el derecho a negarte, no va a haber ninguna consecuencia ni para vos ni para tu marido. Sólo te pido que no reacciones a la ligera y veas la ganancia que podés obtener.
-Bueno, quizá lo tenga que consultar con mi marido, en cuestión de negocios…
-No, esto es entre vos y yo – interrumpió Martín- Mario por el momento no debe enterarse.
-Yo todo lo converso con él, no se…
-Escuchame lo que te voy a ofrecer- volvió a interrumpir Martín.
-Está bién- Adriana se puso alerta, preparada para cualquier cosa.
-Quiero que me digas cuanto me cobrás por pasar un rato conmigo- La cara de Martín se llenó de lujuria.
Adriana hubiera querido romperle un jarrón en la cabeza. Pero si hay algo que Adriana tenía era la diplomacia. Y supo contener la furia que sentía.
-Creo que se ha confundido conmigo- Dijo Adriana muy seria – yo no soy de esas y le pido que se marche.
-200- dijo Martín
Adriana rió de buena gana
-No, gracias, márchese
-500-
-Basta-
-1000- Martín subía la apuesta.
- Retírese – repitió Adriana
-1500- Ahora Martín ponía el dinero en la mesa.
Adriana tardó unos segundos en responder, ese dinero no le vendría nada mal…
-no, váyase-
-1800 y me planto- dijo Martín, más de eso no valés.
Adriana dudó, tomó el dinero en sus manos, pero lo volvió a dejar
-no, retírese, por favor.
-Ok, acá no ha pasado nada- dijo Martín colocándose el dinero en el bolsillo mientras se dirigía hacia la puerta.
-Un momento, si yo aceptara, ¿de esto no se enteraría nadie?.
-Por supuesto- dijo Martín poniendo cara de inocente.
-¿Nada de golpes?, ¿nada de heridas? – preguntó Adriana.
-No soy un delincuente ni un violador- dijo Martín.
-Bueno, acepto, ¿cuando sería?
- Acá y ahora-
Adriana sopesó la situación: Su esposo tardaría en volver del trabajo, en su casa corría menos peligro.
-Bueno, ud dirá entonces, ¿como debo ponerme?.
Martín lanzó una sonora risa.
-No, pará, primero amenicemos un poco- De su maletín extrajo una botella de Champagne, que rápidamente destapó. -¿Tendrás unas copas?-
-¿copas?, yo no bebo y menos a esta hora- dijo Adriana muy segura
Martín se quedó inmóvil, con la botella en la mano.
-si ya las traigo- dijo sorprendida Adriana
Las acomodó sobre la mesa, ella jamás tomaba alcohol, pero indudablemente que ahora le vendría bien un poco para pasar el mal rato.
Martín colmó las copas, y ella totalmente nerviosa, dio un largo trago. Martín volvió a llenar. El alcohol, fue aflojando un poco a Adriana, que después de un par de copas y en breves minutos ya sonreía a los chistes que Martín le hacía.
-Bailemos un poco- le dijo Martín, mientras en su teléfono ponía música lenta.
Ella aceptó, y poco a poco fue sintiéndose dominada por él, que lentamente fue acercándola, hasta que totalmente turbada por el champagne, se apoyó en su pecho, y mientras Martín le acariciaba el pelo, ella levantó la vista hacia él. Martín sin pérdida de tiempo le acercó los labios y ella respondió en un beso apasionado.
Las manos de Martín ahora bajaron hasta su espalda, los primeros suspiros salieron de Adriana, pero Martín no se detuvo y bajó hasta las nalgas. Adriana disfrutó de esas largas manos que recorrían su culo, acariciándoselo con pasión. Un leve tirón del cordón del joggin hizo deslizar el pantalón hasta el suelo. Ya no había vuelta atrás, las manos ahora le sacaron la remera, dejando sus tetas a la vista de Martín, que rápidamente deslizó su mano por debajo de la tanga, acariciándola en sus partes íntimas. El contacto hizo que ella pasara sus manos por el cuello de él, quién suavemente comenzó a masturbarla. Adriana se sentía totalmente subyugada, y el placer no tardó en manifestarse, ahora suaves suspiros brotaban de ella, que cada vez cerraba más su abrazo sobre Martín, él la llevaba por el camino del sexo hacia un placer desconocido por ella. De repente sus suspiros se convirtieron en jadeos, sus uñas se clavaron en la piel de Martín, pero él de repente se detuvo.
-No por favor seguí- suplicó Adriana.
-Primero tenés que hacer algo- Dijo Martín señalándose la verga
--lo que vos digas- respondió Adriana.
Desprendió el pantalón de él, y se sorprendió que no llevara ropa interior, pero mas se sorprendió del tamaño de la verga de Martín, aunque no era exagerada, lucía realmente enorme así erecta.
-Guauu, ¿esto tengo que comerme?- dijo Adriana.
-Si vos queres, si-
Adriana abrió su boca, totalmente turbada por el alcohol, y excitada por la masturbación interrumpida, se colocó la verga entre los labios.
-¿Y si te ve tu marido?- le preguntó Martín.
-no me importa- dijo ella entre risas alcohólicas.
-Ah, ¿entonces te gusta esto?
-Si, me encanta – dijo Adriana.
Chupó con pasión, su lengua recorría esa verga y con sus labios suaves besos depositaba en la cabeza de la larga pija de Martín.
Ahora Martín la tomó por los hombros para hacerla poner de pié, la estrechó contra él, y luego la tomó por los muslos, ella se abrazó, y él le hizo sentir su verga entre las piernas, ella levantó uno de sus muslos, para facilitar la tarea, pero él le tomó la otra pierna y rápidamente la alzó, quedando ella trepada a él. Martín acomodó su verga en la vagina y de un solo movimiento la penetró.
-Ahhh, que delicia, que dura.- exclamó extasiada Adriana.
Un nuevo movimiento introdujo más el miembro.
-Uyyy, ¡que grande!, me vas a partir.
Ahora Martín se movía y ella cabalgaba y jadeaba, sosteniéndose con todas sus fuerzas de él. Sus jadeos se volvieron quejidos y súplicas.
-Sii, hijo de puta, cojeme así, me querías así, acá me tenés- decía fuera de si Adriana.
Sintió como sus tetas se erizaban, como sus músculos se contraían, y como una explosión de placer, le indicaba que estaba acabando. Sus quejidos fueron largos y en voz alta.
-Sii, damela toda, así así.- creyó sentir el máximo placer posible, pero se equivocaba.
Martín la bajó, a ella las piernas le flaquearon, por lo que Martín la apoyó en la mesa. Su culo ahora se ofrecía como un tesoro a quien ha abierto un cofre. Él la tomó de las caderas, su verga dura como la piedra, hizo presión contra ese hermoso culo, el ano comenzó a dilatarse, facilitando la tarea de Martín.
-¿Tu esposo te ha hecho la cola alguna vez?
-No- dijo ella mientras volvía su rostro hacia él
-Uyy, entonces me voy a comer un bomboncito virgen?
-Si- dijo ella.
-entonces es todo mío- dijo Martin
-Todo, todo tuyo- dijo Adriana mientras cerraba los ojos por el dolor y el placer que le producía la verga de él.
Martín comenzó a moverse lentamente, ella gemía lastimosamente, pero respondía al ritmo de Martín con sus caderas, los gemidos volvieron a dar paso a los jadeos.
-¿A quien le estás dando el culo? – preguntaba Martín en total control de la situación.
-A vos, solo a vos- respondió totalmente dominada Adriana.
-¿Te gusta que te lo parta?
- si, me encanta, dame más- rogaba ella
Las embestidas se hicieron más fuertes y más rápidas. Adriana Gozaba, jadeaba, gemía.
-Tomá, tomá- decía Martín
-Si, no pares, por favor seguí.
Nuevamente el cuerpo de Adriana comenzó a temblar levemente, sus manos se aferraron al borde de la mesa, sus músculos se tensaron, y sintió toda la dominación que Martín ejercía sobre ella, sintió como esas embestidas se mezclaban con sus jadeos, y cómo un poderoso orgasmo se apoderaba de ella, mientras el semen se derramaba en su interior, miró a Martín y vio como él con furia acababa dentro de ella y eso aumentó aún mas el poder de su orgasmo. Los movimientos fueron haciéndose mas pausados, hasta que él se detuvo, dejándole aún la verga metida en el culo.
-¿Te gusto?- le dijo Martín
-Me partiste hijo de puta- dijo sonriendo satisfecha Adriana.
-Cuando quieras hay más para vos.
-La quiero siempre- dijo ella mientras hacía suaves movimientos con el culo.
Martín sacó la verga.
-No, por favor, quiero más.
-No seas viciosa- Dijo Martín.
-Por hoy se acabó- Y mientras se vestía, le dio un beso en el suave culo de Adriana, que aún inmóvil sobre la mesa, intentaba recuperar fuerzas.
-¿te voy a volver a ver?- dijo Adriana
-En cualquier momento, le dijo Martín mirándola a los ojos y salió por la puerta sin más palabras.
Adriana comenzó a vestirse. Su cabeza explotaba por el alcohol, se recostó en el sillón. Su vida había cambiado, su cuerpo tenía ahora otro dueño. Y ya clamaba por él nuevamente.
FIN DEL PRIMER CAPÍTULO.