Mis primos se cogen a mi hermana.

Somos originarios del estado de Zacatecas, en México. Mi padre Esteban, tenía una pequeña parcela en la cual cosechaba, pero debido a una fuerte crisis, vendió todo y nos venimos a la ciudad de las montañas, Monterrey, N.L. en dónde vive su hermano Zacarías.

Rentamos una casa, a un lado de la casa de mi tío Zacarías. La vecindad dónde vivimos, consta de cuatro casas de madera (La principal de los dueños, la que rentan mis tíos, la nuestra, y otra que rentan la familia Sánchez.) Con una solo entrada, un solo pasillo, un sanitario, un baño y el patio, todos ellos, son comunitarios para las tres casas de renta.

Mi tío y mi Padre después de trabajar cerca de tres años, decidieron probar suerte en los Estados Unidos, y se fueron de braseros. Dejando a sus hijos a cargo de sus esposas. Mi padre siempre había sido muy celoso de sus mujeres, así que le encargó enfáticamente que cuidara mucho a Rosita mi única hermana, de los malvados hombres que solo buscan el placer sexual.

La situación era crítica, sin la entrada de dinero de los hombres, mi tía y mi madre, tuvieron que trabajar. Rosita quería trabajar, pero mi madre no la dejaba salir. Al observar el curvilíneo cuerpo de mi hermana, mi madre temía que perdiera el honor a manos de aprovechados seductores. Así que solo le permitió lavar y planchar ropa ajena, en la casa. Sin saber mi madre, que aquí en nuestra propia casa, merodeaban las fauces babeantes de feroces lobos hambrientos de carne fresca y pura, y solo esperaban el momento oportuno para saltar sobre su presa y devorarla.

Mi bella hermana Rosita, es chica tímida e insegura, reprimida sexualmente, pero con todas las hormonas a punto de explotar en cualquier momento, nunca tuvo novio, debido a que mi padre siempre le corrió a todos los pretendientes. Tal vez por no ser de la ciudad; o por que cuando vivíamos en el rancho, casi no teníamos contacto con la gente; el caso es que estábamos muy pendejos. Mis primos (José, Beto, Juan y Rafa) eran menor que mi hermana y algunos casi eran de mi edad y ya tenían una mente cochina y morbosa.

Un día que me llevaron a nadar, al sacar una toalla diferente a la que acostumbraba.

-Préstame tu toalla –Me dijo rafa-. Yo no traje la mía. –Se la presté -.

-y esa toalla, –Me dijo José-, no es la tuya, ¿De quién es?

-Es la de mi hermana –Les dije-. La mía la iban a lavar porque estaba sucia.

En ese momento Rafa se estaba secando sus partes íntimas.

-Mira Luís –Me dijo Beto, sonriendo-. Rosita se seca con esa toalla, las nalgas, la panocha y sus chichotas y este guey se esta secando la verga, jaja.

No comprendí sus palabras y mi rostro mostró confusión.

-Si guey, es como si se estuviera cogiendo a tu hermana. –confirmó Juan, pero yo al seguir con la misma mueca, agregó-. ¡Olvídalo!

Todos se secaron el pene con mi toalla, diciendo: “Aquí ha de poner su carita” o Aquí a de secarse los melonzotes” y cosas por el estilo.

Todos los días, al salir mi madre a trabajar, Rosita se levantaba a bañarse, era muy temprano, entre 5 y 6 de la mañana. Un día, estaba muy fresco y me dio frío. Me levanté, mi madre se despidió con un beso y mi hermana salió a bañarse. Las luces estaban apagadas. Me levanté a tomar un vaso de leche, cuando escuché un ruido en el patio. Al asomarme, vi al Sr. Sánchez de unos 45 años, agachado, observando por un agujero en la pared del baño, se levantaba, se dirigía a la puerta del baño y se asomaba ahora por una de las rendijas. Con su mano derecha se sobaba el paquete que se le formó en los pantalones.

Cuando entró Rosita a la casa, le dije lo que había visto.

-El Sr. Sánchez –Le dije-. Se estaba asomando a la puerta cuando te estabas bañando.

-Si. Seguramente para ver si estaba ocupado. ¡Ay! Me caí re-gordo, cada vez me tengo que levantar más temprano para ganarle el baño.

-No. Ya sabia que estabas tú y aún así se asomaba por un hoyo que esta en la pared, mira en ese –Le dije, señalando el agujero-. Después se asomaba por las rendijas de la puerta,

-¡Viejo Fisgón! –Dijo mi hermana, mirando a la nada, como imaginando la situación, se introdujo el dedo índice en su boca y lo mordió sensualmente. –Siempre hacia esto cuando estaba cachonda-. Claro, como su mujer esta gorda y fea, de seguro de se ha de excitar viendo mi hermoso cuerpo. ¿Estoy bonita, hermanito?

-Si. Eres muy bonita.

-Lástima que mi madre no me deje salir a la calle… Lo que se pierden los hombres, jaja.

Se dirigió a la recamara y encendió la luz. Se quitó la toalla de su cuerpo y así, denuda, se dirigió a los cajones a buscar la ropa que se pondría ese día. Me asomé por la ventana y vi a mi vecino que se dirigía agazapado a la puerta de nuestra casa. Estaba acostumbrado a ver a mi hermana desnuda, cuando se cambiaba y no comprendía el interés del Sr. Sánchez por verla así. Mi hermana realizó el ritual que siempre utilizaba al cambiarse, se quitaba la toalla que cubre su cuerpo, lo empieza a secar con la misma, completamente desnuda, busca la ropa que utilizará ese día, la acomoda en una parte de la cama, se empieza maquillar, se mira de frente al espejo, se agarra sus enormes tetas, las pesa en sus manos, se las levanta, se estira los pezones, se da vuelta y se mira por atrás, se agarra las nalgas se las levanta se abre los cachetes, se empina y se mira el culo, se endereza y se mira de perfil, después, dice que esta muy gorda (no lo esta, pero siempre lo dice), se pinta las uñas de las manos, después la de los pies, se pone su ropa interior, Prepara el almuerzo, almuerza y al final se pone el vestido, shorts o pantalón, según sea el caso.

Me dieron ganas de orinar, al abrir la puerta, alcancé a ver la sombra de un hombre que se levantaba rápidamente de nuestra puerta y corría y se metía al baño. Supuse que era el Sr. Sánchez.
Me levanté temprano en días subsecuentes y siempre que se bañaba mi hermana miraba al Sr. Sánchez, observado por lo agujeros de la Pared o por las rendijas de la puerta del baño.

Un día mi primo Rafa, estaba enseñando a Rosita a manejar la bicicleta y estaban bromeando con su enorme trasero.

-Ya vieron las nalgotas que se le ven a la prima Rosa –Dijo José -.

-Lo que me calienta más es como se le mete el asiento entre las nalgas – Dijo mi primo Beto -. Mira como se come el asiento el culote de Rosa, jaja.

-Me gusta como se le mueven las chichotas. .-Dijo mi primo Juan -. Se le ven bien ricas. O ¿no? –Le dijo a su hermano Rafa-.

-Si. -Dijo Rafa, muy pensativo-. Esta buena la Prima y muy bonita.

Rafa corrió hacia mi hermana, cuando esta se cayó. Y se fueron platicando.

-Se me hace que a Rafa, le gusta Rosita –Dijo Juan-.

-Yo digo que se la quiere coger –Dijo Beto-. Igual que todos nosotros. Como me gustaría verle las toronjotas que tiene, las piernotas y ese culote, quisiera verla encuerada. –Luego, dirigiéndose a mí, me dijo-. Luís, tú ¿la has visto encuerada?

-Si. Casi todos los días –dije, inocentemente-.

-¿Y qué tan grande tienes las chiches? –Me dijo mi primo Juan-.

-Pues grandes.

-¿Que tanto? –Dijo Beto-. ¿Le abarco una chichota con mis dos manos?

-No me gusta hablar de eso.

-Yo si tuviera una hermana así, me la cogía –Dijo José, ya caliente-. Me valdría madre que fuera mi hermana. ¿A poco no se te para la verga, cuando la ves en pelotas?

-Están locos, -les dije-, es mi hermana, la quiero mucho, ¿cómo se me va a parar la verga con ella? También es su prima, no deberían expresarse así.

-A la prima, se le arrima, -Dijo Juan-. Eso dice el dicho, jaja. Si se dejara, yo si me cogía a Rosita. ¿Y tiene muy peluda la panocha? ¿Se rasura?

-Ya no quiero hablar sobre mi hermana.

-Solo dinos eso y ya, ya no te vamos a preguntar nada.

-Si tiene muchos pelos en la entrepierna, pero se los recorta con las tijeras, a que le queden cortitos y se rasura por los lados para que se le forme un pequeño triangulo.

-Tú ¿la has visto cuando se rasura y se corta los pelitos? ¿Cuándo? ¿Cuándo fue la primera vez?

-Si. Todos los días, ya ni me acuerdo cuando fue la primera vez.

-¡Huuuy, quién fuera tú! Verle las nalgotas, las chichotas, ay, mamacita, que buena esta tu hermana, eres muy afortunado, que solo tú, puedas ver el desnudo cuerpazo de Rosa, esta más buena que las viejas que salen en las revistas cachondas.

-No solo yo la he visto, también el Sr. Sánchez. Todos los días la ve cuando se baña y se cambia.

-¡A pinche viejo gandaya! –Grito José-. Con que viendo a nuestra prima.

Me hicieron que les contara todo con lujo de detalles, la hora en que se bañaba etc.

Al día siguiente. Al salir mi hermana al baño, el Sr. Sánchez, como siempre se agacho en el agujero. En eso se escuchó el grito de mi primo Rafa. Salí para ver que pasaba.

-¡Hey Cabrón, que estas viendo!

-Nada. –Dijo asustado el Sr. Sánchez-. Es que se me cayó una moneda y…

-¡Déjate de pendejadas! Sé que estás viendo a mi prima, si te vuelvo a encontrar fisgoneando, te vamos a poner una golpiza cabrón y le vamos a decir a tu esposa lo que estabas haciendo. Ahora ¡Lárgate!

El Sr. Sánchez, se fue corriendo. MI hermana al escuchar los gritos salió cubierta con la toalla.

-¿Qué pasa?

-Corrimos al fisgón de Sánchez, Luís nos dijo que a veces te miraba cuando te bañabas, y no queremos que nadie te falte al respeto.
-¡Ay! Que lindos, son todos unos hombrecitos, gracias por defenderme. –Les dijo mi hermana, abrazándolos, pegando su húmedo cuerpo al de mis primos, y besándolos en la mejilla. Bueno voy a terminar de bañarme. ¿Ustedes van a cuidarme que nadie se asome?

-Si. –Dijo Juan-, apuradamente y acomodándose el bulto de la entrepierna-. Todos los días vamos a venir a cuidarte para que te bañes a gusto.

Nada mas entrar al baño mi hermana, se empezaron a pelear por tomar los mejores lugares para fisgonearla ellos.

Beto y Rafa se fueron hacia la puerta y Juan y José en el agujero de la pared.

-¡En la Madre! con Rosita, -murmuró Juan-, las nalgotas que tiene, ya se me paro la verga.

-¡Que rico se ve, como escurre, el agua con el jabón, por los pelitos mojados de su panochita! –Murmuraba Beto-.

Se sobaban el paquete de su entrepierna viendo a mi hermana. Yo me sentí incomodo viendo las cochinadas que hacían, así que me metí a la casa.

Cuando Rosita entró a la casa, me asomé por la ventana y mis primos se apilaron enfrente de la puerta para ver por las rendijas. Mi hermana empezó la rutina que siempre hacía. Me le acerque cuidadosamente y haciéndole señas, me la llevé hasta la cocina, al oído le dije que mis primos la habían visto bañarse y que ahora estaban atrás de la puerta observándola.

-Tú lo has visto, quién y quién son los que me veían –me dijo, con un extraño brillo en sus ojos.

-Si, pues todos mis primos José, Beto, Juan y Rafa.

-Rafa ¿También? -Dijo, mordiéndose el dedo índice, y sonriendo-

-Si… ¿No te enojas?

-Son unos tontos, Porqué habría de enojarme, ¿te han dicho acaso que estoy fea?

-No. Al contrario, dicen que estás muy bonita y…

-y ¿Qué?

-Y que estás muy buena, y todos quieren cogerte.

-Jaja, pero si son unos tontos, aunque Juan se ve que va ser muy guapo, Beto es un picaron, tiene toda la cara de gandaya. Y Rafa es todo un Adonis, vaya que lo es, – dijo mi hermana, chupándose el dedo índice y mirando hacia el vacío con ese extraño brillo en sus ojos-. Lastima que sean mis primos. ¿Y que más te dicen?

Le conté todo lo que decían sobre su cuerpo, utilicé las mismas palabras que le decían y en vez de enojarse, le causaba gracia y más le gustaba.

-A poco te gusta que te vean encuerada –le dije, extrañado-.

-Que tiene de malo, tú me ves y no pasa nada.

-Pero yo soy de la familia.

-Ellos también. Son nuestros primos, no tiene nada de malo, jaja, que tontos… No te pongas celoso mi amor, tu eres mi hermanito consentido.

Se dirigió a la recamara, contoneándose alegremente haciendo que sus voluptuosos pechos se bambolearan sensualmente. Yo me acerqué a la ventana para oír lo que decían.


-¡Chanfle! –Exclamó Rafa-.que buena está Rosita.

-¡Las nalgotas!, como se le mueven las nalgotas –comentaba emocionado José-.

-¡Que piernotas tan hermosas! –dijo Juan-. Dan ganas de acariciarlas.

-¡Que nalgotas tiene la prima! –dijo Beto-. Para reventarle el culo a vergazos,

Mi hermana se pasó más tiempo del acostumbrado arreglándose, se acercaba mucho, casi se pegaba a la puerta, para que la observaran detenidamente.

Pasó un año, mi hermana se puso más buena, todos los días si no era el Sr. Sánchez, eran mis primos los que la fisgoneaban.

La última noche del año, el dueño de la vecindad organizó un baile, esa noche nuestra madre por primera vez nos dejó solos, tanto mi tía como ella tenían que ir a laborar toda la noche ya que tenían inventario en lo almacenes donde trabajaban.

Mi hermana le pensó mucho para asistir a la fiesta, ya que decía que si mi madre se enteraba, nos iba a regañar. Yo quería ir, y me hizo prometerle que no le diríamos nada a mi madre.

En la fiesta andaba muy divertida bailando con todo mundo, hasta que un muchacho muy serio, de lentes, la sacó a bailar. Bailó con ese muchacho y platicaban de muchas cosas, se veían muy sonrientes, hasta que dieron las doce cuando todo mundo empezó a gritar y dar abrazos. Durante toda la fiesta mi hermana estuvo tomando ponche, y tenía licor, así que al final estaba algo tomada, hablaba entrecortado, tenía las mejillas muy coloradas y se reía por la nada. Abrazó al muchacho, se besaron, y se despidieron. Luego se dirigió tambaleándose hacia mí.

-Mi hermanito consentido –Me dijo, con la voz media borracha-. Dame un abrazo. –Abrazándome-. Feliz año nuevo, que te vaya muy bien hermanito.

Hasta nosotros llegó el Sr. Sánchez, deseándonos feliz año, me dio un abrazo, y al abrazar a mi hermana, cuando la escuchó hablar, le brillaron los ojos, la abrazó y la sujetó fuertemente por las nalgas. Ella solo reía tontamente. Le dio vuelta y restregando su pene en las nalgas de mi hermana, le agarró con las dos manos sus enormes pechos, diciéndole al oído algo que no alcancé a escuchar. Al ver que se acercaban mis primos, se retiró rápidamente.
Mi hermana abrazó a mis primos efusivamente, y estos no desaprovecharon la oportunidad de sobar sus rotundas redondeces. Entre risas la sacaron de la fiesta y nos dirigimos a nuestra casa. Ella les confeso que se hizo novia del muchacho que conoció en el baile, nos dijo que estaba muy contenta. Al llegar a la casa, mi hermana se recostó en la cama.

-Estoy muy mareada, la cabeza me da vueltas. –Decía, riendo tontamente-.

-Lo que necesitas en un buen masaje. –Le dijo Rafa-. Voltéate para dártelo, vas a ver que te vas a sentir mejor.

Mi hermana se acostó boca abajo, separando levemente las piernas. Rafa, le tomó sus tobillos y los empezó a masajear.

-¡Que rico primo! Tus manos se sienten tan bien.

-¿Te puedo dar masaje en la espalda? –Le dijo Juan-.

-Si.

Juan se colocó a un lado y le subió hasta el cuello la blusa quedando su espalda descubierta. Y le empezó a dar suaves apretones. Mientras Rafa, iba subiendo en sus masajes, ahora le acariciaba sus torneadas piernas hasta casi verle el calzón blanco metido entre sus poderosas nalgas. José y Beto estaban sonriendo, mirando entre las piernas y sobándose ya el paquete que se les formó en sus pantalones.

-¡Mmmhh! Tienen unas manos divinas, que rico siento.

-Te voy a desabrochar el sujetador. –Le dijo Juan-. Para darte mejor el masaje, ¿Esta bien?

-Aja –murmuró mi hermana, introduciéndose el dedo índice en la boca y mordiéndolo levemente.

-Yo le doy masaje a una pierna y tú a la otra –Le dijo Beto a Rafa, separándole completamente las piernas-.

Beto sin miramientos le subió la falda hasta la cintura, apareciendo su calzoncito blanco que estaba totalmente incrustado entre las montañas de carne de las enormes nalgas prietas de mi hermana Rosa. Empezaron a sobarle las torneadas piernas, por adentro de sus poderosos muslos, subiendo hasta tocarle su coñito, y luego por fuera, subiendo hasta alcanzar cada uno, con las dos manos, una poderosa nalga. La estrujaban fuertemente. Mientras Juan le pasaba las manos por los laterales de su espalda hasta alcanzar sus enormes globos de carne por los costados. José y yo los contemplábamos en silencio. Varias veces paraban su masaje para acomodarse el bulto del pantalón que ya les incomodaba por lo parado que traía el pene.

-Rosita, -Le dijo Rafa-, es mejor si te quitas toda la ropa, así podemos darte masaje en todo el cuerpo.

-¿Ustedes creen que sea mejor? –Dijo mi hermana, chupando ya su dedo, con una voz sensual y una cara en la cual se le veía que estaba más cachonda que una perra en celo.

Sin contestar, Juan le sacó la blusa y rafa le quitó la falda y le bajó poco a poco el calzón blanco. Mi hermana seguía acostada boca abajo. Cuando aparecieron sus redondas nalgas desnudas, José se sacó el pene del pantalón y se masturbó lentamente. Beto la tomo de las nalgas y abriéndoselas introdujo su rostro entre ellas y empezó a chuparle el culo.

-¡Ay! ¡Que me hacen! –Dijo mi hermana, excitada. Sin levantarse, sujetó de los cabellos a Beto y lo separó de sus nalgas-. No, me iban a dar solo masaje.

-Discúlpanos prima –Dijo Beto-. Pero estás tan buena que no resistimos la tentación-. Vamos a darle solo masaje –Le dijo a Rafa-.

-No, ya no quiero –dijo haciéndose la ofendida-.

Al levantarse a encararlos, estaba totalmente desnuda. Mis primos sentados en la cama mirándola levemente hacia arriba, estaban con la boca abierta. Sus ojos fijos en sus enormes montañas de carne de sus senos, sus pezones estaban completamente erectos, mi hermana muy cerca de ellos les miraba la protuberancia de los pantalones.

-¡Son tan bellas! –Exclamó admirado Beto-.

-¿Que son bellas? –Dijo mi hermana, sonriente-.

-Las chichotas que tienes, están enormes.

- Están muy grandes –dijo poniéndose seria-. ¿Están feas?

-No prima, -Dijo Beto-, están muy bonitas… Entre más grandes estén, mas bonitas son.

-De veras –dijo, volviendo a colocar el dedo en su boca-.

-Tu panochita, también se ve hermosa.

Al decir esto mi primo Juan, automáticamente todos bajamos la vista poco a poco. La majestuosidad de su busto era subyugante, batallamos un poco para desprender la mirada de semejantes monumentos, al recorrer con la vista su anatomía, apareció su lindo ombligo, parecía una pequeña isla en un mar de suave y delicada piel, delicadas líneas dibujaban el contorno de su ejercitado y plano abdomen, y por fin aparecía su precioso triangulo recortado de hermoso pelaje negro.

¿Te parezco bonita, Rafa?

-Por supuesto –Dijo Rafa-. Eres muy hermosa Rosita.

-Pero tú tienes novia. –Decía mi hermana, con el tono entrecortado, denotando lo tomada que estaba-. ¿Te gusto como prima o como mujer?

-Ya te dije, eres muy hermosa y estas muy buena, me gustas como prima y como mujer, si tú quisieras te cogía toda la noche. Mira como me tienes –Le dijo bajándose los pantalones y saltando una enorme y gruesa verga que se mecía grotescamente de abajo hacia arriba hasta casi llegarle al ombligo.

Rosita abrió sus hermosos ojos y no los separaba del suave bamboleo que tenía el garrote de Rafa.

-Y a mis hermanos los tienes igual –Y dirigiéndose a ellos les dijo-. ¿Verdad? Enséñenle como la tienen.

Todos se desnudaron rápidamente y mostraban orgullosos sus endurecidos penes. Juan tenía la verga más grande que todos, era gorda y morena, José tenía el pene más pequeño y delgado, Beto tenía la verga igual de grande que la de Juan, pero esta estaba muy delgada.

Rosita, pasaba sus lindos ojitos de una verga a otra, chupaba su dedo sensualmente y se frotaba sus rodillas haciendo que sus pesados pechos oscilaran sensualmente.

-Rosita –volvió a decir Rafa-. Ándale, déjate coger ¿si?

-Pero son mis primos. No está bien.

-¿Porque no? ¿Qué tiene de malo?

-Somos familia. Si nuestros padres se enteran, nos van a regañar.

-Si tus padres descubren que estás cogiendo, te van a regañar, así seamos nosotros o el novio que acabas de tener… Ándale, Nadie les va a decir. No tienen porqué enterarse. La familia para eso es, para probar cosas que no puedes hacer con otros.

-¿Cómo? ¿Probar cosas?

-Si. Por ejemplo, coger. Tú no puedes coger con extraños, porque esta mal visto, si se dan cuenta la puedes pasar muy mal y te vas a desprestigiar, a lo mejor nunca te casas, porque van a pensar que eres una puta. En cambio si lo haces con nosotros, tus primos, que somos familia, nadie dice nada, nadie se entera, tú sigues siendo una mujer casta y virgen hacia los extraños. Además vas a tener experiencia cuando te cases y tengas relaciones con tu futuro esposo, ya vas a saber todo lo relacionado con el sexo.

-¡Ah! No lo había pensado así, tal vez tengas razón…

-Entonces ¿te dejas? –Le dijo suplicante Beto-.

Rafa y Juan se dieron cuenta que Rosita no les quitaba el ojos de sus penes, se le hacia agua la boca.

-Es que no sé –Dijo dubitativa-. Y si….

Ya no la dejaron terminar, se abalanzaron como buitres sobre ella. Rafa cayó de rodillas ante su virginal panochita, Beto se apoderó de sus prietas y enormes nalgas chupando con frenesí su cerrado culito, se dedico a mordisquear y lamer su trasero, estrujándolo a manos llenas, mientras Juan y José se apoderaban cada uno de un enorme seno y lo chupaban con ahínco.

Duraron como diez minutos, todos, chupando, mordiendo suavemente alguna parte de sus prietas carnes, hasta que empezaron a desesperarse y a querer abarcar los lugares de otros, se empezaron a aventar hasta casi tumbar a mi hermana. Rafa fue el que puso orden.

-¡Ya déjenla! Me la voy a coger yo primero y después va por edad.

Rafa la acostó en la cama mientras todos contemplábamos los desnudos cuerpos. Rafa parado a un lado de la cama, la contemplaba maravillado, extasiándose de su sensual figura. Mi hermana en cambio, estaba acostada boca arriba, con un brazo bajo su cabeza y con la otra mano se acariciaba los bellos de su panochita. Mirando fijamente el oscilante movimiento de la verga de Rafa. Parecía una gatita caliente, moviéndose sensualmente, sobresaliendo su triangulo de pelaje negro y sus enormes cantaros de carne.

-Házmelo despacio primito, soy virgen.

Rafa se acomodo, entre las piernas de mi hermana, tenía un torso con los músculos definidos y unos brazos fuertes. Empezó a pasar su pene por la rajita que se abría como una flor, le introdujo la cabeza roja de su verga, mi hermana lo abrazó con sus torneadas piernas y Rafa empujó, sacando un leve quejido a mi hermana. Paró los nalgas, agarrando vuelo, y se la volvió a meter con fuerza, esta vez , hasta el fondo de su cuevita. Empezó un movimiento cadencioso, mientras besaba la boca de Rosita, el cuello, y se apoderaba de uno de sus senos para chupar con glotonería. Cada vez entraba y salía más rápidamente agitando todo el cuerpo, sus pechos oscilaban con brusquedad por la fuerza de su acometida. De su boca salió un sonido grotesco y sacando su babeante verga escupió varios chorros de semen que le llegaron hasta las tetas a mi hermana, formándose un charco de semen en su ombliguito.

-Ponte de rodillas. –Le dijo Juan-.

Se puso de rodillas. Y se la metió de una embestida en su coñito y empezó a bombear fuertemente.

-¡Ahhh!, -Se quejaba mi hermana-. Si, si, ¡mmmm! Que sensación tan hermosa, ah, ah, ah, ah, me estoy viniendo primito, aoouuuuch, que rico.

José ya no se aguantaba y arrodillándose frente a mi hermana le dijo.

-Por favor prima bonita, mámame la verga, que ya no me aguanto.

Rosita abrió la boquita y engulló un buen trozo de verga, empezó a lamer como pudo la cabeza roja y brillante. Pronto me acostumbró lo suficiente a su sabor como para meterse el otro extremo en la boca. No podía albergar mucho trozo en la boca, pero el movimiento de su lengua debía de ser eficaz, porque José empezó a jadear de placer. Accedió a mamársela sin rechistar y lo hacía con deleite, acariciándole los huevos y tragándose todo el garrote de José. Mientras la enorme verga de Juan entraba y salía de su vagina mojada. La penetraba con un buen vaivén, el cuerpo de Juan se empezó a contorsionar y asiéndose de las poderosas caderas de mi hermana, gruñó y le clavó la verga hasta el fondo. Después extrajo rápidamente la verga y la colocó en toda la raya de la cola de mi hermana y empezó a escupir chisguetes de mecos, que bañaron la espalda y las prietas nalgas de mi hermana.

José apretó la nuca de Rosita he hizo que tragase toda su delgada verga hasta el fondo y se corrió en su boca, provocándole a mi hermana que tuviera varias arcadas, tosiendo y escupiendo el semen.

-Comételos -Le dijo Beto-.

-Ay no, me dio asco, están muy calientes y pegajosos.

-Pues debes aprender a comértelos –Le dijo Beto-. A los maridos les gusta que sus esposas se traguen los mecos.

Beto se acostó en la cama e hizo que Rosita lo montara y que ella solita se enterrara la verga en su panocha. Se veía tan hermosa, como paraba las nalgotas, y las movía en forma circular, muy despacio, enterrándose centímetro a centímetro cada trozo de verga, cerraba los ojos y abría su boquita mientras sus enormes cantaros de carne oscilaban hipnóticamente, hasta que los guevos de Beto chocaron con las nalgas de mi hermana. La verga de Beto desapareció entre las piernotas de mi hermana, solo se veían Los bellos de la entrepierna de uno y otra, enredándose unos con otros, que se confundían entre si. Los torneados muslos de mi hermana abrazaban las peludas piernas de Beto. Mi hermana transpiraba sensualmente, su lisa y suave piel brillaba a la luz de la lámpara, su precioso ombligo se abría y cerraba sensualmente con el erótico movimiento.

-Me voy a venir otra vez primito, entiérrame la verga hasta lo mas profundo de mis ser.

Rafa estaba maravillado con el movimiento de los pechos de mi hermana, se acercó a ella y con ambas manos amasaba y apretaba su descomunal cántaro de redondas carnes, comiéndosela a besos.

-¡Ay mamacita, me vengo! –Gritó mi hermana, su cuerpo empezó a temblar frenéticamente, sus ojos se pusieron en blanco-. ¡Mamita, mamacita linda, estoy sintiendo riquísimo, Dios, te voy a bañar la verga con mis jugos, tómalos primito, tómalos, ay, ay, ah, ah, siiiiii, que rico.

Su cuerpo se desfalleció sobre Beto que seguía metiendo y sacando velozmente el garrote de la panocha de mi hermana.

-¡Que rico me aprietas la verga! –Le gritaba Beto, convulsionando-.Ten prima, mis mecos, tómalos todos, son tuyos primita, te los dejo en el fondo de tu rica y jugosa panocha, que buen palo, oh, divino, como me exprimes los mecos, toma, toma y toma.

Se quedó tumbada en la cama con una sonrisa de satisfacción en sus labios, sudorosa y su espeso bosquecillo íntimo pringado de semen, mientras ellos se vestían.

Su noviazgo con Martín (Así se llamaba el muchacho que conoció en el baile), continuo, pero todos los días al salir mi madre a su trabajo, recién bañada mi hermana Rosita, era cogida por mis cuatro primos. Yo al principio cuidaba la puerta para avisarles en caso de que llegara alguien. Me regalaban cosas tanto mi hermana como mis primos, me hice de las canicas de José que tanto me gustaban, del trompo de Beto, del yoyo de Juan y de algo de dinero. Tiempo después ya no quise cuidar la puerta porque me gustaba ver como se cogían a mi hermana, por su culpa me volví un Mirón (Voyeur) empedernido.

Mis primos varias veces me invitaban a que me cogiera también a mi hermana, ella al principio no quería, pero cuando estaba próxima a un orgasmo, y le decían que si se dejaba coger por mí, ella estaba dispuesta… Más nunca lo hice. Era algo extraño y confuso, me maravillaba su cuerpo perfecto, me excitaba ver como se la cogían, pero nunca quise hacer el sexo con ella. Solo fue una vez, cuando ya se habían marchado mis primos, ella desnuda con su cuerpo lleno de semen, oliendo a sexo en toda la recamara, descansaba en la cama, miro mi entrepierna y me dijo.

-Pobrecito hermanito, mira como estás, la tienes toda parada.

Se acercó hacia mí, arrodillándose, me bajó los pantalones, saltando mi pene ante sus ojos. Abrió la boca y la engulló por completo, me hizo la mamada mas hermosa de toda mi vida, me besaba mis testículos, me besaba los vellos en la base de mi verga y se la volvía a meter toda en la boca… No dure mucho, mi verga estalló lanzando con potencia cinco chisguetes de esperma adentro de su boquita, tragó toda mi leche, sin gestos ni arcadas, cuando acabé siguió mamándome la verga hasta dejarle flácida y limpia. Fue la única vez, ni ella ni yo volvimos a proponer hacerlo nuevamente.

Pasó más de un año, todos los días sin falta, mis primos tuvieran sexo con mi hermana, le enseñaron a comerse los mecos sin asco, se la metieron por el culo, al principio batallaron mucho, porque le dolía a mi hermana cuando trataban de introducirla por ese agujero, pero con paciencia poco a poco fueron dilatándoselo hasta que se la metió José primero, Luego Beto, Rafa y Juan solo podían meterle la cabeza, hasta que un día se les ocurrió ponerle aceite de bebe en la cola a Rosita y Rafa se la dejo ir hasta que chocaron sus peludos guevos. Cuando pudo soportar la de Juan, a partir de ese día, todos se la metían por el culo, le decían que con esas nalgotas que tenía, todos se la iban a querer meter por allí, que era mejor que ellos la prepararan, y cuando se recibió con honores fue cuando Rafa la cogía por la panocha y Juan le tenia todo el garrote incrustado en el culo y la machacaba con fuerza, al sacar la verga del culo de Rosita, nos dijo a todos que nos acercáramos para observar el enorme agujero que se le veía en la cola a mi querida hermana.

El Sr. Sánchez, durante un tiempo, también le dio sus metidas de verga, la amenazó con contarle a mamá que la había visto coger con mis primos, que si era tan puta, debía dejarse coger por él. Mi hermana me contó que tiene una verga enorme y que si no fuera por sus adorados primos que ya la habían iniciado, la hubiera desgarrado, porque se la metió por sus tres agujeros.

Cuando dejaron de cogerse a mi hermana, fue hace unos meses, cuando llegó papá de los Estados Unidos, vino exclusivamente a la boda de Rosita, pero aquí consiguió un trabajo y ya no regresó con los gringos.

-Has cuidado muy bien a nuestros hijos –le dijo mi padre a mi madre, orgulloso-. Gracias, eres la mejor esposa, te amo.

Mi hermana, parada sobre una mesa, subía poco a poco su vestido de novia, haciéndola de emoción, secundada por el sonido de la batearía del grupo que amenizaba la fiesta y ante los gritos de entusiasmo de los lujuriosos hombres que rodeaban a mi hermana y trataban de observar algo más en medio de sus piernas, porque el vestido ya iba a la mitad de su torneado muslo, y ante la mirada risueña del novio tratando de bajarle el vestido. Cuando por fin se quitó la liga y la aventó hacia atrás cayendo en las manos de mi primo Rafa… Observé sus rostros… Nuestros pensamientos se sincronizaron al mismo tiempo, hacia el mismo momento.

Mi hermana sonreía feliz, introduciéndose el dedo índice en su boquita, mordiéndolo sensualmente. Rafa, la miraba con lujuria, sonriendo maliciosamente, lo mismo que Beto, Juan y José y en el fondo ocultándose atrás de su gorda esposa, el Sr. Sánchez se acomodaba el paquete de su entrepierna. Todos recordando los bellos momentos en que le metían la verga a mi hermana Rosita.

Fin.