Me encantaba poder golpear los huevos del putito con la punta de mi chota, era una sensación nueva y única. Bajé mi cabeza hasta su orto y olí ese manjar virgen como quién se dispone a comer caviar. Con la punta de la lengua recorrí la circunferencia de su anilllo perfecto a lo que Marian respondión con un gemido ahogado y una caricia fuerte en mi nuca..., como obligándome a enterrarme en ese mundo de placer. Le obedecí y empecé desesperado a comerle el culo, reelamente estaba descontrolado y no podía hacer otra cosa que culearme a la putita con mi lengua, sintiendo sus sabores más intímos y excitantes....


Me calentaba mucho, además, escupirle la espalda y que mi baba fuera deslizándose por esa espalda morena y fibrosa hasta lubricar su hoyo rosa y hambriento.


- Gus...bebé, qué esperás para atragantarte con la verga de tu noviecita?- le dije ordenandole a lo que obedeció sin rechistar degustando con su boca de putita esa verga descomunal y morena, marcada de venas y totalmente lampiña.


-Te voy a hacer la cola putita- le susurré al oído cuidando que mi hijo no me oyera- a lo que el puto respondió moviendo la cola lentamente y babeando como una perra en celo....

Le metí la cabeza gorda de mi poronga de un saque y se la deje quieta, justo en la puerta de esa cola maravillosa. Marian estaba a punto de desmayarse de placer, Gus y Papu estaban dándole todo el placer que se podía.



Mi Gus había aprendido la lección de Brasil y mascaba verga bastante bien, hasta se atragantaba solo con la pija para porvoca saliba y poder humectarla aún más.



-Vení hijito, ponete de espalda a ver si tu Marian puede culearte un poquito, dale putito-.

Gus inclinado sobre la pija de su novia fue presionando carne hasta tenerla adentro a presión provocándole mucho dolor y placer a la vez, estaba aguantando como un campeón.


Esa visión me calentó tanto que embestí a Marian hasta los huevos, dándole maza como un desesperado y haciendo que el puto ensartara más aún a mi hijo.

Era hermoso poder estar conectados los tres por nuestras barras de carne calientes y jugosas, nos agitábamos al mismo ritmo, culeándolos a destajo, sentía que mi pija pasaba por Marian y penetraba en Gus...


(Continuará)