Ya me he resignado a que mis padres se llevasen el carro durante el fin de semana, de manera que he organizado un plan alternativo que incluye novia, cena romántica, bragas nuevas para ella y 48 horas de sexo.

Viernes, 6 pm.
Regreso del supermercado dispuesto a comenzar con los preparativo de la cena. Con la emoción y la ansiedad por la visita he salido sin el móvil. Apenas cruzo la puerta noto la luz parpadeante de la contestadora. Han dejado dos nuevos mensajes.
El primero: Mi madre desde la playa:

BIIIIIIIP

-“Juan, por favor, no te olvides que hoy es el Aniversario de tía Carmen y da una fiesta en su casa nueva. Por favor, no puedes dejar de asistir. Recuerda que lo prometiste. Nos vemos mañana. Te quiero hijo. Adiós.”

BIIIIIIIP

Un intenso calor me invade de golpe. Además del celular también me he olvidado por completo de mi puñetera tía Carmen y de su puto aniversario.

Melina llegará en dos horas lista para un fin de semana intenso. No puedo decirle que he cambiado de planes. En lugar de una cena romántica y unas bragas de encaje pensé que mejor te apetecería acompañarme al aniversario de la insoportable de mi tía Carmen. Imposible. Todo el fin de semana por la borda. Sería el comienzo del fin de nuestra relación. ¡A tomar por culo! Le diré a mi madre que me cogió una cagadera.
Odio a mi tía, a mi tío y a mi primo. Los detesto. Son el ala rica de la familia. Mi tía es el prototipo de la vieja pija insatisfecha que no sabe qué coños hacer con su vida mas que deprimirse y tomar píldoras. Mi tío Oscar es gerente de una compañía constructora, un lamebotas venido a más. Mi primo Diego se cree el heredero de Dios. Tiene apenas algunos años mas que yo y trabaja en el área de publicidad de la empresa de mi tío. Él y su entorno empalagan de estilo y excentricidad. Mi madre me comentó que tuvo algunos problemas con las drogas, al igual que mi tía.
Basta. Ya lo he decidido: no voy. Cagadera o no, ya habrá tiempo de inventar excusas.
La luz del aparato sigue intermitente. Pongo el segundo mensaje: Melina, mi novia:

BIIIIIIIP

-Hola, Juan... ¡No lo vas a poder creer! ¡Nació el hijo de Silvia! Esperaba para mediados de Agosto, pero se adelantó casi un mes. La ingresaron de urgencia hace dos horas y... La cuestión es que me ha pedido si podía quedarme a pasar la noche con ella porque Quique está de viaje y los padres llegan del pueblo recién mañana por la mañana. ¡Nos cogió a todos por sorpresa! No puedo decirle que no... no te enojes, mi amor... lo dejamos para mañana, si?... besos.

BIIIIIIIP

Vale. Todo se ha ido al tacho: las velas, las bragas y los polvos. Todo se ha esfumado en dos putos BIIIIPS.

Viernes, 9 pm.
No puedo dejar de maldecir a Dios y María Santísima desde hace tres horas.
Me monto al taxi para asistir a la maldita fiesta de la parte más indeseable de mi familia.
Con el paso de los minutos el malhumor se incrementa en lugar de menguar. Para colmo de males no cuento con el carro y este puñetero taxi me va a dejar seco.

Viernes, 11pm.
Llego a casa de mis tíos. Es una mansión en un barrio privado, en las afueras de la ciudad. El lugar es imponente. Es puro lujo y todo huele a nuevo.
Ni bien pongo un pie dentro de la casa, una camarera guapa me recibe con una sonrisa y una copa de champagne. La fiesta parece haber comenzado hace rato. Desde el recibidor noto que el grueso de los invitados se congrega en el jardín, lo que parece ser la parte posterior de la casa. Desde allí proviene la música y el bullicio de un buen número de personas.
Cuando intento tomar coraje para avanzar me cruza por sorpresa mi tía Carmen que viene secundada por un grupo de vejetes:
-¡Que gusto verte, Juancito!
-Hola tía. Feliz aniversario.
-Muchas gracias, sobrino. ¡Que alegría tenerte por aquí!¡Seguro que te morías de ganas por conocer la casa!
-Si claro. Hace días que vengo pensando...
-Ven, ven con nosotros...
Mi tía oficia de guía turística a un grupo de viejos obsecuentes que no paran de maravillarse por la mansión. Por fin se siente útil para algo. Me sumo al grupo sin otra opción..
Luego de recorrer toda la extensa planta baja, la tortura continúa. Subimos escaleras arriba para seguir la visita en la parte superior, todos -los vejetes y yo- vamos en fila india detrás de mi tía.
En la planta alta me cruzo con mi primo que al parecer también oficia de guía de un contingente de freaks que irradian glamour alternativo, seguramente sus compañeros publicistas.
Se detiene a saludarme sin tomarse la molestia de presentarme a sus amigos. Ellos son cuatro en total. Dos parejas. Toda gente muy fashion. Los tipos son dos gilipollas bronceados, en bermudas, musculosa y sandalias. Parecen dos copias malas de un mismo original.
Por el lado de las chicas la cosa viene mejor: una de ellas lleva un vestido suelto campana, onda sixties, a lunares. Un peinado tipo retro y unos lentes de sol enormes y bastante ridículos. Pero, mas allá del disfraz, no está para nada mal. El vestido es sugestivamente corto y deja a la vista unas bellas piernas, bien torneadas.
La otra chica sí que está realmente buena. Lleva sandalias de goma, una mini de jean y una solera blanca, sin tiras, dejando a la vista sus hombros desnudos y delineando unos pechos redondos y firmes, y sin sujetador. De cara es hermosa, un ángel: ojos verdes sutilmente delineados de negro, tez muy blanca salpicada por unas pecas imperceptibles sobre la nariz y los pómulos. Su boca es un imán a la vista: ancha, de labios finos pincelados con un brillo suave, que da una sensación de humedad muy sensual.
Lleva el cabello negro y lacio por debajo de los hombros, agarrado sobre las orejas con dos broches pequeños. Tiene un look sexy teenager que remata con un chupachús en la boca y que sólo se quita para saludarme con prácticamente nulo interés.
Con mi primo y su gente a la moda creo encontrar la forma de zafar de las garras de mi tía. Pero Diego me despacha descaradamente.
- Te veo abajo, Juan.
Me hace una seña con el pulgar en alto y desaparece por la escalera con sus compañeros metrosexuales hacia la planta baja. Evidentemente yo no calificaba para integrarme a su grupo selecto. ¡Qué tío gilipollas!
Por un momento me encuentro sólo. Con alivio noto que el contingente de mi tía se ha perdido en una de las habitaciones. Es mi oportunidad. Huyo hacia la primera puerta y la cierro tras de mi. Es el cuarto de baño. Me enjuago la cara y trato de controlar mi mal humor, me quedo un segundo mirándome al espejo. No puedo entender qué estoy haciendo allí, cuando debería estar con mi nueva novia, en este preciso instante, y haciendo todo tipo de guarradas. Me miro a los ojos. Mi imagen en el espejo sólo me devuelve rabia y rencor. Como una burla del demonio, se dispara en mi mente la viciosa voz de Melina rogándome en un susurro...
- No te corras dentro, amor... ahhhahh.... déjame ver... quiero ver como lo haces...
Es su debilidad. Le excita mucho ver aquel instante. ¡Mil mierdas! ¡¿Cuántas veces lo habría podido hacer aquella noche?!
En un rapto de furia contenido, para no destrozar el espejo de un puñetazo, abro violentamente la puerta del botiquín. Melina no está allí. Sólo cepillos de dientes, cremas, apósitos y un frasco con píldoras, probablemente somníferos, probablemente de mi tía. Sin pensar cojo el pequeño recipiente y me guardo dos comprimidos en el pantalón.
Cuando llegue a casa voy a asegurarme de dormir hasta el sábado por la noche. Luego voy a follarme tantas veces a Melina que podrá hacerse un largometraje con mis corridas. Ella es una chica rara. Es bastante recatada, pero tiene ciertas preferencias sexuales un tanto extravagantes. A la muy zorra la pone que la masturbe mientras me la meneo, al mismo tiempo.
- ¿Hacemos una doble...?
Me pide. Y cuando estoy a punto de llegar, me deja pajeándome solo mientras observa la escena lo mas cerca posible. Ella misma se ocupa ahora de su coñito, frotándose con la mano abierta, al tiempo de mi descarga. Cuando termina mi función, se contorsiona en unos orgasmos muy intensos. Le gusta verlo de cerca, en primera fila, pero jamás me ha permitido correrme en su cara o en su boca. La odio por ello. Siempre se ubica de lado para no ser alcanzada por el disparo. Son gustos, pero la verdad es que la pasamos bien juntos.
Salgo del baño con peor humor del que había entrado pero dispuesto a regresar a la fiesta. El grato recuerdo de Melina me ha aplacado un poco la furia, pero me ha puesto la tranca como un mástil bajo el pantalón.

Sábado, 00 am.
Ya hace casi una hora que estoy sentado en una silla del jardín, con mi copa de champaña, sólo y sin hablar con nadie. Observo los movimientos de la gente. Los detesto. Mi tío Oscar, con su vaso de whisky y su puro, conversa con un grupo de viejos carroñeros de su misma calaña. Mi tía Carmen sigue recorriendo la casa y maltratando al personal de servicio. Mi primo Diego baila con su grupo de amigos alrededor de la piscina.
No puedo quitarle la vista de encima a esa zorra de look teenager. Cómo se mueve. Es una provocadora nata. Baila con su novio, se coloca de espaldas a él y le frota el culo contra su polla. Pura histeria. Ahora ella se quita el chupachús de la boca. Se los pasa por los labios y luego lo frota con la punta de la lengua. Como si intentara graficarle a su compañero de qué forma le apetece más que le coman el coño. Se ríen...
Está dando un pequeño espectáculo y lo sabe. Mi tío y su grupo de cerdos amigotes la miran de reojo, entre copa y copa.
Por mi parte, ya estoy lo suficientemente excitado como para dejar pasar inadvertido semejante estímulo.
Me muevo en la silla, incómodo. Me aprieta la entrepierna. La herramienta ha crecido y me está comprimiendo los huevos. ¿Qué hago? Debería descargar un poco para tranquilizarme y bajar mi nivel de ansiedad. Me despierta cierta morbo el hecho de pensar en pajearme en el impoluto y recién inaugurado toillete de mi tía Carmen. La verdad es que necesito una descarga. Además no tengo nada mejor que hacer. No lo pienso más, es decisión tomada.
El cuarto de baño de la planta baja parece el de un bar. Ya lo conocía de la recorrida con mi tía. Tiene un espejo grande sobre el lavabo y justo enfrente, dos privados. Dos boxes contiguos con un servicio en cada uno. Un verdadero lujo.
Me escabullo en uno de los compartimentos y cierro la puerta. De pie como estaba me bajo la cremallera del pantalón y mi miembro salta hacia fuera como un muñeco en una caja de sorpresas. Cierro los ojos y la imagen de Melina aparece en mi mente como por arte de magia. Invoco una escena en la que los dos nos sentamos en la cama desnudos, frente a frente, en la posición de buda. Entonces ella se inclina sobre mí y empieza a comerme la polla como sólo Melina sabe hacerlo, mientras se masturba. Es una mamada lenta y meticulosa. Pasa casi veinte minutos lamiendo, mimando, succionando y masturbándose. Mis huevos se cargan al máximo.
Cuando se hago saber que estoy por llegar, vuelve a su posición de buda original y comienza a besarme en la boca, muy profundo. Su mano libre retoma el trabajo que había comenzado con sus labios, lo hace al mismo ritmo. Con su lengua húmeda acaricia la mía.
En el instante en que exploto de placer siento como ella comienza a acabar conmigo. Me muerde suavemente la boca, entre jadeos, mientras yo descargo mi néctar sobre su vientre, su ombligo, su pubis y su vulva...
Ruido de puerta que se cierra. Sonido de pasos.
Se me hiela la sangre. En una fracción de segundo mi mente vuelve a la realidad. ¡Que imbécil! Había cerrado la puerta del privado pero había dejado abierta la puerta del cuarto de baño.
Mi polla está húmeda, late y duele. Estoy a punto de acabar mi faena cuando alguien entra inesperadamente al toilette. Escucho que se mete en el otro privado y cierra la puerta con pasador.
Tengo que salir de allí sin ser visto. Abro sigilosamente la puerta de mi guarida para huir sin dejar rastros pero no lo consigo, me quedo helado, se me corta la respiración. Allí, en el mármol del lavabo, apoyado sobre un clinex, hay un chupachús a medio terminar.
Entonces siento que algo se quiebra en mi cerebro. Tengo la sensación de entrar en un estado febril del que no estoy seguro de poder salir. Por un sólo segundo más sigo paralizado, luego entro en acción.
Con un movimiento rápido cojo el chupachús y vuelvo a encerrarme en mi box. Puedo escuchar como la zorra se levanta la minifalda y se baja las bragas. Puedo sentir el sonido apagado de la tela y el roce del algodón en su piel. Está casi a mi lado, pero no puedo verla. Cierro los ojos para completar la escena en mi mente. Meto la golosina en mi boca y mientras la saboreo me masturbo con rudeza. Siento el sabor del dulce mezclado con su saliva y con su brillo labial. Estoy a punto de correrme pero me detengo. Abro los ojos. Mi glande está hinchado, brillante, cubierto de los fluidos previos... Comienzo a escuchar el sonido líquido, siseante, que produce la orina cuando sale con mucha presión y cae sobre el agua del servicio. Me quito el chupachús de la boca y lo froto contra la punta de mi polla. Cubro la golosina con mis fluidos transparentes.
En un movimiento felino salgo del privado, pongo la golosina en su lugar original y vuelvo entrar. Ella ya ha terminado de orinar y está por salir del servicio, yo me dispongo a mirar la escena por al cerradura del box.
Ella sale de su privado y se detiene frente al lavabo. A través del espejo puedo verla de frente. Para mi sorpresa noto que lleva un par de bragas blancas de algodón en la mano. ¿Volvería a la fiesta en mini y sin ropa interior?
No. Deja su prenda íntima sobre el mármol y, con natural delicadeza, coge la golosina que yace sobre el papel. Ahora la apoya cuidadosamente sobre las bragas. Luego toma el clinex, semi húmedo por su saliva y mis fluidos, lo introduce por debajo de la falda y se limpia con delicadeza. Luego arroja el clinex al cesto, toma la golosina, se la lleva a la boca y la saborea. Hace una levísima mueca pero no logra identificar el nuevo sabor. Luego coge las bragas y se las calza: Primero un pie, luego el otro. Sube el elástico hasta sus muslos y allí se detiene. Coge su mini por la cintura y se la levanta lo suficiente como para regalarme dos infinitos segundos de su conejito totalmente depilado.
Luego se acomoda el pelo y sale del cuarto de baño con su dulce –salado- en la boca.
Mi verga está casi tan dura como mis huevos, pero ya no quiero masturbarme.
Ahora mismo debo marcharme a casa, ducharme, empastillarme y dormir.
En el peor de los casos, debo acudir al auxilio de una profesional...
Pero no lo hago.

Sábado, 01am.
Vigilo a mi presa a una distancia prudente. Ella, su novio y la chica retro se han alejado un segundo de la pista de baile para ir a buscar bebidas. Cruzan el parque hacia la barra y se quedan allí, conversando. Yo me acerco con la falsa intención de beber algo. Me abro paso entre algunas personas y me detengo junto a ella, que está apoyada contra la barra, de lado, dándome la espalda.
En ese preciso momento los tres amigos alzan las copas y brindan por vaya a saber qué coños...
-Una cerveza, por favor...
Le pido al barman justo cuando escucho la voz de mi primo que se dirige a sus amigos:
-Pablo! Ándate con cuidado con Larita que va a infartar a los ancianos.
Pablo era su chico y Lara, mi presa. Es el momento. Mi primo está a unos metros de la barra y se acerca. Con su comentario ha captado al atención de todos.
Saco un comprimido de mi bolsillo, lo rompo con la uña y en un movimiento rápido lo dejo caer en la copa de Lara.
La irónica advertencia de mi primo ha despertado risas y comentarios en el grupo. Diego se une a ellos y se dirige a Lara:
-Los amigos de mi padre no te han quitado la vista del culo... Los has puesto super cachondos con tu danza....
Todos ríen a carcajadas.
Mi primo es un idiota, no caben dudas. Pero de todas formas está en lo cierto y ellos lo saben. Porque de eso de trata su juego.
Por mi parte estoy dispuesto a jugar el mío. El plan está en marcha.
Me alejo unos metros de la barra. Ni siquiera han notado mi presencia allí.
Desde mi nueva posición puedo ver como Lara bebe de su copa. Están conversando muy animados.
Dejo que pasen unos minutos.
Ahora deciden volver a la pista. Todo parece normal, si cambios. Me pregunto si no habré confundido los somníferos con aspirinas. Pero cuando están cruzando el parque para alcanzar el numeroso grupo de gente que baila en rededor de la piscina, Lara le dice algo en el oído a su novio y se desvía en dirección a la casa.
Camina con tranquilidad pero su semblante ha cambiado repentinamente... tiene una expresión preocupada, menos infantil. La veo ingresar a la casa y me deslizo detrás de ella...
Va directo hacia al toilette, allí donde le había hecho probar el nuevo sabor de su golosina.
Apoya la copa y el chupachús sobre el mármol del lavabo y se toma la cabeza con ambas manos.
-¿Estás bien?
Mi voz la sorprende porque no me ha visto llegar.
-Estoy muy mareada... no se... de golpe me ha cogido un malestar...
-Déjame que te ayude.
Le cuesta mantenerse en pie. Entro al baño y le sugiero sentarse sobre la tapa del retrete.
-Creo que me voy a desmayar...
Siento que la situación me sobrepasa, se me va de las manos. No puedo dejarla aquí. Debo actuar deprisa. Salgo del cuarto de baño a toda velocidad en dirección a la cocina. Entro por la puerta vaivén casi derribándola y... ¡La grandísima puta madre! Mi tía se está montando una pequeña escena de furia con el lavacopas y otro tío más del servicio de catering. Mi entrada triunfal ha pasado totalmente desapercibida. Allí está ella insultando a los gritos a un chaval de no mas de quince años que no para de fregar vajilla frenéticamente entre una nube de espuma de detergente. Lo humilla delante de su compañero, un hombre mayor, lo trata como a un maldito esclavo.
-...¡NEGRO, INUTIL DE MIERDA, NO SABES NI FREGAR PLATOS...!
Con esta frase final, da media vuelta, pasa a mi lado sin siquiera advertir mi presencia, y con el rostro cargado de ira desaparece tras la puerta.
Los tres quedamos en silencio. El jovencito está a punto de romper a llorar. Creo que se contiene porque nota mi presencia. Yo me siento apenado por él, pero no tengo tiempo para eso:
-Hay una chica descompuesta en el cuarto de baño y no puedo cargarla solo... alguien podría hecharme una mano?
El joven mira al hombre mayor de soslayo:
-Anda... Anda... Ve que yo me quedo con esto.
De milagro nadie la ha descubierto. Cargamos a Lara uno de cada brazo y nos dirigimos hacia la escalera. Ella no está del todo inconsciente y puede ayudarnos con sus piernas, no es necesario llevarla en volandas. La tenemos sujeta de las axilas. Uno de cada brazo. La presión que ejercemos hacia arriba, para evitar que se desplome, está causando que, a cada paso, su camisa sin tiras vaya cediendo lentamente hacia abajo. En el corto trayecto hacia la escalera balbucea algo a cerca del mareo y de su novio, que no logro comprender. Al iniciar el ascenso comienzo a sentir como mi antebrazo roza contra el costado de su pecho a través del fino algodón de su camisa. Noto que el lavacopas no puede quitar la vista del escote que cada vez se pronuncia más. Al llegar a la primera planta, dos finas lunas rosadas asoman por sobre la camisa. El muchacho está extasiado, turbado. Yo también, pero puedo controlarme.
Nos escabullimos en la primera puerta disponible. Es la habitación de mis tíos.
Acomodamos a Lara sobre la cama, boca arriba. Cierro la puerta. Por primera vez desde que tomé la decisión de drogar a Lara, respiro aliviado.
Ya está hecho. Ha pasado lo peor. Ahora debe comenzar el juego.
El lavacopas ha quedado hipnotizado con la belleza de Lara. Está de pie junto a ella, con la boca semiabierta. Le sobrevuela el cuerpo con la mirada pero siempre aterriza sobre sus pechos semi descubiertos.
-¿Cómo te llamas?
-Ah... ehhh...Jony
Jony está entrando en la adolescencia. Es un muchacho que a sus catorce o quince años, probablemente haya pasado más tiempo de su vida trabajando para gente como mi tía, que estudiando o haciendo cosas de niños. Se nota en su cara, en sus manos. Es un tío robusto, aunque no llega a ser obeso. Se lo nota algo tímido y retraído...
-¿Jony... Te gusta la chica?
Me mira avergonzado, como esperando una represalia por su evidente exitación..
-Perdón... Es su... ¿Es su novia...?
-Si. Te has quedado fascinado con sus tetas, verdad?
El comentario lo coge por sorpresa. Su cara se acalora violentamente y con la mirada gacha emprende una marcha rápida hacia la puerta.
-Disculpe señor es que yo...
-No te culpo es normal. ¿Quieres verlas?
Jony se detiene en seco.
-Venga. No tengas miedo, me encanta mostrar a mi novia... si es muy bella... no crees?
-Si, señor... claro.
-No entiendo... ¿”Si, te parece bella” o “si, quieres ver sus tetas”?
-Si me permite... creo que ambas, señor...
Lara está dormida. Su respiración se hace ahora mas profunda y pausada. La tomo de las axilas, la levanto hacia mí y apoyo su espalda y su cabeza sobre unas almohadas. Luego le acomodo suavemente el cabello para poder apreciar su peinado y rostro adolescente. Es un ángel.
Lo invito a Jony a sentarse sobre la cama, junto a ella. Él obedece sin preguntar. Luego, ante la mirada perpleja de mi único y más devoto espectador, introduzco el dedo mayor por el escote de la solera blanca sin tiras de Lara y, sin rozarla, jalo hacia abajo, no muy fuerte, pero con convicción. Primero la tela ofrece resistencia... luego resbala sobre la piel femenina y cede, sin más. Sus pechos redondos y firmes saltan desbocados por sobre la solera: un espectáculo celestial, como para rebobinar y volver a ver cuadro a cuadro.
-Ahhhhhhhhhhh...
Jony no puede contener su expresión.
Los senos de Lara son dos globos redondos y tersos, coronados en el vértice por una fresa pequeña de un tono rosado maduro exquisito.
Por mi parte, vuelvo a experimentar una dolorosa y cada vez mejor fundamentada erección. Pero no es el momento de dejarse llevar, aun no.
-¿Es hermosa, no crees?
Jony sólo se limita a asentir con la cabeza sin dejar de observarla, sin poder desviar su atención.
-¿Quieres decirme a que huele, Jony..?
Jony me mira absorto, como si mi pregunta hubiese sido formulada un idioma incomprensible para él:
-Su piel... dime cómo huele. Justo allí, donde su piel se transforma en fresa... acércate y huele, anda...
Jony baja su cabeza muy lentamente... Cuando la punta de su nariz de quince primaveras alcanza los dos centímetros de distancia del tierno pezón de Lara, el muchacho se detiene e inhala con fuerza, con todas sus fuerzas, colmando sus pulmones, como queriendo esnifarla, devorarla.
Al finalizar la inhalación casi se desploma sobre el suelo. La sobre oxigenación, los efluvios de la piel femenina y la traición de sus propios nervios, le hacen perder momentáneamente el equilibrio.
-¿Puedo tocarla..?¿Puedo tocar a su novia, señor..?
Dice en tono de súplica, sin poder reprimir el deseo.
-Puedes hacerlo... y puedes besarla también, si quieres. Pero antes necesito pedirte un favor. ¿Estás dispuesto?
-Lo que usted diga, señor.
-Bien. Pues escucha con atención...

Sábado, 01:30 am.
El cuarto de mis tíos está hecho a la medida de sus delirios de alcurnia: Un cuarto de baño dentro de la alcoba y un armario-vestidor enorme que ocupa toda una pared. El mobiliario es sobrio: consta tan sólo de una cama de dos plazas y media (donde ahora Lara descansa plácidamente), con una mesilla de noche a cada lado. Sobre la cabecera de la cama hay un ventanal que da hacia el fondo, cubierto por gruesas cortinas.
Estoy apostado allí y puedo observar a mi primo, a la chica retro y a Pablo, el novio de Lara, bailando y bebiendo entre la gente.
Todo parece estar bajo control. ¿Pero por cuánto tiempo? Sin duda nadie me echaría en falta ¿Pero cuánto demorarían en notar la ausencia de Lara y en comenzar la búsqueda?
Ni bien Jony parte tras la misión que le he encomendado, vuelvo a cubrir delicadamente el torso de Lara con su solera. No quisiera que nadie ingresase de golpe y se encontrase con tan imponente espectáculo.
He decidido no echar el cerrojo, ya que si alguien intenta abrir y la puerta se encuentra cerrada desde dentro, podría levantar sospechas.
Confío en que a pesar de la música y el griterío que proviene del exterior, si alguien sube por las escaleras, podré escuchar los pasos, el crujir de la madera, para ponerme a resguardo.
Mientras fisgoneo la fiesta desde el ventanal, mi mente se enrienda en sus propios fantasmas y comienzo a barajar la posibilidad de ser descubierto. Entonces cierro las cortinas e intento alejar la paranoia. Me vuelvo hacia el rostro de Lara. Es perfecto. Recién ahora puedo reparar en sus detalles. Tomo asiento a su lado y comienzo a observar detenidamente su rostro. Las diminutas manchas desperdigadas sobre su nariz y sus pómulos le dan un aspecto aniñado que contrasta con su boca ancha y sensual, de labios finos y rosados. Lamento no poder apreciar el color de sus ojos claros, pero sus pestañas negras y onduladas son igualmente hermosas. Por primera vez dejo de sentir rencor y enfado hacia ella, hacia su actitud, y me dejo enamorar por su belleza.
Aun conservaba los dos broches pequeños que sostenían su cabello. Uno a cada lado y colocados con perfecta simetría. Como una niña de primaria que su madre peina celosamente antes de ir a la escuela.
Siento necesidad de tocarla, de conocer su textura. Absurdamente no me animo, me intimida. Pero tomo coraje y lo hago. Acaricio tímidamente su rostro con el dorso de mis dedos.
Siento una sutil descarga eléctrica, un impulso que pasa de mi mano directo a mi entre pierna, y desde allí, sin escalas, a mi sistema nervioso central.
Tengo la necesidad de volver a tocarla y lo hago. Rozo sus labios con la yema de mi dedo pulgar. Ella entreabre levemente su boca como reacción a mi estímulo. Lo que me permite, casi sin querer, rozar sus dientes y humedecerme con su saliva.
Recorro con mi dedo toda la fila de dientes superiores. Voy y vengo por allí, dos o tres veces. Estoy fascinado con aquella boca.
Caigo en la cuenta que el tono rosado de sus labios es idéntico al de sus pezones. Entonces se me ocurre que podrían estar modelados del mismo material.
Necesito comprobar mi teoría. Sin sacar el dedo de su boca, con la mano que aún tengo libre, vuelvo a bajarle el escote lo suficiente como para liberar una de sus fresas. Respondiendo al efecto natural del roce en aquella zona sensible, su pezón parece estar despertando. Toda la circunferencia rosada que lo rodea se ha elevado unos milímetros sobre la piel nivea de su pecho. Ha formado un confortable cojín donde descansa aquella gema híbrida, mitad perla, mitad rubí.
Puedo comprobar, efectivamente, que ambas estructuras anatómicas están moldeadas con la misma arcilla, y me aventuro a pensar que también sus labios inferiores, sus labios íntimos, evidenciarían el mismo origen común. Al pensar en esto mi falo dobla su tamaño y mi boca se colma de agua.
Saboreo su saliva de mi dedo pulgar mientras me recuesto a su lado. He colocado mi cabeza a la altura de su único pecho desnudo Estoy perfectamente dispuesto a lustrar con mi lengua aquella gema hasta hacerla resplandecer, cuando escucho pasos, crujidos de madera provenientes de la escalera.
Estoy seguro que se trata de Jony, pero quiero poner a prueba mi procedimiento de emergencia.
Cubro nuevamente la semidesnudez de Lara y me interno en el armario.
Desde allí tengo visión completa del recinto a través de unas rendijas de ventilación que me dan justo a la altura de los ojos.
Allí espero, con nerviosismo creciente, que se abra finalmente la puerta del cuarto.
Jony entra con sigilo y cierra la puerta tras de sí. Aparentemente trae todo lo que le he pedido: Dos copas, una botella de champagne, un bollo de papel y la cartera de Lara que, vaya uno a saber con qué artilugios, ha logrado sacar del guardarropas.
Ha conseguido todo y en tiempo record. Evidentemente, Jony no es tan inútil como supone mi tía. Quizá le falte el estímulo adecuado. Lo cierto es que ahora se ha ganado lo suyo.
Salgo de mi guarida intentando no sobresaltar al joven que ya está visiblemente nervioso. Está tan sudado que los cabellos se le pegan a la frente y su camisa se le adhiere al cuerpo sobre la espalda y el pecho. Tomo todo lo que Jony ha traído y lo felicito por su tarea:
-Jony, te lo has ganado en buena ley. Puedes jugar un rato con esos globos, pero no puedes hacer nada que le haga daño... ¿Vale?
-Si señor, vale...
Me responde sin moverse un milímetro de su lugar.
-Anda, que no tienes mucho tiempo, muévete, muévete...
Entonces Jony se sienta a su lado. Ya ha naturalizado totalmente la situación y está dispuesto a satisfacer su deseo. Como si ya hubiese planeado los pasos a seguir, con mucha decisión coge el borde superior de la solera blanca de Lara y libera sus tetas de un solo jalón. No pierde demasiado tiempo admirando la escena y posa las palmas de sus manos en la base de los pechos, como sopesándolos. Va subiendo por los costados, como reservándose lo mejor para el final.
Con sus dos manos colmadas, toma aire y conteniendo la respiración, hunde su rostro sudado en el valle infinito que se abre entre sus tetas. Una vez sumergido en su seno aprieta los pechos de Lara contra los costados de su cabeza. Como si quisiera ahogarse en ella.
La inocente felicidad del muchacho me hace sentir bien, me tranquiliza. Por lo que lo dejo hacer y me dirijo al cuarto de baño de la habitación para alistar los preparativos.
-No dejes de prestar atención a los ruidos de la escalera...
-Mmmmmm......eeee.....mmm...
Descorcho el champagne, lleno una de las copas y descarto la mitad del contenido de la botella en el lavabo. El alcohol sería mi coartada.
Ahora lleno la otra copa con agua hasta la mitad y disuelvo en ella otra de las pastillas de mi tía. No sé cuanto durará el efecto, de manera que tengo que estar preparado para una segunda dosis.
Y lo más importante: Abro el bollo de papel que envuelve el chupachús, el mismo dulce que había transportado el jugo de mi falo hacia la boca de Lara. Éste había quedado en el toillete de la planta baja y si alguien lo descubría habría traído sospechas.
Me distraigo unos minutos revisando la cartera de Lara. No hay nada interesante: un brillo labial, unos clinex, otro chupachús sin abrir, dos profilácticos y sus documentos: María Lara Aragón; Fecha de nacimiento: 6 de mayo de 1987. La zorrita tiene 21 años.
Realmente no tengo idea cómo terminará todo esto, sinceramente no puedo verlo como un abuso, sino como un acto de justicia. Si ella se arroga el derecho a empalmarme como lo hace, yo tengo el mío a descargarme a mi modo.
Toda la obscena ostentación del lugar y de la gente está sacando lo peor de mí. Y Lara es parte de esa ostentación. Es como una sirena que te atrae con su canto hasta enfermarte, porque nunca consigues alcanzarla...
Pero no es mi caso, yo he capturado a mi sirena, la tengo a mi merced y estoy dispuesto a vengar en su nombre, a quienes hayan sucumbido a sus encantos y hayan sido rechazados.
Estoy perdido en mis pensamientos dentro del cuarto de baño cuando los jadeos de Jony me devuelven a la tierra.
El robusto adolecente está completamente bañado en sudor. Yace recostado de lado literalmente enchufado al cuerpo de Lara. Con una mano amasa uno de sus pechos con enfermiza dedicación. Es como si quisiera asirlo de una sola vez pero la carne desbordara inevitablemente de la mano por uno y otro lado.
La boca y la nariz del muchacho están sumergidas en la mullida tibieza de su otro pecho. Por el movimiento frenético de su cabeza y de sus labios, puedo arriesgar que está mamando de él con abnegada pasión.
Pero esto no termina allí. Para mi sorpresa Jony ha sacado su herramienta por la bragueta del pantalón y la está frotando por el costado del muslo desnudo de Lara con un alocado movimiento de caderas.
La chica no muestra signos de querer despertar. Sólo parece haber incrementado la frecuencia y profundidad de su respiración, posiblemente debido al estimulo que está recibiendo.
Es un cuadro dantesco. El criado disfrutando de su fina dama, a placer.
Jony parece a punto de explotar, sus movimientos se vuelven cada vez mas violentos y espasmódicos sobre el costado del cuerpo de Lara. Temo que la despierte o incluso que le haga algún daño. Estoy a punto de pedirle que se detenga cuando el lavacopas parece, de repente, haber sido atravesado por una flecha. Abre los ojos y la boca de forma desmesurada, sin hacer ningún sonido, pero liberando el pezón apresado entre sus labios. Luego deja caer su cabeza sobre la cama sin soltar el pecho que todavía atesora en su mano. Veo que una mancha de humedad comienza a crecer en el jean azul gastado de la mini de Lara. Algunos chorros de esperma también han alcanzado la piel de la cara externa de su muslo, pero el grueso de la descarga ha sido absorbido por la tela.
Cuando Jony advierte un testigo en la escena, se levanta con torpeza y enfunda ágilmente su polla, que aún late y gotea. Sin mediar palabra, le arrojo una caja de clinex. Semi atontado como estaba por su orgasmo, igualmente interpretó el mensaje.
Toma un trozo de papel de la caja y recoge los restos de la crema espesa que aun se desliza por el muslo de la muchacha. Se guarda el pañuelo sucio en el bolsillo y me mira como pidiéndome disculpas. Le digo que se le ha ido un poco la mano pero que está todo bien:
-Ve tranquilo... veo que te lo has pasado de puta madre...
El joven lavacopas se dirige hacia la puerta con la cabeza gacha, posiblemente avergonzado por su exposición. Pero antes de marcharse, voltea y me dice:
-A frutas y a piel bronceada.
-¿Perdón?
-Su novia... Ella huele... y sabe... a frutas y a piel bronceada.
El Jony había resultado un poeta que sólo andaba buscando su musa.
Sin más, desaparece del cuarto cerrando la puerta tras de sí. Puedo escucharlo descender las escaleras a paso vivo para regresar a su puesto de trabajo.
Ahora comienza mi función. La última vez que había reparado en Lara había pensado en ella como en un ángel dormido. Ahora me detengo a los pies de la cama y la miro de nuevo y vuelve a ser la zorra que había conocido hacia unas horas: Con su pechos desnudos apuntando hacia el cielorraso, empapados de saliva y sudor, e inflamados por la fricción de los labios voraces del lavacopas; Su corta mini, accidentalmente manchada por Jony, deja a la vista un triángulo de algodón blanco entre sus piernas, que separa el mundo real de la eternidad.
En este momento, la imagen de despojo y entrega de Lara podría excitar al mismísimo hombre de las nieves.
Sólo tengo que terminar de preparar la escena.
Me muevo rápido. Pongo la botella y la copa de champagne sobre la mesilla de noche. Luego cojo el chupachús y lo coloco entre los finos labios dormidos de Lara. Ahora si parece una verdadera puta viciosa.
Abajo, la marcha sigue a tope.
Me siento a los pies de la cama y le subo la falda hasta la cintura para poder apreciar sus bragas blancas en detalle. El pliegue del algodón marca un pequeño canal meridional descendente que discurre entre dos labios hinchados y carnosos. Mi verga crece sin control alguno. Tomo las bragas del elástico y las bajo por sus muslos, sus rodillas, sus piernas y sus pies descalzos. Se la quito y cubro mi cara con el suave algodón. No había podido corroborar aun si sus pechos sabían a fruta y piel bronceada, pero es un hecho que sus bragas embriagan de aroma a caramelo. Paso mi lengua por la tela... la muerdo, como queriendo extraerle el jugo.
Su monte de venus, totalmente deforestado, baja desde su vientre en un triángulo pálido y termina en un vértice inferior cuya bifurcación final abre el canal que oculta la puerta hacia el abismo. La tomo de la parte posterior de sus rodillas y separo sus muslos cuanto me permite su anatomía. Entonces el canal se abre ante mí. Un brillo húmedo baña las paredes rosadas de aquella caverna y, tímidamente, una pequeña lentejuela color carmesí ve la luz y llena la estancia de un persistente aroma a caramelo. Me acerco. Coloco mi hocico a milímetros de allí e inhalo profundamente. Por un momento pienso que voy a perder el conocimiento. Pero me recupero y, sin pensarlo, comienzo a comer de la fruta madura que allí, generosamente, se ofrece. Primero beso sus labios lampiños, luego beso la puerta entreabierta de su vagina, primero suave, como un beso en la mejilla, luego mas profundo, con mi lengua. La introduzco como una serpiente buscando en vano la lengua de mi amante, pero solo encuentro más caramelo. Luego beso su tímido botón. Lo beso, lo lamo, lo atrapo entre mis labios y lo vuelvo a lamer. Tengo la imperiosa necesidad de masturbarme, de manera que libero mi polla, la envuelvo con sus bragas y comienzo a pajearme mientras me alimento.
Al tiempo que subo y bajo con mi lengua por su almeja tibia, una y otra vez, alzo la vista para apreciar sus pechos generosos desde ese ángulo preferencial y, un poco mas lejos, su rostro de bella durmiente perversa con el chupachús colgando de la boca. Aprieto con fuerza sus bragas contra mi verga al tiempo que mi mano se mueve a gran velocidad.
Siento que no puedo retenerlo más. Mi lengua se eyecta violentamente hacia el interior de Lara, que por un momento tensa sus caderas como reacción de bienvenida a la nueva visita. Todo mi rostro está completamente sumergido y empapado en ella. Entonces me siento descargar una cantidad de leche tan exagerada que de no poder contener mi eyaculación con las bragas, voy a provocar un verdadero desastre en el acolchado de mis tíos. Todavía con el rostro perdido en las profundidades de Lara, puedo sentir como el algodón absorbe mis fluidos hasta saturarse y desbordar.

Sábado, 01:50 am
Miro el reloj sobresaltado. Luego de acabar me desmayé por unos segundos. Todo parece estar bien, pero tengo que evitar estas distracciones. Estoy seguro de que si alguien hubiese subido las escaleras en ese momento, no lo habría escuchado.
Salto de la cama, oculto las bragas empapadas en el placard y me dirijo al tocador a lavarme las manos. Pienso mi próxima jugada y comienzo a excitarme nuevamente. Shhhhh... me quedo helado, cierro el grifo. Si, escucho los primeros pasos en la escalera, lentos y pesados. Alguien sube. Es necesario poner en práctica el plan de emergencia.
Salgo como un rayo: acomodo la mini de Lara lo mejor que puede para disimular su sexo desnudo; le subo la solera hasta ocultarle los pechos; le apoyo su dócil mano derecha sobre el vientre y en ella coloco una copa de champagne; le volteo la cabeza hacia la izquierda. Listo. Como una bala me escondo en el placard
Temo que, al mejor estilo Poe, los latidos de mi propio corazón delaten mi guarida.
La puerta de la habitación se abre con naturalidad, como quien entra a su cuarto esperando encontrar lo de siempre. Pero ese no sería el caso de mi tío.
El viejo viene con un vaso de whisky en la mano que casi revienta sobre la alfombra. Se detiene en seco al descubrir la presencia de un intruso en su cama. El semblante de haber visto un fantasma desaparece rápidamente. Con cautela se acerca unos pasos hacia la cama. Se detiene frente al cuerpo dormido de Lara y le da un sorbo profundo a su vaso. El entrechocar de los hielos en el cristal me corta la respiración. Si mi tío descubre la situación, si llega a encontrarme dentro de su placard, todo se habrá ido al demonio.
Avanza hasta la cabecera de la cama y le toca el hombro, como intentando despertarla.
-¿NIña...? ¿Niña?
Pero Lara duerme muy profundamente.
-¿Qué sucede contigo? ¿Se te ha ido la mano con el champagne, cierto?
Sin esperar respuesta se dispuso a retirar la copa que yo había acomodado entre sus dedos. El peso muerto de la mano de Lara pareció convencer a mi tío que seguiría inconsciente por un buen rato. Por lo que éste empezó a hablar muy suelto de lengua:
-Así que te bebes mi champagna y después te vienes a dormir la mona a mi propia cama... Eres una verdadera descarada...
Mi tío ha reparado en la botella a medio terminar que había sobre su mesilla de noche.
-Ja! Te has puesto un pedo para un batallón... jeje! Estás peor que yo! Pero para eso sirve la experiencia, yo vengo a recargar energías...
Entonces se vuelve hacia la mesilla de noche, abre el cajón y toma una bolsa pequeña de nylon transparente que agita en el aire.
-Ja! Polvo energizante... te vendría bien un poco.
Toma una tarjeta plástica del bolsillo de su chaqueta y escarba con ella en la bolsa mientras continúa hablando solo:
-Si les contara a un par de tíos de allí abajo la sorpresa que me encontré en la cama, no tardarían ni cinco minutos en subir a echarte mano por todos lados... Eres una zorra calienta viejos, y lo sabes...
Se lleva la punta de la tarjeta a la nariz y..
-Snifffffff............ Ahhhhhhhh! Uffff...
Luego repite la operación dos veces más alternando las fosas nasales. Guarda todo en su sitio con acelerada torpeza. Bingo! Tenía una nueva primicia familiar! El viejo esnifaba que daba miedo!
-De verdad que eres una putona... te salva que eres amiga de mi hijo... que si no ya te empalaba dormida como estás... qué buena estás, joder! Tienes una piernas y unas tetas de miedo!
Flipado como está, salta hasta la puerta y la traba desde adentro. El efecto del alcohol persiste pero parece haber pasado a un segundo plano. Ahora se siente todopoderoso, hinchado de poder, y con una zorrita desprotegida en su propia cama.
-Vas a pagar este abuso de confianza, te has comportado como una niña atrevida... No creo que Diego se moleste por esto... Ja!
Susurra entre dientes mientras regresa a su lado y se sienta al costado de la cama. La toma del mentón y le sacude la cabeza de un lado al otro, no con mucha fuerza pero con insistencia. Supongo que no querría llevarse la sorpresa de verla despertar. Lo que el muy imbécil no sabía era que Lara estaba noqueada con la misma droga que ha utilizado mi tía durante años para evitarlo por las noches.
Puedo ver que con una mano comienza a sobar uno de sus pechos por debajo de la tela, mientras que con la otra se frota su propia entrepierna sobre el pantalón.
-Finges dormir pero estás gozando ¿no Larita? Mmmmmm... Tienes una tetas de lujo... Hacía años que no tocaba unas como estas... infladas y duritas... sin plástico, Je!
El viejo mete mano cada vez con mas ganas. Pasa de una teta a la otra y amasa por debajo de la tela mientras se acaricia la entrepierna con su mano libre.
-Vamos a estudiar un poco la mercadería...
En menos de un segundo Lara vuelve a tener los dos pechos fuera de la solera.
-Ahhhh... Ya me la estás poniendo dura de verdad, Larita...
Mi tío tiene la vista fija en sus globos semi bronceados. Los ojos se le salen de las órbitas. En un movimiento rápido se baja la cremallera, saca su pene, ya tieso, del pantalón y se recuesta a su lado.
La escena es similar a la de Jony, sólo que mi tío se encuentra ahora al otro lado de la cama, quedando de frente al armario y proporcionándome una vista preferencial de los hechos.. También, al igual que el lavacopas, el viejo no resiste la tentación de comerse los generosos pezones de Lara.
Entre el alcohol, la coca y la excitación, mi tío se encuentra tan fuera de sí, que ya no temo que pueda descubrir mi presencia. El miedo inicial ha dado lugar a una clara sensación de ira e impotencia. Puedo verlo todo por entre las rendijas de respiración de las puertas del placard. Siento que el muy hijo de puta me está robando la presa, pero no puedo hacer nada para detenerlo mas que rogar que se largue lo antes posible.
Justo en el instante en que el viejo se pone de rodillas sobre la cama, saca completamente su polla del pantalón y comienza a fregar su glande por el pezón humedecido y erecto de Lara, justo en ese instante siento que el mundo se abre bajo mis pies. La melodía estridente de un celular, la puta melodía de mí celular, invade la habitación.
Mi tío salta de la cama como un rayo, evidentemente sobresaltado. No puedo hacer nada, creo que voy a desvanecerme. Tanteo a ciegas en el bolsillo del pantalón. Puedo tocarlo con la punta de mis dedos, pero es imposible tomarlo sin entreabrir parcialmente la puerta. Hay un segundo de silencio y la melodía vuelve a sonar... Entonces mi tío contesta
-Hola, mi amor.... estoy acá, en el cuarto...
Era la misma puta melodía pero provenía del teléfono del viejo. Respiro profundo. Me seco la frente con la manga de la camisa y alcanzo a coger mi móvil del cinto con absurda facilidad. Lo miro con indignación. Está prendido. ¡Cómo se me ha pasado semejante detalle! ¡Melina podría haber llamado! ¡Mis padres podrían haber llamado!
Cuando me dispongo a apagar definitivamente el aparato, una nueva idea se me cruza por la mente. Entonces sólo me aseguro de colocarlo en modo vibrante.
Mi tía parecía reclamar algo desde el otro lado de la línea.
-...no te preocupes... bajo en cinco minutos y me ocupo.
Y concluye la comunicación.
La imagen del viejo hablando por teléfono con la verga tiesa fuera del pantalón es algo que no quisiera recordar en el futuro.
-Tengo poco tiempo, así que vamos al grano...-Balbucea mientras apoya el teléfono sobre la cama y se quita los pantalones y la ropa interior.
Por un momento pienso que se la va a follar sin mas. Pero no. Se sienta a horcajadas sobre el abdomen de Lara, apoyando una rodilla a cada lado de su cuerpo.
-Apuesto a que ya te habrán follado esas tetas cientos de veces...-Dice entre dientes, con una sonrisa lasciva, mientras se acomoda sobre ella.
Ella sigue en la estratosfera, con los ojos cerrados y el chupachús colgando de su boca.
Mi tío acomoda su polla sobre el esternón de Lara, toma sus pechos con ambas manos y ahoga su verga entre ellos. Desde mi posición sólo puedo ver la cabeza hinchada que asoma como una nutria desde su madriguera. Entonces comienza a pajearse. Sin mover sus caderas, frota los globos de Lara contra su verga inflamada. La cabeza de la nutria se asoma y se esconde enfermizamente en su madriguera.
Melina me había permitido masturbarme de esa forma. Incluso ella, en una actitud mas activa que la de Lara, presionaba sus propios pechos por los costados, angostando el canal, mientras yo la penetraba.
La nutria movediza de mi tío, a medida que él comienza a incrementar la profundidad de las estocadas, se asoma con más fuerza y ya casi puede tocar el mentón de Lara. El viejo comienza a jadear...
Melina, mientras me pajeaba con sus tetas, siempre intentaba tocarme la punta del pene con su lengua. Cuando lo hacía, cuando sentía el contacto, sabía que no tardaría en venirme. Pero claro, ella nunca me había permitido correrme allí. Me tomaba la polla con la mano y descargaba mi lefa sobre sus pezones. Luego utilizaba mi esperma como crema humectante: se la fregaba por todo el pecho mientras yo la ...
La voz repentina de mi tío me devuelve rápidamente a la escena:
-Ahh.... ¿sabes que es lo mejor para quitar la resaca...?-La pregunta es para Lara, aunque el viejo responde por ella.
-...lo mejor para quitar la resaca... es... ahhh... es un buen trago de leche... ahhh... ahhhhhh...-Entonces mi tío Oscar empuja todo su miembro hacia adelante y apoya la cabeza morada rozando mentón de mi bella durmiente. Se queda helado, sin respirar. Al cabo de tres segundos, justo cuando empiezo a pensar que le ha dado un ataque al corazón, comienza a verter su crema sobre el cuello de Lara, que la recibe con total indiferencia.
La nutria, mareada por el movimiento, vomita un liquido blanco y espeso. No logra alcanzar su finos labios. La mayor parte resbala y se acumula en el pequeño hueco de la traquea sobre el esternón.
Estoy furioso. Han comido de mi plato y en mi propia cara.
El viejo se viste frente al espejo. Se peina. Vuelve a la mesilla de noche. Se da otro nariguetazo. Guarda su celular y se queda un instante de pie, observando la escena dionisíaca: Lara dormida con su chupachús colgando de la boca, y su cuello y sus pechos mojados de esperma...
-mmmm.... vamos a mejorar un poco esto....-Con aires de artista plástico se vuelve a sentar al costado de la cama y le quita suavemente la golosina de la boca. Hunde el dulce en la pequeña laguna de esperma que se había formado entre el esternón y su cuello. Recoge con él la mayor cantidad posible del viscoso líquido. Luego vuelve a meter la golosina en la boca de Lara, trabando el palillo entre sus dientes.
Siento un acceso de furia indescriptible por este hecho, que reavivaba el odio contenido por mi tío y su familia. Trato de contenerme para no saltar del armario y hechar todo a perder.
Antes de marcharse, el viejo re adapta la escena que yo mismo había construido minutos antes. Limpia el pecho y el cuello de Lara con su solera blanca. La bella durmiente está de nuevo vestida pero evidentemente manchada.
Para terminar, mi tío, vuelve a tomar la copa de champagne que yo mismo había colocado entre las manos de Lara. Vierte parte de su contenido sobre la solera, a la altura de sus pechos, para disimular las manchas mas visibles; se bebe el resto y con expresión satisfecha coloca la copa vacía entre sus pechos, simulando un vuelco accidental.
Abre la puerta y sale a hurtadillas, como un prófugo, como un maldito ratero.
Tomo las bragas empapadas de Lara y las arrojo sobre la cama. Antes de apagar definitivamente el celular me aseguro de haber mandado correctamente el SMS.
Estoy loco de ira. Lara, con su carita angelical, huele como una verdadera puta a alcohol y esperma. ¡Y yo sólo le he comido el puto coño! Tengo la verga dura como un trozo de quebracho. La miro a Lara con rencor, como reprochándole lo sucedido.
Si hasta ahora mi comportamiento ha sido guiado por la razón y el cuidado meticuloso, ahora estoy a la merced de mi instinto y mi obsesión.
Primero le quito el dulce de la boca -que ya ha perdido el baño de crema de mi generoso y cabrón tío- y lo coloco en la mesilla de noche. Luego la tomo con una mano por uno de sus hombros desnudos y con la otra por la cadera, para girarla y tumbarla boca abajo sobre el edredón. Me ubico a los pies de la cama, la cojo por los tobillos y jalo de ella hacia atrás. La cama es baja y sus piernas largas, por lo que no tengo problemas en apoyar sus rodillas sobre el piso alfombrado. En sólo dos maniobras la dejo en posición. La fricción de su cuerpo contra el acolchado le ha levantado la falda hasta la cintura. Desde atrás la vista es un paraíso: Con sus muslos levemente separados puedo apreciar en detalle su vulva lampiña y carnosa, y el botón oscuro y rugoso de su ano celosamente ceñido. Si alguien entrase por la puerta en este momento, vería el espléndido culo de Lara en primer plano, ofreciéndose generosamente.
Sin poder controlar más mis impulsos, me lanzo de rodillas detrás de ella y comienzo a masajear sus firmes glúteos, uno con cada mano. Los amaso y los separo con fuerza exponiendo obscenamente su intimidad. En este momento, en medio de esta irracionalidad que gobierna mis actos, puedo ver con claridad: Lara está a mi entera disposición y se perfectamente lo que voy a hacer con ella.
Salgo disparado hacia el baño y tomo un frasco de crema para manos que mi tía guarda en el botiquín. Luego, sin perder un segundo, regreso a mi posición de retaguardia y me arrodillo entre las piernas de Lara. Vierto una buena cantidad de crema sobre la base de su espalda, justo allí donde dos hoyuelos imperceptibles marcan la frontera de su piel bronceada con la marca de su tanga... un penetrante aroma a vainilla invade mis sentidos.
Comienzo a desparramar la emulsión con mis propias manos, siempre hacia abajo y hacia adentro... hacia abajo y hacia adentro... hacia abajo y hacia adentro. Separando sus glúteos, humectándolos y dándoles elasticidad. Mientras masajeo con abnegada dedicación, uno de mis pulgares va trazando pequeños círculos alrededor de la entrada de su mas oscura caverna, como invocando un sortilegio para que se abra ante mi.
Poco a poco la resistencia natural va cediendo al estímulo y mi dedo es muy lentamente devorado por el abismo. Hasta desaparecer en sus profundidades. Hurgo suavemente en su interior, en círculos, y luego me retiro. La misión de exploración ha finalizado.
De rodillas como estoy, libero mi verga hinchada y acalorada del pantalón, que no para de latir. La cabeza morada está a punto de explotar. Vuelvo a untar mis manos con la crema de vainilla y comienzo a pajearme. Estoy meneándomela a quince centímetros de la vulva entreabierta de Lara. Me pongo a mil revoluciones por minuto, pero no puedo masturbarme a mucha velocidad porque la verga encremada se me escurre de la mano.
Me detengo un momento. Tomo aire. Cojo mi pene por su base y apoyo la punta del glande, con torpe delicadeza, entre su labios rosados. Puedo sentir la sensibilidad de la piel de su sexo en el mio. Es como un beso tierno sobre los ojos...
Ha llegado el momento, se que no necesito hacer fuerza... ni siquiera empujar. Tengo la certeza de que si suelto mi verga... va a ser succionada por su vagina... como una ventosa. Pero no. Me retiro de allí. Apunto mi pene rígido y enrojecido hacia su puerta de servicio y allí lo apoyo...
A primera vista es mas factible imaginarse un camello pasando por el ojo de una aguja... pero lo profano resulta ser siempre mas flexible que lo divino. Coloco la yema del dedo pulgar sobre mi glande y presiono... hacia adentro. Lara arquea apenas su espalda favoreciendo inconscientemente la tarea. La comadreja esconde la cabeza. Ya está hecho. El cuerpo del animal se desliza abriéndose camino, con estocadas lentas, a un ritmo implacable: avanzo dos, retrocedo uno... avanzo dos, retrocedo uno... avanzo dos, retrocedo uno... avanzo dos...
Hasta que mis huevos hacen contacto con su vulva. Tengo toda mi verga empalmada en su culo... se siente de la ostia. Permanezco inmóvil e inspiro profundo inhalando todo el aire de la habitación, luego me desplomo sobre ella, sobre su espalda.
Puedo percibir en la vibración de su cuerpo, el latido de mi propia polla retumbando dentro. No pude resistir el impulso de lamerle el lóbulo de la oreja y susurrarle unas palabras que brotaron de mi.
-No tomes esto como un acto de amor...
Me yergo sobre mis rodillas, la tomo de sus finas caderas y comienzo a bombear mi herramienta dentro suyo. Por un momento dejo de escuchar el bullicio exterior y todos mis sentidos se concentran en el placer que me brinda su cuerpo tan meticulosamente cuidado y trabajado.
Mis arremetidas se hacen cada vez mas violentas. En cada estocada avanzo aun mas... El ritmo se vuelve frenético... Lara está inmóvil, pero pude advertir que su respiración se incrementa al ritmo que mis huevos chocan contra su vulva en un sonoro plaf, plaf, plaf.... Se que el final se acerca, es inminente...
Entonces me aferro con fuerza a sus caderas y me hundo en ella con fuerza... apretándola contra el borde de la cama.
Un segundo antes de explotar puedo ver como las manos de Lara estrujan el edredón. Ella vuelve a arquear levemente la espalda como presintiendo el desenlace... que finalmente llega.
Tal como estoy, inmovilizado en lo mas profundo de sus entrañas, comienzo a descargar mi semilla. Los espasmos no se detienen... se suceden uno detrás del otro. No paro de derramar esperma en su interior. Siento que toda mi energía vital se me escapa por la polla... No lo resisto... Una vez mas creo que voy a desmayarme, pero ya no me importa.
Cuando el cántaro agota finalmente sus reservas, comienzo a retirarme muy lentamente. Lara va aflojando la tensión de sus manos y de su espalda con mi retirada.
Finalmente me separo de ella... Su compuerta, haciendo gala de buena elasticidad, se cierra herméticamente detrás de mi. Mi verga está exhausta y pierde poco a poco su rigidez.
El cuerpo de Lara es perfecto. Su generoso trasero en pompa parece tan impoluto como antes de mi visita. Mi intervención, a diferencia de la de Jony y la de mi tío, no había dejado rastros visibles. Entonces, con la misma intención de Miguel Ángel al mutilar al David, apunto mi dedo índice a su ano. Presiono levemente y penetro su carne con facilidad. Entonces una cascada de leche tibia comienza a brotar de su interior... retiro mi dedo y el esperma continua surgiendo de allí como un manantial que busca el río. El liquido blanco y espeso recorre su perineo y baña las ondulaciones de su vulva. Sus labios interiores y la entrada de su vagina, inflamados por el roce con mis huevos, vuelven a su tono rosado original teñidos por tono blanquecino del fluido. Cuando sus pliegues íntimos se saturan de esperma, el líquido comienza a derramarse por el interior de sus muslos hacia sus rodillas, hasta llegar al suelo.
Después de apreciar unos instantes aquel maravilloso espectáculo de la naturaleza, cojo nuevamente sus bragas sucias y limpio su piel con ellas. Luego se las vuelvo a calzar. Están realmente hediondas. Allí yacen las dos corridas mas abundantes de mi vida. Vuelvo a recostar a Lara sobre sus espaldas; le acomodo la falda y la blusa, y le quito el cabello de la cara. Es bellísima, su expresión inocente sigue intacta, igual que antes de ser follada por el culo... eso me tranquiliza.
Voy al tocador a enjuagarme la polla en el lavabo privado de mis tíos, pero unos pasos ligeros en la escalera me devuelven violentamente a la realidad.
Brinco hasta mi escondite del armario y allí aguardo al acecho. No he tenido tiempo de revisar la puesta en escena de la borrachera, pero todo parece estar bien: la copa vacía yace tumbada sobre la cama, a la derecha de Lara.
Alguien toca a la puerta con timidez. Silencio. Insisten con mas fuerza. Obviamente, nada. Al cabo de unos segundos, Pablo, el novio de Lara, entra en la habitación. Se notaba a simple vista que había bebido bastante.
-Así que aquí está mi pequeña... –Dijo amigablemente.
-¡Que vergüenza!, durmiendo la mona en cama ajena....
Se acerca a su lado e intenta despertarla sin éxito. Luego se sienta en el lado libre de la cama, mira a su alrededor y repara en el vaso de agua que yace sobre la mesilla de noche. Lo toma y se bebe el contenido de un trago.
-ahhh... abajo no hay nada sin burbujas...
Luego se recuesta al lado de su novia y comienza a acariciarle los pechos...
-Mierda! Estás hecha un asco! Te has vaciado medio champagne encima! De verdad se te ha ido la mano, joder... A ver si con un poco de marcha vuelves en sí...
Comienza a amasarle los pechos a través de la camisa sucia de champagne y esperma, al tiempo que le frota la polla sobre el costado de la falda (también manchada de esperma, aunque de otro esperma). Pero la marcha dura poco. Cuando el somnífero que contenía el agua comienza a hacer efecto, Pablo cae desplomado de espaldas en la cama, junto a su novia.
Salgo del armario y regreso a la fiesta, mientras los dos tortolitos descansan plácidamente.

SexNonVerba dixit // febrero, 2010