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Historia de una teen-travesti

    
Fantasías

Hacía meses que no veía a Krisstinn y a Nao, me las encontré un par de noches en algún boliche del ambiente y estuvimos un rato juntas pero nada más, lejos habían quedado esas historias de mamadas en las plazas de Buenos Aires. Me conecté al msn y me habló Nao que me invitó a un after esa misma noche al que también asistiría Krisstinn, revisando mi celular encontré el número de esta, la llamé y arreglamos para que se venga a mi casa a montar. Cerca de la medianoche llegó Krisstin con un fernet y una peluca, me puse el vestido, me calzé en las botas, me apliqué el maquillaje, nos fumamos un porro, agarramos el fernet y salimos a tomarnos el bondi. Esperando en la esquina apareció una tropa de muchachos con los ojos rojos hablando fuerte y cuando pasaron por al lado nuestro nos miraron fijamente y siguieron de largo todos menos uno que se paró a hablarnos y sacó de su bolsillo unos cuantos billetes, nos preguntó cuanto valíamos a lo que le contestamos que era algo que no podía pagar y nos contó que venía del Bajo Flores y que siempre paraba en la salita del Parque Avellaneda, que podíamos ir cuando quisiésemos y que se gastaría hasta el último centavo en nosotras, nos reímos, le mostramos el culo y le dimos un beso en la boca cada una. Llegó el colectivo, nos subimos y aprovechamos los cuarenta minutos de viaje para contarnos un poco lo que fué de nuestra vida en el último tiempo que no nos habíamos visto. Finalmente bajamos en Once dónde quedaba la morada de Nao, nos quedamos ahí toda la noche con ella y sus compañeras del cuartito; Sheila, La Fernanda, La Rubia y la más vieja, la treintañera La Nona. Krisstinn había tomado de más y empezó a discutir con Nao que ya la quería echar porque no se la aguantaba más, intentamos parar la discusión pero finalizó cuando Krisstinn se quebró y vomitó todo, la desnudamos y la metimos en la bañera para que se calme y se tiró a dormir en una de las camas. Se hicieron las siete de la mañana y yo tendría que irme al after con Nao y Krisstinn, pero a una la había consumido la histeria y a la otra el alcohol, así que me fuí con Sheila, una morocha simpática de dieciseis años oriunda de Ingeniero Maschwitz que vivía en el cuartito con Nao y las demás hacía poco menos de un año. Caminamos unas diez cuadras por el amanecer hasta llegar al after escondido de mala muerte y entramos, no había mucha gente y nos fuimos a un rincón en espera de alguna presa, de a poco se fué llenando de machos, travestis, cross dressers y demás especímenes de naturaleza similar. Llegaron unas conocidas de Sheila y nos quedamos con ellas practicamente toda la noche fumando marihuana, tomando tragos y unas cuantas rayas de cocaína. Sentadas en un sillón, pasó por al lado nuestro un rubio con un trago que se detuvo a mirarme y me halagó la boca, me preguntó mi nombre y me invitó un trago mientras que Sheila y las demás seguían charlando cerca. Nos alejamos un poco quedándonos apoyados contra una pared y comenzó a acariciarme la cola mientras al oído me comentaba lo linda que se sentía acercando su boca hacia la mía para probarla pero todavía no le quise dar el gusto hasta mucho más tarde. Me dejó y volví con las chicas. Cerca de la una del mediodía, Sheila se fué a hablar con el rubio que le dió plata para comprar unas bolsas para después y luego salimos de la cueva junto con él y una amiga del mismo. El rubio me preguntó donde vivía y le mentí que junto con Sheila, nos tomamos un taxi que pago él hacia lo de Nao y en la corta duración del viaje, el rubio aprovechó para besarme el cuello y seguir acariciando mi cola. Llegados a destino, la amiga del rubio siguió de largo dejándonos a los tres solos y subimos al cuartito donde se encontraban La Rubia y otra a la que le decían La Gorda. Sheila las despachó por un rato y nos tiramos las dos en el colchón un tanto separadas. Apenas nos tiramos, Sheila le bajó la bragueta al rubio y extrajo de ella una hermosa pija venosa y regordeta que se alojó en su boca rápidamente. El rubio me miraba estimulado por la boca succionadora de Sheila, luego, dió unos pasos hacia mí y con su dedos me acarició mis labios, saqué mi lengua y se los empezé a chupar al mismo tiempo que husmeaba el hedor de su pija. Sheila salió del cuarto por un momento y agarré con mi mano la verga enardecida del rubió y la sumergí en mi cavidad bucal al mismo tiempo que se desabrochaba la camisa y exponía su pecho peludo, - Así quería verte – gimoteaba el rubio, - Tenía muchas ganas de ver esa boca comerse mi pija– me decía, con un tono de placer que me calentaba. Lo recosté sobre la cama, le saqué los pantalones y se la seguí mamando acariciando sus piernas, agarrando con mis dedos sus huevos de toro llevándolos de a ratos a mi boca. Sheila reapareció con un plato y volcó en él las bolsas de coca, armó unas cuantas rayas y se tomó un par, el rubio agarró el plato para apoyarlo sobre su abdomen y me agarró la cabeza para que aspire unas líneas, así lo hice y me dió un beso de lengua, mientras que Sheila le seguía babeando la pija. El plato se vació y el rubio comenzó a desvestir a Sheila hasta dejar su sexo descubierto que lo acarició un poco, me saqué toda la ropa menos la tanga negra y me recosté en la cama, Sheila y el rubio completamente desnudos, se recostaron en el colchón y comenzaron a besarse, el rubio se ensalivó los dedos para mojarle el ano a Sheila, se colocó un preservativo y clavó a su amante sin necesidad de una lubricación artificial. Observé un rato el acto desde la cama y prontamente me acerqué para besarme con el rubio mientras le daba duro a la otra que gritaba de placer, luego me acerqué gateando a ella para besarla ofreciéndole el cuadro de mi culo abierto al rubio. Finalizado el acto, me tocaba a mí ser penetrada pero no me dejé porque me estaba cagando y no quería manchar nada, así que le chupamos la pija entre las dos un rato hasta que Sheila le pidió plata para comprar más bolsas, el rubio se enojó y le dijo que ya le había dado suficiente y la acusó de falopera a lo que Sheila le contestó con un tono disconforme que estaba todo bien, que no pasaba nada. El rubio me miró y me preguntó - ¿Vos sos más tranquila, no? - y le respondí con un gesto de no sé, todo terminó, el rubio no acabó y comenzó a vestirse, me dió un beso de despedida y bajó con Sheila para que le abra la puerta.




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Mi Vida.






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Creado el: 22.08.2009 a las 15:14:46 hs.
Categoría: Gay
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