Florencia Maggi quiere chirlos en la cola
Florencia Maggi tiene algo en común con vos: a ella también le gustan esas terribles tetas. “Amo mis tetas, me la paso mirándolas en el espejo” dice la bailarina de cumbia y vedette de la televisión chilena, “me gusta mimarlas y hablarles, estoy segura que ellas entienden.” La rubia bailantera tiene unos patys impresionantes y un orto espectacular, pero dice que no son lo mejor que tiene. “Lo que más me elogian en la cama no es la cola ni las tetas, sino la forma en que hago el amor” dice con orgullo profesional, “todos quedan conformes porque soy muy pasional y en el sexo soy muy abierta.”

Florencia Maggi no solamente tiene un culo que es un camión, sino que además sabe manejarlo, como cualquiera de los que la vieron bailando cumbia en Pasión de Sábado puede atestiguar. Con ese estudiado bamboleo de ojete la rubia comanda un ejército de garompas que la siguen hipnotizada, justo como siempre quiso. “Desde chiquita ya soñaba con ser admirada como una reina” recuerda la bailantera, “caminar con la cabeza en alto y que a mi paso los hombres me miren llenos de deseo.” Pero a diferencia de esas reinas altaneras que tratan con desdén a sus súbditos, Flor Maggi está al servicio del pueblo. “Es que me gusta darle el gusto a los hombres en la cama” explica con una sonrisa, “en el sexo soy muy abierta.” Cómo está de abierta preguntás? A full, pedí lo que quieras que la rubia entrega. “Es que para mí en la cama no hay límites” dice Flor, “con el sexo valen todos los juegos que quieras.” La rubia se declara totalmente abierta a todo tipo de propuestas. “Yo disfruto mucho provocando y seduciendo” dice con una vocesita de nena que contrasta con ese lomo infernal, “ya te dije que quiero dar el gusto a los hombres, la cama tiene que ser una fiesta.” Y a diferencia de otras improvisadas, Flor Maggi es una profesional de la fiesta. “Yo fui maestra jardinera y animadora de fiestas infantiles” dice la rubia, que luego hizo la transición a la bailanta y las fiestitas adultas. “Me encanta cuando me piden cosas raras en la cama” dice Florencia, “quiero probar cosas nuevas, pero los hombres están como muy mansitos.” La bailarina de sábado sospecha que algunos pibes se intimidan cuando la tienen en la cama. “Lo que más me elogian no es la cola ni las tetas” dice la rubia perpleja, “me elogian la manera de ser y como hago el amor.” Pero demasiada galantería deja fría a la rubia, que quiere que le den para que tenga y guarde. “Me gusta que me dominen en la cama” confiesa Maggi, “por eso me gusta portarme mal a propósito para que se enojen y me den unos buenos chirlos en la cola.” Pero chirlos no es único que quiere que le den por la cola. “Mi cola no es virgen” aclara con voz vergonzosa, “ya te dije que me gusta complacer a los hombres.”

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Florencia Maggi se pone en cuatro sobre la cama y te mira dispuesta a cumplir todos tus deseos con ese papo jugoso que se adivina a través de la bombacha. “Me encanta darle el gusto a los hombres en la cama” dice la bailarina de cumbia, “en el sexo soy muy abierta, para mí no hay límites.” Y tampoco hay fronteras para la putez de la rubia, que viene laburando fuerte en Chile desde que ganó el casting sábana de Roberto Dueñas para la revista Che Copete. “Hice una prueba y quedé como la musa de Roberto”, dice la rubia, “quiero hacerme un nombre en Chile pero sin escándalos haciendo lo que sé hacer.”
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El papo de Florencia Maggi flashea sonrisa vertical a través del velo azul como anticipando la llegada de visitas. Adelante!
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Quiere
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Florencia Maggi quiere chirlos en la cola


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