Disculpen que lo ponga de nuevo es que fue borrado, igual ahora esta en la categoria correcta.

Hola bienvenidos a mi megapost sobre la sexualidad. espero que les guste

La sexualidad (megapost)


la profesora ana lucia belen les va a enseñar.

Los conceptos de la sexualidad.

1. Observaciones


El concepto de sexuación dice relación a un proceso que coincide con la evolución del mismo ciclo vital de cada individuo en el marco más amplio de las distintas fases evolutivas de la historia general. Todo individuo parte de un embrión de vida que se desarrolla como un proyecto.
Desde lo que constituye el momento cero en la concepción de un ser humano, con la fusión de un espermatozoide y un óvulo, los estudiosos han destacado factores o elementos que contribuyen a la creación del nuevo ser de uno u otro sexo. Es hoy opinión aceptada que los primeros elementos sexuantes dependen de los espermatozoides portadores de ese factor germinal que es el cromosoma XX o XY del que dependen las primeras estructuras originadas por los genes.
Por ello algunos, desde las Ciencias Naturales, hablan de sexo genético. Pero, como primer paso de un largo proceso, su denominación más propia no es la de sexo sino la de factor genético de la sexuación general. La razón es que, aunque es muy importante, ni es absolutamente determinante ni es el único del proceso, puesto que hay otros.


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2. Nuevos hallazgos



La organización de los primeros grupos de células, por su parte, dan origen a la activación de otros factores de los que surgen los tejidos y se perfilan los órganos de todo el organismo.
En el trayecto de las primeras semanas de la vida embrionaria se suceden algunos procesos básicos y de un gran interés. Tal es el caso de la aparición de la progónada indiferenciada de la que se derivarán gónadas diferentes mediante la inducción hormonal y desde la cual, con independencia de los cromosomas —y de sus genes—, el futuro ser se encamina hacia una u otra dirección que llamamos, aunque de forma muy primaria, masculina o femenina.
Un descubrimiento curioso e importante: si esa inducción no se produce, la evolución será. Es lo que se ha formulado bajo la máxima “Eva precede a Adán”. Otros factores especialmente estudiados son los relativos a la sexuación o diferenciación sexual cerebral que tienen lugar, según los actuales datos, hacia el sexto-séptimo mes de la etapa embrionaria y cuyo resultado es un efecto de la impregnación de unas u otras hormonas.


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3. Otros datos



Es igualmente importante destacar los estudios relativos a la asignación del nombre en el momento del nacimiento, así como su presentación en sociedad como de uno u otro sexo y el correspondiente inicio de nuevos factores en el conjunto de dicho proceso.
El estudio de estos y otros datos similares han llevado a profundizar cada vez más en la pregunta relativa a la construcción del sexo de los sujetos desde los primeros tramos de la vida de forma que lo que parecía una evidencia cuando el sexo era relacionado sólo con órganos o con los datos de la naturaleza se ha vuelto un objeto de interrogación cuando partimos de un concepto global e integral como es el sexo general.
El estudio de estos procesos y de sus distintos elementos en juego parece inagotable para explicar no sólo la diferenciación entre uno y otro sexo sino igualmente la variedad de cada uno de ellos en particular. A través de ellos se teje esa trama evolutiva de la sexuación biográfica de la cual estos datos no son sino algunos indicadores.


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4. Intersexualidad vs dimorfismo



Intersexualidad es el concepto moderno situado como base en lugar del antiguo dimorfismo. Dimorfismo es un término de origen griego que significa dos formas. Y fue adoptado por la biología para denominar, por un lado, al macho y, por otro, a la hembra.
La Época Moderna ha pensado a los sujetos humanos como sujetos sexuados. Y ha situado el sexo general como clave para explicar su proceso biográfico situando a ambos sexos en interacción. De ahí su interés para la construcción de sus identidades en las que participan materiales de uno y otro sexo.
La intersexualidad es, pues, la noción que permite comprender cómo los distintos indicadores o factores van configurando el sexo general, siempre con la participación de los dos sexos. Todos tenemos elementos de ambos sexos, si bien el resultado del proceso siempre será de uno de forma preferente al otro.
Al comienzo de nuestra civilización occidental, cuando se ordenaron las bases de nuestro pensamiento, Platón preguntó a los amigos invitados a El Banquete:
— ¿Cuál es el origen de ese sentimiento que llamamos amor, cómo explicarlo?
Y Aristófanes, uno de los comensales, respondió de la siguiente forma:
— En el principio, antes de que fuéramos como somos, los humanos no teníamos las formas que tenemos ahora ni éramos como somos ahora. Aquéllos eran esféricos y redondos. Eran completos y autosuficientes. No tenían fisuras ni carencias. Cada uno se bastaba por sí mismo. No eran ni hombres ni mujeres sino ambos juntos. Eran andróginos.
Los comensales rieron. Aristófanes era conocido por su carácter cómico. En la vida real era un autor de comedias. Cuando las risas le permitieron hablar, Aristófanes siguió su relato.
— Por ser autosuficientes, eran altivos e insoportables. Y por eso fueron castigados. Un día Zeus, harto de ellos, mandó que los cortasen en dos, que los seccionasen. Y desde entonces los unos se vieron necesitados de los otros, buscando cada uno convivir con su otra mitad, justamente la otra mitad amputada.
Los comensales dejaron de reírse y vieron que Aristófanes, a pesar de su aire extravagante, había respondido a la pregunta con un fondo que les dejaba pensativos. Y el cómico concluyó:
— Desde entonces todos los seres humanos se buscan. Buscan la otra parte que les falta. Y por eso se atraen y cuando se encuentran se abrazan y se besan. Lo que hoy llamamos amor es la consecuencia de ese corte, de esa diferenciación.




5. Los sexos y sus aspectos

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Conviene, pues, no perder de vista , más allá de estos aspectos, la línea central. Es la línea vertebradora de este proceso centrado en torno a uno u otro sexo. Algunas disciplinas han extendido nociones de sexo tales como el sexo biológico, el sexo psicológico, el sexo social, etc. y han adjetivado distintos sexos a partir de los factores estudiados.
Estas denominaciones han extendido, a su vez, otras, tales como el sexo genético, el sexo endocrino, el sexo de asignación, etc. para terminar hablando del sexo social que han denominado género. Con ello el concepto troncal y vertebrador del sexo de los sujetos se ha vuelto, en ocasiones, borroso y difuminado.
Los aspectos del sexo no deben distraernos de la linea troncal que es la sexuación de los sujetos. Lo central de nuestro objeto de estudio no debe perderse tras los debates de los aspectos como no deben confundirse las líneas generales con sus segmentos.




6. Es el sujeto el que se sexua

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Desde la lógica y el marco del hecho sexual humano el concepto de sexo es el que se refiere a los sujetos y no a sus elementos o aspectos que, como tales aspectos no son sino factores de sexuación del sujeto en su conjunto que es el que interesa de forma principal.
El esquema que ha habituado a la reagrupación de estos aspectos como fundamentalmente biológicos, psicológicos o sociales, tal como se ha extendido, puede ser útil pero en Sexología se insiste más en el carácter biográfico de estos aspectos con vistas a no perder el hilo conductor y de esa forma primar al sujeto mismo por encima de dichos aspectos.
Es, insistimos, el sujeto, el protagonista de todos ellos. Y es su biografía la que mejor los aglutina y da cuenta de su unidad y coherencia dentro de su variedad. Importa explicar no sólo la diferenciación de uno y otro sexo sino las variedades en cada uno de los dos.


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7. Casuística e incongruencias


Son bien conocidos de todos los casos de atletas femeninas con cromosomas masculinos y que, por ese hecho, han sido excluidas de las grandes competiciones. Ello ha llevado a plantear en repetidas ocasiones la extraña pregunta en torno a la definición de hombres y mujeres en ámbitos bien dispares pero con precisiones curiosas.
También son conocidos los casos, aunque minoritarios y por ello chocantes o sensacionalistas, de otras ambigüedades como las de los denominados transexuales y la consiguiente disputa en torno a tener que pasar por intervenciones quirúrgicas obligadas para acomodar su DNI a su condición sexuada que, a fin de cuentas, no es ni normal ni anormal sino la suya y a la que, por tanto, tienen derecho.



8. Las minorías sumadas

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Si estos casos son raros, conviene no obstante no perder de vista que sirven para el mejor conocimiento del fenómeno mismo de la sexuación y de su complejidad. La simplificación crea problemas entre los que suelen considerarse las anomalías, precisamente por este exceso de simplificación.
A medida que avanza la minuciosidad en el análisis relativo a esos distintos elementos o aspectos y a su complejidad, surgen mayores matizaciones tanto en los sujetos como en los sistemas establecidos en torno a viejas nociones que no han sido renovadas.
En todo caso, la casuística de estas minorías —que, sumadas, no son tan minoritarias— exigen cada vez más clarificar este gran concepto de la sexuación para la configuración de los sujetos. Es sabido que, aunque sean minorías, no por ello dejan de ser sujetos humanos y, por ello, no uniformes sino testigos de ese valor que es la diversidad de la que todos participamos.
En el fondo de estas dificultades para comprender las diversidades no está tanto el fenómeno de la normalidad o anormalidad cuanto el peso de la identificación de sexo con reproducción y, en definitiva, con los órganos de la generación.
El paso de machos y hembras a hombres y mujeres ha sido lento y, por ello, los restos y vestigios de este antiguo modelo de referencia siguen aún pesando.
El concepto moderno de sexo ha dado un paso importante a partir de la ruptura con el antiguo modelo del locus genitalis pero es evidente que esa antigua sombra sigue latiendo y constituye un gran número de malentendidos.
El continuo de los sexos es una noción que explica mejor la construcción del sexo de cada cual con sus diversidades y sin tener que recurrir con tanta frecuencia a los criterios de lo normal y lo anormal, nociones ya superadas.


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9. El triple criterio

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Ante estas y otras situaciones similares —y de un modo especial incitado por el debate de los sexos y su continuo masculino-femenino—, el primer gran sexólogo moderno, Havelock Ellis, uno de los sexólogos de la primera generación, estableció en 1894 un criterio que, con ligeros retoques, ha seguido y sigue en vigor.
Este criterio es el que se conoce bajo la denominación de los caracteres sexuales en sus tres niveles de exclusividad, preferencia y simultaneidad.
En esta distribución de rasgos por razón de sexo reside, en definitiva, el fenómeno de la compa(r)tibilidad entre ambos sexos en el continuo que forman. Y en dicho reparto las nociones de caracteres sexuales ayudan a comprender qué es de uno y qué es de otro —o qué forma a uno y qué a otro— constituyendo lo diferencial de ambos siempre en referencia mutua entre los dos.


10. Los caracteres primarios

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Se llaman caracteres sexuales primarios a los propios y exclusivos de cada uno de los sexos y no del otro. Este rasgo de la exclusividad ha sido con frecuencia confundido con “lo biológico” para deducir, a partir de ese equívoco de denominación, otros rasgos tales como invariantes o funciones de la naturaleza, etc, y, a partir de ahí, consecuencias de carácter social o moral, tales como “lo normal”, “lo natural”.
Es importante aclarar este equívoco. El antiguo y enraizado criterio que consistió en clasificar por un lado lo biológico y, por otro, lo derivado de él, sirvió hasta la Época Moderna y todavía continúa bajo otras denominaciones, tales como en la actualidad cuando se habla de aspectos biológicos del sexo o aspectos psicológicos y culturales.
Si es cierto que esas denominaciones tienen su razón de ser, es importante no confundir ese llamado carácter biológico con lo exclusivo que no es necesariamente biológico o natural sino, como ya quedó indicado, biográfico. Ejemplos de estos caracteres sexuales primarios son los genitales, pero no sólo ellos. Es el caso de la autopercepción o sentimiento de pertenecer a un sexo y no al otro.


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11. Los caracteres secundarios


Los caracteres sexuales secundarios son los que, tras los exclusivos, resultan preferentes de uno de los sexos según el desarrollo de la propia biografía con todos sus elementos sexuantes. Estos pueden ser más de uno que de otro sexo, si bien pueden darse en ambos. De ahí su carácter de prioridad o preferencia de uno de los dos y sin ser exclusivos de ninguno.
Siguiendo el antiguo criterio, estos caracteres sexuales secundarios han sido llamados psicológicos y culturales por oposición a los denominados biológicos o adosados a ellos. Pero si se quiere comprender el fenómeno de los sexos de forma minuciosa, importa recordar una vez más el espejismo de los antiguos criterios centrados en la función reproductora y sus límites, así como la aportación de la nueva clasificación para explicar el proceso de la diferenciación de ambos.
Ejemplos de caracteres sexuales secundarios según esta clasificación son los distintos deseos y sus atractivos. Es el caso de los sujetos homosexuales cuyos deseos se orientan hacia sujetos de su mismo sexo.


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12. Los caracteres terciarios


Los caracteres sexuales terciarios, por su parte, son tan variables y compa(r)tibles por ambos sexos que pueden ser indistintamente simultáneos de uno o de otro según gustos, deseos o valores. Con unos y otros de estos tres niveles los sexos se mueven en su continuo.
De esta forma, la antigua referencia a lo natural y a lo no natural ha dejado su sitio a la nueva referencia de los sexos, tal como éstos se estructuran a lo largo de su biografía. Lo que se trata de comprender, pues, no es tanto lo que es o no natural sino la dinámica de esos tres rasgos de exclusividad, preferencia y simultaneidad que constituyen en definitiva los materiales integradores de las diferenciaciones de uno y otro sexo con vistas a sus relaciones.
Aunque ésta parezca una cuestión sólo teórica, sus repercusiones son prácticas cuando, bajo otros motivos, se hable, por ejemplo, de la igualdad o diferencia entre uno y otro sexo. Ambos son iguales por ser sujetos y ambos son diferentes por ser sexuados.


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13. Aspectos y debates



El interés de esta noción triple de los caracteres sexuales, así como de sus aportaciones reside en su planteamiento horizontal, es decir relativo a la sexuación de uno y otro de los dos sexos en su reciprocidad. Y no vertical de uno sobre el otro.
Sin duda estas nociones contrastan con otras procedentes de otros campos de conocimiento desde los cuales se ha mantenido un esquema recurrente entre naturaleza y cultura, menos atentos al hecho sexual —a su continuo— y más preocupados por debates relativos a ciertos aspectos del sexo en orden a explicar otras cuestiones.
El interés principal de los sujetos no es tanto la cuestión de qué es de la naturaleza y qué es de la cultura cuanto qué explica la diferenciación entre uno y otro sexo en el desarrollo de sus biografías, lo que ofrece claves para el entendimiento y la convivencia entre ellos.
Si, junto a la aportación de los caracteres sexuales, tenemos en cuenta las otras nociones ya aludidas del continuo de los sexos y de la intersexualidad, se entenderá que la sexuación o diferenciación sexual de los sujetos no sigue tanto líneas rectas o separadas entre ellos sino curvas interactivas entre los elementos de los dos sexos en las que los caracteres sexuales se comparten en grados y niveles.
El excesivo peso del protagonismo de los genes y el poco aprecio de los memes —por expresarlo con el lenguaje de algunos científicos— ha hecho que se diera más importancia al debate de la naturaleza y de la cultura que a las dimensiones biográficas de los mismos sujetos a la hora de explicar su diferenciación por razón de sexo.
La expresión extendida de “la parte femenina de los hombres y la masculina de las mujeres” es una manera de formular este hecho cada vez más confirmado y que necesita más estudio y dedicación para su desarrollo.


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14. La vertebración biográfica



Otra noción importante en la misma dirección que la anterior —también ésta introducida por los sexólogos de la primera generación para no perder el hilo de la continuidad del sexo biográfico de los sujetos entre sus aspectos—, es la de historia sexual.
La biografía de todo sujeto humano está escalonada por una serie de etapas o fases. Existen, pues, muchas y muy diversas etapas a lo largo del ciclo vital en función de los aspectos que se consideren puesto que son muchos los elementos de este conjunto singular que es cada individuo o sujeto así como sus variaciones.
Uno de los criterios más conocidos es el de las edades cronológicas dentro de las cuales el sexo y su construcción ha solido pasar desapercibido, si bien no es cierto del todo puesto que se trata siempre de un sujeto masculino o femenino.


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15. El hilo de la sexuación



La poca consideración de esta perspectiva de la condición sexuada ha ocasionado que, con excesiva frecuencia, la atención se haya centrado en aspectos tales como la salud, el crecimiento general, la evolución del lenguaje, los conflictos psicológicos, etc.
La historia de los procesos de sexuación ha solido diluirse en estos otros aspectos, así como en el aún más global de la socialización. Y es este hilo conductor del que da cuenta la noción de historia sexual que nos ocupa, sin que los aspectos o anécdotas de muy diverso estilo nos hagan perder el argumento central que es situarse en el marco de los sexos.


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16. Una historia con trayectos



En tercer lugar, en lo que se refiere a la sexuación, nuestra cultura ha seguido más bien una dirección implícita e informal, no necesariamente oculta, con esta cadena de elementos y procesos que configuran la historia sexual.
La consideración de estos trayectos como puntos de una línea permite ver la propia historia sexual en una cadena eslabonada de secuencias y no ya como una serie de fenómenos aislados.
La época moderna, especialmente desde el siglo XIX, ha conocido un gran auge de literatura que ha formado, de por sí, un género propio: el de las autobiografías y diarios. O, dicho de otra forma, el de los espacios de la privacidad e intimidad de los sujetos en los que éstos plasman dichas trayectorias.
Frente a ciertos casos, sólo esporádicos antes, el sujeto moderno ha estado cada vez más preocupado por hacer su historia y consignarla: conceptualizarla y contar con ella. En estos diarios y autobiografías es donde mejor puede encontrarse el hilo conductor de la historia sexuada.
Las biografías de estos sujetos son a veces usadas por los medios de comunicación para mostrar “casos raros”. Pero sería importante ver que, más que de casos raros, se trata de particularidades que resultan extrañas por la falta de un esquema general de comprensión y la vigencia aún del criterio de lo normal y lo anormal que convierte a muchos de estos casos, por definición, en anormales. Estudiados de otra forma, vemos que no es así.
El gran peso de una tradición que ha dado excesivo protagonismo a las funciones genitales más que a las dimensiones del sexo ha ocasionado que todo sea interpretado o visto desde aquéllas más que desde éstas.
Si la presencia física de los genitales y sus efectos ha sido grande, ésta ha sido aún más agrandada a través de las llamadas interpretaciones simbólicas desde ellos. Freud ha sido, en parte, el mayor responsable de esta estrategia interpretativa genital.
El vuelco moderno planteado por los sexólogos y que ha consistido en dar más interés al sexo que a los genitales, ha abierto un horizonte mediante el cual el descubrimiento del otro sexo con sus modos, matices y peculiaridades, ofrece mayor riqueza que el aportado por los genitales. Al fin y al cabo éstos no son sino unos elementos más, entre otros, del sexo.
Desde ahí la invitación a la exploración del sexo resulta una invitación a la hondura desde la superficie, a la complejidad desde lo simple. Es el camino emprendido por esta etapa infantil, caracterizada por la curiosidad y los interrogantes. En definitiva, por el afán de saber y descubrir. Alguien dijo que los niños son interrogantes abiertos.
La historia sexual perteneciente a la biografía de todo sujeto puede ser vista como una narración en la que cada cual es el protagonista y que se construye —se escribe— por etapas, fases o capítulos.
Por otra parte, en toda biografía pueden producirse riesgos de cortes bruscos o de alteraciones por diversos problemas. Aquí hemos preferido subrayar la historia sexual general más que detenernos en esos problemas.
Lo más importante en una historia biográfica es que ésta siga hacia adelante. Y en muchas ocasiones, la misma descripción de los problemas hace perder el hilo conductor propio de toda etapa en la historia misma de los sujetos en cuya narrativa la cópula no pasa de ser —como Havelock Ellis escribió— “only an incident”: solamente un incidente que conviene no mitificar sino, al contrario, relativizar y situar en su conjunto.
Con excesiva frecuencia se habla más de los problemas sexuales que del sexo. O se habla de éste tomándolo como sus problemas. Es preciso insistir: los árboles de los problemas impiden ver el bosque de la historia sexual hasta convertirla, en ocasiones, en una historia clínica. Es importante no clinicalizar la vida convirtiendo la biografía general en caso clínico.
Incluso los aspectos bajo los cuales estos problemas son considerados no dejan ver el hilo conductor y narrativo de los sujetos mismos: de su historia que, en ocasiones, se quiebra o se malogra o cambia para luego seguir, siempre seguir.
Por un lado el descubrimiento del sexo —del otro sexuado— contiene grandes dosis de curiosidad e intriga. La ley general de la atracción de los sexos lleva a los sujetos a la experimentación empírica y vivencial.
Éste es el sello propio que suele expresarse diciendo que cada cual es él y sólo él, distinto e irrepetible. Y de ahí que las relaciones de los sexos tengan todas ese carácter de unicidad y distinción que se dirían destinadas a descubrir el universo por primera vez.
Por otro lado, la dimensión razonable de esos mismos sujetos aporta las mínimas dosis de mesura y prudencia capaces de relacionar cosas con cosas, fenómenos con fenómenos, sentimientos con pensamientos, etc. Y esto permite a cada cual contrastar sus propios descubrimientos en el marco general de los otros. En definitiva, no creer que se descubre el Mediterráneo cuando éste ya está descubierto y sin embargo descubrir algo nuevo de él.
En el orden científico se suele llamar experimento de ensayo/error al que se hace sin marco y sin contar con los ya realizados y lo que estos han dado como resultado. Y se suele llamar experimentos organizados y razonables a los que tienen en cuenta estos.
Unos y otros suelen dar sus propios resultados. También sus propios riesgos. Entre ambos se trata de elegir. La experiencia sexual como descubrimiento y encuentro de los sexos invita al experimento y éste puede ser de ensayo/error o teniendo en cuenta variables razonables.


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17. Idea de la sexualidad



Los principales diccionarios de las distintas lenguas definen la sexualidad como una cualidad. Así el Oxford English Dictionary: “La cualidad de ser sexuado o de tener sexo”. En la misma dirección se sitúa el Webster’s Encyclopedic Unabridged dictionary; y, pegado a éste, el Robert y el Larousse.
Aunque el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es más parco, todos coinciden en resaltar la capacidad o cualidad de vivir uno u otro sexo o de pertenecer a él.


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18. Por qué es una cualidad



Cuando decimos de alguien que es cordial estamos diciendo que ese sujeto participa del rasgo de la cordialidad, que tiene ese don. Cuando decimos de alguien que es sexual estamos predicando de él la sexualidad.
Esta idea de cualidad, rasgo, valor o dimensión es la que más se adecua a la definición de sexualidad. De ahí que podamos enunciar que la sexualidad es la dimensión que cada cual da al hecho de ser sexuado. (La cualidad propia de cada cual por razón de sexo). Todo sujeto en la condición humana es sexuado, pero cada cual elabora su propia sexualidad.


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19. Un modo de vivir



Si traducimos estas observaciones a la vida cotidiana de los sujetos observamos que, siguiendo el ritmo biográfico de su crecimiento, se sexuan sus sensaciones, sus percepciones, sus emociones y sentimientos. En definitiva, se sexuan todas sus vivencias: sus actos y actitudes, sus mores o costumbres, sus conductas y valores.
La sexualidad de un sujeto es central y propia de su historia personal. O, por decirlo haciendo referencia al mapa general, uno de los modos: el masculino o femenino a través de los cuales se sitúa en la existencia.
Algunos filósofos y pensadores, como Sartre o Simone de Beauvoir, han descrito especialmente esta dimensión humana de forma muy importante.
Tratando de resumir esta serie de fenómenos, Merleau-Ponty escribió: “La sexualidad impregna nuestra existencia, la sexualidad es todo nuestro ser”. O también “Hay dos maneras de situarse en la existencia —en la relación con el mundo y con los otros—: una es la masculina y otra, la femenina”.
Por su parte, el filósofo orteguiano J. Marías la ha descrito como “la dimensión más fundamental de la vida empírica: la de ser hombre o mujer”. Puede leerse de este último su obra La educación sentimental, (Edit. Alianza, 1998).


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20. Sexualidad y sensualidad



Debido al peso de los genitalia sobre el sexo se ha confundido esta cualidad que es la sexualidad con una serie de conductas a las que se les ha llamado sexuales de una forma impropia. Es el caso de la confusión de sexualidad con instinto de reproducción o con lujuria.
El término sexualidad, como el de sexo o sexual, han sufrido deformaciones y equívocos que pueden ser comprensibles, pero no por eso justificables cuando son analizados desde la lógica del hecho de los sexos. Así se han confundido y solapado dos conceptos parecidos pero distintos: sexualidad y sensualidad.


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21. Sexualidad y cópula



Otros equívocos son aún de más envergadura y densidad. Tal es el caso de la equiparación de la sexualidad con la función generativa o genésica, o sea, genital.
Este equívoco que es también explicable en términos históricos y semánticos, ha sido ocasionado por la asociación de una parte con el todo y su consiguiente reducción del todo de la cualidad a la parte de una de las funciones de algunos órganos.
De esa forma, se habla todavía hoy de sexo como sinónimo de sexualidad y de ésta, a su vez, como sinónimo de actividades exclusivamente relacionadas con los órganos de la generación. Así se suele decir relación sexual cuando se trata de genital, o sea, la cópula.


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22. Sexualidad y libido



Uno de los factores que más han influido para confundir la sexualidad con la sensualidad y el placer de la conducta copulatoria ha sido la expansión de la noción freudiana de libido como postulado interpretativo general de “lo sexual”.
El otro factor, similar al anterior, ha sido la progresiva implantación del término sexual por el de libidinal hasta el punto de ser no sólo confundidos sino equiparados.
La sexualidad, pues, ocupada por ese contenido, se ha poblado de sus complejos, en especial el de culpabilidad y morbosidad. Como la alargada sombra del ciprés, la sombra de la libido ha cubierto de mitología un concepto que, si bien está en relación con él, necesita ser aclarado y explicado por sí mismo.
Es importante aclarar estos equívocos si se quiere tener una idea elemental de lo que es esta cualidad. La poca atención prestada a los contenidos y conceptos, así como la abundancia de un lenguaje descuidado han alimentado esta serie de equívocos y sus correspondientes confusiones.
Estas aclaraciones podrían resultar de muy poco interés cuando se trata de algunos aspectos generales, pero resultan imprescindibles cuando se trata de problemas que se crean y que para su solución requieren, en ocasiones, el desenredo de muchas “pequeñas confusiones”.
Muchos grandes problemas no son sino el resultado de estos pequeños equívocos que, sumados, terminan por dar un resultado nada banal en la idea de sexualidad.


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23. Primer grupo



Si afirmamos que la sexualidad es una cualidad, estamos planteando que ésta requiere ser conocida y cuidada si no se quiere que se deteriore y se diluya. En definitiva, que desaparezca como tal concepto y cualidad.
Podemos constatar cómo tanto el uso de su término como su correspondiente concepto ha servido para albergar contenidos con los que no ha tenido o no tiene nada que ver.
Es el caso de quienes entienden por sexualidad una especie de instinto o necesidad, llamada en ocasiones urgente e irresistible que necesita “descargar” y satisfacerse como sea.
2. Segundo grupo
En otras ocasiones es nombrado como “lo meramente animal”, “lo físico”, “la animalidad”, “lo meramente biológico u orgánico”, “el mero sexo”, “el sexo, solo sexo”, “la mera sexualidad”.
Esta facilidad con la que el concepto de sexualidad ha sido vaciado de su contenido e identificada moralmente con lo bajo ha sido, a su vez, aprovechado para introducir otros valores morales relativos a lo alto. Tal es el caso de lo espiritual, lo mental o psicológico.
Las modas de hablar de “lo psico-sexual” o de “los aspectos psicológicos de la sexualidad”, así como de “lo afectivo-sexual” han tratado de aprovechar esa escisión o dualismo creador de problemas que luego es preciso resolver.


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24. Tercer grupo



Otros indicadores de esta escasez de atención proceden de la asociación de este concepto con con expresiones tales como lujuria o depravación, vicio u otras más directas como “apetitos desordenados”, “concupiscencia de la carne”, “deseos libidinosos o intenciones lascivas”.
Con todos los respetos hacia las morales que han generado estas expresiones, es importante indicar que el contenido de la sexualidad, diseñada en la Época Moderna, tiene muy poco que ver con tales términos o nociones.
Es importante una mínima dosis de coherencia lógica y científica si se quiere entender y cuidar esta cualidad humana que, por otra parte, interesa a todos y es patrimonio de todos puesto que concierne a todos los seres humanos como tal cualidad.


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25. Cuarto grupo



Afirmar que la sexualidad es un descubrimiento de la Época Moderna quiere decir exactamente que es un producto que data de los siglos XVIII y XIX y no de antes. Los términos y conceptos anteriores han dado cuenta de distintas funciones, pero no de estas dimensiones netamente nuevas.
Resulta por ello muy sorprendente la facilidad con la que, en ocasiones, se habla o escribe de sexualidad para referirse a épocas anteriores, lo cual, aparte de ser un error de perspectiva histórica contribuye a la mezcla de conceptualizaciones difusas sobre la misma sexualidad y sus aportaciones.


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26. Quinto grupo



Sin pretender ser exhaustivos sería también importante no olvidar otros indicadores como es el caso de la anárquica inclusión, por no decir inundación, de la zoología y la etología en una propiedad que es exclusiva de la condición humana.
Ni el apareamiento, ni la monta ni otra serie de conductas reproductoras de las diversas especies de la naturaleza definen la sexualidad humana. Este ir y venir de términos y contenidos del mundo animal al humano ha servido para vivir de uno sin desarrollar el otro. Lo cual puede ser muy útil para el conocimiento de una serie de especies pero insuficiente, y desde luego inapropiado, para el de la sexualidad humana.


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27. Sexto grupo



La rapidez con la que, a veces, desde esquemas morales relativos al bien o al mal, lo sublime y lo grosero, la altura y la bajeza, etc. —en definitiva, la virtud y el vicio— se nombra un grupo de estos contenidos como amor y otro como sexo o sexualidad, no conduce sino a situar la sexualidad en un sitio que no es el suyo.
Conviene, pues, insistir. Si se quiere comprender y tener una idea de la sexualidad es importante una mínima atención a estos indicadores que apuntan en una dirección bien distinta a la estima y aprecio que requiere esta cualidad humana.
Es cierto que la sexualidad se ha puesto de moda. Pero también es cierto que su estudio y consideración invita a profundizar en unas dimensiones nuevas. Estas dimensiones, más allá de la morbosidad o del vicio, conciernen a cuestiones de la construcción misma de los sujetos como sujetos que son —y no pueden no ser— de uno u otro sexo.
La sexualidad es término y concepto nuevo. La dejadez ha hecho que muchas ideas antiguas hayan ocupado una serie de inquietudes y aportaciones nuevas a las que responde la sexualidad.
De esta forma no sólo nos privamos de sus aportaciones sino que la misma sexualidad es reducida a planteamientos viejos. Conocer, pues, su significado nos introduce de lleno en las dimensiones que ésta puede aportar.


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28. Un hito histórico



En un sentido histórico el término sexualidad no aparece hasta 1830. Y su motivo fue dar cuenta, como tal neologismo, de un fenómeno nuevo y propio de la Época Moderna que es el descubrimiento del hecho de los sexos y la toma de conciencia de sus consecuencias en las relaciones entre ellos.
Es importante esta aclaración tanto relativa al término mismo como a su contenido porque la sexualidad ni ha sido conceptualizada antes de esa fecha ni se planteó la necesidad de hacerlo con ese neologismo dado que todo lo pensado antes fue expresado con otros términos.


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29. De nuevo, el debate de los sexos



Como ya se ha comentado, lo sucedido como hecho histórico a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX fue lo que es conocido como el gran debate de la cuestión sexual. Es el planteamiento de las relaciones de los hombres y mujeres como no había sido nunca antes planteado: en términos de igualdad en todos los órdenes y a todos los niveles.
Fue éste el comienzo de un movimiento imparable desde entonces que puede ser denominado de muy diversas maneras. En ocasiones ha sido llamado feminismo, en otras reivindicación de la igualdad de ambos sexos.
El interés de estos aspectos no debe hacer olvidar, sin embargo, que el núcleo central es el concepto de sexualidad y su valor explicativo con relación a la idea que nos hacemos de hombres y mujeres.


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30. De nuevo, la igualdad y la diferenciación



Es este gran debate el que funda e inaugura tanto el concepto moderno de sexo como su derivado, el de sexualidad. El de sexo por tratarse de uno y otro sexo, y de ambos por igual. Y el de la sexualidad porque de ese debate y de la búsqueda de una explicación coherente y razonable de entendimiento de los sexos —diferenciados y, no obstante, iguales— surge lo propio de cada uno y, siendo iguales, se mantienen no obstante diferenciados, es decir, distintos.
Este ha sido el paso explicativo de un planteamiento que era de machos y hembras naturales y que, por la vía de un planteamiento razonable, dejó su primer puesto a la consideración de verse como hombres y mujeres. A pesar de los obstáculos y dificultades, este planteamiento ha seguido hacia adelante.
El hecho de no haber tomado la sexualidad como corresponde a su término y concepto y, por el contrario, haber sido ocupada por contenidos que no son suyos, sino de otros conceptos, ha convertido a ésta en un lugar de malentendidos en donde se han dado cita los más variados y variopintos significados.
Esta es, pues, la tarea de construcción y dignificación de la sexualidad como tal cualidad propia de la condición humana y de sus sujetos sexuados por el hecho de ser tales y sobre la cual se elabora su valor de ser hombres y mujeres.


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31. El concepto mismo de sexualidad



Si el concepto de sexuación ayuda a comprender cómo se sexuan los sujetos con sus modos, matices y peculiaridades y cómo éstos organizan los elementos sueltos en su propio proyecto biográfico, el concepto de sexualidad, por su parte, da cuenta de cómo los sujetos se viven a sí mismos y a los otros que, a su vez, son también sexuados.
La sexualidad es, pues, el resultado de esta elaboración. Y, por lo tanto, los sujetos se hacen su propia imagen o concepto, sus propias sensaciones, emociones y sentimientos, transidos por esta cualidad.
Precisar estos detalles, ayuda a comprender el concepto de sexualidad y aquello que ofrece su concepto, antes de ir a otros términos o conceptos, en ocasiones parecidos, pero que no son iguales.


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32. El vocablo sexy



Una forma de expresar este concepto es la que se ha extendido con el término sexy en su doble versión de ser o estar atractivo por razón de sexo.
Aunque, con mucha frecuencia, ha sido frivolizada y su uso ha sido reservado para situaciones ocasionales, tales como el atuendo o la compostura del cuerpo, la pose, el look, etc., es sin duda una forma común de expresar esa dimensión sexuada de la que aquí estamos tratando.
Sexy quiere decir sexuadamente, es decir, de forma sexuada, si bien el sentido de este adverbio ha sido arrastrado por sexualmente y llevado en una dirección más genital.


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33. Masculinos y femeninos



Como se recordará, hay elementos o factores de sexuación y hay o se dan, sobre todo, conjuntos que ofrecen los perfiles globales de uno u otro sexo
Tanto el masculino como el femenino —o su respectivos conceptos de masculinidad y feminidad— pueden ser vistos como dos grandes conjuntos compuestos por muchos elementos cuya cohesión es dada por el mismo sujeto que se siente masculino o femenino, sin, por ello excluir aspectos que se sitúan en el conjunto del otro.
De nuevo es importante recurrir al criterio propio y biográfico del hecho de los sexos y no a los dictámenes de las modas o las ideologías que, en un momento dado, tratan de imponer otros sentidos.


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34. Identidades y roles



De ahí se desprende que uno de los más importantes temas de interés actual sea el de la propia identidad sexual de los sujetos. La identidad sexual no debe ser confundida con los roles o papeles cambiantes según unos u otros criterios movidos por las modas.
Estar a gusto con su propio sexo, con la propia identidad sexual, quiere decir vivir a gusto la propia sexualidad. Los roles o papeles no son sino añadidos y, por tanto, secundarios, y conviene no confundirlos con la identidad.
Tampoco conviene confundir las identidades con sus papeles o roles. La noción de función, de nuevo, puede ayudar a comprender estos como la de dimensión puede servir para comprender mejor aquéllas.


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35. La pregunta por las identidades


En el marco de la cuestión de los sexos la pregunta Qué es una mujer se ha convertido en una cuestión crucial. Ha sido ella, la mujer, la que primero buscó, por necesidad de su existencia, responder a esa pregunta. La otra, Qué es un hombre, es consecuencia de aquélla. Ambas son hoy dos caras de una misma moneda. En definitiva, de esa cualidad que llamamos sexualidad.
Más allá, pues, de los roles o papeles fluctuantes —es decir, de las funciones de la naturaleza o de las modas de la sociedad— , la pregunta sobre qué es un hombre y una mujer es relativa a sus propias identidades.
Se trata de saber qué son y qué pueden ser. Qué están llamados a ser. O, si se prefiere, qué y cómo desean ser. Estas preguntas son ya muy distintas a las planteadas en el marco de la especie humana y de las Ciencias Naturales. Son las propias, decíamos, de la condición humana. Son, decíamos también, las planteadas por las Ciencias Humanas y Sociales.


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36. En términos modernos.



La pregunta antigua, es decir, la que partía de las funciones genitales era qué es un macho y qué es una hembra. Incluso, aplicada a los humanos, se ha prolongado con el añadido de ser machos y hembras de la especie humana.
La pregunta formulada en la Época Moderna, tras el planteamiento del gran debate de la cuestión sexual , o sea, desde ambos sexos, no es ya qué es ser macho o hembra —ni siquiera qué es un macho humano o una hembra humana— sino qué es un hombre, qué es una mujer; qué define a uno y otro.
Del mismo modo que el modelo antiguo ofreció la respuesta antigua centrada en los genitales y la reproducción, el modelo moderno ha ofrecido la suya centrada en el hecho de los sexos y su lógica: la relación.


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37. ¿Personas?



Para responder a estas preguntas nuevas con planteamientos antiguos algunas corrientes de pensamiento han usado el concepto de persona y han afirmado que todos, hombres y mujeres, somos personas con independencia del sexo y, por lo tanto, de la sexualidad.
De esa forma, resuelta la cuestión de la igualdad, queda fuera su mayor riqueza que es la otra cara de la moneda y, por lo tanto inseparable de ésta: la diferenciación por razón de sexo.
Lo que el concepto moderno de sexualidad ha innovado ha sido la inclusión de los genitales en la sexualidad general de los sujetos. El debate se ha centrado, pues, en la vivencia de la sexualidad y no ya en el uso de los genitales.


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38. El concepto



La sexualidad es concepto sobre el cual giran las identidades de uno y otro sexo. Vivir esta cualidad ofrece a los sujetos el sentimiento de la relación. Es una cualidad de reciprocidad.
Se es hombre o mujer por razón de sexo. Sentirse y vivirse como tal hombre o tal mujer pasa por valorar esta cualidad que es la sexualidad.
De ahí el interés de considerar con esmero a esta cualidad que consiste en la dimensión que cada cual da a su sexo. Todos somos sexuados, decíamos. Pero cada cual vive su sexualidad.
Profundizar en el contenido de la sexualidad ayuda a comprenderse como mujer y hombre. O, si se prefiere, como hombre y mujer.


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39. El gran cambio



Este gran cambio supone la necesidad de construir y dotarse de contenido nuevo como hombres y mujeres para poder entenderse y convivir en igualdad de condiciones y, no obstante, en sus cualidades diferenciadas.
Las imposiciones del modelo antiguo han sido rechazadas por una sensibilidad cada vez más exigente con sus planteamientos razonables. Los riesgos de invertir el antiguo modelo en el mismo a la inversa se plantean como irracionales. La búsqueda de un equilibrio no es fácil y sin embargo ése es el reto y el proyecto: ser más con el otro lo que cada cual puede ser o está llamado a ser.
Por eso este proyecto moderno no puede ser obra de cada sexo por su lado. Menos aún, de uno contra el otro. Es un proyecto, por definición, sexuado. Y por ello en relación.


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40. El otro más otro de todos los otros



Al mismo tiempo que el más cercano y parecido en la condición humana el otro sexuado es el otro más otro de todos los otros seres existentes: cercano y parecido por su condición humana, distinto y lejano por su dimensión sexuada, por razón de sexo.
Algunos rasgos diferenciales, tales como la inteligencia, el carácter o las habilidades y capacidades no son sino objetos de comparación, en ocasiones odiosas, para afirmar quién es más o quién es menos.
Cuando se trata de afirmar el distintivo más propio se entra en esta dimensión de la alteridad sexuada que define a los sujetos en función de esa cualidad más propia que los sitúa en la relación más privilegiada: su sexualidad.
En 1884 unos cuantos jóvenes inquietos e innovadores —dissenters— crearon en Londres el Man and Women Club para buscar y debatir cuestiones relativas a las “nuevas mujeres” y los “nuevos hombres”, y sus “nuevas formas de entenderse”. Fue un seminario o laboratorio de ideas y vivencias.
Entre otros, allí estaban debatiendo alternativas nuevas, Elianor Marx, la hija del padre del marxismo, autora de The Woman Questión y su novio Eduard Alison. El joven estudiante Havelock Ellis y la que por esos años fue su gran amiga y casi novia Oliva Schreider, autora de An African Farm y que años más tarde iba a publicar Women and Work, una de las obras señeras de la “nueva condición de las mujeres” en los primeros años del siglo XX.
El coordinador era Karl Pearson, un joven profesor del University College de Londres, autor de Socialisme and Sex; también más conocido luego por sus contribuciones a la anticoncepción.
De los debates y búsquedas mantenidas durante estos años se alimentó la idea central de los nuevos hombres y mujeres que iba a desarrollar Ellis en sus Sex Studies. El volumen introductorio, aparecido en 1894, llevó por título Man and Women, es decir, la misma cabecera del Club.


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41. La teoría clásica



Hace ya mucho tiempo, en la Época Clásica de nuestra civilización occidental (siglo IV a. de C.), Platón planteó los pilares de lo que se conoce hoy como teoría erótica para explicar cómo y, sobre todo, por qué los seres humanos se atraen entre sí y qué buscan unos en otros.
El filósofo griego partió del hecho de que, entre las formas de relación que se producen, ninguna es tan atractiva y profunda como la de los sexos y ninguna es tan buscada y deseada. De ahí su insistencia en buscar una explicación distinta a la del mundo de la naturaleza, tan centrada en la reproducción.


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42. Otras teorías



Las teorías de la naturaleza que trataron de explicar este fenómeno recurriendo a la reproducción de las especies. Y, dentro de ellas, situaron el de la especie o naturaleza humana. De ahí las denominaciones de los hombres y mujeres como machos y hembras de la especie humana.
Pero Platón --y, tras él los clásicos griegos y latinos-- trató de dar un paso más. Se trataba no ya de tener en cuenta no ya a los machos y las hembras sino a los hombres y mujeres que, si bien tienen sus bases en la naturaleza, ofrecen un salto cualitativo que les hace no depender de lo que fue llamado instinto reproductor de la especie sino de una realidad más elaborada y propia que es el deseo de relación entre ellos.


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43. Sexus y Eros



Para formular su teoría, Platón utilizó un personaje mitológico o dios conocido como Eros que era el que hacía las funciones de mediador o embajador encargado de estos sentimientos conocidos, por ello, como eróticos.
Es decir, esos sentimientos que llevan a unos seres humanos hacia otros por estar seccionados o separados. De ahí viene, como ya quedó anotado, la etimología del término sexus, vecina a la de sección, sexuado, distinto, de distinta sección, de distinto sexo, seccionados y, por lo tanto, incompletos. De ahí también su aspiración a completarse a través de la unión de esas partes o secciones separadas en una unidad común.
Sexus y Eros son , pues, dos conceptos distintos y, por ello, conviene diferenciarlos. Cada uno ofrece lo suyo en particular. Si es cierto que ambos se complementan, uno no es sinónimo de otro. Hoy, con la distancia de siglos, seguimos usando esas matrices grecolatinas aunque cargadas de unos contenidos más densos y complejos. El tiempo no ha pasado en balde. Pero la idea sigue.


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44. El símil de "la media naranja"



Desde la cultura helénica se hizo de uso común la expresión "buscar su media naranja", su otra mitad que ha quedado como simil para expresar esa búsqueda de aquello de lo cual se necesita que es lo que tiene el otro.
Un paso más: por encima de lo que el otro tiene y de lo que uno carece está el mismo otro como tal otro distinto de uno mismo. Esta exigencia universal y común revela hasta qué punto los sexos forman parte constitutiva de la condición humana.
El otro más otro de todos los otros --y al mismo tiempo más cercano-- es el otro del otro sexo. Recuérdese, de nuevo, a Aristófanes.


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45. La figura de Cupido



También de entonces procede ese célebre diosecillo alado que es Eros y que lanza flechas entre unos y otros para unir con ellas corazones separados.
La misión de Eros es unir a los que se atraen. En la mitología Eros era hijo de Poros (la abundancia) y de Penia (la penuria o escasez) que, unidos dieron como fruto ese fenómeno que en términos actuales, como entonces, solemos llamar deseo.
"Las flechas de Cupido" es la expresión latina de ese Eros griego. Es, pues, nuestra base cultural greco-latina. De ahí también "el flechazo", expresión de uso para indicar la atracción y el enamoramiento. Las flechas de Eros o de Cupido son las flechas del amor. Es el flechazo, el coup de foudre, el faill in love.


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46. Las fiestas y los usos



En todas las culturas y civilizaciones, en todas las épocas se han celebrado ritos y fiestas en honor a este fenómeno. En la cultura occidental la fiesta de San Valentín es en la actualidad la fiesta de los enamorados.
Los niños siempre juegan a cosas de mayores y juegan también a estar enamorados. Son juegos a través de los cuales entran en la sociedad de los adultos. Los juegos de novios o de enamorados son universales aunque varían en sus detalles.
La fiesta de los enamorados, tal como ahora es llamada, era la fiesta de los amantes. Ser amantes era y sigue siendo la denominación de los que se aman. Y sería importante no perderla por ser un patrimonio de la máxima importancia.
En la Época Clásica, tanto griega como romana, se celebraban fiestas, generalmente en honor a los dioses protectores de estas situaciones. Desde la instauración del cristianismo estas fiestas fueron excluidas y sustituidas por otras más acordes con otras creencias y patrocinadores. Los dioses han sido sustituidos por santos.
San Valentín ha ocupado el sitio de Eros o de Venus. O el de Cupido. Son ritos o celebraciones de ese fenómeno universal pero cada cultura pone unas tradiciones. En la actualidad muchos son conscientes del carácter comercial de estas festividades. Los modestos regalos, ricos por su carácter simbólico, se han convertido en un signo de consumo. En todo caso, es un motivo para celebrar y mantener vivo ese hecho.


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47. Eros y amor



De esta forma se nombró a Eros en la cuna de nuestra civilización griega que luego en la lengua latina se iba a llamar Cupido y más adelante Amor que es como se generalizó en las lenguas romances de la tradición entre las cuales está el idioma castellano o español.
El término amor indica una noción genérica y designa una gran variedad de sensaciones, emociones y sentimientos. El término y concepto de Eros es más preciso y designa ese sentimiento concreto de atracción entre los sexos y no otro. El término actual es deseo erótico.
Por muchas razones, entre ellas el pudor, la terminología del Amor se ha extendido más que la de Eros. Pero, al ser más genérica y menos específica, da menos información sobre esta clase concreta de sentimientos propios de los sexos.


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48. Eros y cultura de la christianitas



Por otro lado, la cultura de la christianitas y, sobre todo, su moral, cristianizó la noción de amor y la situó en las alturas del espíritu y designó, por oposición al espíritu, apetito de la carne y concupiscencia a cuanto no coincidía con ese concepto.
De esa forma, el Eros y su universo --el erotismo-- quedó incluido dentro de lo bajo y lo carnal, lo lascivo y lo vicioso: en la lujuria. En ese contexto se expandió el gran dualismo que consistió en atribuir lo bueno y virtuoso al amor espiritual; lo malo, grosero y pecaminoso a la concupiscencia de la carne pecadora. Éste ha sido durante muchos siglos el planteamiento moral de la virtud y el vicio.
Andando el tiempo, y siempre con la cultura de la christianitas como telón de fondo, se ha extendido ese gran dualismo con otros términos más acomodados como son el amor y el sexo. Desde ellos la gente trata de situar y separar, como hace muchos siglos, lo que es propio de uno y lo que, a su vez, es del otro.



49. Eros y pasión en el medievo

50. Eros en el Romanticismo



Con el Barroco, pero, sobre todo, con el Romanticismo otras muchas historias se sumarán a ellas quedando lo principal: ese gran mito del Amor y las trasformaciones de Eros. La que más ha perdurado ha sido la misma expresión romántica de Eros, si bien más nombrada y conocida como amor.
Eros, por su parte, ha quedado reducido al ámbito de los estudios ocupados por los conceptos. La gran divulgación recurre ya casi en exclusiva al amor. Pero será muy difícil --si no imposible-- entender qué es el amor sin el Eros, la materia de la que, en definitiva, está hecho. Es decir, su contenido.
La poesía lírica desde sus comienzos es un intento de expresar esas sensaciones y afectos que se sienten a través de los versos.
Las canciones de hace mucho tiempo, lo mismo que las actuales, tratan de expresar los sentimientos y, de un modo especial, los de atracción, que solemos llamar amor.
Hacer un repaso por las canciones actuales es hacer un recorrido por las variadas formas de esos sentimientos expresados con música y poesía.


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51. La vida sentimental



Eros, bajo esos nombres tan variados por las distintas transformaciones --y de un modo especial bajo el de amor-- constituye la base en torno a la cual se ha canalizado en nuestra historia lo que ha sido llamado vida sentimental como resumen de esos materiales de los que ésta se compone como son las sensaciones, deseos, emociones y sentimientos.
Las historias de amor que ofrecen las grande obras maestras de la Literatura y las canciones modernas son el principal arsenal que reagrupa una gran cantidad de versiones y exposiciones de esos sentimientos eróticos tal como ha sido observado y expresado por los pensadores, escritores, poetas, artistas y cantantes.


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espero que les haya gustado mi explicación.

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