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{{{ Saqué mi rabo de su coño y empecé a follar su culo, mi polla estaba a punto de explotar, mi cuñada movía las caderas mientras decía: Es para ti, cuñado, mi culo es para ti, saqué mi rabo de su culo y empecé a regarla con mi esperma, mientras mi cuñada se frotaba el clítoris y gritaba, me viene, mi cuñada abrió la boca para recibir mi leche, mientras se estremecía con su orgasmo}}}

Mi cuñada es una mujer que no está nada mal: debe medir 1.57, es delgadita, pero con unas tetas muy generosas para su constitución física, y un culito pequeño, pero redondo y respingón, aunque tiene 47 años, viste moderno y con cierto look de tía con pasta. Es bastante morena y el pelo, más bien corto, teñido color caoba, le da un aire muy interesante, y cierto morbo. Mi cuñada está separada, es profesora, y solemos coincidir en fiestas, comidas, cenas y en verano en la playa, me encanta verla en bikini y pasear con ella por la playa.

Observo que los hombres (en general con independencia de la edad) se fijan con frecuencia en ella y no me extraña, pues a mí, a mis 35 años, su bikini rosa y su piel bronceada, me resultan muy atractivos y sexy. Hace dos meses, mi mujer tuvo que pasar una semana por motivos de trabajo en el extranjero. El sábado yo me encontraba solo y muy aburrido, espontáneamente, me encontré llamando a mi cuñada e invitándola a cenar. Ella, al principio, me dijo que tenía que corregir exámenes y que no le venía bien, le insistí con el argumento de una invitación en un excelente restaurante, parece que el asunto surtió efecto, pues aceptó, quedamos en que pasaría a recogerla por su casa a las 8.30.

Timbré y me dijo por el telefonillo que subiera, que estaba a punto de terminar de arreglarse. Me abrió la puerta, estaba estupenda: botas de tacón, unos pantalones claros, como de piel de serpiente, cuando se giró, advertí el inconfundible triangulito de un tanga en su trasero, una camisa negra con algo de transparencia, en definitiva, estaba súper-cachonda. Me dijo que se estaba acabando de arreglar, que la esperara en el salón, me senté, encendí un cigarrillo, y encendí la música, sonaba una canción de Alejandro Sanz, apagué el cigarrillo y me dirigí al baño, donde ella se estaba maquillando, le dije. “Cuñada ¿te gusta esta música?”.

Me acerqué y me vio reflejado en el espejo, me coloqué tras ella, tomando su cintura y bailando. Para tener 47 años, tenía un cuerpo tentador, delgada pero con curvas. Ella se rió, tomé su mano y le quité el colorete, con el que se maquillaba sus mejillas, ella se reía. La giré hacia mí bailando, nos miramos, ella me miraba como sorprendida, pero, afortunadamente para mí, no enojada ni enfadada. Acaricié su pelo color caoba, mientras, ya ella, se animaba a acompañarme en el baile, y acerqué a mi cuñada contra mí, mientras nos mirábamos le sonreí, acaricié su pelo y la besé, nuestros labios jugaban, mis manos en sus nalgas, las apreté contra mí, y empezaron nuestras lenguas a buscarse, y nuestras manos a buscar el cuerpo del otro. Besé su cuello y su boca, empecé a desabrochar su camisa, mientras ella acariciaba, ya abandonada también al deseo sexual, todo mi cuerpo. La cogí de la mano y la llevé a su dormitorio, y mientras nos besábamos, sentados en la cama, le metí mano por sus piernas, su trasero, sus tetas. Le quité el pantalón, mientas le decía que ella me lo quitara ahora a mí. Después me desabrochó la camisa. Ya estábamos los dos de rodillas en la cama, uno frente al otro, yo en slip y ella en un tanga, que ya había adivinado cuando me recibió en el hall, y se giró mostrándome su simpático trasero.

Yo estaba muy empalmado, desabroché su sujetador, de encaje negro, y mordisqueé, con suavidad sus pezones, ella estaba tumbada en la cama y cerraba los ojos, estirando las piernas a la vez, yo le decía: “Cuñada estás muy bien, tantas veces en la playa deseé esto”, ella se reía, y me recordaba alguna vez que le había puesto bronceador en la espalda. Mi slip ya me oprimía de la erección que tenía, quité su tanguita y me desembaracé de mi slip, que aprisionaba mi polla, ya dura por la excitación. Ella me dijo que me tumbara boca arriba, su iniciativa me encantó, y además me puso más cachondo todavía, me relajé mientras ella, de rodillas a un lado, empezó a masturbarme con su mano, yo la miraba y ella puso un dedo delante de sus labios, haciendo el signo de silencio.

Se llevó mi capullo a su boca y empezó a tragar mi polla, haciéndome unos masajes con la lengua, yo me estiraba de placer, la visión de sus ojitos me ponía más cachondo, de seguir así me correría en pocos minutos, de tal manera que me incorporé y le pedía que se tumbara ella. Empecé a frotar su coño con mi mano, ella cerró los ojos y me dijo: “sigue eso me chifla”, la levanté por las caderas y acerqué su coño a mi boca, busqué con la lengua su clítoris, ella suspiró, mordisqueé y chupé su clítoris, mientras ella me decía que hacía tiempo que sabía que iba a pasar esto, que se había dado cuenta de cómo yo la miraba.

Aquello era demasiado, esa voz de gusto y sus ojos de placer me habían puesto cachondo como un burro, de tal manera que la puse a cuatro patas y me coloqué tras ella. Su trasero, pequeño pero redondo, sensual, prieto, era tentador, me fascinaba y empecé a mordisquear sus nalgas, mientras penetraba su coño desde atrás. Ella gemía y yo también, mientras agarraba firmemente sus caderas, mi cuñada me susurró: “tengo sed”.

Fui a buscar una lata de cerveza y la coloqué en la mesilla con una pajita, de manera que ella estiraba el cuello y bebía, mientras desde atrás yo empezaba a penetrar su coño. Entre los gemidos y el absorber la pajita, mi cuñada, con esos sonidos, me ponía más cachondo todavía. Mi polla ya prácticamente toda dentro entraba y salía de su chocho, la visión de esa postura, de ella estirándose para beber por la pajita, desencadenó en mí una agitación todavía mayor, de tal manera que empapé su culito con saliva y abrí primero camino con mi dedo. Mi cuñada se estremeció, y paró de chupar la pajita para decirme, entre gemidos: ” No seas bruto despacito, por favor, despacito”.

Yo, a punto de explotar, saqué mi rabo de su coño y empecé a follar su culo, mientras mi cuñada chupaba la pajita de la bebida, como si de una polla se tratase. Ya no podía más, mi polla estaba a punto de explotar, yo gemía de gusto y mi cuñada movía las caderas adelante y a atrás, mientras decía:

“Es para ti, cuñado, mi culo es para ti, fóllame cariño, fóllame”. Esto era demasiado, ya me iba a correr, saqué mi rabo de su culo y la tumbé en la cama, boca arriba. Me puse de rodillas encima de ella y empecé a regarla con mi esperma, mientras mi cuñada se frotaba el clítoris y gritaba ” me viene, uuhhmmm”, mi cuñada abrió la boca para recibir mi leche, mientras se estremecía con su orgasmo.

Fue una noche inolvidable, no hemos vuelto (por ahora) a repetirlo, pero entre mi cuñada y yo, hoy en día hay unas miradas de gran complicidad…