Entraron al depto y cerraron con llave con todo. Seba estaba aceleradísimo. Fede se da vuelta despacio y le pone un dedo en los labios, como para decirle que se tranquilice, y le saca la campera. Seba hace lo mismo con el de pelo más largo. Este último lo toma de una mano para llevarlo al cuarto…

- Que bueno que te encontré chabón, me movés el piso…

No llegó a terminar de decir la última palabra que Fede lo tira a la cama consigo hacia atrás. Al rebotar contra el colchón se toman de la ropa de modo que Sebas quede acostado encima. El camarero lo agarró fuerte del pelo, mientras su bailarín lo comía a picotazos. Giraron sobre si mismos y ahora era Fede quien estaba arriba, donde a él le gustaba, ya que sentía que tenía el control.
Seba media alrededor de 1,70. Con pelo rebelde y ojos claritos, cortes finos y en ese momento una mirada de loco entre excitado y cruel, que lo hacía ver completamente hermoso. Lo besaba con pasión, jugaban con sus labios, se mordían. Éran dos criaturas completamente excitadas que jugaban. Solo jugaban. Fede le arrancó la remera y el otro hizo lo mismo con su camisa. Él chico rubio que tenía encima no tenía un pelo, lampiño de pecho completamente, panza lisa y pectorales marcados. El de pelo más largo se tumbó sobre él, con sus piernas abiertas arriba de su cintura y empezó a besarlo apasionadamente, tomándolo por las muñecas y estirando sus brazos hacia arriba. A medida que la temperatura de sus cuerpos aumentaba, iba bajando despacio por su cuello, por su pecho, sus axilas, haciendo movimientos circulares con la lengua. Sebastián gemía al compás de los movimientos circulares de Fede. Bajo su ombligo fue el único lugar donde pudo encontrar una leve franja de vello. Vello rubio. Continuó bajando despacio hasta encontrarse con la fría hebilla del cinturón. Lo apretó contra la cama con una mano y con la otra la desabrochó despacio. El rubiecito sonreía. Le fue sacando el pantalón, dejándolo con los ajustados boxers que había visto hace un par de horas, con la diferencia de que ahora estaban mojados…

- La estás pasando lindo parece Seba…
- No parés divino! … Haceme mierda!

Su poronga se notaba sobre el boxer que estaba por estallar. La acarició despacio, bajó su cabeza y comenzó a lamerla. Los fluidos preseminales traspasaban la ropa interior, de modo que podía saborearlos por fuera. Chupaba su entrepierna y jugaba, cosa que ponía a full a su compañero que le agarraba la cabeza y lo apretaba contra si. Fede no dio más y sacó esa poronga que tanto rogaba. Se sorprendió con lo que vio. No esperaba que el rubiecito bonito tuviese una verga que tenía que agarrarse con las dos manos. Seba sonreía. Sin dudarlo, el de pelo más largo comenzó a disfrutar de ese pedazo jugoso que había descubierto. Lamía el tronco con pasión, se lo metía en la boa y lo sacaba con succiones que dejaban un hilo entre la pija de Seba y la boca de Fede. El bailarín se incoroporó y terminó de sacarle la ropa a su amante, dejándolo a este último acostado en la cama. Seba que ahora estaba arriba, se sentaba sobre él y lo miraba tiernamente. Lo acariciaba desde el ombligo hasta la cara, metiéndole un dedo en la boca, mientras con la otra mano agarraba su verga y la hacía sentir su culito blanco y perfecto. Fede sentía como ese culo por el que hacían movimientos circulares por su poronga estaba bastante hecho, cosa que lo ponía al mango. Ahora era Seba quien había bajado hasta si cintura y le estaba haciendo sexo oral. Fue una experiencia maravillosa. El rubio tenía muchos flacos encima parece, y sabía como hacerlo perfectamente. El camarero ya no aguantaba más, quería cojérselo a todo lo que da. A medida que succionaba sus jugos, el rubio gemía como la más puta y se hacía desear. Paró un toque con el labor bucal y se volvió a sentar en la cintura de Fede. Haciéndose rogar.
- Te gusta así putito?
- Seguí que me encanta pendejo, descuidate que te hago mierda.
- Jaja, no te va a ser tan fácil – La vista a Seba desde abajo lo hacía sentirse esclavo de él a Fede, cosa que lo ponía a full. Era esclavo del pendejo más lindo con el que había estado, con una cara angelical que ahora tenía un toque de maldad y placer.

El camarero lo tomó por la cintura y acercó la pija de su bailarín a su cara, lamiéndola sin pudor. Este que se retorcía y gemía, movía su cuerpo al compás de la peteada de Fede. Siguió por su cara, arastraba su poronga rubia por su nariz, sus ojos, mientras el otro le succionaba bien los huevos. El que la estaba comiendo, lo tenía bien agarrado de sus muslos y no tenía mucho aire de la posición que estaba. Seguía escarbando con la cara, ahora pasando la lengua por el periné de su amante, yendo despacito de los huevos al culo. Seba gemía y se movía como un gato, acariciaba el pelo de Fede, su cuello. Luego de conocer esa zona, al camarero le tocaba el beso negro. Con movimientos circulares con la lengua, saboreaba el húmedo culito de su compañero, danto toques cortos con la lengua seguidos de un entierro profundo de la cara en su esfínter. El de arriba, cada vez más extasiado se levantó para volver a la cintura de Fede, donde había estado hace un rato. Se miraron a los ojos. Estaban sedientos de carne, necesitaban conocer más sus cuerpos, explorarse. Querían sentirse uno solo, querían que se oyera el golpe de la carne contra la carne.

Fede lo agarró de las muñecas jugando a lo bruto, el bailarín se hacía el que chillaba, el que no quería, entre risas. El camarero mordió para darle un beso, y el otro lo esquivó. Sus caras quedaron a cinco centímetros antes de besarse. Y sonrieron con picardía. Seba que estaba más eufórico lamió entre gemidos el dedo de Fede y con movimientos circulares comenzó a meterselo por su propio orto, mientras se mordía los labios y cerraba los ojos. Fede continuó solo con el trabajo, mandándole de a poco los otros dedos de la mano. Su poronga parecía que iba a estallar con cada gemido que largaba Seba por el movimiento de sus dedos.
- Cogeme nene – Escupió el artista – No doy máaaaas! Haceme mierda!

Sin pensarlo dos veces, Fede agarró su verga con la mano y comenzó a hacer movimientos circulares por el ano del rubio. Este se meneaba sobre su culo dejando entrar la poronga del camarero que estaba toda sudada por su esfínter ya dilatado. Con miradas de maldad y los cuerpos sudados comenzó la cabalgata de Seba. El pibe era buenísimo, subía y bajaba haciendo movimientos lentos con la cintura, como para no perderse ni un poco del placer que podía obtener sin censura. Sentía el pedazo del otro pibe deslizarse adentro suyo conteniendo ese calor, y volver a salir dejando un espacio vacío donde el dolor se mezclaba con el placer. Sentía cada vez que bajaba los pelos de su chota aplastarse contra el lampiño culito que pedía a gritos más.
Fede, que también estaba extasiado con esa sensación espectacular, no dio más y abrazo fuerte al pibito que tenía encima, levantó su cuerpo con sus propios muslos, y comenzó a darle el una movida más rápida, más intensa. Los gemidos de Seba pasaron de ser provocativos gemidos a cortos grititos entre sonrisas de placer.
- Si, si, si, si, aia, aia, aia, aaaaai. Dale dale, rompeme todo, no parés hermoso, llename el orto.
Alentaba a Fede mientras se lo cogía desenfrenadamente.
- Daaale, más duro papi.
Las manos del bailarín arañaban el cuello de Fede mientras este se lo garchaba. El camarero comenzó a besarlo, pero con más furia. Se mordían fuerte los labios, lamían su barbillas, succionaban sus cuellos, se apretaban fuerte el cuerpo con las manos, se arañaban. Federico sacaba su tronco totalmente afuera y lo volvía a meter con ira, como si quisiera romperle el culo al pie de la letra. El otro gritaba, no daba más. Sin desprenderse en ningún momento Seba abrazó a Fede y se dejó caer para atrás. Ahora el rubio estaba acostado boca arriba, pero seguía con sus piernas con poquito pelo rubio enroscadas a la cintura de su amante, pero Fede que estaba agachado frente suyo levantó una de sus piernas para tener mejor penetración. Admiró la flexibilidad de bailarín del chico, que con la pierna levantada le pasaba el pie por el cuello mientras era cogido. Fede como un esclavo que no paraba, se seguía cogiendo a su rey con morbo, mientras este otro sonreía como un idiota que tenía lo que quería.
- Como me gusta que me la pongas así diooos, no me sueltes nunca, no pares de garcharme máaas!
La fricción cada vez era peor. La temperatura corporal de los dos aumentaba banda. Sudaban, estaban mojados los dos, llenos de saliva, llenos de morbo, llenos de líquidos. Con cuerpos mordidos, chupones en los cuellos, arañazos en las espaldas y caderas, la pareja no paraba. Querían desgastarse entre ellos, llegar a conocer todo el placer que se puede adquirir de otra persona con sus mismos deseos. Los dos gemían, los dos ahogaban gritos en besos. Se sentía el ruido de los cuerpos rozarse, chocarse, encontrarse apasionadamente. Se miraban con sonrisas desenfrenadas, extasiadas. El rubio que no quería que esa sensación se terminase comenzó a gritar más fuerte, moviendo su cadera más extasiado que nunca. Fede se sentía un animal, quería seguir siendo el esclavo, que al fin, podía ser el que más gozaba. El orto de Seba que ya se había amigado bien con la pija del otro se había convertido en una caverna húmeda, por lo que con gritos y gemidos como el más puto sabe largar, dejó salir de su pedazo de verga chorros y chorros de su espeso néctar blanco. Los disparos llegaron al pecho con pelos de Fede que no le importó y siguió dándole masa, rompiendo con su mástil ese culito al que le encantaba la chota. Seba mientras, aflojando un poco, le pasaba los dedos por el pecho a su amante que estaba lleno de su propio semen y se los metía en la boca. Esta acción hizo que el de pelo largo con dos empujones más comenzara a acabar en lo profundo del otro chico, que ahora si lanzaba gritos como antes no lo había hecho. Juntos compartían contracciones, y compartían también esa sensación mágica de calor que se esparcía dentro del cuerpo cálido del rubio tirado en la cama. Sacó la verga del ano del chico para ver como otro chorro salía disparado pero con menor fuerza al pecho del más lampiño. Satisfechos los dos se sumergieron en un apretado y profundo beso que mezclaba sus figuras mojadas de saliva, sudor y semen. Luego de unos mimos ahora más tiernos se recostaron, alegres de haberse sacado las ganas, y sin darse cuenta se quedaron dormidos.


Unas horas más tarde Fede se despertó con un ruido. La habitación estaba oscura y seguía como la dejaron. Tenía abrazado durmiendo al bailarín todavía, completamente dormido. Atontado, trató de prestar atención al ruido. Golpeaban la puerta.
- Che boludo abrime, dale. No doy más.
Era la voz de su amigo Manu, que trataba de abrir la puerta.