Estaba emocionada. Al levantarme la vi en la cocina de espaldas con un tanguita de hilo dental negro y unos tacones altísimos. Preparaba el café mientras fumaba excitada, nerviosa. Me acerqué por detrás totalmente desnudo y con mi trozo hinchado y le apoyé el orto mientras abrazándola le susurré al oído: - Felíz cumple Tía!
Sus pezones estaban puntiagudos y gordos, y se le había puesto piel de gallina. Me encantaba porque siempre estaba bronceada y eso la hacía aún más putona. Estuvimos bebiendo café y fumando mientras planeábamos la fiesta de cumpleaños.

Ella quería algo especial, inolvidable. Mientras me acariciaba la pelvis, rascandome los pendejos nos esforzábamos por planear algo memorable...

Le dije que me ocuparía de todo, que no se preocupara. La invité a que se vaya al salón de belleza toda la mañana mientras yo organizaba la fiestita.

Cuando volvió al mediodía, ya lo tenía resuelto. Estaba hecha una yegua, se había puesto extensiones en el pelo, y se había hecho las uñas que relucían blancas y largas como las de una puta barata. Además había tomado una sesión de rayos solares y maquillado como una diosa. Me calenté muchisimo al verla y aún más cuando se quedó desnudita sólo con sus tacones de aguja blancos, fumamos y comimos algo. Luego nos acostamos a dormir la siesta juntitos. Nos encantaba dormir desnudos, apenas rozándonos, sin pasar de ahí pero volviéndonos locos de calentura. A veces le puerteaba la concha con mi pija y sentía la humedad caliente que chorreaba de su agujero.

Al atardecer le dije que tendríamos una fiesta atípica e inolvidable como ella quería. Su curiosidad era extrema y no aguantaba más.

Le propuse que se pusiera guapa y que saldríamos a un sitio muy especial.

Se puso un vestidito verde muy ajustado y corto que le marcaba todas las curvas de un modo bestial, no podía creer que fuera tan puta.

Cuando salimos a la calle en su coche, conduje por la ciudad un rato hasta darme cuenta que se desorientara por completo. Le pregunté que si sabía dónde estábamos y me contestó que no tenía ni idea.

Mi plan estaba funcionando a la perfección. LLegando a un barrio bastante denso de la ciudad, lo que llaman habitualmente una "villa miseria" le dije si no quería manejar ella. Aceptó de mil amores y cuando bajó para cambiar de lado arranqué precipitadamente abandonándola en ese lugar de mierda.

Ella se quedó perpleja pero no reaccionó al comienzo. Yo seguí unas cuadras y estacioné para volver sigilosamente y ver lo que sucedía con la yegua madura.

A los pocos minutos estaba rodeada por 5 hombres, fuertes, sucios y bastante violentos. La insultaban, y cada tanto la manoseaban. Ella dentro de la situación se mantenía con relativa calma aunque se resistía todo lo que podía. Detrás de un árbol en penumbras, yo disfrutaba de lo que iba a ser una hermosa fiestita de cumpleaños... (continuará)

----Pido a mis lectores que continúen el relato según su imaginación, dando detalles precisos. Luego continuaré el relato utilizando las ideas propuestas---