La vida te da sorpresas


A las cinco en punto suena el timbre. He quedado con un chulo por el chat de universogay.com y es bastante puntual. Eso me gusta. Abro la puerta y sorpresa, no viene solo.- Espero que no te importe, he traído a un amigo – me dice.

Echo un vistazo rápido y claro que no me importa, su amigo está tan bueno o incluso más que él. Tengo en el umbral de mi puerta a dos niñatos chandaleros con pinta de bakalas, con sus gorritas, sus oros… Me lo voy a pasar bomba.

- No, claro que no, los amigos de mis amigos son mis amigos. Pasad, no os quedéis ahí.

Les hago entrar y me quedo retrasado observando esos andares de extrarradio que tanto me gustan. Me ponen cachondo los tíos que no sabes si te van a follar o te van a dar una paliza y si hubiese visto a estos dos por la calle lo que menos habría imaginado es que perdían aceite.

Se sientan en el sofá y yo me siento en medio de los dos.

- ¿Queréis tomar algo?- pregunto de forma cortés

- Yo no he venido aquí a tomar nada – me responde el invitado sorpresa.

- ¿Y a que has venido? – le pregunto con una mirada de deseo

- Tal vez sea a ti al que le apetezca tomar algo – me dice mientras con la mano se coge el paquete que marca una buena erección debajo del chándal.

Está claro que quieren follar, así que me dejo de formalismos y me arrodillo en el suelo. Esta es una de esas situaciones donde tienes que comportarte como un verdadero cerdo, porque tienes que ser un buen anfitrión, así que me pongo manos a la faena y me dedico a ello en cuerpo y alma.

Empiezo a mordisquearle la polla por encima del chándal, con mis labios, con mis dientes… Paso la lengua a lo largo de todo ese trozo de carne que palpita dura debajo de la ropa. El otro tipo se me acerca y se sienta al lado mientras se empieza a trastear el paquete él mismo.

Necesito disfrutar de aquella polla que se intuye enorme así que le bajo los pantalones y los calzoncillos y me la meto entera en la boca. Es gigantesca, tanto, que me viene una arcada a la boca.

- Ey, tranquilo, no seas agonías- me dice el niñato mirándome desde debajo de su gorra y disfrutando por la sensación de poder que le produce tener una polla tan grande- que no se va a acabar.

Abro la boca y me la introduzco muy despacio. Poco a poco. Mi lengua juega recorriendo todo ese enorme camino. Repasa las venitas hinchadas, que son muchas. Acaricio ese glande rosado que tiene forma champiñón. Me estoy comiendo una de las pollas más bonitas que he visto en mi vida. Está circuncidada, pero su forma es perfecta, tanto el grosor como la longitud, es una polla perfectamente proporcionada a pesar de su enorme tamaño. Mientras me la estoy comiendo la rodeo con una de mis manos y mientras la mamo, mi mano sube y baja a lo largo de esta enorme columna de carne y venas. La otra mano sube por su estómago y su torso. Están muy delgados, pero están fibrados. Mis dedos suben por la escalera de su abdomen, recreándose en sus tetillas sin pelo y sintiendo lo fríos que están sus cordones de oro.

Echo un vistazo a su amigo y ya se ha bajado los pantalones y se está meneando el rabo, le hago señas para que se acerque y lo hace. Intento rodear las dos pollas con una sola mano pero es casi imposible. Abro la boca todo lo que puedo y me introduzco las dos a la vez. Sentir dos enormes pollas dentro de mi boca me hace volverme loco de deseo y solo quiero más y más y más… Una vez que me enciendo no puedo parar. Mi garganta es follada a la vez por dos pedazos de trabucos, a cual más grande. Intento metérmelos enteros hasta que mi nariz siente el cosquilleo de sus vellos púbicos. Creo que se me va a rajar la comisura de los labios y también noto como las dos pollas se aprietan una contra otra dentro de mi estrecha garganta. Los dos hijos de puta que me están follando empiezan a culear, con lo que cada polla coge su propio ritmo de embestida. Entran y salen de mí y yo casi puedo sentir el relieve de sus venas desflorándome la garganta. Mi boca es una mezcla de babas, líquidos preseminales y rabos. Con sus manos dirigen mi cabeza, apretándola contra ellos cuando quieren sentir más presión y profundidad. Estos cabrones serán muy jóvenes pero se nota que no es la primera vez que actúan en grupo.

Uno de ellos me baja el pantalón del pijama. No llevo calzoncillos, nunca. Primero me masajea un poco el rabo, pero no es tan espectacular como los suyos y además, está claro a lo que han venido, a por mi culo. Así que pronto empiezo a sentir como un par de dedos se va abriendo paso por mis esfínteres, hasta el infinito y más allá. Los bakalas me obligan a ponerme a cuatro patas sobre el sofá y ambos se ponen de rodillas en el suelo para comerme el ojete. Sentir el aliento de dos tíos en mi agujero es como viajar al paraíso, pero sentir las dos lenguas enroscándose y peleándose por ver cual llega más lejos es el puto cielo. ¡Joder, que gusto! Me pasan la lengua bien abierta por todo el culo, luego me intentan follar con ella, me mordisquean las arruguitas que forman la entra de mi cueva, me soplan dentro, Y me escupen. Me escupen muchas veces, muy fuerte, muy profundo… Siento como aquellos lapos traspasan mi ojete adentrándose en mi interior. Mi polla está a punto de reventar, lleva un buen rato babeando y con nada que me roce podría correrme, por eso ni me la toco. En vez de eso me masajeo los huevos y de vez en cuando, introduzco alguno de mis dedos en mi culo para hacerle la competencia a esas lenguas ávidas de sexo.

Pronto empiezo a sentir una presión mayor. Algo mucho más grande intenta abrirse paso dentro de mí. Es el cipote del chaval con el que había quedado por el chat. Tiene una polla muy gorda, mucho más de lo que parecía por la webcam cuando me la enseñó. Mi culo pone un poco de resistencia, pero intento relajarme y disfrutar de aquella enorme tranca que me está separando el cuerpo en dos. La va introduciendo poco a poco, muy despacio, centímetro a centímetro. Me la metió entera, toda, hasta que pude sentir como sus enormes pelotas hacían tope. Cuando estoy tan caliente me gustaría que me metiesen hasta los huevos, quiero sentirme lleno, repleto, saciado…

Yo estaba a cuatro patas en el sofá mientras un niñato de no más de diecinueve años, pero si muchos más centímetros de longitud y grosor, estaba de pie detrás de mí regalándome una de las mejores folladas que me han regalado en mi vida. Primero me follaba muy despacio, muy suave y de repente embestía con fuerza acelerando el ritmo. Cuando me había pegado varias clavas, volvía a suavizarlo… Su amiguito primero observó la escena desde la distancia mientras se regalaba el mismo algún que otro meneo en el manubrio, cuando se hartó de ser voyeur, decidió convertirse en parte activa del trío y me metió la polla en la boca. Entera y de una vez, salvajemente y con la misma fuerza que su amigo me partía el culo, el decidió partirme de nuevo la garganta. De repente me sacó el rabo de la boca y pensé que iba a correrse, pero lo que hizo en vez de eso fue empezar a pegarme pollazos en la cara. Me daba con su glande en los mofletes, en los labios, en la lengua, que yo la sacaba con la intención de recuperar aquella enorme arma para seguir deleitándome con ella. Restregaba su glande por mi barba, me volvía golpear con él. Yo estaba en estado de éxtasis.

- Creo que ya va siendo hora de la traca final- dijo la sorpresita.

Comencé a temer por lo peor, pensé que quería correrse y largarse ya y la verdad, no me apetecía nada, quería seguir disfrutando de todo aquello que me estaban haciendo. Una vez más, el muy cerdo volvió a sorprenderme porque en vez de correrse como yo creía, comenzaron a empalarme con las dos pollas a la vez. Uno estaba debajo de mí y el otro de pie, justo detrás. Yo seguía a cuatro patas solo que ahora tenía el agujero del culo tan estirando por culpa de los dos enormes cipotes que pretendían follarme que no sabía si estaba sintiendo dolor o placer. Aquellas arruguitas se quedaron tirantes, mientras poco a poco y con ayuda de bastante saliva esos dos troncos comenzaron a resbalar hacia dentro. Lo hacían muy despacio. Los cabrones tenían el número súper ensayado, pero mi culo nunca había estado tan dilatado, así que necesitaba que fuesen muy cautelosos. Poco a poco fueron introduciendo todo lo que la Naturaleza les había dado y sin darme cuenta, tenía dos enormes pollones bailando en mi interior. Cada uno llevaba un ritmo distinto. Uno más fuerte, otras más lento, uno más suave, otro más salvaje… Pero siempre se complementaban. Aquellas dos enormes trancas se retorcían dentro de mi estrecho pasadizo mientras sus enormes cojones hacían tope. No hay nada que me guste más que sentir como los cojones del tío que me está follando pegan contra los míos, pero claro, si lo que te están follando son dos tíos en vez de uno, el número de cojones es inversamente proporcional al ruidito que producen con cada embestida. A mi esas palmaditas me saben a gloria. Por primera vez en la vida me sentí realmente lleno. Me sentí completo. Me sentí totalmente petado. Aquellos dos cabrones me estaban follando mientras sus enormes medallones golpeaban contra su pecho en cada embestida. Cuando el que estaba detrás de mí, se tumbaba sobre mi espalda y me cogía de los hombros para impulsarse, podía volver a sentir el frío de sus cadenas.

Los kinkis me dejaron el culo vacío y me empezaron a restregar los dos nabos de nuevo por la cara. Yo los chupaba, los mordía, los saboreaba… Intentaba disfrutarlos al máximo sabiendo que pronto se acabaría todo aquello, y así fue porque tras volver a metérmelos en la boca los dos juntos, empezaron a correrse. Era imposible albergar dentro toda la leche que echaron aquellos dos adolescentes. Era blanca, espesa, abundante, sabrosa… No hay nada como la leche calentita de dos niñatos bakalas. La lefa resbalaba por mi cara, mi boca y mi cuello. Juventud, divino tesoro, porque a pesar de la enorme corrida que se acababan de pegar, aquellas pollas seguían tan duras y tiesas como al principio, pensé que volverían a follarme, sobre todo cuando uno de ellos me dijo que aún no habían acabado conmigo, pero no fue así, de nuevo otra sorpresa…

El invitado estrella, ese que yo desconocía hasta que abrí la puerta, pasó su mano por mi boca, me la introdujo, me la hizo chupar y cuando ya estaba bien lubricada con mi saliva y sus lefas, me la empezó a introducir por el culo.

- Después de la follada que te hemos pegado, no te costará que te meta esto- me dijo.

Un dedo, dos, tres, cuatro… Me había metido cuatro dedos y me seguía follando como si nada. Mi culo estaba muy dilatado, pero aun así, sentía la presión de ese último dedo que también quería entrar. El cabrón quería meterme el puño. Mi ojete estaba muy sensible y yo podía sentir como cada embestida me gustaba más que la anterior. Nunca en mi vida me habían hecho eso y no sabía si sería capaz. De mis ojos caían dos lagrimones, no sé si del gusto, del morbo o del miedo que todo eso me producía, así que cerré los ojos, no quería verlo.

- Relájate- dijo el otro- Así podrás disfrutar mejor.

Dicho y hecho. Intenté relajarme y efectivamente, el puño entró. De nuevo esa sensación de estar repleto, me sentía relleno…

- Abre los ojos, mira esto- me dijo el que me estaba haciendo el fist.

Al abrir los ojos pude ver como su puño, su muñeca y un buen trozo de su brazo se habían perdido dentro de mí… Y me corrí. Ver aquello me puso tan caliente que de repente me corrí. Un enorme chorro de líquido blanco salió del agujero de mi rabo con tanta fuerza, que casi me da en la cara. Salió disparado, hacia arriba y sentí la fuerza que llevaba cuando volvió a caer sobre mi pecho, como un misil. El otro tipo comenzó a chupármela y acabé de correrme dentro de su boca. Poco a poco fue sacándome el puño y cuando lo hizo, ambos se fundieron en un enorme beso con lengua y al separarse pude ver como los hilillos de mi leche, que no habían dudado en tragar, los seguía uniendo. Yo quedé exhausto en el sofá y casi no podía moverme, me sentía realmente cansado, pero por primera vez en la vida, me sentí realmente saciado.

- Ahora sí que me tomaría ese algo que nos ofrecías antes- dijo el de las sorpresas.

Relatos eroticos
Fuente http://khaloali.universogay.com/la-vida-te-da-sorpresas__30112008.html

Una buena sesión de... arte


Hacía casi tres meses que se me había acabado el paro cuando contesté al anuncio del periódico. Buscaban gente que posase desnudo para clases de bellas artes y estaba muy bien remunerado, así que no me lo pensé mucho. A las cinco y media me presenté en la dirección que me habían indicado. La primera sorpresa llegó cuando el que me abrió la puerta, resultó ser uno de los hombres más morbosos que he visto en mi vida, Ismael Álvarez.
Entramos a una sala llena de cuadros, caballetes, pinceles y demás utensilios de pintura. Las paredes rebosaban todo tipo de ilustraciones y lienzos hechos por aquel hombre.

- Bueno, ve quitándote la ropa, puedes dejarla en esa silla. Luego túmbate boca abajo en aquel diván, yo también voy a ponerme algo más cómodo que hace mucho calor- dijo el artista.

Asentí con la cabeza y comencé a hacer lo que él me había ordenado. Estaba sólo en la habitación y me di cuenta que la situación me resultaba mucho más incómoda de lo que me había imaginado en un principio. A pesar de todo, me desnudé y me tumbé. Pensé que podía irme y dejarlo todo, pero una parte de mi me aconsejaba que no lo hiciese.

-Ya estoy- dijo- Agosto en Madrid es horrible, necesitaba ponerme algo más fresco.

¿Algo más fresco? Pero si apareció únicamente con un pantalón corto, tipo futbolista, y para colmo sin ropa interior porque con cada movimiento que hacía, veía como un buen trozo de carne se contoneaba entre sus piernas.

-¿Estas nervioso? – Me preguntó - ¿Estás preparado?

¿Cómo cojones no iba a estar nervioso si estaba en una casa solo y en pelotas, mientras un tío al que llevo siguiendo la pista por internet desde hace años y que para colmo está más bueno que el pan, está casi desnudo delante de mis narices y estoy viendo como se le marca el rabo en ese mini-pantaloncito cada vez que se mueve? Estaba muy nervioso, mucho. Pero decidí dejarme llevar y hacer lo que me fuese pidiendo. Yo había sido contratado para posar, nada más, no debía hacerme ningún tipo de conjetura extraña. Así que intenté relajarme. Primero empezó a hacerme fotos, decía que así luego podía copiar posturas y volúmenes para sus ilustraciones. Nunca he sentido vergüenza de mi desnudo, al contrario, aquella situación me estaba dando muchísimo morbo, así que me dejé hacer. Nadie me había fotografiado nunca como Dios me trajo al mundo y aunque Ismael estaba siendo muy amable, en el tono de sus palabras captaba un doble sentido que me empezó a poner súper burro. A veces se acercaba para hacer primeros planos de determinadas cosas. “Dobla el brazo así” ó “estira la pierna” –me pedía mientras hacía fotos a cada movimiento. Se inclinaba para indicarme como tenía que ponerme y se rozaba levemente conmigo, era una caricia muy suave, pero la justa y necesaria para sentir la dureza que empezaba a habitar su entrepierna. A partir de ese momento no pude apartar mis ojos de su paquete. No podía dejar de mirar la danza de aquel rabo que se intuía perfectamente a través de esa fina tela. Se intuía su tamaño, su grosor… Y él se dio cuenta, vamos que si se dio cuenta…

-¿Estás bien? No paras de mirarme el paquete.

-No, lo siento, perdona, es que a veces... Es que es la primera vez que hago esto, lo siento- le contesté nervioso.

-No pasa nada, ahora ponte boca arriba – me ordenó con una sonrisa pícara y autoritaria.

Y ahí no pude esconderlo. Al darme la vuelta mi polla quedó al descubierto. Estaba dura y dispuesta. Ahí no tenía nada que la escondiera. Nada que escondiese sus venitas en tensión, nada que escondiese como se había replegado la piel del prepucio con la enorme erección que tenía, dejando el glande al descubierto. Nada que escondiese mis ganas y mi deseo de tirarme a aquel hombre.

-¡Vaya! –dijo él sorprendido y con la ironía inundando su rostro.

-Lo siento, de verdad –respondí- Si quieres me voy.

-¿Irte? No te avergüences, si yo estoy casi igual. ¡Mira!

Un enorme rabo asomó por la pernera del pantalón. Me quedé inmóvil, no sabía qué hacer, pero estaba claro que debía reaccionar. Tenía delante de mí a un pedazo de chulo que me estaba enseñando el nardo y que empezaba a estar tan duro como el mío… Dos más dos son cuatro.

-Bueno, algo tendremos que hacer – observó Ismael.

Y sin ningún tipo de pudor ni miramientos, abrió su boca y se tragó mi polla entera, de una vez. Sus carnosos labios la mordisqueaban suavemente. Enroscaba su lengua como si de una serpiente se tratase, me agarraba los huevos… Aquello era un sueño y yo no quería despertar, así que decidí tomar la iniciativa. Lo aparté y lo besé en la boca. Sus labios se pelearon con los míos y las lenguas danzaron juntas mezclándose entre sí. Su saliva se hizo mía. Nos separamos un segundo y nos quedamos mirando a los ojos. De nuestras bocas colgaba un hilillo fino, no se si era el líquido pre-seminal del que él había estado disfrutando hacía un momento o era el jugo de nuestras lenguas. Mantener aquella mirada era muy difícil, su mirada era inquisitoria, dura, sexual y morbosa. Comenzamos a besarnos nuevamente, con pasión. Nuestras respiraciones estaban agitadas. Ismael se separó y me escupió dentro de la boca. Aquello me volvió loco, no pude hacer otra cosa que tragármelo y seguir disfrutando de aquel polvo que no quería que acabase nunca. Lo puse a cuatro patas y le bajé un poco el pantaloncito. Su polla me encantaba, pero quería ver su culo. Le separé los cachetes con fuerza e inspiré. El aroma era espectacular. Abrí la boca y extendí la lengua desde donde acaban los huevos hasta justo la entrada de su culo. La paseé un par de veces mientras él gemía con más y más fuerza. Su muro se derrumbaba y clavaba la cabeza en el diván mientras levantaba el culo todo lo que podía para que yo pudiese comérmelo a gusto. El tacto era fantástico porque tenía la suavidad de estar depilado, pero una leve sensación de áspero, como si comenzasen a salir los pelitos. Lamí, chupé, succioné y mordisqueé todo lo que pude aquellas arruguitas rosadas que formaban la entrada de la cueva. Introducía la lengua, la nariz, la nariz, la lengua… A veces las alternaba. Restregaba la barbilla con mi barba por aquel agujero oscuro. Ismael no decía nada, solo gritaba y gemía mientras con unas de sus manos me apretaba la cabeza contra su ojete para que no me despegase de él. Yo obedecía sin rechistar, quería comérmelo todo, estar dentro de él, meter la cabeza, comérmelo por dentro… Quería llenarlo de mí.

Poco a poco introduje un dedo, muy despacio, pero con la comida de culo que le había hecho aquello se abrió de tal forma que pronto tenía dentro los tres más largos y él ni se había inmutado. Mientras mis dedos se follaban aquel culito, él se pajeaba. A mi aquella situación me tenía alucinado, nunca en mi vida había echado un polvo tan morboso como ese. Mi polla era como de piedra y un líquido trasparente embadurnaba la punta. Muchas veces había soñado con este momento cuando veía sus fotos en internet, cuando veía sus ilustraciones o leía sus entrevistas, pero es que ahora estaba pasando de verdad. No me lo podía creer.

-¡Fóllame, por favor! ¡Te lo suplico! - me gritó.

-Tus deseos son órdenes para mí- le advertí.

Apoyé mi glande en la entrada y aproveché el líquido que soltaba y los restos de mi saliva como lubricante. Lo restregué bien por todo el ojete y comencé a meterlo muy despacio. Sentir como mi polla empezaba a abrirse camino en aquel culo casi me hace correrme. Se la metí entera, muy despacio, y no paré de empujar hasta que sentí que mis huevos hacían tope contra él. Se la había encajado hasta las mismas entrañas. Ver a aquel hombre con los ojos en blanco de placer culear de aquella forma me encantaba. Embestía con fuerza, me lo follaba salvajemente, tanto que mis huevos pegaban contra los suyos produciendo un sonido parecido a las palmaditas. Éramos como dos bestias follando sin compasión.

-¡Túmbate, quiero cabalgarte! – me volvió a ordenar.

Yo hice lo propio y me tumbé. Él se sentó de golpe en mi polla, tenía el ojete tan dilatado que mi polla entraba y salía de su culo con total facilidad. El muy cabrón se la clavaba entera y cuando se la había metido hasta la empuñadura, contoneaba sus caderas para sentirla moviéndose dentro. Al hijo de puta le gustaba jugar a provocar en su web, pero la verdad es que podía hacerlo, era un verdadero maestro en la cama. Era el puto amo.

-Como sigas así me voy a acabar corriendo – le grité.

-Ni se te ocurra, aún no he acabado contigo – me ordenó mientras se levantaba y me ponía de pie apoyado contra la pared. Me separó las piernas, se arrodilló y me escupió en el ojete. Yo tenía la polla a punto de reventar, pero sentir aquel escupitajo en mis entrañas y aquella lengua hurgándome dentro, me llevó al séptimo cielo. Luego paró un segundo y antes de que me diese tiempo a volverme para ver qué pasaba, se había puesto de pie y me había insertado esa enorme tranca que tantas veces había visto yo insinuada en sus fotos, pero nunca había tenido la suerte de catar. Era enorme y muy caliente. Sentí como si una barra de hierro candente me estuviera rajando por dentro, pero la situación me daba tanto morbo que pronto mi culo se adaptó a aquel mástil que me estaba follando. Me agarraba de los hombros y se impulsaba más fuerte, yo sentía que me iba a reventar pero a la vez no quería que parase, era una extraña contradicción. Mientras me follaba me mordía el cuello, me pegaba cachetadas en el culo, estaba que no podía más. Estaba tan caliente y tenía el culo tan sensible con esa follada que me estaba pegando que casi podía sentir el relieve de sus venas haciéndose hueco para adentrase más y más dentro de mi. El agujero me ardía.

-No puedo más Ismael, no puedo más.

Nos tumbamos en la alfombra y empezamos a pajearnos, primero nosotros mismos y luego uno al otro. Estaba deseando ver como se corría aquel enorme cipote que tanto me había hecho disfrutar.

-Méteme los dedos – me susurró al oído.

Podía haberlo hecho, pero la mente humana es perversa y la mía mucho más. Cogí varios de los utensilios que tenía en el estudio y empecé a jugar con ellos. Primero le introduje un pincel, uno finito. Luego otro un poco más grueso. Y luego otro más. Los ojos de Ismael me miraban y sin palabras me pedía que no parase. Su mirada reflejaba lo mucho que le gustaba que me lo estuviese follando con las herramientas con las que él trabajaba. Aquel culo no tenía fin, era algo realmente increíble, así que después de estar un rato metiéndole un rotulador de los gordos, decidí volver a meterle mi polla. Sabía que no iba a aguantar mucho, pero al menos si lo suficiente para que se corriese a gusto. Estaba tumbado en el suelo con las piernas levantadas y yo arrodillado metiéndosela. Se pajeaba mientras me lo follaba y yo intentaba chupársela a ratos sin parar de embestirlo. De repente empezó a rugir. Aquello no eran gritos, eran rugidos acompañados de “No pares por favor, no pares”. Un chorro salió disparado y le cayó en la cara, el resto sobre su pecho. Fueron tres más, si mal no recuerdo. Lo que acababa de ver para mi supuso la traca final, así que saqué el rabo de su nueva guarida y lo coloque justo en la entrada de su culo. Mi mano hizo el resto. Pronto empezaron a salir disparados los chorros de mi lefa. El primero atravesó su esfínter, el resto salpicó hacia fuera. Lo observé un segundo exhausto, tirado en el suelo y sudando mientras su culo chorreaba toda mi leche. Me acerqué y volví a besarlo con la misma fuerza que al principio. Con mi lengua lamí su cara limpiándole su propio semen. Nunca se me olvidará ese sabor. Nunca se me olvidará mi trabajo como modelo. Nunca se me olvidará el polvazo que eché con Ismael Álvarez.
corridas
fuente
http://khaloali.universogay.com/una-buena-sesion-de-arte__24112008.html

echando un pito (cigarrillo )


La noche estaba muy tranquila, eran las dos y pico de la madrugada y casi no había movimiento de coches en el parking. Los fines de semana esto está hasta la bandera, pero ese día fue diferente. Salí a echar un pito. No fumo mucho, pero me gusta humear un rato mientras observo los cuerparracos que entran o salen de algún garito. Es la única forma de hacer pasar las interminables horas un poco más rápido. A veces fantaseo con alguno de los chulos que veo pasar y me ha ocurrido que incluso en algún caso, me he puesto tan burro que he tenido que masturbarme en el baño para poder relajarme.

Dicen que los uniformes dan morbo, y tiene que ser cierto porque esa noche lo comprobé. Como decía, estaba fumándome un cigarro cuando vi salir del bar de enfrente a dos tipos. Uno era gordo y calvo. Muy gordo. Mayor, como de cincuenta y muchos. El otro tendría unos cuarenta, rapado, alto y con un bulto que parecía que iba a reventar las costuras del chándal que llevaba. Tal fue la impresión de ver aquello que me atraganté y empecé a toser, hecho que hizo que aquella extraña pareja se fijase en mí. La calle estaba desierta, sólo podían fijarse en mí, y ahí empezó todo...

Mis ojos no podían apartarse de aquel montículo que a punto estaba de romper aquel pantalón y el dueño pareció darse cuenta, pues con una sonrisa de superioridad, me miró y se agarró el paquete, haciéndome ver que todo lo que abultaba era de verdad. Yo intentaba aparentar serenidad, pero era imposible. Llevé una mano a la porra de mi uniforme, y con la otra intentaba darle caladas al cigarro con toda la virilidad que era capaz de demostrar en aquella situación. Siempre he sido un poco voyeur y las situaciones peligrosas me ponen a mil, tanto, que pronto mi polla comenzó a desperezarse y querer darles las buenas noches a aquellos señores. La estrechez de mi uniforme marcaba un buen rabo duro y tieso, dispuesto a dar mucha guerra a aquel hombre.

Cruzaron la calle y se acercaron hasta donde yo estaba. No hablaban español y eso me dio mucho más morbo. Eran alemanes y el hecho de no entenderlos me puso bruto. El no saber que iba a pasar era lo que me gustaba. Estábamos realmente solos, podían robarme, pegarme, matarme, violarme o lo que quisiesen y eso era lo que me daba emoción a la cosa. El rapado pasó a la acción y justo delante de mi empezó a sobarse el cipote por encima de aquel chándal que parecía que iba a explotar. El señor mayor desapareció en el interior del parking. Sin pensármelo dos veces, tiré la mitad del cigarro y le hice una señal a aquel pedazo de adonis para que me siguiese. Dos minutos después estábamos en el interior del recinto y yo estaba arrodillado mordisqueando aquella enorme polla con mis labios por encima del pantalón. Era la primera vez que hacía eso en el trabajo y pensar que podía venir alguien en cualquier momento hizo que me pusiese muy cachondo. Bajé el pantalón a ese pedazo de macho y aprecié durante un segundo el enorme bulto de sus calzoncillos. Él me miraba como invitándome a desnudarlo completamente, yo me sentía el puto amo por lo que estaba a punto de hacer así que bajé aquel bóxer de licra y un enorme tronco de carne se estampó contra mi cara. No me dio tiempo a abrir y la boca y recogerlo, así que lo observé. Aquel hombre no estaba empalmado, solo estaba morcillón y su enorme polla doblaba en tamaño a la mía. No estaba circuncidado y sus venas eran increíbles. Terminé de bajar el calzoncillo antes de comenzar a mamársela que era lo que estaba deseando en realidad, y me quedé perplejo cuando al dejar al descubierto sus huevos, eran tan grandes y colgones que los rodeaba con la mano y un buen pedazo de pellejo sobresalía por debajo junto con aquellas dos bolas de toro que estaba deseando meterme en la boca. Hay momentos en la vida en que perdemos el control y eso fue lo que me pasó en el momento en que abrí la boca y me la introduje dentro. Ya no pude parar, no quise parar. Quería oler aquel enorme cipote. Besarlo, saborearlo, lamerlo, morderlo… Recorrí sus enormes venas con mi lengua y sentía como poco a poco se iban hinchando más y más. No pretendía dejarme nada de aquella comida pero su tamaño tan extremo hacía que no me entrase entera en la boca. Con los dientes mordisqueaba suavemente su prepucio y ayudándome con la lengua, descubría su enorme glande rosado. Aquel cipote estaba coronado por un enorme glande como no he vuelto a ver en mi vida y de su punta, comenzaba a aflorar cierta humedad.

Adoro sentir como crece una polla dentro de mi boca, como me va follando la garganta, pero la impotencia de no poder meterme aquella entera me estaba destrozando, así que comencé a forzar. Si los culos se dilatan, las gargantas también, y efectivamente porque poco a poco fue entrando hasta que conseguí metérmela entera, superando las arcadas. Con una mano sostenía aquellos enormes cojones y con la otra le daba cachetes en el culo, mientras ese pedazo de hijo de puta me tenía insertado y no me dejaba moverme. Le gustaba moverse a él. Me agarró la cabeza y comenzó a follármela poco a poco. Yo sentía como aquel enorme mástil me estaba desgarrando por dentro. Aquellas embestidas hacían que dos enormes lagrimones recorrieran mi cara, pero no eran de sufrimiento, sino del enorme placer que estaba sintiendo. La comisura de los labios parecía que iba a rajarse en cualquier momento.

Un ruido me asustó, era el otro tipo, el gordo, que se había tumbado en el capó de uno de los coches que teníamos al lado y se acababa de sacar una polla pequeñita, pero que movía con el mismo empeño, con que me estaba yo comiendo la de su pareja. Durante un momento temí que quisiese unirse al grupo, pero él se había dado cuenta que lo que yo pretendía era follarme a su novio únicamente. El hecho de que me estuviesen observando me encendió más todavía y me esmeré en regalarle un buen espectáculo para que pudiese seguir pajeándose bien a gusto. Aquella enorme estaca de carne y hueso estaba taladrándome la garganta mientras el novio de aquella mala bestia se acariciaba y nos observaba. Me sacaba la polla muy despacio y luego volvía a clavarla entera y de una vez, luego volvía a sacarla muy despacio y me la volvía a clavar con la misma fuerza que hacía un segundo. Yo estaba muy excitado, tanto que sentía como me apretaba mi propio rabo dentro del pantalón de mi uniforme, quería liberarlo, pero estaba tan ocupado y estaba disfrutando tanto, que me pareció algo secundario. El alemán gemía cada vez más y más fuerte, lo que era señal inequívoca de que pronto iba a correrse. En su idioma me decía cosas, tal vez insultos, tal vez lo bien que se la chupaba, a mi me daba igual, lo que me daba morbo era tener aquel salchichón de kilo y medio a mi entera disposición. En algún momento, me planteé ponerme a cuatro patas y dejarme follar por aquel individuo, pero viendo su tamaño no me atreví. El gordo comenzó a gritar y gritar. Parecía un cochino cuando van a hacer la matanza. Al mover su mano alrededor de su pito, también se le movía su enorme barriga y toda esa enorme capa grasienta que tenía por cuerpo. No se si fue la situación o qué pero sentí que como siguiese mucho rato así me iba a correr. Era increíble, estaba a punto de correrme y sin haberme tocado. El tío rapado me desabrochó la camisa y empezó a pellizcarme los pezones, que a esas alturas de la película, estaban tan duros como mi polla. El cochinillo explotó. Explotó en una lluvia de leche blanca que llenó todo el capó donde estaba tumbado. El rapado también, pero lo hizo en mi boca. Iluso de mi, intenté retener toda la leche que me estaba ofreciendo, pero de aquellos huevos tan desmesurados no podía salir otra cosa que una enorme corrida, también desmesurada, tanto fue así, que tuve que abrir la boca y dejarla chorrear por la comisura de mis labios y mi cuello.

Su erección bajó muy deprisa, imagino que es difícil retener tanta sangre para levantar aquella pieza, pero cuál fue mi sorpresa cuando sin esperarlo, comenzó a mearme encima. Nunca nadie en la vida me lo había hecho y hasta ese momento, me resultaba algo realmente asqueroso, pero sentir aquel chorro caliente que salía del cipote que hacía dos segundos me habían rajado la garganta con su tamaño me hizo explotar a mí. Una enorme mancha blanca llenó mi uniforme mientras los meados de mi amante despegan los restos de lefa de mi careto, y maltrataba mis pezones. Cuando hubo terminado el cochinillo le dio un pañuelo con el que él también se había limpiado. Este lo olió y luego se limpió su polla. Acto seguido, me limpió a mi la cara con él. Oler aquel trozo de tela con la leche de mi amante y su pareja fue el caos final.

Rápidamente desaparecieron por donde habían venido mientras yo seguía allí arrodillado, con las piernas temblando y la comisura de los labios doloridas de tan abierta que los había tenido, para albergar aquel monstruo de la naturaleza.

Me di un duchazo y limpié el uniforme como pude, luego volví a mi garita y rebobiné las cámaras para asegurarme de que lo habían grabado todo. Mil y una pajas me he hecho desde ese día visionando las cintas. Para mi sorpresa, al día siguiente, cuando salí a echarme un pito a la hora de siempre, volvieron a aparecer, pero eso ya es otra historia...
cojidas
fuente http://khaloali.universogay.com/echando-un-pito__18112008.html