Por fin había llegado el momento, tras meses de estrés, compras, compromisos y llamadas quedaba tan solo una semana para casarme con Pedro, mi primer y único novio.

Me llamo Sandra, vivo en una ciudad del sur de España y pertenezco a una familia adinerada y conservadora. Siempre he sido una buena estudiante que prefería quedarme en casa repasando las lecciones antes que salir de mi fiesta con mis amigas. Mientras ellas presumían de la cantidad de hombres que coleccionaban yo sólo coleccionaba sobresalientes y matrículas de honor. Tras acabar mis estudios de Administración y Dirección de Empresas con premio extraordinario de fin de carrera comencé a trabajar en una empresa de seguros en la que he ascendido rápidamente, ya que me he dedicado en cuerpo y alma a mi trabajo. Físicamente, a mis 28 años, me considero una mujer normal, ni gorda ni delgada, aunque lo que más destacan de mi son mis preciosos pechos naturales de tamaño 100. Quizás el pertenecer a una familia conservadora y tradicional me impidió "explotar" este recurso con los hombres y sólo he salido con Pedro, a quien conocí el primer curso de la facultad y con quien perdí la virginidad a los 23 años después de pensármelo mucho y soportando unos remordimientos terribles por hacer el amor antes de casarme, fruto de la educación ultra católica que recibí. Mis amigas de la universidad siempre me decían que podría tener mucho éxito con los hombres, pero yo prefería refugiarme en los libros y en los estudios. Como puse todo mi esfuerzo en el plano laboral tuve que retrasar la fecha de mi boda varias veces pero por fin había dado el paso. Mi padre y mi madre, que como ya he dicho antes son muy tradicionales, no me dejaron irme a vivir con él antes de la boda por lo que todavía vivía en casa de mis padres. Después de diez años de relación, lo cierto es que me encontraba contenta porque por fin podría dar el paso que tanto tiempo había deseado, pero por otro no podía dejar de sentir que no había aprovechado la vida tanto como debía, me miraba al espejo y al contemplar mi cuerpo pensaba que si quisiera podría haber conquistado a cualquier hombre. Os dejo una foto que me saqué un poco antes de escribir este relato para que veáis que no miento:

Mi prometido, Pedro, es una persona a la que adoro y quiero con locura, sin embargo nuestra relación había caído en la rutina. Las relaciones sexuales eran cada vez más monótonas, nuestros planes consisten siempre en salir los sábados, ir al cine, cenar y echar un polvo rápido en su casa tras el cual él se queda dormido y yo me tengo que ir corriendo a casa para que mis padres no sospechen. Físicamente Pedro no era ninguna maravilla, con el paso de los años, tras salir de la facultad, había dejado de hacer deporte, había echado barriga y una incipiente calvicie amenazaba lo que antes era una frondosa cabellera. Trabajaba de comercial en una sucursal bancaria, un trabajo que a pesar de contar con un buen horario, no se podía comparar al mío que casi le triplicaba en sueldo, algo que mis padres no paraban de recordarme dejando caer que mi futuro marido no era suficiente para mí.



Mis apoyos eran mi amiga Lola y mi hermano Raúl. Lola era todo lo contrario a mí, era una chica desenfadada y que cada vez que entraba a una discoteca conseguía "pescar" algún hombre. Nos conocimos en el trabajo y quizás por eso de que los extremos se atraen conectamos desde el principio y hoy era mi confidente y mi paño de lágrimas.



Pero sin duda a quien más quería en el mundo después de a mi futuro marido era a mi hermano Raúl. Tenía 18 años y dada la diferencia de edad conmigo y que mis padres se pasaban el día de viaje, yo había actuado como su madre. Esto había hecho que nos entendiéramos muy bien y fuéramos inseparables, no podíamos estar mucho tiempo alejados y nos pasábamos el día llamándonos al móvil si no nos veíamos. Sin embargo, Raúl ya no tenía anda de niño. Para empezar, tenía un cuerpazo de muerte. Me ruborizo cuando escribo esto pero decir lo contrario sería mentir, mi hermano medía 1.85 y era rubito, a fuerza de hacer pesas y bicicleta machacándose en el gimnasio y de ser el capitán del equipo de waterpolo del instituto había conseguido un cuerpo digno de una escultura griega. Unos brazos musculados, pectorales y abdominales perfectamente definidos y, lo que más llamaba la atención de él, un culito duro y redondo que enfundado en los ajustados pantalones que suele llevar provocan las miradas de bastantes chicas. Por si fuera poco, su paquete también resaltaba bastante y permitía adivinar un pene de buen tamaño. Mi amiga Lola le había tirado los tejos varias veces pero mi hermano, supongo que por respeto hacia mi, pasaba de ella. A estas alturas no sabía mucho sobre su vida amorosa, ya que siempre que yo sacaba el tema me respondía con evasivas, aunque supongo que con su belleza no tendría problemas en conquistar chicas. Más de una vez le había pillado mirándome las tetas o el culo, pero no le di más importancia por ser tan joven.



Pasadas las descripciones os describiré como transcurrieron los días anteriores a mi boda, y lo que habría de pasar unos días antes de la ceremonia.



Era sábado y quedaba una semana para el día más importante de mi vida y había invitado a Lola a mi casa para estudiar los últimos detalles. Tras repasar la lista de invitados y comprobar el vestido nos dirigimos al ordenador para revisar el correo electrónico y la lista de bodas.



-No sabía que tuvieras webcam- me dijo con una sonrisa cachonda.



-No se como usarla, la verdad es que sólo la utiliza Raúl- contesté. Y era cierto, soy un poco negada para la informática



-¿El semental de tu hermano?- dijo entre risas. A saber para que la usa. -Déjame que vea la carpeta donde se almacenan los vídeos.



-No cotillees en el ordenador –dije- aunque la verdad es que sin muchas ganas ya que me moría de ganas de ver esos supuestos vídeos.


Lola estuvo explorando en un montón de carpetas y de archivos hasta que al final dio con lo que buscábamos. Lo que vimos nos dejó de piedra, eran fotos de mi hermano posando medio desnudo y en algunas de ellas incluso desnudo. Estaban tomadas en la piscina de nuestra casa donde a veces se pone a hacer pesas y la verdad es que se nos caía la baba. Aparecía con un ajustadísimo bañador y con el cuerpo totalmente bañado en aceite que marcaba sus perfectos músculos y los hacía brillar. En otras salía marcando pectorales y enseñando su anchísima espalda. Joder con mi hermanito. Pero lo mejor estaba por llegar y es que había un vídeo grabado frente a la webcam donde aparecía masturbándose. No dábamos crédito a lo que veíamos pues resulta que mi hermano tenía un aparato de un tamaño considerable, como mínimo 20 cm. Así que esto es lo que intercambiaba por el messenger cuando se encerraba en la habitación durante horas por la noche. Os pongo una foto para que juzguéis vosotras mismas:


-Menudo polvazo tiene tu hermano, Sandra- fue lo único que acertó a decir Lola.



-No pensé que Raúl se dedicara a estas cosas- dije entre celosa y caliente.



-Yo no podría aguantar viviendo bajo el mismo techo que ese animal.



-Bueno, cierra esto y déjalo-dije yo memorizando la ubicación exacta de la carpeta en el ordenador.


Acompañé a mi amiga hasta la puerta y nos encontramos de bruces con mi hermano que se dirigía a la piscina.



-Hombre Raúl que tal-dijo Lola y sin el menor recato le plantó dos besos en la cara.



-Hola Lola que tal- contestó mi hermano como pudo.


-Bueno ya está bien- corté yo con un tono que me sorprendió hasta a mi. -Tú vete ya y tú vete a la piscina a hacer esas cositas que haces ahí.



-Perdona pero no se de que estas hablando-contestó mi hermano ruborizándose.



-Que te largues- La tensión había llegado a sus límites, me di cuenta de que me había puesto celosa, consideraba a mi hermano como algo de mi propiedad y no aceptaba que nadie, ni una amiga ni cualquier fulana a través del messenger, le fuera a alejar de mi.



Esa tarde ni nos miramos al comer ni nadie dijo nada, se masticaba la tensión y decidí irme a casa de Pedro antes de lo habitual para no seguir con esa violenta situación. Esa noche, mientras veía la película en el cine con mi futuro marido no paraba de pensar en las fotos de mi hermano y en el dichoso vídeo, el calentón que me había entrado al verlo no bajaba y no podía dejar de pensar que otra mujer lo estaría disfrutando. No cesaba de revolverme en la butaca y no presté atención a la aburrida comedia romántica que estábamos viendo. Cuando fui al apartamento de Pedro a echar el polvo de todos los sábados no pude dejar de pensar en mi hermano mientras lo hacíamos, me lo imaginaba follándome en todos las posiciones y por todos los agujeros, me imaginaba mamándole su pene y tocando su cuerpo, de hecho esa noche me corrí como una loca y mi fogosidad sorprendió a mi novio.



Cuando terminamos de follar me vestí y me dirigí al chalet donde vivía con mi familia. Eran las 3 de la mañana y como mis padres se habían ido de fin de semana no me sorprendió ver la luz de la habitación de mi hermano encendida. Abrí la puerta de casa y subí las escaleras hacia mi habitación cuando me topé con la ropa de mi hermano tirada por el suelo. Cuando me agaché a recogerla oí un gemido, claramente un gemido de mujer. Mis sospechas se confirmaron cuando encontré tirado al lado de la ropa de mi hermano un tanga y un sujetador y más adelante, ya en la puerta de la habitación de donde provenía el gemido, una minifalda y un top. A todo esto el gemido inicial se había convertido en un auténtico concierto de gemidos y jadeos tanto de mi hermano como de su acompañante. Sin dudarlo un segundo me dirigía hacia la puerta de la habitación de mi hermano y, loca de rabia y de celos, miré a través del cerrojo. Cuando vi la escena casi me da un vuelco el corazón. Vi a una rubia a cuatro patas sobre la cama y a mi hermano follándola por detrás, los dos estaban totalmente desnudos. Por si fuera poco mi hermano había colocado el espejo de la habitación de mis padres en la suya y mientras follaban no paraban de mirarse en él y hacer posturitas. Me quedé petrificada, yo que siempre había visto a mi hermano como un niño le veía ahora follando salvajemente con una desconocida. Me puse loca de celos al ver que algo que consideraba mi propiedad se estaba cepillando a otra mujer. Me fui corriendo a mi habitación llorando de rabia. A todo esto los gemidos no cesaban, estuvieron follando un buen rato (encima tenía mucho aguante el listo de mi hermano) y tras un alarido de la chica que debieron de oír hasta los vecinos la casa se quedó en silencio. No me lo podía creer, mi hermano, al que estaba tan unida, había metido a una chica en casa sabiendo que yo les iba a oír.


No paraba de darle vueltas a la escena y entonces me di cuenta de que no sólo me ponía caliente mi hermano, sino que me había enamorado de él, no podía soportar ver su imagen follándose a otra. Sin dudarlo un segundo me dirigí a la habitación del ordenador y lo encendí. Antes de nada me paré a pensar en lo que estaba haciendo. Me iba a masturbar con mi hermano, el mayor tabú de nuestra cultura, el amor filial, había dejado de ser importante para mí. Todos los años de educación religiosa y misas los domingos se desmoronaban por ver a Raúl en pelotas. Como loca busqué las famosas fotos. Cuando abría la primera y vi el poderoso cuerpo de mi hermano me bajé las bragas y comencé a masturbarme poco a poco, saboreando el momento, imaginándome a ese pedazo de hombre cabalgándome, su cuerpo sobre el mío, yo abrazando su ancha espalda. Mis flujos ya mojaban mi dedito y decidí abrir el vídeo, ver la polla de mi hermano en erección fue la gota que colmó el vaso y me corrí plácidamente, inundando mis piernas, mis muslos y la silla. Limpié todo como pude, apagué el ordenador, salí de la habitación de puntillas y me acosté.



A la mañana siguiente me levanté y no quedaba ni rastro de la chica de la otra noche. Tras desayunar me dirigí a la piscina y allí me encontré a mi hermano saliendo del agua. Ese cuerpo...buf.



-Menuda la que montaste ayer-le dije.



-No tengo que darte explicaciones ¿no? Los dos somos adultos y hacemos lo que queremos.



-¿En qué momento te convertiste en un chulo de playa?



Pasó de largo sin decirme nada. Estaba tan nerviosa que llamé a Lola porque necesitaba desahogarme. No pude evitarlo y me derrumbé, me puse a llorar y le confesé todo. Ella se mostró muy comprensiva y me entendió, es una suerte tener amigas que están dispuestas a escuchar, aunque pude apreciar un tono burlón en su voz, como si preparara algo.



Los días siguientes fueron un estrés total, los últimos retoques, los detalles finales, los invitados, la ceremonia, la iglesia, el banquete no me dejaban respirar. Con Raúl la situación seguía igual, no nos dirigíamos la palabra.



Cuando quedaban dos días para la boda terminamos de dar los últimos retoques al vestido y ya estaba todo preparado. No tenía ningún plan pero me imaginaba que mi amiga Lola tendría algo preparado y no me equivoqué. A las 8 de la tarde me llamó al móvil, me dijo que me pusiera guapa que pasaría a recogerme en una hora y media y que no hiciera preguntas. Me puse un vestido noche que resaltaba mis tetas, un tanga y unos zapatos de tacón y a las 21.30, sin sospechar que esa noche cambiaría mi vida, aparecieron mis amigas tanto del trabajo como de la facultad e incluso de mi antiguo colegio en varios coches capitaneadas por Lola. No me quisieron decir adonde íbamos pero tras un rato de viaje por la carretera llegamos a una especie de bar a unos kilómetros de la ciudad. No había que ser muy inteligente para darse cuenta de que me había preparado la típica fiesta de despedida de soltera. Nada más entrar nos encontramos con un montón de mujeres chillando histéricas rodeadas de maromos musculosos medio desnudos a los que tiraban bragas o manoseaban. La música estaba altísima y el local abarrotado pero logramos sentarnos en una mesa. Las muy zorras de mis amigas me regalaron un montón de artículos de sex-shop desde consoladores, vibradores, esposas, bragas y tangas. Tras cenar y disfrutar de un par de stripteases Lola se subió a la mesa y proclamó:



-Ahora viene la verdadera sorpresa.

Me cogió de la mano y nos fuimos todas a un reservado en la planta de arriba del bar. Allí me vendaron los ojos, me sentaron en una silla y pusieron la típica música de striptease. A los pocos segundos se oyeron gritos de admiración por parte de mis amigas y comprendí que ya había salido el stripper. El chico se me acercó y comenzó a bailar enfrente de mí, alargué la mano y pude comprobar que era un auténtico cañón sin un gramo de grasa, me deleité palpando sus abdominales y sus pectorales cubiertos de aceite provocando las carcajadas histéricas de mis compañeras. Cuando el tío bueno se sentó sobre mis rodillas la situación parecía que se desbordaba, yo, que llevaba unas copas de más me atreví a meterle mano en los calzoncillos y me quedé alucinada con el grosor y la longitud de su pene. Después el stripper se volvió y me empezó a besar el cuello y los lóbulos de las orejas, yo estaba un poco escandalizada por las libertades que se tomaba pero al mismo tiempo me sentía genial y liberada. Fue entonces cuando me di cuenta de que las chicas empezaban a abandonar el reservado y me dejaban sola con el macizo. Yo protesté pero él me puso el dedo en los labios y me susurró:



-Ahora podemos zanjar asuntos pendientes tú y yo.



Poco a poco me quitó la cinta que llevaba en los ojos y descubrí a Raúl. Traté de asumir que le había estado metiendo mano a mi propio hermano pero me quedé bloqueada, no sabía que decir.



-Pero, Raúl...



-¿No te ha gustado?



-¿Qué haces en un sitio como este?



-Trabajo aquí para ganar algo de dinero, tu amiga Lola me vio aquí un día, ayer me llamó y me contó lo que sientes por mí. Pues bien, yo siento lo mismo por ti.



-Pues bien que te follabas hace unos días a la zorra esa en casa



-Y bien que te follas tu al pringado de tu novio todas las semanas.



Le di un bofetón en toda la cara. En ese momento tomé la decisión más importante de mi vida, podría haber seguido siendo una mojigata, casarme con mi novio a sabiendas de que estaba enamorado de mi hermano, o dejarme llevar por la pasión del momento. Elegí la segunda y le planté un beso en la boca a Raúl sin previo aviso. Permanecimos varios segundos besándonos, mezclando nuestras lenguas, abrazándonos, me pegué a su cuerpo y pude sentir su potente musculatura. El pasó su mano por mi espalda y fue bajando la cremallera de mi vestido. Sin embargo se frenó porque no estábamos en el lugar adecuado, era un bar lleno de gente y sin ningún tipo de privacidad. Se puso los pantalones y la camisa, jesús tenía los músculos tan inflados que parecía que la iba a reventar, me cogió de la mano y salimos atropelladamente del bar, los dos con el corazón acelerado sabiendo lo que íbamos a hacer.



Nos acercamos a un motel de carretera que estaba al lado del bar y pedimos una habitación. Estaba ansiosa por subir y cuando la recepcionista se demoró en darnos la llave di un golpe en el mostrador para que se diera prisa. Nos dio la llave y subimos corriendo por las escaleras ya que el ascensor tardaba en llegar. Nada más cerrar la puerta de la habitación volvimos a repetir el beso de una forma aún más apasionada que antes. Le agarré del cuello y le besé con más furia todavía, por fin me iba a quitar todos los complejos e inseguridades que había acumulado en mi aburrida vida. Él intentó desvestirme pero yo me negué.



-Ahora es mi turno.



Le empujé hacia el sofá y comencé a hacerle un striptease, girando mi culo en su cara, quitándome el vestido poco a poco de una forma muy sexy hasta quedar totalmente desnuda, solo con los zapatos puestos, mis tetas salieron al aire ante su mirada de incredulidad. Él se levantó pero yo le volví a parar, tenía que aprender que ahora llevaba yo la voz cantante. Se quedó de pie y yo le desvestí, quería tener la oportunidad de manosear ese cuerpazo depilado. Le quité el cinturón y luego le fui desabotonando la camisa, metí la mano a través de ella y pude tocar esos preciosos cuadrados que eran sus abdominales y esos pectorales perfectos, hasta entonces no me había dado cuenta pero noté el flujo que bajaba de mi coño por la pierna ante tamaño semental. Finalmente le quité toda la camisa y procedí con el pantalón. Le dejé en calzoncillos y pude admirar sus piernas como troncos. Ahora quedaba la parte final. Con los dientes le fui bajando poco a poco su tanga hasta que quedó ante mi vista la mayor polla que había visto. Estaba morcillona pero ya llegaba a los 17 cm. aproximadamente. Puse mi mano en su culo y pude disfrutar su increíble dureza. Me puse de pie y me aparté de él, sólo para ver su cuerpazo, todavía cubierto de aceite, con un poco de distancia. Desde luego que patético era mi novio en comparación con ese macizo. Mi hermano empezó a hacer posturas apretando los músculos y marcando unos bíceps que parecían bolas de billar, unos dorsales que le habrán costado horas de gimnasia desarrollar. Yo me llevé la mano a mi vagina para disfrutar del momento.


Me acerqué a él y me cogió en volandas como si no pesara nada. Pensé que me llevaría a la cama pero fuimos primero a la ducha para que se quitara el aceite. Volvimos a quedar frente a frente y cada uno enjabonó el cuerpo del otro.



-Que tetas tienes Sandrita.



-Y tú tienes un polvazo…



Mientras el agua caía sobre nosotros volví a tomar el control de la situación y decidí que teníamos que pasar a mayores. Me arrodillé y comencé a besar la polla de mi hermano que rápidamente empezó a ganar tamaño hasta alcanzar los 25 cm. más o menos. Primero me metí solo la punta y con una mano acariciaba sus huevos. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para metérmela entera en la boca, pero al final entró. Entonces puse mis dos brazos en mi espalda, como si estuviera esposada y comencé con la mamada mirándole a los ojos. Su cara era un poema y no paraba de gemir mientras yo continuaba con mi trabajo. Tras dos minutos chupándole la polla me tuvo que separar porque estaba a punto de correrse, en ese momento me sacó en brazos de la ducha y fuimos a la cama, me tiró sobre ella y dijo



-Ahora me toca a mí.


Mi hermano se puso de rodillas y comenzó a comerme el coño, era algo totalmente nuevo para mí ya que el soso de mi novio no lo había hecho nunca. Estaba tan excitada que me corrí a los pocos segundos entre grandes gemidos, nunca en mi vida había tenido un orgasmo tan intenso y duradero, me estremecí y jadeé como una loca, cerré los ojos y agarré con mis manos las sábanas, deseé que ese momento no terminara nunca, eché un chorro de flujo sobre su cara que parecía una meada. Tenía 18 años pero ya sabía como dar placer a una mujer mejor que muchos hombres de mi edad.



-Perdona, no quería venirme tan rápido.



-No te preocupes.



Tras esto sabía que ya solo quedaba que me penetrara. Nos besamos y nos abrazamos y él me dijo:



-¿Estás lista?



-Creo que sí.



La verdad es que viendo su polla dudaba de que todo eso me entrara. Además, con las prisas del momento, no teníamos preservativos, por lo que tendríamos que hacerlo a pelo, aunque ¿a quién le importó en ese momento?



Puso su cuerpo sobre el mío y de un golpe me la metió, yo di un grito de dolor ante la violencia de la penetración y el comenzó a moverse dentro de mí. Puse mis piernas por encima de su culo para facilitar el polvo, una de mis manos recorría su fuerte espalda y la otra le agarraba del pelo. Noté que estaba dejando la sábana perdida de mis flujos de nuevo y que empezamos a sudar por el esfuerzo realizado. En un momento dado comenzó a cambiar de postura y con mucha maestría y sin dejar de metérmela consiguió que yo me pusiera sobre él, puse mis manos en los pectorales y continuó la cabalgada, ahora era yo la que tenía el mando de la situación. Mis gotas de sudor caían en su pecho y el colocó sus manos en mis tetas, que no paraban de botar, estrujando mis erectísimos pezones. Poco a poco fue aumentando la intensidad y la velocidad de las penetraciones, yo estaba en el cielo y me dejaba llevar.


-Eres un puto semental, hermanito.


-Y tu una zorrita, Sandra. Como te mueves.


Los gritos vinieron más tarde como antesala de los orgasmos que íbamos a sentir. La verdad es que llegué perder la noción del tiempo, sólo sabía que me la estaba metiendo sin piedad y que yo no paraba de encadenar orgasmos uno detrás de otro. Llegué a arañar el pecho de mi hermano y estuve tentada de morderle. Era una sensación genial, todos los orgasmos eran diferentes, unos rápidos y otros más largos y profundos, finalmente mi hermano apretó su polla hasta lo más profundo de mi coño y tras un rugido se corrió dentro de mí. Notaba como su leche me inundaba y desbordaba mi vagina cayendo a las sábanas. Se quedó unos segundos metiendo su polla en el fondo de mi coño, apurando su orgasmo hasta el final, finalmente se desacopló y me eche a su lado en la cama. Nos quedamos los dos mirando el techo, sin aliento, tratando de recuperarnos de lo que acabábamos de vivir.


Me giré y me puse de lado mirándole, noté que mi coño seguía expulsando su semen y lo notaba resbalar en mis muslos. Miré su polla, todavía erecta y procedía a limpiar la leche que le quedaba en la punta con mi lengua y después nos volvimos a fundir en un apasionado beso. Apoyé mi cabeza en su duro pecho y le acaricié los abdominales. Tras unos minutos de descanso se levantó para coger un cigarro y me ofreció uno, no suelo fumar, pero en ocasiones especiales como esta hago excepciones. Nos recostamos en la cama, me ofreció fuego y comenzó a hablar:



-Esto no lo haces con tu novio



-Ni me lo recuerdes-me reí. Ya no me importaba que se metiera con él, había tirado a la basura 10 años de mi vida con ese tío cuando tenía a este pedazo de hombre al lado sin salir de casa. –Una pregunta, a quien le mandabas esos vídeos y esas fotos.



-A nadie, eran para que los vieras tú. Ya tardaste, por cierto.



-¿Entonces ya querías follarme?



-Desde que empecé a ser adolescente me gustaste, mis primeras pajas fueron contigo- dijo entre risas.



-Pero hasta ahora no te quedaste parado, por ejemplo con la tía esa que te follaste en casa



-Era una zorra que conocí en la discoteca. Estaba rabioso porque sabía que los sábados los pasas con tu novio y quise desquitarme.



Continuamos hablando un rato mientras recuperábamos fuerzas. Desde la ventana de la habitación se veía que estaba amaneciendo, deseaba no salir de ese lugar nunca, sin tener que enfrentarme a la vida gris y monótona que me esperaba fuera. Terminamos de fumar nuestros cigarrillos cuando volví a sentir ese cosquilleo que me pedía más. Al parecer él también estaba caliente de nuevo a juzgar por el tamaño de su polla que había dejado la flacidez para ir adquiriendo un considerable tamaño.



-Vamos otra vez.



Aprovechó que me di la vuelta para tirar el pitillo para inmovilizarme con sus brazos y bajar hasta mi coño que ya empezaba a chorrear, volvió a mostrar la maestría de la que hace gala con su lengua que me volvió loca. Ya estábamos los dos a cien y volvió a sacarme aquellos gemidos de placer. Mientras me lamía el coño una de sus manos se deslizó por debajo de mi culo hasta llegar a mi ano, donde se introdujo. No pude evitar dar un grito de dolor cuando lo sentí, nunca había probado el sexo anal.



-Tranquila, solo duele al principio, luego te acostumbras.



Me siguió metiendo el dedo y a pesar de lo que había dicho me seguía doliendo.



-Por favor para ya.



-Tranquila, yo te guío.


Pasado un rato el dolor se fue transformando en placer, un placer diferente al que sentía en mi vagina, algo que nunca había probado. De esta forma me fui acostumbrando y ya no me dolía, de hecho lo encontraba mejor que la comida de coño. Poco a poco fui entrando en calor al mismo tiempo que aumentaba la velocidad con la que Raúl me introducía el dedo en el ano. Finalmente me corrí como una loca y me quedé rendida en la cama. Este hombre sabía como dar placer a una mujer.



-Todavía no hemos terminado, yo no me he corrido.



Comprendí lo que quería decir y me asusté -No, por ahí no paso, aunque he de reconocer que mi negativa sonaba con poca convicción.



-Te va a doler solo al principio, te lo aseguro, como antes.



Yo estaba asustada porque había oído que a menudo se producen desgarros con el sexo anal, y con el tamaño de la polla de mi hermano me temía lo peor.


Me colocó a cuatro patas sobre el colchón, con la cabeza apoyada en la almohada y mi culo mirando hacia él. En ese momento sentí como algo intentaba abrirse paso en mi culo. No teníamos vaselina ni nada, así que tendríamos que hacerlo a lo bestia. La polla de Raúl se fue introduciendo poco a poco en mi culo, seguía doliéndome muchísimo, apreté los dientes y comencé a sudar, pero sabía que tarde o temprano me acostumbraría. Al fin, después de mucho esfuerzo, acabó metiéndola hasta mis entrañas, sentía sus 25 cm. muy dentro de mi. La volvió a sacar y la volvió a meter y ya no dolió tanto. En ese momento empezó el mete saca y el ritmo se hizo más rápido. Notaba como mi ano se había adaptado a la tranca de mi hermano y ya no me dolía, Raúl empezaba a bufar de placer, yo empecé a sentir una sensación de placer enorme conforme me la seguía metiendo, era una sensación nueva y diferente, me parecía estar alcanzando las cotas máximas de placer mientras el inevitable orgasmo se acercaba. Instintivamente apretaba mi ano contra su polla cada vez que la sacaba, no quería tenerla fuera, quería tener ese rabo dentro de mi culo todo el rato, dios que sensación. Alcé la cabeza y vi reflejado en el cristal de la ventana el cuerpo de mi hermano con sus músculos cubiertos de sudor y una cara de éxtasis, sabía que estaba haciendo un gran esfuerzo, la penetración siguió durante unos 15 minutos tras los cuales alcancé el orgasmo más intenso de mi vida y grité como una condenada corriéndome. Mi hermano seguía dale que te pego y me pregunté si se correría dentro de mí. Un minuto después de mi orgasmo sentí como su pene se inflaba dentro de mi ano, estaba a punto de estallar. Rápidamente sacó la polla, me dio la vuelta y me puso mirando hacia él.



-Ahora vas a probar otra cosita, algo que siempre he deseado hacer con tus tetas.



Mi hermano colocó su pene entre mis generosos pechos y procedió a hacer una cubana, frotando su verga entre mis senos. Como estaba a punto de estallar no aguantó mucho y tras un rugido animal se corrió echando una riada de semen hasta mis tetas, mi cara y mi pelo.


Caímos rendidos y extasiados en la cama. Miré mi reloj y vi que eran ya las 8 de la mañana, habíamos estado toda la noche haciendo el amor. Cubierta de semen y sudor, me deleité acariciando ese cuerpazo que me había dado tantas horas de placer mientras él a su vez me acariciaba el pelo.


Nos quedamos dormidos y me desperté abrazada a él por la tarde. Me levanté sin hacer ruido y me vestí, estaba trastornada y nerviosa por lo que había pasado, no acerté a ponerme los zapatos de tacón y de un golpe los tiré y salí descalza. Me fui a toda prisa del motel ante la mirada desaprobadora de la recepcionista. Me monté en mi coche y apoyé la cabeza contra el volante. Tenía la cabeza como un bombo. Mañana me casaba.