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Historia de una teen-travesti

    
Halitosis

Matías contaba con diecinueve años cuando lo conocí aquella tarde terminando el otoño, era alto y delgado, parecía de menos edad de la que tenía. Casualmente vivía a unas pocas cuadras de lo de Alan en el barrio de Colegiales por la calle Elcano. El primer encuentro que había arreglado con él se vió frustrado por mi neófita mente, porque cuando hablamos por teléfono la noche anterior a la cita, en vez de darme la dirección de su casa con letras y números solo me dió algunas pistas de dónde se encontraba y no me dí cuenta hasta el otro día. Viajé en el setenta y seis y a la media hora de estar viajando presté más atención a las calles para no pasarme, me bajé, agarré Elcano y busqué las pistas, supuestamente su lugar quedaba al lado de una inmobiliaria, en realidad la casa era en la misma inmobiliaria pero yo no había entendido bien el mensaje. Compré chicles en el kiosco de enfrente y dí un par de vueltas, al no encontrar nada busqué un teléfono público y llamé a Alan para que me ayude a buscar la casa de Matías, cortamos y lo esperé bastante tiempo, lo cual me parecía raro ya que no vivía a más de diez cuadras. Por fín ví que llegaba pero no estaba solo, lo acompañaba su mamá, me saludan y la madre comienza a decirme que Alan le había contado toda la historia del por qué yo estaba ahí , que no entendía como podía ser que con trece años de edad me iba a encontrar con un desconocido mayor que yo y también me preguntó si mi abuela, a la que solo le conocía la voz por teléfono, estaba al tanto de mi lujurioso plan fallido, le contesté que sí y no dije nada más. Luego de todo el discurso que se me revolvía en el estómago y que esperaba llegar a mi casa para vomitarlo, la madre de Alan me llevó obligadamente hacia su casa para que llame a la mía y me pasaran a buscar…
En la semana hablé con Matías y le conté todo lo que había pasado, se río porque le resultaba imposible que él no me haya dado la dirección, seguimos charlando y arreglamos para el día seguiente, me preguntó si yo quería que se rasurara alguna parte de su cuerpo o si quería que lo espere con alguna ropa en especial, pero solo elegí lo último. Al otro día llegué a la inmobiliaria, toqué el timbre y en segundos sonó la puerta para que la empuje y así poder pasar, subí las escaleras y me encontré en una habitación, al instante apareció Matías todo mojado salido de la ducha vestido solo con un jean, tal como se lo había pedido el día anterior. Me sonríe y se acerca hacia mí para saludarme, a partir de ese momento me quedé muda y solo me comuniqué con monosílabos. Nos sentamos en el sillón y me contó casi nada de su vida mientras que yo solo me limite a responder sus preguntas, pero como él quería sacarme charla a toda costa aprovechó sus dos computadoras para que nos conectemos uno en cada una y así poder conversar. Hablamos un rato por ahí y él se reía, me conecté al chat y apareció un tipo al que le pasé mi número de teléfono, que se quería encontrar conmigo esa misma tarde cerca de mi casa, que pasaba con el auto a buscarme, pero como siempré me dió una cierta desconfianza y las veces que arreglé un encuentro con él, algo pasaba que lo impedía, lo rechazé y me amenazó con que iba a llamar a mi casa y contarle a mi familia de mi afición por la pija. Cerré el chat y hablé un rato con Matías que me quería dar un beso y nos fuimos de nuevo al sillón, se sentó junto a mí y comenzó a acariciarme y darme besos en el cachete hasta que tocaron el timbre, Matías se fijó en el monitor para ver quién era ya que en la puerta había una cámara de seguridad y para su sorpresa se encontraba Alan, y como dudaba en abrirle le dije que lo había invitado yo. No perdimos el tiempo una vez los tres reunidos y rápidamente emprendimos una ronda de besos, pero casi vomito cuando besé a Matías y no fuí la única porque observé la cara de Alan cuando le tocó el turno, aprovechamos para comentar acerca de su aliento rancio cuando se fué a hacer pis, pero de todas formas queríamos comerle la pija. Cuando volvió del baño nos llevó a su habitación y nos besamos un rato en su cama pero él no se veía muy contento, Alan le preguntó que le pasaba y nos respondió que en breves era probable que llegaría su padre y como no había otra opción, nos tuvimos que ir junto con las ganas. Una vez afuera, Matías salió con nosotros e hizo un llamado desde el teléfono publico de la cuadra mientras que con Alan me fuí a sentar junto a un árbol y aprovechó para contarme que días atrás había tenido un encuentro con Matías en el supermercado Norte, que le chupó la pija en el ascensor y que cuando Matías le dió por el culo le salió un pedazo de… y me señaló la materia fecal que dejó un perro en la vereda. Finalmente Matías colgó el teléfono, se acercó hacia nosotros para saludarnos por última vez en su vida y entró a su casa.




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Mi Vida






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Creado el: 22.08.2009 a las 15:25:17 hs.
Categoría: Gay
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