Llevaba chateando dos meses con Ezequiel, con unas intensas pajas nocturnas vía webcam, cuando debí volver a Buenos Aires por mi trabajo, ocasión que me pareció más que propicia para invitarlo a conocernos.
Esto sucedía en el otoño de 2008, pleno apogeo de los Bloggers y emos, y Ezequiel era de estos últimos. Lo había encontrado en una página de contactos y me sedujo su apariencia andrógina, flaquito y petisito, de piel muy blanca, cabello negro largo y desmechado, facciones ambiguas. Luego de algunas charlas de doble sentido nos animamos a brindarnos cámara y mi calentura con él se triplicó, pues además resultó ser endiabladamente afeminado, como tanto me gustan, e insistía en verme la pija. Le dije que se la mostraría si antes me enseñaba el culo, lo que hizo de inmediato. Pude ver un culito chiquito pero bien parado, sin un pelito y con una cuevita preciosa entre sus nalgas. Qué manera de sacudirme la verga viéndolo con las piernas sobre el escritorio, masturbándose al tiempo que se metía todo el índice en el ano.
Casi como de una obsesión se tratase, todas las noches nos encontrábamos para tener esa sesión de sexo virtual, más allá de que yo soñaba con agarrarlo de verdad. Cuando le avisé de mi viaje pareció muy entusiasmado, quedando en vernos en cierto bar, determinada tarde a tal hora. No recuerdo por qué, pero no habíamos intercambiado teléfonos, aunque nuestras charlas msn eran bien chanchas.
El día en cuestión llegó y yo me hallaba en el bar muy nervioso y ansioso, a tal punto que fui como 10 veces a orinar. Justamente en mi último regreso del baño lo vi, sentado en una mesa y mirando hacia todas partes. Volví a mi silla y desde ahí lo miré, hasta que me reconoció y, sonriéndome, vino hacia mí para darme un beso en la mejilla.
Eze resultó ser un chico muy agradable, tenía por entonces 19 años, muy inteligente y divertido. Estaba más nervioso que yo, pero cuando le saqué el tema, en susurros, lo encontré interesado.
- ¿Qué me decís? ¿Te gusto?
- Me re gustás –dijo, por lo bajo.
- ¿Te dan ganas de que hagamos algo de lo que hemos hablado por msn?
- Me muero de ganas, sí, sí.
De inmediato pagué la consumición y salimos en dirección a un hotelucho que estaba a pocas cuadras, muy cerca del Obelisco, y que conocía de correrías anteriores. Pagué por una habitación en la que ya había estado y tras cerrar la puerta lo abracé y él me rodeó con los brazos.
- Qué rico tenerte así, para mí solo –le susurré al oído.
Su respuesta fue buscarme la boca con la suya y comérmela con un beso que devolví con igual intensidad, mientras le metía mano por debajo de sus pantalones elasticados y de su ropa interior, manoseándole el culito que tanto venía deseando.
Así, franeleando, fuimos hasta la cama, y tras bajarme los pantalones y el boxer, me hizo sentar. Mi pija ya estaba dura, pero me la dejó más tiesa aún con la paja que empezó a hacerme, dándome mucho morbo el hambre con que la miraba. Luego me la empezó a chupar suavecito, acariciándola con la lengua, y su mamada fue creciendo hasta que casi me hacía doler, pero tanto lo disfrutaba que se lo hacía saber agarrándole los cabellos y haciendo que se la tragara hasta atragantarse y hacer arcadas. Un buen rato estuvimos así, hasta que me sentí venir y se lo advertí. Pensé que me haría durar, pero apuró la chupada como si estuviera desesperado y me hizo llegar. El riquísimo trolito se tragó toda la lechada que le largué y pareció disfrutarlo a tope, sin siquiera haberse hecho la paja.
Terminé de desvestirme y luego lo desnudé a él, para recostarnos y seguir besándonos y manoseándonos. Mi verga casi no se había bajado nada cuando la tuve dura de nuevo,entonces le hice ponerse en cuatro, con el orto bien levantado, y le devolví la atención devorándole el ano. Chupé con tal placer aquel upite calentito, saboreándolo con la lengua, que le metí hasta donde pude, ensalivándole muy bien el recto, deteniéndome de a ratos para meterle mi índice y cogerlo así, encontrándome con una argollita estrecha.
- Sólo me la viene metiendo un chico que la tiene más pequeña que tu dedo –me dijo, visiblemente alzado.
- Pero ahora te vas a comer mi pija, ¿verdad?
- Sí, quiero –respondió, casi sollozando.
- ¿Sin forro?
- Sin forro, en eso quedamos, vas a ser el segundo que me coge, pero el primero que me largue leche adentro.
Sin más preámbulo me arrodillé detrás suyo, apoyé mi pija hinchada y mojada en su agujero, y comencé a empujar despacio.
- No hagás fuerza, relajá el culito para que te entre sin dolor.
El orto estaba tan baboseado y mi pija tan dura que lo fui empernando sin mayores problemas, aunque haciendo bastante presión. En un momento empezó a quejarse, ante lo cual le hice la pregunta que no quería, pero que por respeto debía formular:
- ¿Paro?
- No, seguí así, despacito… despacito… ¡despacito!
Cuando logré enchufarle la cabeza tuve la sensación de que jamás podría sacársela, pues su argollita se cerró con tal fuerza que hasta me costó seguir, pero insistí y poco a poco su recto se fue taponando con mi tronco. Las piernitas del nene se vencieron hasta que sus rodillas dejaron de estar flexionadas, entonces le eché todo mi cuerpo encima y seguí avanzando, hasta que mis huevos se apretaron contra sus nalgas.
El putito parecía que estaba sedado, como drogado o borrachito, pues sólo gemía bajito, aunque comenzó a jadear más fuerte cuando empecé a bombearlo. Primero lo fui culeando con mucha suavidad, para poco a poco ir tomando inercia. También de modo paulatino su ojete se fue acostumbrando a mi verga, lo que me permitió ponerme un poco más duro. Media hora más tarde lo estaba serruchando como al puto más experimentado y Eze gritaba como si lo estuviera matando, pero en sus alaridos pedía que le siguiera dando así… así… así…
- ¡Me voy… me voy… me acabooo…! –gritó en un momento.
Fue cuando lo sentí sacudirse como si estuviera sufriendo espasmos, pero era la paja que se hacía al frotarse contra el colchón. Entonces lo cogí con bronca, haciendo crujir la cama. Recuerdo que sentía cómo mi pija latía adentro de su culo, dándome la impresión de que había crecido más que nunca.
El emo acabó, pero yo no, me gusta retrasar el orgasmo cuando disfruto tanto. Se la saqué y lo di vuelta, para ponerme sus piernitas en los hombros y volver a empernarlo. Así me lo seguí culeando un buen rato, mirando su preciosa cara de putito en trance. Finalmente me eché sobre él y nos comimos la boca mientras mi bombeo se hacía cada vez más salvaje, hasta que me dieron unas ganas tremendas de acabar. Cuando mi pija empezó a escupirle leche en las entrañas me abrazó con mucha fuerza y dijo como mil veces que me amaba, que era mi putito, su perrita, su trola, y que se quería morir conmigo adentro.
Nos quedamos un largo rato abotonados, mi verga ya se había ablandado bastante, pero no se la saqué. Nos besamos con ternura, nos dijimos cosas dulces, nos prometimos muchas más encamadas, y así mi erección volvió y lo seguí cogiendo mucho tiempo, con mas parsimonia, casi como si fuera sexo tántrico, salvo en nuestra segunda acabada, a la que llegamos juntos. Sentí su leche caliente embadurnando nuestras vientres, entre los cuales se frotó, mientras Eze recibió en sus intestinos otra abundante descarga de semen.
Nos duchamos juntos y nos enjabonamos mutuamente, durante lo cual le pedí ver cómo expulsaba mi leche, algo que me encanta. Entre peditos largó chorritos blancos, aunque aseguró que:
- Me quedo con algo para llevar. Quiero sentir tu leche un poco más.
Ya vestidos, nos dispusimos a marcharnos, pero antes de abrir la puerta nos enfrascamos en una franela de despedida. Tanto nos calentamos que quisimos echarnos otro polvo, así que lo hice apoyarse en la cómoda y le bajé la ropa, chupándole bien el orto hasta lubricárselo de nuevo, acto seguido saqué mi Corongo y se lo enchufé hasta los testículos, bombeándolo así, mientras mirábamos nuestras caras a través del espejo. Eze largó su acabada en un cajón del mueble y yo nuevamente le regué el intestino con mi esperma.
Ya era noche cerrada cuando salimos, por lo que paré un taxi y le di un puñado de billetes para que fuera hasta Recoleta, donde vivía. Al oído me dijo.
- Gracias, ahora sí que me llevo lechita rica en la cola. Tendré que hacer fuerza para que no se me salga. ¿Nos vemos mañana?
Claro que nos vimos, y mucho más temprano. Y fue la segunda de muchas encamadas que tuve con aquel hermoso emo.