Imelda es la hermana mayor de mi esposa, nunca nos caimos bien hasta que un dia en que nos reunimos familiarmente, ya entrada en copas, se me acerco y me pregunto directamente: cuñado, quiero que me digas sin mentiras porque me te caigo mal?, me consideras una mala influencia para mi hermana o no se algo que te hice, dímelo por favor…

Bastante sacado de onda por la pregunta solo le dije: no cuñis como crees, no es que me caigas mal, nada de eso, la verdad son otras cosas que prefiero callarme porque no quiero ofenderte….
Con la necedad de los que comienzan a sentirse tomados por el alcohol, mi cuñada me reclamo, ahh no, ahora me lo dices, cabron, quiero saber que es lo que te molesta conmigo, yo la verdad te estimo mucho porque se que quieres a mi hermana y quiero llevarme mejor contigo, se ve que eres un buen marido.

Hago un paréntesis para mencionarles que Imelda, ha tenido tres maridos, a cada uno le tuvo un hijo, ahora esta separada del tercero y la verdad esta muy buena, tiene una par de tetas como melones, una panochota bien peluda y usa unas tangas diabólicas, su gran culo por esas fechas estaba intacto, por que cada vez que uno de sus maridos se lo pedia, ella frenaba sus ansias, preguntándoles ¿Qué, eres puto para cojerme por el culo? Lo que inhibía los animos de sus maridos. Esto lo sé por las platicas que mi cuñis le hacia a mi mujer.

Pues bien, pensando que esa era la oportunidad que había esperado para comenzar a seducir a mi cuñada, le solte de sopetón la respuesta…-pues mira lo que mas me molesta contigo es precisamente eso… que seas hermana de mi esposa..

-¿Cómo?, no te entiendo, respondió Imelda…

Pues si, me choca que seas mi cuñada porque de otra manera ya te hubiera llevado a la cama y te anduviera cojiendo, y no tendrías que andar cojiendo con el pendejo ese que fue tu ultimo marido y la única manera de enterrar ese sentimiento que tengo hacia ti es mirándote con rencor, justificado porque eres el la causa y razón de mi pasión secreta.

Incrédula por lo que escuchaba, Imelda, se repuso y con aplomo me dijo jajaja! Ya salió el peine, cuñado, entonces te gusto y estas encabronado porque no puedes meterte con la hermana de tu esposa, jajajajajaja, que cosas…

Vente vamos a bailar –me dijo al momento en que la fiesta se animaba con la música de merenglass que se conoce como el baile del perro.

Bailamos la pieza, (que casi siempre bailo bien cachondo con mi esposa) con toda la lujuria cargada en los ojos y en nuestras entrepiernas, los roces no faltaron, los pasos simulando una copula de perros (ella moviendo su culote de espaldas frente a mi y yo simulando ser el perro) salieron a relucir de manera peligrosa, porque los demás nos hicieron rueda y comenzaron a aplaudirnos, mi esposa muerta de la risa me alentaba a seguir, por lo que decidí hacerme el cansado y le pedi que nos sentaramos.

Aproveche para ir por tres cervezas, ofreciéndoles una a Imelda y otra a mi esposa quien ya se había unido a nosotros, diciéndonos –que bien bailan hasta parece que llevan años bailando juntos, jajaja- en esos momentos voltee a ver suplicante a Imelda quien con una sonrisa picara de complicidad, me dio a entender que nuestra conversación no seria revelada, Asi seguimos platicando mi esposa Lorena, Imelda y yo.

Lorena se sentía tan feliz de que yo y su hermana por fin estuviéramos alternando sin conflictos, que bebió mas de la cuenta, en eso uno de mis hijos se acerco y le pidió a mi esposa su bibi (biberon), por lo que Lorena tuvo que dejarnos diciendo que al rato regresaría.

Nuestra platica inconclusa, continuo en ese momento cuando Imelda me dijo: oye cuñado, fijate que ya en confianza te dire que yo te considero un hombre guapo, mmm deseable, con quien cualquier mujer le gustaría darse un acoston…

Y ese concepto de mi te incluye a ti? Le revire…

Imelda sonrió y contesto… porque no?, la verdad cuando te casaste con mi hermana te me hiciste muy bueno y en mis adentros lamente no haberte conocido antes que mi hermana o que por lo menos tuvieras un hermano soltero o divorciado, jajajaja como vez?.

Yo le dije, Pues la verdad, le estamos jugando al wey, porque tanto tu como yo desearíamos estar en la cama del otro, lo único que nos lo impide es que somos casi hermanos, ni modo, yo creo que ya no deberíamos hablar de esto, le pedí en un arranque de coraje por ver que lo que nos acercaba también nos separaba irremediablemente.

Imelda, puso su cara de desenfado y dijo si tu lo quieres ver así, allá tu porque yo que tu no perdería las esperanzas, menos después de que ambos confesamos nuestros deseos ocultos cuñado, estamos unidos por un secretazo, pero bueno si tu lo quieres así allá tu. Bye. Concluyo, mientras se levanto de su lugar y se unió al grupo de personas que bailaban al ritmo de payaso de rodeo

Lo ultimo que me dijo me dejo caliente, asi que bebí y bebí para ahogar el fuego que sentía por Imelda y acordándome de que mi esposa Lorena estaría en alguno de los cuartos arrullando a mi hijo, decidi desfogar con ella todas mis ansias reprimidas por Imelda.

Ya en la recamara, observe a mi esposa que dormía plácidamente en la cama que nos habían reservado para ambos, por lo que decidí no despertarla y me dirigí al baño, pensando en aliviar con “manuela”, mis ganas.

Para entrar al baño de visitas, tenía que pasar por el cuarto de Imelda, cuya puerta se encontraba entreabierta, por lo que aprovechando que sus hijos no estaban ahí en ese momento, en un desplante de calentura y locura, me metí a su cuarto para ver de cerca sus prendas intimas; sabiendo que alguien de la casa podía sorprenderme en una situación embarazosa, por lo que idee que llegado el caso haría como que estaba tomado y vomitando, así que de manera rápida busque en los cajones del tocador, la lencería de mi cuñada, mi desesperación se vio premiada con una finísima tanga de encaje negro, con un pequeño triangulito y minúsculos hilos que era imposible que cubrieran tremenda panochota que se le advierte a mi cuñada, las olí, las bese me las enrolle en la verga., seguí encontrando muchos tipos de tangas, hasta que encontré un negligé color rojo, con su tanga de gasa, y unas medias del mismo color, que me volvió loco, porque a diferencia de las otras, esta tenia dos aberturas en el puente de la entrepierna, una por delante y otra por detrás, imagine que era la prenda que había incitado las frustradas ansias anales de su exmarido.

Escuche ruidos fuera del pasillo por lo que puse en practica mi plan, cerre el buro, guardando casi todas las prendas y simule vomitar, y si, en efecto era mi cuñada Imelda, quien alarmada me pregunto, que me sucedía… le dije nada solo que me pase de copas.

Acuéstate un poco, yo solo vine por unas cosas… respuesta que me dejo helado cuando vi que abria el cajón en el que yo había estado buscando, sin embargo, no manifestó ninguna reacción, aunque al voltearse, se me kedo viendo insistentemente mientras volteaba al piso simultáneamente.

Tratando de que no se me notara la turbación le dije ya me siento mejor, cuñada, creo que ya me voy… no cuñis, quédate solo vine por dinero para mis hijas, van a venir por ivette y por Alejandra sus primas para ir a bailar, y ya vez que a Lisandro se lo llevo su papa el fin de semana, quédate deberás. Yo ahorita me salgo, quieres que le hable a mi hermana?

No… le dije, ya esta dormidísima, creo que se emborracho, esteeeee. Mejor no le hables ya me voy a acostar,

Sin esperar respuesta me soltó…No te duermas espérame tantito, que quiero preguntarte algo.

Puta madre, dije que ira a pasar…y si, regreso en menos de 5 minutos, tiempo que me sirvió para darme cuenta que en el piso, junto a la cama se encontraba la tanga de dos aberturas tirada y que era precisamente el lugar que Imelda observaba cuando entro al cuarto.

A su regreso, Imelda se cruzo de brazos frente a mi y me dijo… lo que quería preguntarte es…¿Por qué chingaos andas buscando entre mis cosas del tocador, que te querías robar? -Soltó con un semblante de encabronada que hizo arrugárseme el pito- sobre todo manoseando mi ropa interior, pinche cochino que pretendías, que buscabas eh?.

Yo no sabia que responder y tal vez mi cara reflejo ese miedo porque Imelda cambio su rostro y comenzó a reírse, jajajaja jajajaja, que pinche cara de puto pusiste cuñado, jajajaja, no es cierto hombre, jajajajaja me halaga que te excites con mis prendas intimas, sobre todo esa que esta tirada ahí en el piso- me dijo señalándomela.

Yo le conteste, pinche cuñada la verdad es que me dejaste bien prendido y yo siempre he sabido que usas unas chikitangas de miedo y quise conocértelas ya que no me las vas a poder enseñar tu…

Imelda se sonrió y dijo que “…coincidencias, la vez pasada que fui a visitarlos, yo hice lo mismo cuñado, cuando mi hermana me pidió que le separara la ropa que había lavado, ahí conocí tus bóxer ajustados y tus trusas rotas jajajajaja, y ya picada te las doble y las puse en tu cajón, donde me encontré una tanga masculina que me imagino usas para hacerle streeptease a mi hermanita. Jajajaja.

Cohibido y todo lo único que hice fue reírme a la vez que me levante y me dirigí a Imelda, dándole un beso profundo y lengüetero que fue correspondido ampliamente, por lo que empecé a acariciarle sus tetas sacándoselas de su vestido escotado, chupándoselas y mordiéndoselas.

Imelda de inmediato me tiro sobre su cama y fue a ponerle seguro a la puerta, volviendo de inmediato al tiempo que me sacaba la verga del pantalón comenzó a darle una mamada de ensueño, digo mi esposa es una perra en celo para el sexo oral, pero mi cuñada me dio una chupada que me hizo olvidarme de las de mi esposa.

Le pedi que se kitara la tanga que sabia tenia puesta y que se pusiera la tanga roja de aberturas delante y atrás, a lo que accedió gustosa, asi que levantándole el vestido se lo saque de una pieza y la acoste en la cama separando las aberturas de la tanga y también los pelos negros de su tupida mata, descubriendo su rosada conchita, de donde manaba un delicioso aroma a hembra en celo, con un beso en su conchita rendi tributo a su papayota y comencé a deleitarme con ese rosado manjar, lleno de miel calida y pegajosa, con un rico sabor agridulce, el sabor de las mujeres cuando están en su punto, aprovechando la abertura trasera, segui con la lengua la línea hacia la espalda, introduciendo mi lengua en su culo, esperando una reacción negativa, me sorprendió cuando gimio airadamente, por lo que decidi verificar con una nueva caricia en el comprobando que si era de su gusto.

Después de un buen rato de mamadas en el culo, Imelda literalmente berreaba ¡¡haaaaaay que rico papi, que rico, nunca me habían hecho algo asi, síguele quiero mas lenguita en mi culito maaaasss!, emocionado le pregunte si quería un dedo, y me contesto, ¡hasme lo que kieras papi, soy tuya!, ni tardo ni perezoso, la puse de a perrito, comencé a meterle un dedo en el culo, mientras le mamaba su pepa, y viceversa le meti dos dedos en la concha y le mame el culo, entonces decidi que tenia que pasar al punto sin regreso para aprovechar su calentura y le pregunte, kieres algo mas grueso en tu pepita, -siiiiii- fue su respuesta, entonces le deje ir la verga en la panochota caliente que me ofrecía, le di sus bombeadas freneticas hasta que sentí que me iba a venir, por lo que me detuve y retirándome deje que un poco de esperma brotara derramándolo sobre la línea de su culo, ella intuyendo para que era, me pregunto ¿Qué haces papi, que me vas a hacer?. Le conteste –kieres que te la de por el culo, bebecita? Ella respondió -no se si pueda, dicen que duele mucho..

¿dicen? Le pregunté Quien te lo dijo, alguien a quien seguro no la cojieron bien, ya probaste mi lengua y mis dedos, creo que te gusto mucho.

Si, dijo ella pero me da miedo, entonces decidí seguirle metiendo los dedos para que volviera a sensibilizarse del culo, cosa que logre de inmediato por la lubricación de mi semen, ya calientota y jadeante me dijo, métemelo pues ya papi, kiero sentirlo, no me importa.

ni tardo ni perezoso, le apunte la cabeza en el culo y comence a empujar, suave hasta que la tuvo toda adentro, donde deje que se acostumbrara, mientras ella me preguntaba, ya papi, esta muy grande, ya? Ya le dije, ya estas bien enculada, ahora viene lo rico y comencé a empujar suave mete y saca mete y saca, haciéndolo cada vez mas rápido y violento, ¡haaaaaaa, haaaaaaa decía que riko papi no pensé que fuera tan rikooooooooooo, hhaaaaaa, haaaaaaa, dale duro me gusta papi me gusta ahhhhhhh!, yo le conteste, ya bebe ya te estoy culeando, quien es tu hombre, quien te esta rompiendo el culo quien?

Ella respondió tu papito tuuuuuuu, tomalo es tuyo haaaaaaa, le pregunte de quien es este culo de quien, -tuyo papi tu eres el primero que me culea haaaaa- ambos nos corrimos juntos y gritamos haaaaaaaaa que rikoooooooooooooooooooo! A la vez que afuera se escuchaba un ruido ensorbecedor de cuetes y bengalas.

Nos venimos juntos yo en su culo y ella en mi mano con la dedeada que le di, tendiéndonos exhaustos en su cama que olia a culo y sexo.

Ya repuestos, y vistiéndonos, mi cuñada me confeso, -ahora entiendo porque mi hermana esta toda pendeja contigo, cabron, cojes bien riko papi, te las sabes de todas todas, me cojiste y me culeaste a la primera, cuando yo nunca deje que mis maridos me lo insinuaran sikiera, hay mi hermanita que pedazo de hombre tiene, como la envidio, en el fondo yo me imaginaba que eras bueno en la cama, porque a mi hermana se le nota en la cara que la traes siempre bien cogida. Lastima que no pueda decir lo mismo.

Ensoberbecido por la experiencia, le dije, ¿como lastima?, solo es cuestión que nos organicemos y que nos ubiquemos con nada de escenitas de celos tontos o derechos sobre alguien y ya veras que también a ti te voy a poder atender bien riko, como vez.

Mi cuñada me respondió con un beso y un abrazo insinuante, diciéndome si papi porque a partir de ahora yo siempre voy kerer mi lechita, y tu me la vas a dar, yo voy a hacer lo que tu digas papi pero por favor hay que volvernos a ver si.

Ambos salimos del cuarto, con las debidas precauciones, separados y nos encontramos nuevamente en el patio donde se celebraba el grito de independencia, todos bien pedos y borrachos, mientras mi cuñada y yo lo estábamos pero de nuestros flujos íntimos, por lo que tomamos una cerveza y brindando desde nuestro lugar, nos miramos felices y satisfechos, en la calida complicidad que acababa de nacer entre los dos y que acabábamos de sellar con un grito de independencia, aunque en la intimidad de su recamara.