Sigue de "Sexo con Marianita 8"

Apenas me desperté al día siguiente tenía un mensajito en el celu: “M enkanto lo de ayer. Llamame cuanto te levantes”.
La llamé
-Ya me extrañás?
-Si, pero no era por eso que te mandé el mensaje. Ayer después de que te fuiste llegó mi hermana con el novio. Les dije que no íbamos a ir. Así que mi hermana lo convenció a Martín de ir ellos. Y me dijeron de ir. No querés venirte?
-Quisiera, pero no puedo.
-Bueno, fijáte. Salimos hoy a la tardecita. Y nos volvemos el lunes a la mañana. Por ahí te podes venir el sábado si terminás temprano.
-Ok, me fijo.
-No vas a venir… te voy a extrañar.
-Yo también bebé.
-Me encantó lo de ayer. Cuando se fue Martín le conté a mi hermana lo que pasó. No lo podía creer.
-Boluda, cómo le contaste?!
-Es mi hermana, siempre le cuento todo. No pasa nada. Además yo no lo podía creer, nunca me pasó de no poder controlar…
-Sos una zarpada…
-No te quejes, encima que te hago quedar bien..
-Qué tanto le contaste?
-Le dije que tenés una pija divina, que me vuelve loca, que cojes re bien. y que nunca me habían hecho tan bien la cola.
-En serio?
-Si, me parece que me zarpé. Me voy a tener que cuidar porque donde te agarre sólo te viola (se rió)
-Hija de puta! No será que vos disfrutás dándole manija?
-Le doy letra a los dos para que se toquen un poco. A ver si así consigo que te vengas este finde.
-Así como me la vendés suena a que va a haber fiestita...
-Quién te dice! De mínima la fiesta te la hago yo que no es poco (Se rió otra vez. Era evidente que la cojida de ayer la había puesto de buen humor).
-Voy a hacer lo posible entonces por ir…
-Bueno dale. Si no el lunes vuelvo y te parto.
-Lo mismo digo.
-Hoy a la noche te voy dedicar flor de paja, solita…(me encantaba cuando ponía voz de bebota).
-Dejá de calentarme guacha! Hablemos mañana.
Chau-chau, y cortamos.

Al toque me arrepentí de haberle dicho a Pia que la iba a acompañar. Pensé en cancelarlo. Me caminó la cabeza con que me perdía la fiesta de mi vida. Aunque la verdad era medio improbable que los cuatro (Caro, Mariana, Martín y yo) nos volviéramos swingers en un fin de semana.

Igual, si era cierto lo que Mariana había dicho, Caro estaba calentita conmigo. Y yo sabía que Martín se la ponía a Mariana sin dudarlo. Es más, te la firmaba que se había clavado un par de pajas pensando en ese culo que me comía yo, de la misma manera que yo se las había dedicado a su novia después de que la vi en tanga.

Mientras pensaba esto la pija mandaba un mensaje inequívoco: “deja todo pelotudo y vamos para allá”. Pero uno cree que pensar con la pija está mal, y yo me dije que Mariana ya me había amagado con la fiestita la semana anterior, y me había hecho la paja cuando me podía haber garchado a otra. “Hoy me saco la leche con Sofía y listo”, me dije. La llamé pero la pendeja estaba medio caliente todavía y me dijo que creía que iba a salir con las amigas. Que si cancelaba me llamaba.

Me enganché entonces con los pibes. El Colo estaba clavado con ir a la France porque iban unas pibas del laburo, y se quería encarar a una de 20 que había entrado a trabajar en personal.

La piba era medio rellenita pero buena onda. A mi se me había pasado la calentura y estaba tomando una birra con Nacho mientras el Colo parlaba cuando siento que me tocan el hombro. Me di vuelta. Eran Chechu y Ximena con otras dos amigas (Carla y María).

Ximena se le fue al humo a Nacho: “no me llamaste más”. El dijo que había perdido el teléfono. “Se lo hubieras pedido a Maxi”, dijo ella. “Se lo pedí pero el boludo se olvidó”, dijo Nacho. “La culpa es mía, soy un colgado”, aporté. Chechu se cagó de la risa: “son dos mentirosos profesionales, no les creas nada”.

-Callate vos petisa,- le dije a Chechu.
-Che boludo, porqué no te fuiste para Mar de las Pampas.
-Mañana le tengo que dar una mano a mi viejo para pintar. No pude zafar.
-No deberías estar durmiendo entonces.
-En un rato me voy. Te tengo de celadora hoy? Me están siguiendo?
-Jajj. No los viernes venimos siempre acá.
-No sabía.
-Sí, cuando quieras ya sabés (me miró desafiante).
-Te prometo que más temprano o más tarde te voy a dar lo que andás buscando,- le dije
-Mirá que te tomo la palabra.
-Tomáme todo.

Se rió. Le pasé la cerveza.
-La cerveza, qué pensabas?,- le dije.
Tomó un trago de cerveza y después medió que hizo un jueguito con los labios sobre la punta de la botellita.
-Debés ser repetera vos…
-No sabías, todas las gorditas somos peteras.
-La verdad que hoy un pete no me vendría mal. Te levo a tu casa después?
-Si me ves borracha dale!

Miré al costado. Nacho se estaba comiendo a Ximena.
-Querés ir a sentarte un rato allá con las chicas?, me preguntó la petisa.
Fuimos. En el camino me crucé con un pibe que hacía mil que no veía y me quedé charlando. Estaba con una pendeja divina, que era la amiga de su ex novia. Un pirata este Juan.

De golpe apareció la ex que también andaba dando vueltas y también me la presentó como si nada. Una morocha de ojos celestes que estaba que se partía. Se lo dije. “En un rato nos vamos de acá para Esperanto. Le digo a Mery (la morocha) que se vaya con vos”.

-Me estás entregando a tu ex?
-Ahora somos amigos, además así la otra me chupa la pija en el viaje (jajajaj).
-Y no dice nada que ahora te comés a la amiga?
-No, a estás no les importa nada.
-Bueno, avisame.

Me fui a sentar un rato con Chechu y las dos amigas.
-Me parece que en un rato me voy.
-Si, yo también, estoy medio cansada.
La puta madre, no me la iba a sacar de encima. Y la morocha estaba mil a uno. Ella se paró y le fue a avisar a Ximena (que la había traído en auto), que se venía conmigo. Yo fue a buscara Juan.

En el camino vi a la morocha parlando con otro pibe. Asunto resuelto. “Nos hablamos en la semana loco”, le dije y me fui. Chechu me esperaba en la escalera.
Salimos y fuimos hasta mi auto.
La lleve a la casa. En el camino charlamos de boludeces. Cuando llego a la puerta de la casa estaciono y le digo haciéndome el boludo: “Bueno, nos vemos”. “Dame un besito por lo menos”, dijo la pendeja que estaba regalada.

Le di un pico y ella me transó. Como no soy de piedra me calenté y le estrujé una de sus portentosa tetas. Le encantó. Sacado como estaba le metí una mano por el escote y atrapé una de sus tetas. Debía tener 100 o más.

El pezón era medio copito, y estaba el timbre duro, se lo peyisqué mientras seguía comiéndole la boca. O ella a mi.
La pendeja se me vino encima y me manoteó la pija. La acarició por encima del pantalón. Ya la tenía parada. La frotó un poco.

-Está buena,- me dijo.
-Muero por que me la chupes…
-Queres?,- me preguntó.
Yo no podía dejar de mirarle la boca.
-Si, pero no puedo. Me encantaría pero no me da para cagarla así a Mariana.
-Ella tampoco es una santa…
Qué hijas de putas que son las mujeres, pensé.
-Ya lo se. Pero vos sos la amiga.
-Tenés razón, dejémoslo acá. Gracias por traerme.
Y se bajó del auto.

Me sentí un pelotudo, tampoco la quería jugar de puritano. Pero sabía que iba a saltar y se iba a armar flor de quilombo. Y al pedo, porque la gordita tampoco estaba para tanto. Era una más. Para eso me cojía a las otras. Y fue lo que hice.

El sábado y el domingo la acompañé a Pía a ver deptos. Y los dos días garché con ella a full después. Estaba tan contenta de que le hiciera el novio que me dio todo y más.

Incluso la puse a cabalgarme la pija con el culo como me había hecho Marianita. Estuvo buenísimo, pero no llegó al nivel del polvo con la pendeja. De vez en cuando se me cruzaban imágenes del anterior, y así acabé.

Eso fue el sábado a la noche. El domingo, a pesar de la cojida monumental del día anterior, la pija seguía despertándose por cualquier cosa cada vez que pensaba en la pendeja (y en su hermana que ya se colaba en mis fantasías).

Otra vez me descargué con Pia. Me la empecé a coger en cuatro. Mis huevos golpeaban su conchita y ella gritaba que el encantaba. Con mi pulgar empecé a dilatarle el culo.

-Dejáme el culo tranquilo. Me duele de ayer.
-Calláte, ese culo es mío. Cómo me calienta ese ojete. Ya lo tenés mojadito y abierto.
Se la saqué y le se la apunté al orto. No entraba. La putísima madre! La turra apretaba el culo.
-No aprietes conchuda!,- le dije.
-Me duele, boludo, no entendés.
-Relajá y te va a doler menos.

Agarré vaselina líquida de la mesita de luz y me tiré bastante en la pija. Con la mano aceitada le froté la cola. Después le enfilé la otra vez. Se me había bajado un cacho. Así que la cabecita entró sin tanto dolor. La bombié despacito hasta que la pija traspasó esos primero centímetros de recto y sentí que finalmente se abría paso en una cavidad mayor de su culo. Como si el ojete tuviera un hall de entrada y después un gran living.

La pija empezó a crecer y alargarse en su culo. Ella empezó a quejarse de que le dolía.
-Gritá todo lo que quieras trola. Ayy como me gusta romperte el orto. Qué ojete hermoso que tenés. No sabés como me aprieta la pija.
Le seguí dando.
-Vení, abrite el culo con las dos manos.
-No puedo.

Le agarré las manos. Y la sostuve por los brazos y me la empecé a coger más fuerte. Enseguida se quizó zafar. Pero no pudo. La pija se me puso bien al palo. Se la mandé toda adentro y sentí que rozaba con algo duro.

-Soltáme que me duele, soltáme,- gritó.
-Te duele porque tenés el culo lleno de soretes. Después de esto vas a cagar sin problemas.
-Sos un hijo de puta, soltáme hijo de puta, soltáme

La solté, pero me aferré a su cadera y la seguí culeando. Si se hubiese querido zafar, lo habría hecho en ese instante. Entendí qua a pesar del dolor le gustaba (por lo menos se dejaba). Mi pija le empujaba la caquita para adentro.

-Me estás violando…
-Te gusta, te gusta que te viole?
Se quedó callada.
-Cómo aprieta ese orto.
-Sacámelaaaaa
-Ya va puta, ahí viene la leche!

Le acabé. Cuando terminé ella corrió a sentarse en el inodoro y luego pasó al bidet. Se quedó un rato largo. Mi pija estaba medio sucia así que entré al baño y me metí en la ducha. Ella estaba evidentemente enojada.

Me duché tranquilo y volví al cuarto. Cuando entré estaban las luces apagadas y ella estaba girada para su lado. Me metí del otro y ni le hablé. Al rato ella abrió la boca.
-No me vas a abrazar.

Le di el gusto. En cucharita, tiró la cola para atrás para buscarme. Qué fáciles son las minas pensé.

El lunes desayunamos juntos y se fue para su casa a cambiarse antes de ir a trabajar. Yo llegué al laburo bastante tarde. Pensé que no la había llamado a la pendeja en todo el fin de semana.

La llamé y no contestó. Tenía mil cosas que hacer y se me pasó volver a llamarla hasta que llegué a casa y sonó el celu, y era ella.

-No me llamaste…,- me dijo.
-Estuve a mil.
-Cómo quedó la pintura? (le había dicho que mi viejo me había pedido una mano para pintar la casa).
-De 10, pero fue un laburón. Doce horas el sábado y doce el domingo. Estoy aniquilado.
-Bueno, entonces hoy te dejo descansar. Pero mañana te espero en casa a comer. Te voy a preparar algo rico.
-Me ponés la pilas, sos divina. Tengo muchas ganas de verte.
-Yo también te extraño, te venís mañana.
-Si, a qué hora?
-Tipo 9 te va?
-Dale, si. Cómo les fue allá?
-Bien, tranquilo, mañana te cuento.
-Bueno, hasta mañana.
-Besos
-Besos, chau