Algunos han leído mi primer relato, y se los agradezco. Para los que no, acá está:

http://poringa.net/posts/relatos/1327822/Te-cuento---Relato-1-(gay).html

Todo lo que cuento es real y fue hecho de manera segura, es decir con condones. No arriesguen su vida: usen forro!

Hoy voy con el segundo. Repito que no hay orden cronológico entre ellos, simplemente los voy escribiendo a medida que los recuerdo y me dan ganas.

Yo tenía unos 30 años, y ya hacía tiempo que estaba con mucho deseo de tener un trío, así que empecé a buscar activamente la chance de tenerlo. No recuerdo bien como, di con una pareja: Karina y Ricardo. Resulta que ellos habían diseñado un juego de cartas propio, que servía como rompe-inhibiciones para iniciar sesiones de sexo grupal. gente copado ambos, los llamé y nos encontramos en un bar de Belgrano (creo que se llama Victoria), en una esquina. El debía tener unos 45 años, muy correcto y caballeroso. Ella unos 26 años, de baja altura, y cuerpo generoso, especialmente resltable la cintura y la cola que se insinuaba gloriosa.

Yo me entregué a la charla, sabiendo que estaba siendo examinado, para mi estaban los dos bárbaros y me dieron ganas casi enseguida de revolcarnos entre las sabanas enseguida. Al cabo de un par de cafes, Ricardo me dijo que estaba todo bien, y que lo iban a hablar para llamarme en otro momento. Me dije "parece que no les gusté...", y me preparé a seguir mi búsqueda. Unos días despues suena mi celular y era Karina, quien amablemente y con discreción me recordó quien era. Me dijo que Ricardo y ella me invitaban a conocernos mejor, y me dio una dirección de un departamento de Belgrano. Acepté sin dudar, antes de cortar ya estaba excitado y se me notaba...

Un par de días despues llegué al lugar en la hora señalada. Me vino a abrir Ricardo, quien me saludó con una gran sonrisa y un beso en la mejilla. Se me notaba nervioso, y en el ascensor la tensión sexual ya estaba presente, ya que el no me sacaba la vista de encima. Entramos, y Karina me recibiódel mismo modo. Hablamos un par de minutos de cualquier cosa, y me invitaron a pasar al otro cuarto, "Vamos a jugar?" me dijo ella y me derritió. Fuimos a un living pequeño, con una linda alfombra en el piso sobre la cual nos sentamos los tres en círculo. Me explicaron brevemente el juego, que consistía de unas cartas que al azar te daban un mandato, a veces simple como "Cuenta una experiencia sexual que te haya pasado recientemente" y otras más jugado como "Quitate una prenda", "Dale un beso a la persona que tienes a la derecha", "Elige alguien de los presentes para tocarle la parte que el/ella decida", etc. Fue divertido, pero no duró demasiado, en menos de 20 minutos estábamos los tres en ropa interior, y de repente en el medio de un mandato Ricardo me empezó a besar y franelear como loco, eso indicaba claramente que las cartas ya no eran necesarias...

Arrancamos naturalmente los dos varones, para no forzar a la dama, quien nos miraba con deseo evidente y se tocaba por arriba de una tanga blanca que ya mostraba humedad. Ricardo tenía una pija dura y recta asomando por afuera del boxer, y yo la pajeaba suavemente mientras nos besábamos. El por su parte hacía lo propio con la mía, hasta que prefirió dejar mis labios y dedicarse a felarme. Muy bueno en eso, arrancó despacio, mientras se metía mi pija en la boca me fue bajando la ropa interior, y como estaba incómdo para terminar de sacármela, Karina se acercó y terminó la tarea. Enseguida los tuve a os dos chupándome la pija y los huevos, lamiendo mi abdomen y mis tetillas, yo estaba arrodillado y sentía las manos de ambos recorriendo mis nalgas, buscando el interior de las mismas y dándose besos de lengua con mi pija en el medio de ambas bocas.

Karina ya había arrancado y estaba bien caliente, así que la acomodamos entre unos almohadones como si fuera una muñeca, y comenzamos a darle sexo oral entre los dos. Estuvimos un rato largo recorriendo su cuerpo minuciosamente, cuatro manos y dos lenguas que no dejaban lugar por besar, acariciar, chupar y mordisquear. La señorita estaba totalmente entregada, por momentos nos miraba actuar y eso seguramente alimentaba su morbo, en otros momentos simplemente tiraba la cabeza hacia atrás y y respiraba fuerte entre gemidos profundos. Con sus manos atrapaba la cabeza de aquel que estuviera entre sus piernas, ya que nos turnamos para lamer sus exquisitos jugos y su sabroso ano.

Yo estaba en una actitud precavida, no quería traspasar ningún límite ni romper el clima, especialmente a la hora de actuar sobre la dama, así que dejé que ellos lleven la iniciativa. Así fue como Ricardo, que reconoció el punto de excitación de su pareja, me pidió que la penetre. No dudé, y me puse sobre ella, que me recibió con una sonrisa en la posición del misionero. Su cuerpo estaba crispado, y sus mejillas rojas, Ricardo su ubicó a un costado y nos acariciaba a ambos, alternando con besos.

En la charla previa me habían preguntado sutilmente mis preferencias, y sabían bien qué me gustaba, lo cual les había agradado mucho. Supongo que basada en eso, Karina me preguntó entre gemidos si quería sentirlo a Ricardo, a lo cual contesté un si rotundo, sin dejar de bombearla. De inmediato Ricardo se ubicó detrás mío y empezó a darme un tremendo beso negro, dado que yo estaba con la cola para arriba mientras cojía a Karina, el se aprovechó de esa situación para abrirme las nalgas y lamerme con pequeños círculos. No tardé en reconocer que los dedos de Ricardo reemplazaron la lengua, y finalmente sentí una cabeza gorda e impaciente que se metía suave en mi agujero.

Karina y yo nos quedamos quietos para facilitar la tarea, y claramente mi pija se puso aún más dura cuando mi cuerpo lo recibió en mi interior. Karina, quieta y con mi pija adentro me miraba a los ojos todo el tiempo mientras su pareja me penetraba. Ricardo se terminó de acomodarse, de rodillas detrás mío, y mi ano se aflojó para recibir sus embestidas.

En esa posición empezamos los tres a movernos despcio, disfrutando y sintiendo todo. En algunos momentos Ricardo aumentaba sus embestidas en mi culo fuertemente, y yo me queda sin hacer nada, con lo que Karina era cogida por su pareja a través mío. En otros pasajes, era Ricardo el que se quedaba quieto en mi interior, sintiendo mis movimientos en la tarea de penetrar a su pareja. Nos dábamos besos de a dos y los tres juntos alternadamente, las manos recorrían todos los cuerpos sin saber siquiera a quién estaban acariciando. Karina, que ya había tenido algún orgasmo, empezó a acabar con gran fuerza, al tiempo que me aprisionaba con ambas piernas y me atraía hacia lo más profundo de ella tomándome de las caderas con ambas manos. Finalmente, tuvo una convulsión que le puso rojísima toda la cara, y le hizo temblar las piernas. Ricardo me empujó hasta el fondo, y yo transmití eso mismo a ella hasta que terminó completamente.

Esperamos un poco en esa posición, y yo me retiré con cuidado. Ricardo, muy canchero y experimentado, se las arregló para no salir de mi interior. Karina se quedó como desmayada en la misma posición que la había cogido, pero nos miraba con los ojos bien grandes y una sonrisa aún morbosa. No me di cuenta en qué momento se paró y se fue, pero tampoco me importó, ya que Ricardo me estaba cogiendo de una manera que me hacía perder el sentido de la realidad. Una de sus sembestidas me hizo perder el equilibrio, y mi torso se cayó hacia adelante, frené la caída con las manos justo antes que mi cara diera en la alfombra, pero mi cola se quedó bien parada. En ese posición, como en cuatro pero con la cara en el piso, Ricardo podía entrarme de una manera única, y lo hizo. Se paró un poco, hasta quedar como en cuclillas, con las rodillas flexionadas, se afirmó con sus manos en mi cintura y me empezó a bombear de manera sistemática a un ritmo imparable. Yo no daba más, y si me tocaba siquiera una vez la pija, seguro acababa de inmediato.

Pensé que ese era el tramo final, pero apareció Karina de nuevo en la habitación, con un cinturó que tenía una hermosa pija de plástico, se sentó en un sillón contiguo, y le dijo que a Ricardo que era su turno de cogerme. Paramos y obedecimos a la dama, yo me puse delante de ella y fui bajando despacio la cola, mientras Karina sostenía su prótesis ya lubricada. Si bien mi ano estaba a pleno por el excelente trabajo de la pija generosa de Ricardo, me dolió un poco la entrada del consolador, así que era claro que su tamaño era importante. Karina no tuvo piedad, me agarró de las caderas y me pidió que me empiece a mover, mientras ella misma subia y bajaba su pelvis para cogerme.

Ricardo mientras tanto me empezó a felar, pero yo lo detuve porque estaba demasiado caliente, a punto de terminar. Entonces hizo algo aún más cruel: se puso delante mío y repitiendo mis gestos anteriores se sentó sobre mi pija caliente y ansiosa. Sentir que entraba en esa cola cerrada y profunda fue una dulzura para mi, e hice un esfuerzo enorme por no acabar. No sé cómo, pero me contuve un buen rato, supongo que ya estaba pasado de excitación, y en cuando me di cuenta que mi orgasmo se posponía empecé a coger con ganas a Ricardo. Ambos se dieron cuenta que mi pausa había terminado y estaba con un resto para seguir sin riesgo de acabar, y tambien se soltaron en sus movimientos.

Karina me penetraba con unas ganas notables, y me hacía sentir su rigor tan fuerte que por momnetos sentía que me llegaba hasta la garganta. Por su lado Ricardo se movía con una gran maestría, su culo alternaba círculos con subidas y bajadas lentas o aceleradas. Me enloquecía sentirme lleno de pija, y al mismo tiempo tener la mía rodeada de un ano apretado, que se contraía golosamente, buscando sentirme bien adentro. Entre todo eso, Karina y yo usábamos una mano para pajear a Ricardo, que estaba descontrolado gozando las arremetidas que venían desde abajo.

En un costado de la habitación había un espejo, y verme reflejado en aquella situación me puso otra vez al borde del orgasmo. Le dije a ambos que no podía más, y Ricardo me contestó que me quería sentir acabando en su interior, así que yo le contesté entrando más aún con mi bombeo, y abriendo sus nalgas para que mis huevos se choquen con el borde de su ano. Por fin, liberé una acabada gigantesca, en la que mi pija se puso tan dura que me dolía antes de comenzar a latir como si hubiera explotado. Ricardo apretó al máximo su ano contra mi miembro, se lo clavó a fondo y se quedó moviendo la cola en pequeños círculos. Karina me la metió hasta que no quedara nada afuera, y yo casi me muero de placer en ese momento.

Nos quedamos así unos minutos, despues que desarmamos la posición yo simplemente me quedé como ido, tirado en la alfombra. Karina se quedó tirada en una punta del sillón, y Ricardo se fue a servir unas gaseosas con hielo, nos quedamos con ella cambiando apenas unos comentarios mínimos. De pronto caí en la cuenta que el no había tenido su merecido, así que me paré y sin saber siquiera dónde quedaba, fui caminando por el pequeño departamento hasta encontrar la cocina, y en ella a Ricardo. Estaba aún completamente desnudo, su pija seguía dura, pero yo no iba a permitir que eso quedara así. Aún no me había escuchado, así que aproveché para ponerme en cuatro y llegar hasta su lado sin ser percibido. Estaba poniendo unos cubos de hielo en uno de los vasos cuando sin mediar palabra llegué por abajo a su pija y me la puse en la boca.

Se sorprendió casi con susto inicial, pero de inmediato me sonrío y me agarró de la cabeza con ambas manos. Yo sabía que no era tiempo de sutilezas, así que me enterré la pija en la garganta haciendo una de las cosas que más me gusta: una buena garganta profunda. Levanté la vista y me encontré los ojos de el, quien abrió bien las piernas para facilitar mi labor. Yo estaba a full de nuevo, y quería su leche tibia, así pasé mis manos por detrás de su cuerpo y le abrí las nalgas de modo que pudiera juguetear con mis dedos en su ano. Ricardo me estaba cogiendo por la boca violentamente, yo me disfrutaba de sentir su glande chocando contra el fondo de mi garganta, y hacía esfuerzos para que me entren los huevos tambien entre los labios... pero era demasiado y no había forma. Cuando yo metí el cuarto dedo en su ano sentí que la pija se agrandaba y endurecíade modo inconfundible, así que hice un esfuerzo por acomodar su cabeza en mi garganta para sentir su acabada que sería gloriosa.

En ese instante aparece Karina en la cocina y nos ve, levanta una ceja en claro gesto de placer. Ricardo usa mi cabeza como un juguete: me agarra de los costados como si fuera una pelota y me coge la garganta sin darme chance tomar aire siquiera. Yo me caliento a morir con las arcadas que contengo, y por nada del mundo dejaría que me la saque. Finalmente Ricardo mirando a Karina a los ojos me arremete con más fuerza y su pija empieza a soltar latidos violentos y descontrolados dentro de mi boca viciosa. Karina se acerca, y lo besa en la boca, mientras el no me deja retirarme por un par de minutos.

Luego nos tiramos los tres a tomar las gaseosas, a las que hubo que ponerles más hielo porque le primero ya estaba derretido. Fue relajado y agradable, y nos prometimos volvernos a ver; ellos me dijeron que me invitarían para alguna reunión con más gentes, que a veces organizaban los Jueves a la tardecita.

Me fui, Karina me saludo con un beso en la boca, y Ricardo me acompañó hasta abajo. Ya en el pasillo sentí la mano su en mi cola, como casualmente. Estábamos calientes de nuevo, y fuimos en el ascensor tocándonos mutuamente por sobre la ropa, mientras hablábamos del partido del Domingo y del clima...