Llegué al pueblo y estaba él esperándome, hacía más de 20 años que no lo veía. Mi viejo amigo de la secundaria. Tanto insistió en que pasara a visitarlo alguna vez, que en uno de mis viajes desde Europa me hice un hueco y viajé hasta el pueblo en el que habíamos compartido tantas cosas.

El tenía una hermosa familia, mujer, 2 hijos adolescentes y una hija que acababa de cumplir 18 años. Me llamó la atención su mujer, era bastante más joven que él y no era lo que se dice linda, pero su culo era bestial, sobresalía como una manzana dura y ella se sentía orgulloso de llevarlo a sus espaldas.

Su hija era bajita y había heredado el culo de su madre y la cara de puta de su abuela. Sí la madre de mi amigo era una terrible yegua y la recordaba con pasión. Aquellos años adolescentes habían sido intensos... (Ver “Olga, la madre de mi mejor amigo”)
Me esperaban con una cena fabulosa, un gran vino, y postres hechos por las dos hembras de la casa. Estuvimos hasta altas horas de la noche charlando. Con el tiempo mi amigo se había convertido en un fracasado, cuando nos quedamos a solas me comentó que en el trabajo le iba muy mal y como si fuera poco se había dado cuenta que su jefe se garchaba a su mujer. No podía creer lo que me estaba contando. Casi llorando me pidió ayuda.

Esa noche apenas pude dormir, mi amigo me había dejado tocado. No podía creer que su mujer fuera tan puta, y si bien su mirada la delataba no podía creer que fuera la trola que era.

Algo se me ocurriría, para salvar el honor de mi amigo.

A la mañana, Leandro se fue a trabajar temprano y yo me quedé tomando café en la cocina, al poco rato se levantó su mujer que todavía estaba en camisón, la verdad, la forma del culo se dejaba ver en toda su magnitud. Me dio un beso y tomamos café y fumamos. Tenía una mirada muy pícara la hija de puta y sentía que coqueteaba conmigo.

A mí el sólo hecho de imaginármela garchando con otro ya me calentaba, pero lo tenía que disimular ante mi amigo.
Me comentó que a la tarde tendría que salir a lo que respondí que no se preocupara.

Mientras se puso a ordenar la cocina, y yo no podía apartar la mirada de su orto redondo y macizo…

Continuará...