Buenas! Hace mucho que escribí mi primer y hasta ahora único relato. Tengo varios más de historias pasadas pero hasta ahora no me animé a subirlos. Hoy me dieron ganas de compartir este que es actual. De nuevo la advertencia de rigor: si no les gusta leer mucho es simple, no lean. El relato no es corto y no va a los bifes de entrada. Igualmente lo voy a subir en partes, así que acá va la primera.

Hace unas tres semanas, a mediados de febrero, me desperté en casa un sábado al medio día solo y caliente como una pava, con unas ganas tremendas de una buena cama. Ninguno de mis amigarches habituales contestaba. Cuando uno está soltero a veces pintan épocas de sequía, y así venía la mano. Así que me conecté a esas páginas que todos conocemos y después de un rato del boludeo de rigor, empecé a chatear con un vago (Roberto, ponele). Ya nos habíamos contactado antes pero no habíamos llegado a intercambiar fotos ni a vernos por cam, mucho menos a pasarnos celulares. Esta vez se ve que estábamos los dos prendidos fuego y, al darnos cuenta que vivimos a cinco cuadras uno del otro, avanzamos.

De entrada me aclaró que es sólo activo. Le dije que no tenía problemas, que soy versátil pero como pasivo disfruto muchísimo, tengo un buen orto bien bancador y puedo pasar horas mamando una buena verga y unos lindos huevos. Eso lo puso a mil. Me pasó unas cuantas fotos y yo hice lo mismo. Sus fotos me pusieron como loco. Un morocho hermoso de cara, 39 años, alto, grandote, bien morrudo pero no gordo, con unas gambas impresionantes, una verga hermosa y proporcionada a su cuerpo (o sea, enorme, gruesa y cabezona) y unos huevos que ahí nomás me dieron ganas de comérselos. A él le encantaron mis fotos y me empezó a decir que me comería el orto y me metería lengua en el ojete mientras le chupaba la pija, y que me pegaría una culeada que jamás iba a olvidar. La charla siguió un rato por esos caminos pero la cortamos así nos reservábamos para el cara a cara que decidimos concretar.

Estábamos los dos con lugar pero decidimos que él viniera a mi casa porque más tarde tenía que ir a hacer unas compras por este lado del barrio. Le dije que me iba a duchar, que me diera media hora y yo le avisaba cuando estaba listo. Me contestó “Tomate todo el tiempo que necesites para dejar ese orto bien limpito porque mirá que me gusta ir bien profundo con la lengua”. Qué hijo de puta, no me pudo haber dicho eso. No aguantaba más las ganas de tenerlo conmigo. Antes de despedirnos y cerrar el chat me dice “Ah, una última pregunta. Te gusta usar suspensores o alguna tanguita? Tenés?” La verdad es que nunca tuve ese morbo y jamás se me había ocurrido comprar ese tipo de ropa interior, así que le dije que no. Insistió “Pero probaste y no te gustó o nunca probaste?” “Nunca probé” le contesté. Y le dije “lo más parecido que tengo son las sungas que uso en la playa o en la pileta”. Finalmente me dijo “bueno, por hoy vamos a probar con eso, bañate y en vez de bóxer ponete una sunga”.

Me duché, me puse la sunga, me vestí y le avisé que estaba listo. Me preguntó si tenía forros y lubricante, le dije que sí. A los diez minutos sonó el timbre. Bajé a abrirle. Al verlo descubrí que lo que había visto en las fotos y en cam era en vivo más lindo aún. Muy alto y bien grandote. Así me gustan los machos para ser sólo pasivo. Se me estaba haciendo agua la boca al ver el paquete que traían esas bermudas.

Subimos hablando de cualquier boludez y una vez que cerré la puerta de casa me abrazó bien fuerte y me encajó un hermoso beso que empezó con los labios y siguió con las lenguas. Unos labios hermosos, súper carnosos. Y una lengua bien grande y húmeda que empecé a succionar como si se tratara de una pija. Mientras nos comíamos la boca y franeleábamos como locos, no aguanté más y bajé mi mano hasta su bulto. Le agarré la verga por encima de las bermudas y comprobé que estaba bien dura, parada y que su tamaño era muy considerable. La verdad un poco me asusté, pensé “este me va a dejar el orto en pedazos”. Él también bajó sus manos por mi espalda, las metió debajo de mis shorts y empezó a manosearme el orto como loco por encima de la sunga. Después de manosearme un rato agarró desde arriba los bordes de la sunga que rodean el orto, uno con cada mano, y los empezó a subir haciendo que la tela se me metiera en el ojete. No les puedo explicar cómo me calentó. Empecé a gemir y él me subía la sunga cada vez más. En eso metí mi mano por debajo de sus bermudas para agarrarle la verga y pajearlo por arriba del bóxer. Después de un ratito metí la mano debajo del bóxer y se la agarré. Qué hermosa verga! Se puso más loquito, me agarró la cabeza con las dos manos, me encajó un chupón y me obligó a arrodillarme. Le empecé a morder suave el tronco de la verga por arriba del bóxer, desde la base hacia la cabeza. Cuando llegué a la cabeza le bajé un poquito el bóxer con los dientes y le empecé a besar la chota, ahora sí en directo. Primero me quedé dándole besos y lengüetazos a esa cabeza hermosa por un rato, hasta que me la metí en la boca y empecé a tragarme de a poco ese cacho de carne. Roberto gemía como loco y me decía “sí putito tragátela toda”. Fui de a poco y después de la mitad me costó, porque realmente la tiene muy grande. Pero lo logré, me la tragué toda y cuando llegué a la base me quedé ahí un rato haciendo movimientos con la lengua y con la garganta que lo ponían loco. Empecé a tener arcadas así que fui saliendo de poco, pero haciendo sopapa con los labios, eso le encantó. Me paré, nos besamos un rato largo y lo llevé para mi cuarto.

En el cuarto terminamos de sacarnos la ropa, pero me dijo que no me sacara la sunga. Él se tiró boca arriba en la cama y yo me tiré encima de él. Seguimos besándonos hasta que me hizo bajar. Me quedé un rato chupándole y mordiéndole un pezón, y después el otro. Eso le encantó, me pedía que siguiera y que lo mordiera más fuerte. Mientras le chupaba un pezón con la mano le apretaba el otro. Después de un rato seguí bajando hasta llegar a la cabeza de la verga. Le di unos lengüetazos pero no me la metí en la boca, seguí bajando por el tronco hasta los huevos, se los lamí y me metí uno en la boca, después el otro y al final los dos. Hay machos a los que les fascina que les coman los huevos y Roberto es uno de ellos. Y a mí me mata tener un buen par de bolas de macho en la boca. Yo no quería para de chupárselos y él no quería que parara. Pero en algún momento paré y subí hasta su verga. Le di unos besitos en la cabeza y me la tragué de una, entera hasta la base. Roberto casi muere de placer, “ahhhhh no podés hijo de puta, qué hermoso cómo te la tragaste” me dijo. Me dio arcadas pero aguanté. Me quedé quieto, sin hacer ningún movimiento con la boca, con la lengua ni con la garganta, disfrutando por un instante de ese vergón que estaba entero adentro de mi garganta. Y de repente la verga empezó a latir. Qué placer! Noté que en el fondo de mi garganta la cabeza empezó a largar un poquito de presiminal y lentamente fui subiendo, haciendo sopapa con los labios. Cuando la cabeza pasó por mi boca sentí ese gustito salado y ese líquido gomosito tan rico.

Nos pusimos en posición de 69 y mientas yo volvía a mamar esa verga hermosa, él me corrió la sunga hacia un costado y me empezó a meter lengua, primero por los cachetes hasta que llegó a mi ojete. Me empezó a culear con la lengua. No lo podía creer, qué hermosa sensación! Y siguiendo el ritmo con el que él me cojía con la lengua, yo me tragaba su verga metiéndola y sacándola entera. De nuevo le empezó a latir la chota y a salir preseminal, y entonces me dijo “dame un forro que te quiero culear ya”. Abrí el cajón de mi mesa de luz y saqué una cajita de forros. Se la di y me dice “me parece que estos no van a andar eh, se van a romper cuando intente ponérmelos”. Me había sorprendido tanto el tamaño de su verga y sin embargo ni se me había ocurrido que los forros que yo uso siempre no le iban a entrar. Me quería matar. Pero al toque me dijo “no te preocupes, cuando salí de casa me di cuenta que te había preguntado si tenías forros, pero no cuáles forros así que pasé por la farmacia y compré los que yo uso”. Fue al living donde había dejado su mochila a buscarlos, y yo quedé esperando en la cama, en cuatro y con el orto hambriento.

Hasta acá la primera parte, luego vendrán más!