Después de tres meses de haber cumplido con catorce años de edad me encontraba chateando con un macho con el que ya veníamos hablando unos cuatro meses o más. Nunco hubo un interés activo por parte de él hacia mí, pero justo ese día de noche buena y un sol que iluminaba con todo su esplendor, me propuso un encuentro, que si tenía ganas de pasear con el auto. Me encontré con el cerca de las tres de la tarde en una de las esquinas de Rivadavia y Nazca, me paré a esperarlo y ahí se acercó a preguntarme si era yo, me subí a su auto y partimos. No era alto, típico físico de futbolero, veintitres años con buenas piernas y algo peludo, brillando con ojos verdes. Derecho por Rivadavia yendo hacia Caballito, no hablamos mucho, pero era simpático, me sentía bien el viento. Observaba las calles y el cielo, me llamó la atención una pareja que transitaba por ahí. Llegamos a las calles del barrio de Caballito y me preguntó lo que me gustaría hacer y como le contesté algo muy amplio me propuso dos opciones: una era ir al shopping y luego dejarme en mi casa y la otra era ir a un lugar privado y luego dejarme en mi casa. En ese momento, mi mente y mi cuerpo no estaban más que inundados de estímulos sexuales, por lo que me quedé con la segunda opción. Dimos un par de vueltas y estacionó el auto en una calle de por ahí. Caminamos unos pocos metros y entramos a un edificio, saluda al guardia y nos metimos en el ascensor, subimos y entramos al departamento donde nos recibió una cama gigante, un televisor y un caniche toy. Nos tiramos en la cama y entre cachondeos histéricos nos dimos un beso, le saqué la remera, el la mía y entre más besos y caricias le saqué el pantalón, él estando acostado y yo arriba suyo, después intercambiamos los lugares y le saqué la ropa interior metiendo su pija en mi boca y cogiéndomela. Me dió besos en la cola y me chupó el ano, hicimos una sesenta y nueve y luego el quedó acostado boca arriba y yo boca abajo acostada junto a él y con mi mano le froté la pija hasta hacerla acabar dejando desparramada la leche en todo su abdómen. Terminado el acto nos vestimos de nuevo y nos dimos un corto beso de lengua de despedida. Al bajar por el ascensor se subió una mujer rubia de unos treinta y cinco años que saludó al macho con un aire provocativo y una simpatía que se alejaba de lo natural, nada pareció llamarle la atención cuando sus ojos me detectaron, jamás imaginaría esa mujer que un pendejo como yo fué cogido minutos antes por el macho. Saliendo del edificio y otra vez en su auto, me llevó hasta mi casa y justo cuando arrancamos veo de nuevo a la pareja que me había llamado la atención en el comienzo.
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Mi Vida.
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Creado el: 22.08.2009 a las 14:32:33 hs.
Categoría: Gay
Tags: sexo, travesti, transexual, gay







