EL DIARIO DE UNA PREPAGO


Andrea, una joven capitalina que se gana la vida por medio del sexo, nos cuenta intimidades de cómo es la vida de una prepago.

La doble penetración
Bueno, ya veo que no les gusta que les cuente por encima las fantasías que me piden sino que entre en muchos detalles. Eso seguiré intentando hacer. Les debo confesar que ahora, mientras trabajo, pienso mucho en ustedes, en si esto da para blog, si les interesará oír X o Y historia. Cada vez que estoy con un cliente pienso en si eso puede dar para escribir algo o si puede ser aburrido. Como les decía en anteriores blogs, finalmente mi trabajo es tirar y tirar. Y tirar incluye poses, sexo anal, sexo oral, y muchas de las cosas que les he contado. Pero, claro, cada polvo es diferente y de alguna manera requiere una psicología. Lo que yo les he dicho también es que me trato de gozar mi trabajo al máximo. Es como si ustedes son arquitectos, médicos, abogados, economistas o lo que sea y llegan a la oficina con pereza y solo esperando la hora de salida. Sería un desastre todo, ¿no? Yo pienso igual. Si voy a trabajar es para pasar lo mejor posible, y lo mío es un trabajo como muchos otros. Entonces no puedo llegar y hacerme “la vaca muerta” y que me lo metan y listo. El cliente se aburriría, no volvería a llamar y el trabajo se me volvería un infierno.

Solo unas respuestas rápidas. Sí estudio en una universidad que queda “sobre la séptima” como alguien me preguntó. Es más, estoy próxima a comenzar mi semestre. No soy de Cali, ni soy Andrea Rincón. No sé quién es ella, para otros que preguntan. Otra cosa que quiero aclarar es lo de la jeringa de mi blog pasado. No es que yo busque una vena y le meta inyecciones de aire (no soy enfermera ni doctora). Solo le metí un chuzón en el culo (tal vez no fui clara), pero era porque él lo quería, quería sentir que yo era su enfermera. ¿Que si me trago el semen de mis clientes? He estado pensando en eso y creo que hice un par de excepciones alguna vez. Antes de volverme prepago, sí me encantaba tragarme el semen de mis amantes. Se siente rico, y puedo decirles por mi experiencia que el sabor del semen cambia, no a todos los hombres le sabe igual. Hay semen dulce, salado, siempre con ese aroma como a desinfectante. A un novio le encantaba venirse en mi boca, pero no me dejaba tragármelo sino que me decía que lo tuviera ahí en la boca y que luego lo besara a él y así pasarle parte de su semen. Ese era su fetiche. Obvio, muchos hombres se vienen en mi boca pero con condón. Me gusta sentir eso, me empiezan a apretar mi cabeza, me la ajustan con más fuerza a su verga y yo siento cómo se les tiempla más y cómo empiezan a eyacular. Siempre siento caliente la boca (uso mucho condones de sabores) y me gusta quitarles después el condón y pajearlos un poco para que les salga toda su leche o lo que les queda todavía. Siempre quedan los penes húmedos, resbalosos para mi mano.

Quería contarles algo que me pasó esta semana con un cliente de mucha confianza. Con él me veo frecuentemente (al menos tres veces al mes) y tiramos muy rico. Es de esos polvos que realmente disfruto porque hay confianza, me trata bien, me invita a comer, pero además me trata como una dama. Desde que lo conozco, él ha sido muy franco conmigo y me dijo que quería hacer de todo conmigo, complacer todas sus fantasías y que quería cumplirlas conmigo. Con él hice un trío hace como un mes, por ejemplo. A él, le he metido mi dedo el culo, y se lo meto muy seguido y le encanta (alguien quiere saber de ese tema y les prometo que hablaré en un blog de esto pues es una cosa que me piden muchos hombres), etc, etc. Esta vez me invitó a su aparta-hotel (no vive en Bogotá, viene mucho que es otra cosa), comimos delicioso, hablamos de sus negocios, de sus viajes, de que su vida es muy inestable por tanto viaje, etc, y finalmente me dijo que quería cumplir una fantasía conmigo y era ver que uno de sus amigos me comiera delante suyo. ¿Vas a pagar para que otro me coma?, le pregunté. Y me respondió que sí, que era un sueño suyo y que su ex esposa nunca quiso hacerlo y algún día quería cumplir eso. Yo acepté porque finalmente me pagó lo mismo y en eso no había diferencia pero les confieso que me mojé de una cuando me lo propuso. Me dijo que él ya venía hablando con su amigo de mí, de que se veía conmigo mucho y que conmigo hacía de todo. El amigo, al parecer, se fue intrigando cada vez más en conocerme hasta que aceptó. El amigo es mexicano y no vive aquí. Si estás leyendo esto, tranquilo que no voy a decir tu nombre.

Y así fue. El amigo llegó al rato, se presentó, muy amable también, se tomó un par de copas de vino y estaba un tanto nervioso aunque me contó que ya había estado con prepagos antes. (Mujeres: una advertencia, hombre que viaja mucho tiene tendencia a pagar por sexo. Se los digo por experiencia). Mi cliente me dijo que cuando quisiéramos podíamos comenzar. Estábamos en la sala. Yo estaba en el sofá junto al amigo y mi cliente en la silla de enfrente. Y, bueno, tomé la iniciativa, me quité la camisa y luego el sostén, quedando mis tetas al aire. Los dos se miraban con mucha complicidad. Luego me puse de pie y me quité los jeans de tal modo que al inclinarme le podía mostrar mi culo al amigo. El apenas tomaba vino, seguía nervioso. Me volví a sentar en el sofá y puse mis manos en sus piernas y él me empezó a manosear las tetas. Luego me las comenzó a chupar y fue fácil ya sentir, por encima de su pantalón, que la tenía dura. Le dije que se desvistiera, quedó desnudo y con la verga (grande) muy parada, busqué mi cartera, saqué un condón, se lo puse y me incliné sobre su verga y se la mamé un buen rato. Apenas miraba de reojo a mi cliente y él apenas sonreía y se tocaba su verga por encima de los pantalones.

Luego me senté encima del amigo pero mirando a mi cliente. Me lo empezó a clavar, tenía una verga más grande de lo normal y yo apenas me tocaba las tetas con mis manos sin dejar de mirar a mi cliente. No demoré mucho en venirme, estaba entrando muy rico. Pero el amigo quería más. Me puso en cuatro en el sofá y me lo metió aún más así y apenas le decía él a mi cliente “tenías razón,es una hembra, qué delicia” o “te debo una” o “menos mal vine”, mientras me tenía ahí muy arrecha, en cuatro, mientras me pasaba mis dedos por encima del clítoris y a veces masajeando sus huevas. Creo que me viene otra vez así, pero el tipo quería más y más. Yo estaba extasiada. Me senté un momento en el sofá, tomé un poco de agua, y él le dijo a mi cliente algo así como “dile”. Yo no sabía de qué hablaban pero pronto lo supe: mi cliente me dijo que me pagaría el doble si aceptaba la doble penetración. Yo acepté, a esa altura me valía huevo.

Mi cliente se desnudó, me hizo mamársela un rato, yo arrodillada en el tapete y él de pie y luego nos fuimos hacia el sofá donde estaba sentado el amigo. Me senté sobre él, la verga grande, dura, y mi cliente después de ponerme un poco de vaselina el culo me lo fue metiendo haciéndome sentir un dolor tenaz. Pero luego, todo fue más fácil y más rico. Yo casi no me podía mover, eran ellos los que se movían, sentía sus respiraciones por todo lado y sus manos también. Yo apenas podía sostenerme ahí con mis manos sobre el respaldar del sofá. Los dos hablaban entre ellos, se daban las gracias, me decían cosas como “estás muy buena”, “toca repetirlo”, etc, etc. Así me tuvieron unos 10 minutos hasta que mi cliente avisó muy duro: “no aguanto más” y se vino dentro de mi culo gritando como loco, eso excitó a su amigo porque a los pocos segundos él también gritó advirtiendo su orgasmo y se vino dentro de mí. Yo estaba casi desmayada. Estaba sudando, totalmente mojada como si hubiera ido al gimnasio. Me tomó unos minutos recomponerme, estaba mareada, extasiada, me vine muchas veces.

Al final, me despedí de los dos con un beso en la mejilla. Mi cliente me volvió a decir que me llamaría pronto. Me llevé una botella de agua y pedí mi taxi.


PUBLICADO 7/31/2009 REVISTA SOho